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Domingo, 31 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

¿POR QUÉ EUROPA SE ESTÁ REARMANDO?

El negocio de la industria armamentística y el regreso de la economía de guerra

Europa vuelve a escuchar el lenguaje de la guerra. Mientras los gobiernos anuncian presupuestos militares históricos y la OTAN amplía su influencia, la industria armamentística vive uno de los mayores momentos de prosperidad de las últimas décadas. Detrás del rearme europeo no solo hay tensiones geopolíticas: también existe un gigantesco negocio alimentado por el miedo, la incertidumbre y la disputa por el poder mundial.

 

POR HANSI QUEDNAU PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

   Este artículo nace a partir de un dossier neerlandés [Img #92111]titulado Dossier militarisering: Is er een alternatief voor de oorlogskoorts in Europa?”, elaborado por periodistas, investigadores y especialistas vinculados al medio belga DeWereldMorgen y a diversas organizaciones pacifistas europeas.

 

    El dossier en cuestión analiza el crecimiento de la militarización en Europa, el papel de la OTAN, el auge del gasto militar y los intereses económicos que se esconden detrás de la nueva “economía de guerra” que rápidamente ha empezado a extenderse por todo el continente.

 

   A partir de ese material, y relacionándolo con el contexto geopolítico y económico actual, hemos tratado de responder una pregunta que cada vez aparece más en las conversaciones cotidianas, en las universidades, en los parlamentos y hasta en los supermercados donde la inflación vacía bolsillos mientras los gobiernos anuncian miles de millones para armamento: ¿por qué Europa se está rearmando?

 

EL REGRESO DE LOS TAMBORES DE GUERRA

   Europa vuelve a hablar el lenguaje del miedo. Durante décadas, especialmente después de la caída de la Unión Soviética, millones de europeos crecieron escuchando que las grandes guerras entre potencias eran cosa del pasado. La Unión Europea se presentaba como un “proyecto de paz”, un espacio de cooperación económica donde los conflictos quedarían enterrados bajo tratados comerciales, fronteras abiertas y monedas comunes. Parecía que la Historia había decidido jubilar a los viejos fantasmas del continente.

[Img #92110]

 

 

     Pero los fantasmas nunca desaparecen del todo. A veces solo esperan el momento más propicio. Hoy, mientras los informativos muestran mapas militares, misiles hipersónicos, soldados movilizados y amenazas nucleares, Europa vive una transformación profunda. Alemania anuncia el mayor rearme desde la Segunda Guerra Mundial. Francia acelera sus presupuestos militares. Polonia compra tanques y sistemas antiaéreos a un ritmo frenético. Suecia y Finlandia abandonan décadas de neutralidad para acercarse a la OTAN. Y la industria armamentística europea celebra beneficios récord mientras los gobiernos repiten una frase convertida ya en mantra: “debemos prepararnos”.

 

    La guerra de Ucrania actuó como detonante visible de este proceso, pero el origen del rearme europeo viene de mucho mas atrás. Lo que hoy estalla no nació en 2022. Se fue cocinando lentamente durante años, en silencio, detrás de cumbres militares, estrategias geopolíticas y disputas económicas globales.  Porque el mundo está cambiando. Y las grandes potencias lo saben.

 

EL MUNDO YA NO GIRA SOLO ALREDEDOR DE OCCIDENTE

    Durante buena parte del siglo XX, Estados Unidos y Europa occidental dominaron la economía mundial casi sin competencia real. Controlaban los mercados financieros, las materias primas, la tecnología y las principales rutas comerciales. Pero el siglo XXI empezó a mover el tablero.

 

   China dejó de ser únicamente “la fábrica barata del mundo” para convertirse en una gigantesca potencia tecnológica, militar y financiera. India crece a una velocidad vertigo. Rusia recuperó parte de su capacidad militar y energética. Países del llamado Sur Global comenzaron a tejer sus propias alianzas y a reducir su dependencia de Occidente.

 

   Eso ha generado nerviosismo en las élites políticas y económicas europeas. Porque cuando una potencia siente que pierde poder, suele reaccionar reforzando sus mecanismos de control. Y uno de los más antiguos es el militar.

 

   La militarización europea no puede entenderse solamente como una reacción emocional a la guerra de Ucrania. Tiene que ver también con el miedo de las potencias occidentales a perder influencia en un mundo donde ya no son las únicas dueñas del juego.

 

    Por eso los discursos sobre “seguridad” se multiplican como setas. Seguridad energética. Seguridad comercial. Seguridad tecnológica. Seguridad fronteriza. Seguridad militar. La palabra seguridad aparece hoy en todas partes, como si el continente estuviera rodeado por un enemigo invisible.

 

     Y el miedo, cuando se convierte en política, suele abrir la puerta a enormes negocios.

 

LAS GUERRAS TAMBIÉN SE COTIZAN EN BOLSA

     Cada vez que un líder europeo anuncia nuevos paquetes militares, hay empresas que lo celebran. Mientras millones de personas ven subir el precio de los alimentos o la electricidad, las acciones de gigantes armamentísticos como Rheinmetall, BAE Systems, Thales o Leonardo se disparan en los mercados financieros.

