SE BUSCAN FAMILIARES: FOSA COMÚN DEL CEMENTERIO DE VEGUETA
"No permitamos que el silencio gane la última partida"
La inminente excavación arqueológica en el cementerio municipal de Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria abre - afirma Francisco González Tejera - una ventana histórica para recuperar a cientos de represaliados del franquismo.
Por FRANCISCO GONZÁLEZ TEJERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La inminente excavación arqueológica en el cementerio municipal de Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria abre una ventana histórica para recuperar a cientos de represaliados del franquismo. El desafío actual ya no es solo remover la tierra, sino localizar a más descendientes para que el ADN pueda devolverles el nombre y la dignidad que les arrebataron.
El acuerdo histórico alcanzado con el Ministerio de Memoria Democrática ha encendido una cuenta atrás que ya no tiene marcha atrás. Tras décadas de mentiras, estafas políticas, trabas burocráticas y el ensañamiento administrativo que costó la salud y la vida a tantos de nuestros mayores —quienes se marcharon con la tristeza de ver las puertas institucionales cerradas—, la tierra del cementerio de Vegueta está a punto de hablar. Se inicia una excavación científica y rigurosa con un potencial técnico enorme para localizar los restos de cientos de personas salvajemente torturadas y asesinadas tras el golpe de Estado de 1936.
Sin embargo, el éxito de esta intervención científica se ampliará si logramos ganar la otra gran batalla: la localización urgente de más familias que se sumen a esta noble causa.
El tiempo es nuestro enemigo más implacable. Cada día que pasa, los hilos de la memoria biológica se debilitan. Muchos hijos de los represaliados fallecieron esperando este momento, devorados por la pena y el engaño de técnicos y políticos sin escrúpulos. Ahora, la responsabilidad histórica recae sobre los nietos, biznietos y sobrinos. Es imperativo lanzar un llamamiento masivo que sacuda las islas y cruce el océano, hacia la emigración, para encontrar a cualquier persona que sospeche o sepa que un familiar suyo desapareció de los pueblos, campos y puertos de Gran Canaria durante los meses de terror que siguieron a la sublevación militar.
No basta con que los arqueólogos y antropólogos forenses hagan su trabajo con excelencia en las fosas del antiguo camposanto. Para que esos huesos vuelvan a tener el nombre completo que les fue robado, necesitamos un mapa genético robusto. Cada muestra de ADN de un descendiente directo es una llave que abre el candado del anonimato forzado. Buscar a las familias es, por tanto, una tarea de emergencia democrática tan prioritaria como la propia pala del excavador.
Aquellos que nos cerraron puertas con todo tipo de obstáculos burocráticos, por exigir el derecho humano y universal a dar sepultura digna a los nuestros, apostaban por el cansancio. Confiaban en que el relevo generacional rompería el vínculo con las víctimas. Se equivocaron. La inminente apertura de Vegueta demuestra que la dignidad de la Agrupación de Familiares es más fuerte que sus coacciones.
Hacemos por lo tanto un llamamiento a la sociedad civil, a las asociaciones vecinales, a los investigadores locales y a los medios de comunicación. Si sabes de alguien que busque a su abuelo, si en tu casa se hablaba en susurros de un tío que "se llevaron" y nunca regresó, ponte en contacto con la agrupación. No permitamos que el silencio gane la última partida. Ayúdanos a completar el reencuentro que nos robaron hace noventa años. Porque hacer justicia no es solo excavar el suelo; es reconstruir los árboles genealógicos que la dictadura y sus herederos actuales quisieron talar. La memoria no se entierra, se busca. Se alza hasta vencer.
Por FRANCISCO GONZÁLEZ TEJERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La inminente excavación arqueológica en el cementerio municipal de Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria abre una ventana histórica para recuperar a cientos de represaliados del franquismo. El desafío actual ya no es solo remover la tierra, sino localizar a más descendientes para que el ADN pueda devolverles el nombre y la dignidad que les arrebataron.
El acuerdo histórico alcanzado con el Ministerio de Memoria Democrática ha encendido una cuenta atrás que ya no tiene marcha atrás. Tras décadas de mentiras, estafas políticas, trabas burocráticas y el ensañamiento administrativo que costó la salud y la vida a tantos de nuestros mayores —quienes se marcharon con la tristeza de ver las puertas institucionales cerradas—, la tierra del cementerio de Vegueta está a punto de hablar. Se inicia una excavación científica y rigurosa con un potencial técnico enorme para localizar los restos de cientos de personas salvajemente torturadas y asesinadas tras el golpe de Estado de 1936.
Sin embargo, el éxito de esta intervención científica se ampliará si logramos ganar la otra gran batalla: la localización urgente de más familias que se sumen a esta noble causa.
El tiempo es nuestro enemigo más implacable. Cada día que pasa, los hilos de la memoria biológica se debilitan. Muchos hijos de los represaliados fallecieron esperando este momento, devorados por la pena y el engaño de técnicos y políticos sin escrúpulos. Ahora, la responsabilidad histórica recae sobre los nietos, biznietos y sobrinos. Es imperativo lanzar un llamamiento masivo que sacuda las islas y cruce el océano, hacia la emigración, para encontrar a cualquier persona que sospeche o sepa que un familiar suyo desapareció de los pueblos, campos y puertos de Gran Canaria durante los meses de terror que siguieron a la sublevación militar.
No basta con que los arqueólogos y antropólogos forenses hagan su trabajo con excelencia en las fosas del antiguo camposanto. Para que esos huesos vuelvan a tener el nombre completo que les fue robado, necesitamos un mapa genético robusto. Cada muestra de ADN de un descendiente directo es una llave que abre el candado del anonimato forzado. Buscar a las familias es, por tanto, una tarea de emergencia democrática tan prioritaria como la propia pala del excavador.
Aquellos que nos cerraron puertas con todo tipo de obstáculos burocráticos, por exigir el derecho humano y universal a dar sepultura digna a los nuestros, apostaban por el cansancio. Confiaban en que el relevo generacional rompería el vínculo con las víctimas. Se equivocaron. La inminente apertura de Vegueta demuestra que la dignidad de la Agrupación de Familiares es más fuerte que sus coacciones.
Hacemos por lo tanto un llamamiento a la sociedad civil, a las asociaciones vecinales, a los investigadores locales y a los medios de comunicación. Si sabes de alguien que busque a su abuelo, si en tu casa se hablaba en susurros de un tío que "se llevaron" y nunca regresó, ponte en contacto con la agrupación. No permitamos que el silencio gane la última partida. Ayúdanos a completar el reencuentro que nos robaron hace noventa años. Porque hacer justicia no es solo excavar el suelo; es reconstruir los árboles genealógicos que la dictadura y sus herederos actuales quisieron talar. La memoria no se entierra, se busca. Se alza hasta vencer.



































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