LOS TRABAJADORES CANARIOS TAMBIÉN PAGAN LA GUERRA CONTRA IRÁN DE EE.UU. E ISRAEL
La subida del petróleo y del transporte muestra cómo el conflicto ya afecta a la economía cotidiana
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ya empieza a tener consecuencias mucho más allá de Oriente Medio. Mientras miles de personas pierden sus hogares y sus vidas bajo los bombardeos en Irán y el Líbano, territorios como Canarias comienzan a sufrir el impacto económico del conflicto mediante el encarecimiento del transporte, de la energía y del coste de la vida.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Mientras la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel continúa devastando Irán y el Líbano, las consecuencias del conflicto se sienten también muy lejos de Oriente Medio. Miles de personas han muerto ya bajo los bombardeos, cientos de miles han tenido que abandonar sus hogares y ciudades enteras viven bajo la amenaza constante de nuevos ataques.
Los efectos de esta guerra no terminan donde caen los misiles. La escalada militar alrededor de Irán, una de las principales regiones energéticas del planeta, ha trasladado estos efectos al conjunto de la economía mundial. Y Canarias empieza a ser uno de los lugares donde ese impacto comienza a hacerse visible de manera más clara.
Los últimos datos del Índice de Precios de Consumo publicados por el INE muestran hasta qué punto la guerra empieza a trasladarse a la vida cotidiana de las islas. El grupo de transportes registró en Canarias una subida del 3,9% entre marzo y abril de 2026, frente al 0,9% de media estatal. Se trata del mayor incremento del país y de una subida cuatro veces superior a la media nacional.
La explicación resulta evidente. Canarias depende de forma extrema del transporte marítimo y aéreo. Todo aquello que consumen las islas —combustible, alimentos, mercancías, materiales o productos básicos— necesita recorrer miles de kilómetros para llegar al archipiélago. Cuando el petróleo sube en los mercados internacionales, el impacto repercute inmediatamente sobre el conjunto de la economía canaria.
Y el petróleo ha subido precisamente porque la guerra amenaza una de las zonas energéticas más importantes del mundo. Por el Golfo Pérsico circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de crudo. Cada ataque militar, cada amenaza de ampliación del conflicto y cada posibilidad de interrupción del suministro dispara la especulación energética internacional.
Lo que para las grandes petroleras y los fondos financieros supone nuevas oportunidades de negocio, para millones de trabajadores significa gasolina más cara, transporte más caro y un nuevo aumento del coste de la vida.
UNA GUERRA QUE NO SOLO MATA BAJO LAS BOMBAS
La guerra no solo destruye mediante las bombas. También destruye a través de la inflación, del encarecimiento de la energía, de la subida de los alimentos y del deterioro progresivo de las condiciones de vida.
Cuando aumenta el precio del petróleo, se encarece el transporte mundial. Cuando el transporte se encarece, aumentan los costes de distribución y producción. Los fertilizantes suben, la agricultura incrementa gastos y los alimentos terminan siendo más caros. El resultado final es que millones de familias trabajadoras necesitan cada vez más dinero simplemente para sobrevivir. Ese es el mecanismo mediante el cual una guerra aparentemente lejana termina afectando también a trabajadores canarios, europeos, africanos, asiáticos o latinoamericanos.
PETRÓLEO, INFLACIÓN Y EMPOBRECIMIENTO
La relación entre guerra e inflación no es nueva. Cada gran conflicto internacional relacionado con regiones energéticas termina provocando tensiones económicas globales. Pero en un mundo completamente interconectado, los efectos se propagan hoy con una velocidad todavía mayor.
Los mercados reaccionan inmediatamente ante cualquier amenaza sobre el petróleo o el gas. Los grandes especuladores financieros aprovechan esa incertidumbre para elevar precios y obtener beneficios rápidos. Las compañías energéticas trasladan el incremento al consumidor final. Y toda la cadena económica empieza a tensionarse.
