SANGRE, ORO Y FUEGO: UNA VERDAD QUE ESPAÑA NUNCA QUISO CONTAR
De las masacres de Cortés al silencio de la Corona: el debate que vuelve a dividir a España y México
Las palabras de Felipe VI , al calor del viaje de la presidenta de la Comunidad autonoma de Madrid, han vuelto a abrir una de las polémicas más explosivas de la historia española. ¿Pueden excusarse genocidios, saqueos y exterminios diciendo simplemente que aquellos “eran otros tiempos”? Este reportaje reconstruye la violencia que cambió América para siempre. La Conquista de América vuelve al centro del huracán político y mediático. Mientras la Corona pide mirar “el contexto histórico”, historiadores y críticos recuerdan que ya en el siglo XVI hubo voces que denunciaron las matanzas, el saqueo y el terror sembrado por los conquistadores españoles. ¿Cuál es al respecto la posición de los historiadores de hoy ?
POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
En marzo de 2026, durante una visita a una exposición sobre el mundo indígena mexicano en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, el actual rey de España, Felipe Borbón, intentó explicar las atrocidades de la Conquista de América manifestando que aquellos acontecimientos debían analizarse “en su contexto histórico”, evitando lo que él denominó “presentismo moral”. Aceptó en esa ocasión que durante la colonización hubo “abusos” y “controversias éticas”, aunque matizó que muchas de aquellas matanzas obedecieron a la mentalidad propia del siglo XVI.
Sus palabras reabrieron inmediatamente un viejo debate: ¿pueden justificarse las matanzas, saqueos y destrucciones cometidas por Hernán Cortés diciendo simplemente que “eran cosas de la época”?
![[Img #91775]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/2779_cr01.jpg)
Ni que decir tiene que la precisión histórica del monarca suscitó, por parte de los medios de comunicación españoles un intercambio de opiniones que ni siquiera alcanzó la categoría de polémica. Buena parte del periodismo cortesano celebró el tardío descubrimiento real de que durante la Conquista de América se habían producido “abusos”. Otros, en cambio, más próximos a posiciones que hoy calificariamos de ayusistas, optaron por no pronunciarse.
Antes de este último pronunciamiento, Felipe VI había tratado de mantener una postura “discreta”, aunque claramente alineada con la defensa institucional de la Corona frente a las críticas sobre la Conquista de América.
Evitaba pronunciarse directamente sobre las matanzas, los abusos o la figura de Hernán Cortés, mientras la Casa Real por su parte, respondía con silencio diplomático a las reiteradas reclamaciones mexicanas de disculpas oficiales por el genocidio.
El momento más significativo tuvo lugar en 2019, cuando el entonces presidente mexicano, López Obrador, pidió formalmente a la Corona española que reconociera y pidiera perdón por el genocidio de la Conquista. La Casa Real evitó responder a esta petición y el Gobierno de Pedro Sánchez la rechazó frontalmente, defendiendo la necesidad de mirar “hacia adelante” y reforzar la relación entre ambos países, pero si tocar la reivindicacion histórica mexicana.
Fue esa la razón por la que sorprendieron sus declaraciones del pasado mes de marzo, cuando el monarca reconoció por primera vez que durante la Conquista se habían producido “abusos” y hechos que hoy “no pueden hacernos sentir orgullosos”. Pero todo ello, naruralmente, sin dejar de insistir en que aquellos hechos debían se analizados “en su contexto histórico”, eludiendo así una condena completa de los mismos.
![[Img #91776]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/5617_cr02.jpg)
EL MUNDO QUE FORMÓ A HERNÁN CORTÉS
Pero, ¿afectaba ese “contexto histórico” de manera diferente a Hernán Cortés, Colón, Pizarro, etc. etc., que a otros contemporáneos suyos que ya entonces habian condenado sus brutales genocidios? La respuesta a esta interrogante merece una reflexión atenta ante la trampa argumental que desde entonces no ha dejado de utilizarse para justificar tanto la violencia de la Conquista americana, como otros acontecimientos históricos mucho más recientes.
En el caso específico de Hernán Cortés, personaje que ha concitado estos días la atención general, valdría la pena detenerse en el estudio del personal y peculiar “contexto” que rodeó al conquistador. Para entender realmente quién fue Hernán Cortés no basta con enumerar sus batallas o sus victorias militares, como pretendieron transmitirnos a través de nuestros peimeros libros escolares. Comprender su brutal comportamiento nos obliga necesariamente a acercarnos al mundo en el que el mismo Cortés habia crecido.
![[Img #91774]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/9770_cr03.jpg)
Cortés no apareció de la nada, convertido repentinamente en conquistador. Fue, en efecto, producto de una sociedad extremadamente violenta, militarizada y obsesionada con la guerra, el honor y la riqueza. Nació en 1485 en Medellín, Extremadura, una región pobre de la España peninsular donde muchos hidalgos tenían un apellido noble pero apenas poseían dinero. Aquella contradicción marcó profundamente a generaciones enteras. Miles de jóvenes crecían escuchando historias de gloria militar mientras vivían rodeados de una precariedad miserable. Para muchos, el proyecto americano apareció como una oportunidad gigantesca para escapar de la pobreza y convertirse rápidamente en hombres ricos y poderosos.
