ACTIVISTAS Y COLECTIVOS CANARIOS LLAMAN A LA DESOBEDIENCIA FRENTE AL MILITARISMO Y LA OTAN
Respaldan el "Manifiesto por la paz, la desmilitarización y la desobediencia”
12 organizaciones de Canarias han respaldado un manifiesto que denuncia el rearme impulsado por la OTAN, critica el aumento del gasto militar y propone construir un movimiento de desobediencia civil y resistencia antimilitarista.
Por ÁNGEL CUETO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Doce organizaciones de Canarias y más de cuarenta activistas a nivel individual han respaldado un “Manifiesto por la paz, la desmilitarización y la desobediencia” remitido esta semana a la redacción de Canarias-Semanal por activistas pacifistas, antimilitaristas, sindicalistas y participantes en distintos movimientos sociales.
El documento aparece en un contexto marcado por el incremento del gasto militar en Europa, la expansión de la industria armamentística y la creciente presencia del discurso belicista en las instituciones europeas y estatales. Frente a ello, los firmantes hacen un llamamiento a construir “una fuerza política capaz de impugnar el orden militar que se nos impone bajo el pretexto de la Seguridad”.
El texto plantea una crítica frontal al rearme impulsado por la OTAN, la Unión Europea y el Gobierno español, al tiempo que propone desarrollar formas de desobediencia civil y resistencia social frente al militarismo.
El manifiesto denuncia la “falacia de la paz armada”
Uno de los primeros aspectos abordados en el comunicado es el auge de la militarización y lo que los firmantes definen como la “falacia de la paz armada”.
Según sostienen, las grandes potencias occidentales intentan presentar el incremento de los presupuestos militares y la acumulación de armamento como si fueran instrumentos destinados a garantizar la estabilidad y la paz. Sin embargo, el manifiesto considera que esa política responde en realidad a una lógica de confrontación permanente.
“El rearme —señalan— se presenta como una necesidad defensiva inevitable, cuando en realidad consolida un modelo basado en la dominación y la lógica del capital”.
Los firmantes denuncian además que la militarización ya no se limita únicamente al terreno militar, sino que comienza a impregnar el discurso político, mediático y cultural. En ese sentido, alertan sobre la normalización social de la guerra y sobre la utilización constante del miedo y la inseguridad para justificar nuevas inversiones armamentísticas.
“La guerra no es una excepción del sistema, sino una consecuencia”
El comunicado sitúa el militarismo dentro de una crítica más amplia al modelo económico capitalista.
“La guerra no es un accidente ni una excepción”, afirma el manifiesto, que la define como “la expresión extrema de un sistema basado en la explotación laboral, la depredación ecológica, la desigualdad racial y la violencia patriarcal”.
Desde esa perspectiva, el texto vincula directamente las guerras contemporáneas con la disputa por recursos estratégicos, mercados, rutas comerciales y zonas de influencia geopolítica.
Para los impulsores del manifiesto, el militarismo actúa como “el brazo armado” de un sistema económico que necesita controlar territorios, recursos y poblaciones para garantizar su funcionamiento.
El documento también denuncia que mientras se multiplican los presupuestos militares, continúan deteriorándose servicios esenciales como la sanidad pública, la educación, las políticas sociales o las medidas destinadas a afrontar la crisis ecológica.
Críticas al papel del Estado español
Otro de los apartados del manifiesto se centra específicamente en la responsabilidad del Estado español dentro de esta dinámica de rearme.
Aunque el Gobierno mantiene públicamente un discurso diplomático y pacifista, los firmantes recuerdan que España continúa aumentando de forma histórica el gasto militar, participa en operaciones internacionales y se mantiene entre los principales exportadores de armamento.
El texto denuncia además la existencia de bases militares extranjeras y la creciente integración del Estado español en las estrategias militares impulsadas por la OTAN.
Los firmantes sostienen que esta política implica “desviar recursos esenciales” hacia el complejo militar-industrial mientras amplios sectores de la población continúan enfrentándose a problemas como la precariedad laboral, la crisis de vivienda o el empobrecimiento social.
Canarias y la militarización del Atlántico
El manifiesto adquiere además una relevancia especial en Canarias debido al papel estratégico que ocupa el archipiélago en el Atlántico.
Diversos colectivos sociales y antimilitaristas llevan años denunciando el incremento de maniobras militares, la ampliación de infraestructuras estratégicas y la creciente utilización de las Islas como plataforma geopolítica en la región africana y atlántica.
