PETER ATWATER Y EL CAPITALISMO FRÁGIL: LA "TORRE DE JENGA" QUE AMENAZA A OCCIDENTE
Economista estadounidense ofrece una radiografía inquietante sobre las tensiones que recorren actualmente a Estados Unidos y Europa.
Peter Atwater no es revolucionario ni un crítico radical del capitalismo. Sin embargo, este economista estadounidense, procedente del mundo de las finanzas y de Wall Street, sostiene que las sociedades occidentales están entrando en una peligrosa dinámica de fractura social. Su teoría de la “economía en forma de K” describe un escenario en el que una minoría acumula riqueza, influencia y seguridad mientras amplios sectores de la población experimentan incertidumbre, pérdida de oportunidades y creciente desconfianza hacia las instituciones.
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Peter Atwater es un economista y analista financiero estadounidense especializado en estudiar cómo la confianza, las emociones colectivas y la percepción de seguridad influyen en los mercados y en la política. Procedente del mundo de Wall Street, ha dedicado buena parte de su trabajo a explicar por
qué las personas toman determinadas decisiones en contextos de incertidumbre económica.
Sus análisis suelen llamar la atención sobre el aumento de las desigualdades y la creciente polarización social, especialmente a través de conceptos como la llamada “economía en K”, donde unos pocos prosperan mientras muchos otros se quedan atrás. Ahora bien, conviene aclarar que el lector no debe confundirlo, ni de lejos, con una suerte de bolchevique dispuesto a asaltar el Palacio de Invierno.
Atwater no cuestiona los fundamentos del capitalismo ni tampoco propone alternativas radicales al sistema. Más bien representa una corriente liberal heterodoxa que intenta comprender las tensiones y contradicciones del mundo actual sin abandonar el marco general de la economía de mercado. Su interés principal no es derribar el sistema, sino entender por qué cada vez más personas desconfían de él.
No resulta especialmente sorprendente, por tanto, que un periódico español como El País haya prestado atención a sus reflexiones. A lo largo de su historia, este diario ha expresado habitualmente los puntos de vista de sectores vinculados al liberalismo progresista, próximos al PSOE, y de círculos políticos y empresariales favorables a una gestión reformista del capitalismo.
Desde esa perspectiva, las advertencias de Atwater resultan especialmente interesantes porque no proceden de un crítico del sistema, sino de alguien que sigue considerándolo el marco natural de la vida económica, aunque advierta de algunos de los riesgos derivados de su evolución reciente.
Y precisamente por eso sus observaciones merecen atención. Cuando alguien formado en las finanzas, integrado durante décadas en el corazón mismo del establishment económico estadounidense y sin intención alguna de sustituir el sistema por otro diferente, comienza a alertar sobre la profundidad de las fracturas sociales que están emergiendo, conviene escuchar lo que tiene que decir.
Quizá la idea central de su análisis sea que la desigualdad ha dejado de ser simplemente una cuestión de diferencias de ingresos para convertirse en una separación creciente entre formas de vida completamente distintas.
Como él mismo señala:
“Todo lo que experimentan los de arriba no tiene nada que ver con lo que pasan los de abajo en sanidad, educación, acceso a la tecnología o incluso en el ejercicio de los derechos judiciales”.
A su juicio, las trayectorias vitales de ambos grupos se están separando hasta el punto de conformar realidades sociales cada vez más alejadas entre sí.
Lejos de corregir esta tendencia, Atwater considera que las nuevas tecnologías pueden acelerarla. Según sostiene, la inteligencia artificial está demostrando que los intereses de quienes controlan la riqueza y los del resto de la sociedad son cada vez más divergentes.
“La IA se parece cada vez más a un juego de suma cero del que los de arriba se van a beneficiar a expensas del resto”, advierte.
El resultado sería una concentración de riqueza que, según sus propias palabras, alcanza niveles que recuerdan a los períodos más desiguales de la historia moderna estadounidense.