El problema es que los salarios no aumentan al mismo ritmo que los precios. Ahí aparece el verdadero impacto social de estas crisis. Aunque muchas personas continúen trabajando, cada vez pueden comprar menos cosas con el mismo sueldo.
La inflación actúa así como una forma silenciosa de empobrecimiento. El trabajador sigue cobrando lo mismo, pero llenar el depósito cuesta más, hacer la compra cuesta más, pagar la electricidad cuesta más y desplazarse al trabajo cuesta más.
En Canarias, donde gran parte de la población ya venía golpeada por la precariedad laboral, los bajos salarios y el aumento constante del precio de la vivienda, cualquier nueva subida del coste de la vida golpea con especial dureza.
LOS PAÍSES POBRES PAGAN EL PRECIO MÁS ALTO
Donde las consecuencias pueden resultar más devastadoras es en los países empobrecidos. Allí, millones de personas destinan la mayor parte de sus ingresos simplemente a cubrir necesidades básicas. Una subida del combustible o del gas no representa una molestia temporal, sino una amenaza directa contra la supervivencia cotidiana.
En India ya empiezan a verse algunos de esos efectos. El aumento del precio del gas y de los combustibles está golpeando especialmente a quienes viven de pequeños trabajos informales o economías de subsistencia. Para millones de personas, una bombona de gas no es únicamente un producto doméstico, sino una herramienta imprescindible para trabajar y obtener ingresos diarios. Vendedores ambulantes que cocinan comida en la calle, pequeños puestos familiares o trabajadores que dependen de motocicletas y transportes precarios para desplazarse empiezan a ver cómo sus costes aumentan mientras sus ingresos permanecen prácticamente congelados. Lo mismo ocurre en numerosos países de África, Asia y América Latina, donde el encarecimiento del petróleo termina afectando al precio de los alimentos, de la electricidad, del transporte y de los productos básicos.
Las guerras de las grandes potencias trasladan así parte de sus costes a millones de personas que jamás participaron en las decisiones políticas y militares que originaron el conflicto.
CANARIAS COMO ADELANTO DE UNA CRISIS MÁS AMPLIA
Lo que hoy empieza a sentirse en Canarias puede ser únicamente el inicio de problemas mucho mayores si la guerra continúa escalando. La economía mundial sigue dependiendo profundamente del petróleo y del gas. Cualquier interrupción grave del suministro energético internacional podría provocar nuevas olas inflacionarias y un deterioro todavía más fuerte de las condiciones de vida de millones de personas.
En territorios especialmente dependientes del exterior, como Canarias, esos efectos aparecen antes y con mayor intensidad. Pero el problema no es únicamente local. Forma parte de una crisis internacional mucho más amplia donde la guerra y la economía aparecen cada vez más entrelazadas.
Mientras los gobiernos hablan de estabilidad y seguridad, millones de trabajadores empiezan a comprobar cómo el coste de sobrevivir continúa aumentando.
LA LÓGICA DE LAS GUERRAS IMPERIALISTAS
Todo ello revela una realidad más profunda sobre las guerras contemporáneas. Bajo los discursos sobre democracia, seguridad o defensa de intereses estratégicos, lo que aparece realmente es una lucha por el control energético, geopolítico y económico del planeta.
Las guerras modernas no solo destruyen países. También reorganizan mercados y permiten enormes beneficios para determinados sectores económicos. Las industrias armamentísticas multiplican contratos, las grandes corporaciones energéticas obtienen beneficios extraordinarios y los fondos especulativos aprovechan la incertidumbre financiera generada por el conflicto.
Mientras tanto, las clases trabajadoras terminan pagando varias veces el coste de la guerra. Lo hacen mediante impuestos destinados al aumento del gasto militar, sufriendo inflación y pérdida de poder adquisitivo, soportando recortes sociales derivados del incremento de los presupuestos armamentísticos y, en los países directamente bombardeados, padeciendo además destrucción, desplazamiento y muerte.