 

    La guerra destruye ciudades, pero multiplica dividendosEso no significa que las guerras se inventen únicamente para vender armas. La realidad es más compleja. Pero sí significa que existe una industria gigantesca que obtiene beneficios colosales de los conflictos y de la sensación permanente de amenaza.

 

   La industria armamentística necesita enemigos del mismo modo que una fábrica de paraguas necesita lluvia. Durante años, tras el final de la Guerra Fría, muchas empresas militares europeas atravesaron dificultades porque el gasto militar se redujo. Pero el nuevo escenario geopolítico les devolvió una edad dorada.

 

   Ahora los gobiernos europeos hablan abiertamente de aumentar el gasto militar hasta niveles históricos. Alemania aprobó un fondo extraordinario de cien mil millones de euros para defensa. La Unión Europea impulsa programas de producción conjunta de armamento. Y la OTAN exige a sus miembros dedicar cada vez más dinero a defensa.

 

   Ese dinero sale de algún lugar. Y generalmente sale de los presupuestos públicos.

 

CUANDO EL DINERO CAMBIA DE BOLSILLO

   Mientras Europa habla de rearme, hospitales públicos colapsan, la vivienda se vuelve inaccesible para millones de jóvenes y las universidades sufren recortes. La contradicción es brutal: se dice que no hay recursos suficientes para mejorar salarios, reforzar pensiones o garantizar vivienda digna, pero aparecen miles de millones cuando se trata de comprar tanques, drones o sistemas antimisiles.

 

     El rearme europeo no es solo un fenómeno militar. Es también una reorganización económicaCada euro destinado a armamento es un euro que deja de ir a otros sectores sociales. Y eso empieza a generar tensiones profundas dentro de las propias sociedades europeas. Porque mientras los gobiernos llaman a “defender Europa”, mucha gente se pregunta qué Europa exactamente están defendiendo.

 

      ¿La de los salarios precarios? ¿La de los alquileres imposibles? ¿La de la inflación permanente? ¿La de los trabajos temporales y la incertidumbre cotidiana?

 

   La sensación de inseguridad social crece al mismo tiempo que aumenta la seguridad militar. Y quizá esa sea una de las grandes paradojas de esta época.

 

LOS MEDIOS Y LA FABRICACIÓN DEL CONSENSO

     Ningún proceso de militarización funciona sin una narrativa que lo justifique. Y ahí entran los grandes medios de comunicación.

 

   La televisión europea lleva años construyendo un clima emocional basado en la amenaza constante. Rusia aparece como un peligro inminente. China como una amenaza tecnológica y económica. La inmigración como un problema de seguridad. Todo parece empujar hacia una conclusión inevitable: hay que armarse. El problema no es solamente la información. Es la repetición.

 

   Cuando una sociedad escucha todos los días palabras como guerra, invasión, amenaza o defensa, termina normalizando cosas que antes parecían impensables. El miedo modifica la percepción colectiva. Y una población asustada suele aceptar medidas que en otros contextos rechazaría.

 

    Así ocurrió muchas veces en la historia europea. En los años previos a la Primera Guerra Mundial, millones de personas fueron convencidas de que la guerra sería rápida, necesaria y heroica. Acabaron enterradas en trincheras llenas de barro y cadáveres. Décadas después, Europa volvió a incendiarse.

 

  El continente que prometía haber aprendido de sus catástrofes vuelve ahora a escuchar tambores parecidos.

 

EUROPA ENTRE EL MIEDO Y EL NEGOCIO

     El rearme europeo no puede explicarse con una sola causa. No es únicamente culpa de Rusia, ni únicamente consecuencia de la OTAN, ni solamente un negocio empresarial. Es el resultado de varias crisis que se cruzan al mismo tiempo: la disputa por el poder mundial, el miedo al declive occidental, la competencia económica global, las tensiones energéticas y el gigantesco negocio de la industria militar.

 

    Pero hay algo evidente: la militarización no aparece nunca en el vacío. Siempre necesita un relato que la haga aceptable y unos intereses económicos que la sostengan.

 

   Mientras tanto, la ciudadanía europea vive atrapada entre dos discursos contradictorios. Por un lado, se le pide sacrificios económicos en nombre de la estabilidad. Por otro, se le exige aceptar gastos militares históricos en nombre de la seguridad.

 

    La pregunta entonces se vuelve inevitable. Si Europa dice prepararse para proteger el futuro, ¿por qué cada vez más personas sienten que ese futuro se vuelve más incierto?

 

     Quizá porque las armas pueden proteger fronteras, pero no llenan neveras vacías. No pagan alquileres. No reducen desigualdades. No curan hospitales saturados. No eliminan el miedo cotidiano de millones de personas que sobreviven entre precariedad, inflación y ansiedad social. 

 

    Y sin embargo, los fabricantes de armas siguen acumulando contratos. Porque en el gran mercado del miedo, la guerra nunca deja de ser rentable.

 

FUENTES CONSULTADAS:

“Dossier militarisering: Is er een alternatief voor de oorlogskoorts in Europa?”, DeWereldMorgen y organizaciones pacifistas europeas.
— David Harvey, El nuevo imperialismo.
— David Harvey, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo.
— Stefan Engel, Crepúsculo de los dioses sobre el nuevo orden mundial.
— Stefan Engel, Acerca de la formación de los países neoimperialistas. 

 

 

 

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