Sin embargo, lo que más preocupa a Atwater no es
únicamente la desigualdad económica, sino las consecuencias políticas y sociales que puede generar. A su juicio, las posibilidades de ascenso social se están reduciendo mientras crecen la frustración y la sensación de impotencia entre amplios sectores de la población.
“No pienso solo en la pobreza como una situación económica, sino como desesperanza y desconfianza. Y esto conduce a la violencia”, señala.
Paradójicamente, estas advertencias llegan de alguien que no pretende sustituir el sistema económico vigente. Pero precisamente por eso adquieren una relevancia especial. Cuando Atwater observa la evolución de Estados Unidos, no ve una sociedad encaminada hacia una mayor cohesión, sino una estructura cada vez más frágil.
Para explicarlo, recurre a una imagen muy gráfica: la de una torre de Jenga:
“Es muy fuerte en la parte alta, pero conforme quitas apoyo a la parte de abajo, aumenta la fragilidad de la torre”.
Y concluye con una afirmación que resume el núcleo de su diagnóstico:
“Para mí, esta es una economía muy frágil, extraordinariamente frágil”.
A partir de esta idea, Atwater desarrolla su conocida teoría de la “economía en forma de K”, una interpretación según la cual las sociedades occidentales evolucionan hacia una bifurcación cada vez más pronunciada entre quienes acumulan riqueza, influencia y seguridad y quienes ven deteriorarse sus condiciones de vida y sus expectativas de futuro.
UNA PRECISIÓN FINAL SOBRE LAS DECLARACIONES DE ATWATER
El interés de las reflexiones de Peter Atwater no reside tanto en las soluciones que propone como en los problemas que identifica. En realidad, muchas de las tendencias que describe ya fueron analizadas hace más de un siglo como consecuencias inherentes al propio desarrollo del capitalismo.
La creciente concentración de la riqueza, la reducción de la movilidad social, la polarización entre una minoría cada vez más rica y una mayoría sometida a mayores niveles de inseguridad, así como la subordinación de la tecnología a los intereses del capital, no aparecen como anomalías ni como errores de gestión, sino como resultados previsibles de la dinámica de acumulación capitalista.
Fuente consultada: artículo “El divulgador de la economía K: ‘Los ricos están viviendo una edad de oro con Trump’”, publicado en El País.
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Peter Atwater es un economista y analista financiero estadounidense especializado en estudiar cómo la confianza, las emociones colectivas y la percepción de seguridad influyen en los mercados y en la política. Procedente del mundo de Wall Street, ha dedicado buena parte de su trabajo a explicar por
qué las personas toman determinadas decisiones en contextos de incertidumbre económica.
Sus análisis suelen llamar la atención sobre el aumento de las desigualdades y la creciente polarización social, especialmente a través de conceptos como la llamada “economía en K”, donde unos pocos prosperan mientras muchos otros se quedan atrás. Ahora bien, conviene aclarar que el lector no debe confundirlo, ni de lejos, con una suerte de bolchevique dispuesto a asaltar el Palacio de Invierno.
Atwater no cuestiona los fundamentos del capitalismo ni tampoco propone alternativas radicales al sistema. Más bien representa una corriente liberal heterodoxa que intenta comprender las tensiones y contradicciones del mundo actual sin abandonar el marco general de la economía de mercado. Su interés principal no es derribar el sistema, sino entender por qué cada vez más personas desconfían de él.
No resulta especialmente sorprendente, por tanto, que un periódico español como El País haya prestado atención a sus reflexiones. A lo largo de su historia, este diario ha expresado habitualmente los puntos de vista de sectores vinculados al liberalismo progresista, próximos al PSOE, y de círculos políticos y empresariales favorables a una gestión reformista del capitalismo.
Desde esa perspectiva, las advertencias de Atwater resultan especialmente interesantes porque no proceden de un crítico del sistema, sino de alguien que sigue considerándolo el marco natural de la vida económica, aunque advierta de algunos de los riesgos derivados de su evolución reciente.