Las bombas caen sobre Irán y el Líbano, pero sus consecuencias terminan alcanzando también a trabajadores canarios, familias pobres de India y millones de hogares repartidos por todo el planeta.
La guerra no solo mata donde explotan los misiles. También empobrece a distancia.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Mientras la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel continúa devastando Irán y el Líbano, las consecuencias del conflicto se sienten también muy lejos de Oriente Medio. Miles de personas han muerto ya bajo los bombardeos, cientos de miles han tenido que abandonar sus hogares y ciudades enteras viven bajo la amenaza constante de nuevos ataques.
Los efectos de esta guerra no terminan donde caen los misiles. La escalada militar alrededor de Irán, una de las principales regiones energéticas del planeta, ha trasladado estos efectos al conjunto de la economía mundial. Y Canarias empieza a ser uno de los lugares donde ese impacto comienza a hacerse visible de manera más clara.
Los últimos datos del Índice de Precios de Consumo publicados por el INE muestran hasta qué punto la guerra empieza a trasladarse a la vida cotidiana de las islas. El grupo de transportes registró en Canarias una subida del 3,9% entre marzo y abril de 2026, frente al 0,9% de media estatal. Se trata del mayor incremento del país y de una subida cuatro veces superior a la media nacional.
La explicación resulta evidente. Canarias depende de forma extrema del transporte marítimo y aéreo. Todo aquello que consumen las islas —combustible, alimentos, mercancías, materiales o productos básicos— necesita recorrer miles de kilómetros para llegar al archipiélago. Cuando el petróleo sube en los mercados internacionales, el impacto repercute inmediatamente sobre el conjunto de la economía canaria.
Y el petróleo ha subido precisamente porque la guerra amenaza una de las zonas energéticas más importantes del mundo. Por el Golfo Pérsico circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de crudo. Cada ataque militar, cada amenaza de ampliación del conflicto y cada posibilidad de interrupción del suministro dispara la especulación energética internacional.
Lo que para las grandes petroleras y los fondos financieros supone nuevas oportunidades de negocio, para millones de trabajadores significa gasolina más cara, transporte más caro y un nuevo aumento del coste de la vida.
UNA GUERRA QUE NO SOLO MATA BAJO LAS BOMBAS
La guerra no solo destruye mediante las bombas. También destruye a través de la inflación, del encarecimiento de la energía, de la subida de los alimentos y del deterioro progresivo de las condiciones de vida.
Cuando aumenta el precio del petróleo, se encarece el transporte mundial. Cuando el transporte se encarece, aumentan los costes de distribución y producción. Los fertilizantes suben, la agricultura incrementa gastos y los alimentos terminan siendo más caros. El resultado final es que millones de familias trabajadoras necesitan cada vez más dinero simplemente para sobrevivir. Ese es el mecanismo mediante el cual una guerra aparentemente lejana termina afectando también a trabajadores canarios, europeos, africanos, asiáticos o latinoamericanos.
PETRÓLEO, INFLACIÓN Y EMPOBRECIMIENTO
La relación entre guerra e inflación no es nueva. Cada gran conflicto internacional relacionado con regiones energéticas termina provocando tensiones económicas globales. Pero en un mundo completamente interconectado, los efectos se propagan hoy con una velocidad todavía mayor.
Los mercados reaccionan inmediatamente ante cualquier amenaza sobre el petróleo o el gas. Los grandes especuladores financieros aprovechan esa incertidumbre para elevar precios y obtener beneficios rápidos. Las compañías energéticas trasladan el incremento al consumidor final. Y toda la cadena económica empieza a tensionarse.
El problema es que los salarios no aumentan al mismo ritmo que los precios. Ahí aparece el verdadero impacto social de estas crisis. Aunque muchas personas continúen trabajando, cada vez pueden comprar menos cosas con el mismo sueldo.
La inflación actúa así como una forma silenciosa de empobrecimiento. El trabajador sigue cobrando lo mismo, pero llenar el depósito cuesta más, hacer la compra cuesta más, pagar la electricidad cuesta más y desplazarse al trabajo cuesta más.