Aunque el comunicado no se centra exclusivamente en Canarias, los apoyos recibidos en el archipiélago reflejan la preocupación existente en distintos sectores sociales por el avance de la militarización.
Los firmantes vinculan además esta situación con procesos más amplios de dependencia económica, desigualdad social y subordinación política.
“Otra paz es posible”
Frente al modelo militarista, el manifiesto reivindica la necesidad de construir “otra paz”.
Pero los impulsores del texto insisten en que no se trata de una paz abstracta ni simplemente institucional. El comunicado habla de una paz “obrera”, basada en la justicia económica y los derechos sociales; una paz “ecologista”, centrada en la defensa de la vida y del territorio; y una paz “feminista”, orientada a combatir las distintas formas de violencia estructural.
También defiende una paz “antirracista, anticolonial y migrante”, así como una paz “antiautoritaria y antimilitarista”, basada en la resistencia civil y la defensa noviolenta de la seguridad humana.
El manifiesto apuesta por sustituir progresivamente la lógica militar por modelos de cooperación social, ayuda mutua y resolución noviolenta de los conflictos.
Desobediencia civil frente al militarismo
Uno de los elementos más significativos del comunicado es la reivindicación explícita de la desobediencia civil como herramienta política frente al militarismo.
Los firmantes consideran insuficiente limitarse a protestas simbólicas o declaraciones institucionales contra la guerra. Por ello, llaman a impulsar formas concretas de resistencia social y económica.
Entre las propuestas recogidas en el manifiesto aparecen el boicot a empresas vinculadas a la industria armamentística, la objeción fiscal al gasto militar, la desinversión, la no colaboración con estructuras militares, la denuncia pública y la recuperación de espacios militarizados.
El texto también reivindica la tradición histórica de la objeción de conciencia y la insumisión desarrollada durante décadas en el Estado español.
Finalmente, el comunicado plantea avanzar hacia una estrategia de “transarme”, entendida como un proceso de transferencia progresiva de recursos económicos, capacidades productivas y legitimidad política desde el ámbito militar hacia modelos de seguridad humana y ecológica.
Los impulsores del manifiesto sostienen que esta transformación no constituye “una utopía ingenua”, sino una necesidad urgente en un contexto marcado por la crisis social, ecológica y geopolítica.
“La defensa de la vida —concluye el texto— ya se ejerce hoy mediante prácticas de cooperación, ayuda mutua y resistencia noviolenta”.
El manifiesto termina con una consigna que resume el sentido político del documento: “Otra paz es posible porque ya existe en nuestras luchas cotidianas”.
Por ÁNGEL CUETO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Doce organizaciones de Canarias y más de cuarenta activistas a nivel individual han respaldado un “Manifiesto por la paz, la desmilitarización y la desobediencia” remitido esta semana a la redacción de Canarias-Semanal por activistas pacifistas, antimilitaristas, sindicalistas y participantes en distintos movimientos sociales.
El documento aparece en un contexto marcado por el incremento del gasto militar en Europa, la expansión de la industria armamentística y la creciente presencia del discurso belicista en las instituciones europeas y estatales. Frente a ello, los firmantes hacen un llamamiento a construir “una fuerza política capaz de impugnar el orden militar que se nos impone bajo el pretexto de la Seguridad”.
El texto plantea una crítica frontal al rearme impulsado por la OTAN, la Unión Europea y el Gobierno español, al tiempo que propone desarrollar formas de desobediencia civil y resistencia social frente al militarismo.
El manifiesto denuncia la “falacia de la paz armada”
Uno de los primeros aspectos abordados en el comunicado es el auge de la militarización y lo que los firmantes definen como la “falacia de la paz armada”.
Según sostienen, las grandes potencias occidentales intentan presentar el incremento de los presupuestos militares y la acumulación de armamento como si fueran instrumentos destinados a garantizar la estabilidad y la paz. Sin embargo, el manifiesto considera que esa política responde en realidad a una lógica de confrontación permanente.
“El rearme —señalan— se presenta como una necesidad defensiva inevitable, cuando en realidad consolida un modelo basado en la dominación y la lógica del capital”.
Los firmantes denuncian además que la militarización ya no se limita únicamente al terreno militar, sino que comienza a impregnar el discurso político, mediático y cultural. En ese sentido, alertan sobre la normalización social de la guerra y sobre la utilización constante del miedo y la inseguridad para justificar nuevas inversiones armamentísticas.
“La guerra no es una excepción del sistema, sino una consecuencia”
El comunicado sitúa el militarismo dentro de una crítica más amplia al modelo económico capitalista.