Y precisamente por eso sus observaciones merecen atención. Cuando alguien formado en las finanzas, integrado durante décadas en el corazón mismo del establishment económico estadounidense y sin intención alguna de sustituir el sistema por otro diferente, comienza a alertar sobre la profundidad de las fracturas sociales que están emergiendo, conviene escuchar lo que tiene que decir.
Quizá la idea central de su análisis sea que la desigualdad ha dejado de ser simplemente una cuestión de diferencias de ingresos para convertirse en una separación creciente entre formas de vida completamente distintas.
Como él mismo señala:
“Todo lo que experimentan los de arriba no tiene nada que ver con lo que pasan los de abajo en sanidad, educación, acceso a la tecnología o incluso en el ejercicio de los derechos judiciales”.
A su juicio, las trayectorias vitales de ambos grupos se están separando hasta el punto de conformar realidades sociales cada vez más alejadas entre sí.
Lejos de corregir esta tendencia, Atwater considera que las nuevas tecnologías pueden acelerarla. Según sostiene, la inteligencia artificial está demostrando que los intereses de quienes controlan la riqueza y los del resto de la sociedad son cada vez más divergentes.
“La IA se parece cada vez más a un juego de suma cero del que los de arriba se van a beneficiar a expensas del resto”, advierte.
El resultado sería una concentración de riqueza que, según sus propias palabras, alcanza niveles que recuerdan a los períodos más desiguales de la historia moderna estadounidense.
Sin embargo, lo que más preocupa a Atwater no es
únicamente la desigualdad económica, sino las consecuencias políticas y sociales que puede generar. A su juicio, las posibilidades de ascenso social se están reduciendo mientras crecen la frustración y la sensación de impotencia entre amplios sectores de la población.
“No pienso solo en la pobreza como una situación económica, sino como desesperanza y desconfianza. Y esto conduce a la violencia”, señala.
Paradójicamente, estas advertencias llegan de alguien que no pretende sustituir el sistema económico vigente. Pero precisamente por eso adquieren una relevancia especial. Cuando Atwater observa la evolución de Estados Unidos, no ve una sociedad encaminada hacia una mayor cohesión, sino una estructura cada vez más frágil.
Para explicarlo, recurre a una imagen muy gráfica: la de una torre de Jenga:
“Es muy fuerte en la parte alta, pero conforme quitas apoyo a la parte de abajo, aumenta la fragilidad de la torre”.
Y concluye con una afirmación que resume el núcleo de su diagnóstico:
“Para mí, esta es una economía muy frágil, extraordinariamente frágil”.
A partir de esta idea, Atwater desarrolla su conocida teoría de la “economía en forma de K”, una interpretación según la cual las sociedades occidentales evolucionan hacia una bifurcación cada vez más pronunciada entre quienes acumulan riqueza, influencia y seguridad y quienes ven deteriorarse sus condiciones de vida y sus expectativas de futuro.
UNA PRECISIÓN FINAL SOBRE LAS DECLARACIONES DE ATWATER
El interés de las reflexiones de Peter Atwater no reside tanto en las soluciones que propone como en los problemas que identifica. En realidad, muchas de las tendencias que describe ya fueron analizadas hace más de un siglo como consecuencias inherentes al propio desarrollo del capitalismo.
La creciente concentración de la riqueza, la reducción de la movilidad social, la polarización entre una minoría cada vez más rica y una mayoría sometida a mayores niveles de inseguridad, así como la subordinación de la tecnología a los intereses del capital, no aparecen como anomalías ni como errores de gestión, sino como resultados previsibles de la dinámica de acumulación capitalista.
Fuente consultada: artículo “El divulgador de la economía K: ‘Los ricos están viviendo una edad de oro con Trump’”, publicado en El País.































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