En Canarias, donde gran parte de la población ya venía golpeada por la precariedad laboral, los bajos salarios y el aumento constante del precio de la vivienda, cualquier nueva subida del coste de la vida golpea con especial dureza.
LOS PAÍSES POBRES PAGAN EL PRECIO MÁS ALTO
Donde las consecuencias pueden resultar más devastadoras es en los países empobrecidos. Allí, millones de personas destinan la mayor parte de sus ingresos simplemente a cubrir necesidades básicas. Una subida del combustible o del gas no representa una molestia temporal, sino una amenaza directa contra la supervivencia cotidiana.
En India ya empiezan a verse algunos de esos efectos. El aumento del precio del gas y de los combustibles está golpeando especialmente a quienes viven de pequeños trabajos informales o economías de subsistencia. Para millones de personas, una bombona de gas no es únicamente un producto doméstico, sino una herramienta imprescindible para trabajar y obtener ingresos diarios. Vendedores ambulantes que cocinan comida en la calle, pequeños puestos familiares o trabajadores que dependen de motocicletas y transportes precarios para desplazarse empiezan a ver cómo sus costes aumentan mientras sus ingresos permanecen prácticamente congelados. Lo mismo ocurre en numerosos países de África, Asia y América Latina, donde el encarecimiento del petróleo termina afectando al precio de los alimentos, de la electricidad, del transporte y de los productos básicos.
Las guerras de las grandes potencias trasladan así parte de sus costes a millones de personas que jamás participaron en las decisiones políticas y militares que originaron el conflicto.
CANARIAS COMO ADELANTO DE UNA CRISIS MÁS AMPLIA
Lo que hoy empieza a sentirse en Canarias puede ser únicamente el inicio de problemas mucho mayores si la guerra continúa escalando. La economía mundial sigue dependiendo profundamente del petróleo y del gas. Cualquier interrupción grave del suministro energético internacional podría provocar nuevas olas inflacionarias y un deterioro todavía más fuerte de las condiciones de vida de millones de personas.
En territorios especialmente dependientes del exterior, como Canarias, esos efectos aparecen antes y con mayor intensidad. Pero el problema no es únicamente local. Forma parte de una crisis internacional mucho más amplia donde la guerra y la economía aparecen cada vez más entrelazadas.
Mientras los gobiernos hablan de estabilidad y seguridad, millones de trabajadores empiezan a comprobar cómo el coste de sobrevivir continúa aumentando.
LA LÓGICA DE LAS GUERRAS IMPERIALISTAS
Todo ello revela una realidad más profunda sobre las guerras contemporáneas. Bajo los discursos sobre democracia, seguridad o defensa de intereses estratégicos, lo que aparece realmente es una lucha por el control energético, geopolítico y económico del planeta.
Las guerras modernas no solo destruyen países. También reorganizan mercados y permiten enormes beneficios para determinados sectores económicos. Las industrias armamentísticas multiplican contratos, las grandes corporaciones energéticas obtienen beneficios extraordinarios y los fondos especulativos aprovechan la incertidumbre financiera generada por el conflicto.
Mientras tanto, las clases trabajadoras terminan pagando varias veces el coste de la guerra. Lo hacen mediante impuestos destinados al aumento del gasto militar, sufriendo inflación y pérdida de poder adquisitivo, soportando recortes sociales derivados del incremento de los presupuestos armamentísticos y, en los países directamente bombardeados, padeciendo además destrucción, desplazamiento y muerte.
Las bombas caen sobre Irán y el Líbano, pero sus consecuencias terminan alcanzando también a trabajadores canarios, familias pobres de India y millones de hogares repartidos por todo el planeta.
La guerra no solo mata donde explotan los misiles. También empobrece a distancia.

































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.38