“La guerra no es un accidente ni una excepción”, afirma el manifiesto, que la define como “la expresión extrema de un sistema basado en la explotación laboral, la depredación ecológica, la desigualdad racial y la violencia patriarcal”.
Desde esa perspectiva, el texto vincula directamente las guerras contemporáneas con la disputa por recursos estratégicos, mercados, rutas comerciales y zonas de influencia geopolítica.
Para los impulsores del manifiesto, el militarismo actúa como “el brazo armado” de un sistema económico que necesita controlar territorios, recursos y poblaciones para garantizar su funcionamiento.
El documento también denuncia que mientras se multiplican los presupuestos militares, continúan deteriorándose servicios esenciales como la sanidad pública, la educación, las políticas sociales o las medidas destinadas a afrontar la crisis ecológica.
Críticas al papel del Estado español
Otro de los apartados del manifiesto se centra específicamente en la responsabilidad del Estado español dentro de esta dinámica de rearme.
Aunque el Gobierno mantiene públicamente un discurso diplomático y pacifista, los firmantes recuerdan que España continúa aumentando de forma histórica el gasto militar, participa en operaciones internacionales y se mantiene entre los principales exportadores de armamento.
El texto denuncia además la existencia de bases militares extranjeras y la creciente integración del Estado español en las estrategias militares impulsadas por la OTAN.
Los firmantes sostienen que esta política implica “desviar recursos esenciales” hacia el complejo militar-industrial mientras amplios sectores de la población continúan enfrentándose a problemas como la precariedad laboral, la crisis de vivienda o el empobrecimiento social.
Canarias y la militarización del Atlántico
El manifiesto adquiere además una relevancia especial en Canarias debido al papel estratégico que ocupa el archipiélago en el Atlántico.
Diversos colectivos sociales y antimilitaristas llevan años denunciando el incremento de maniobras militares, la ampliación de infraestructuras estratégicas y la creciente utilización de las Islas como plataforma geopolítica en la región africana y atlántica.
Aunque el comunicado no se centra exclusivamente en Canarias, los apoyos recibidos en el archipiélago reflejan la preocupación existente en distintos sectores sociales por el avance de la militarización.
Los firmantes vinculan además esta situación con procesos más amplios de dependencia económica, desigualdad social y subordinación política.
“Otra paz es posible”
Frente al modelo militarista, el manifiesto reivindica la necesidad de construir “otra paz”.
Pero los impulsores del texto insisten en que no se trata de una paz abstracta ni simplemente institucional. El comunicado habla de una paz “obrera”, basada en la justicia económica y los derechos sociales; una paz “ecologista”, centrada en la defensa de la vida y del territorio; y una paz “feminista”, orientada a combatir las distintas formas de violencia estructural.
También defiende una paz “antirracista, anticolonial y migrante”, así como una paz “antiautoritaria y antimilitarista”, basada en la resistencia civil y la defensa noviolenta de la seguridad humana.
El manifiesto apuesta por sustituir progresivamente la lógica militar por modelos de cooperación social, ayuda mutua y resolución noviolenta de los conflictos.
Desobediencia civil frente al militarismo
Uno de los elementos más significativos del comunicado es la reivindicación explícita de la desobediencia civil como herramienta política frente al militarismo.
Los firmantes consideran insuficiente limitarse a protestas simbólicas o declaraciones institucionales contra la guerra. Por ello, llaman a impulsar formas concretas de resistencia social y económica.
Entre las propuestas recogidas en el manifiesto aparecen el boicot a empresas vinculadas a la industria armamentística, la objeción fiscal al gasto militar, la desinversión, la no colaboración con estructuras militares, la denuncia pública y la recuperación de espacios militarizados.
El texto también reivindica la tradición histórica de la objeción de conciencia y la insumisión desarrollada durante décadas en el Estado español.
Finalmente, el comunicado plantea avanzar hacia una estrategia de “transarme”, entendida como un proceso de transferencia progresiva de recursos económicos, capacidades productivas y legitimidad política desde el ámbito militar hacia modelos de seguridad humana y ecológica.
Los impulsores del manifiesto sostienen que esta transformación no constituye “una utopía ingenua”, sino una necesidad urgente en un contexto marcado por la crisis social, ecológica y geopolítica.
“La defensa de la vida —concluye el texto— ya se ejerce hoy mediante prácticas de cooperación, ayuda mutua y resistencia noviolenta”.
El manifiesto termina con una consigna que resume el sentido político del documento: “Otra paz es posible porque ya existe en nuestras luchas cotidianas”.

































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