La España de finales del siglo XV acababa de culminar la Reconquista contra los musulmanes. Durante siglos, la guerra había sido presentada como algo heroico y casi sagrado. Combatir a los "enemigos de la fe" otorgaba prestigio social, recompensas económicas y reconocimiento político. La religión impregnaba completamente toda la vida pública. La Inquisición perseguía cualquier tipo de desviación religiosa y se enseñaba que existían pueblos inferiores o enemigos naturales del cristianismo que podían ser sometidos por la fuerza. Ese fue el ambiente en el que se educó a Cortés. Aprendió desde muy joven que la violencia podía ser legítima si conducía al poder, al oro o a la expansión del reino y de la fe.
Aquella mentalidad no era únicamente española. Europa entera atravesaba una época extremadamente brutal. Había guerras constantes, persecuciones religiosas, torturas públicas y ejecuciones masivas. Pero eso no significaba que todo estuviera moralmente justificado o que nadie cuestionara la ejecucion de aquellas barbaridades. Es aquí donde se nos presenta un aspectp fundamental del problema que en muchas ocasiones se intenta ocultar cuando se afirma que Cortés fue, simplemente, “un hombre de su tiempo”.
En efecto, Cortés fue un “hombre de su tiempo”, del mismo modo que siglos después los serían Franco, Hitler o el mismísimo Al Capone. Pero centenares de millones de hombres y mujeres contemporáneos suyos vivieron tambien en esas mismas épocas, y no por ello terminaron convirtiéndose en brutales asesinos, pero, en cambio, sí se vieron obligados a sufrir las consecuencias del horror provocado por esos deleznables personajes
NO TODOS PENSABAN COMO CORTÉS
Incluso en el curso de la propia Conquista existieron no pocos contemporáneos que denunciaron, llenos de pavor, lo que estaba ocurriendo en América. Eso desmonta la idea nada inocente de que las matanzas o el genocidio fueran vistos
como algo normal o aceptable por toda la sociedad de la época.
Uno de los casos más notorios de ese tipo de actitudes fue la de fray Bartolomé de las Casas. Las Casas conoció directamente la realidad colonial y quedó profundamente impactado por la violencia gratuita que practicaron sus compatriotas los conquistadores. En sus escritos describió escenas terribles: indígenas quemados vivos, pueblos enteros arrasados, niños asesinados delante de sus padres y soldados españoles que competían entre sí para ver quién partía a la mitad a una persona de un solo tajo de espada. Fray Bartolomé de las Casas dio testimonio fehaciente de esas fechorias.
Aquellas denuncias no fueron simples comentarios aislados. Generaron importantes debates dentro del Imperio español. Las Casas insistía en algo muy importante para la época: los pueblos indígenas eran seres humanos racionales y poseían los mismos derechos fundamentales que cualquier europeo.
En esas airadas denuncias también destacó Francisco de Vitoria, considerado por algunos como uno de los padres del derecho internacional moderno. Vitoria cuestionó el supuesto derecho de España a conquistar violentamente pueblos enteros simplemente por ser cristiana. Defendía que los indígenas tenían soberanía legítima sobre sus territorios y capacidad para gobernarse. Eso pone de manifiesto que durante la Conquista hubo hombres que comprendieron perfectamente en qué consistía la barbarie.
Por eso resulta extremadamente engañoso justificar las acciones de Cortés diciendo que “todo el mundo hacía lo mismo”. Del mismo modo que hubo millones de alemanes que no aceptaron la persecución de comunistas y judíos durante el regimen nazi, hoy existen también muchos judíos que rechazan el genocidio al que Netanyahu ha sometido al pueblo palestino.
Tanto ayer como hoy existieron siempre alternativas morales, ideológicas e intelectuales que condenaban la violencia y la brutalidad ejercida contra pueblos en inferioridad de condiciones. Cortés —al igual que siglos después harían Hitler, Franco o Al Capone— eligió libre y conscientemente el camino de la violencia extrema. Y lo hizo, además, por razones que no dudó en comunicar a su monarca.
EL SAQUEO DE AMÉRICA Y EL NACIMIENTO DE UN NUEVO MUNDO
La Conquista no fue solamente una guerra militar o religiosa. Fue también una gigantesca operación económica basada en el saqueo y la explotación. España comenzó a extraer enormes cantidades de oro y plata de América. Minas como las de Potosí se transformaron en símbolos del trabajo forzado y de la explotación brutal. Millones de indígenas fueron obligados a trabajar en condiciones infrahumanas. Muchos morían agotados, enfermos o desnutridos.
El oro y la plata americanos enriquecieron enormemente a Europa y ayudaron a financiar guerras, imperios y expansión comercial. Mientras Europa acumulaba riquezas, América sufría una catástrofe demográfica gigantesca. En algunas regiones desapareció hasta el 90 % de la población indígena.
Esa es la razón por la que hoy muchos historiadores consideran la Conquista como una de los mayores hecatombes humanas de la historia moderna.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa misma materia y coautor del libro "El Gran Reajuste.
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POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
En marzo de 2026, durante una visita a una exposición sobre el mundo indígena mexicano en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, el actual rey de España, Felipe Borbón, intentó explicar las atrocidades de la Conquista de América manifestando que aquellos acontecimientos debían analizarse “en su contexto histórico”, evitando lo que él denominó “presentismo moral”. Aceptó en esa ocasión que durante la colonización hubo “abusos” y “controversias éticas”, aunque matizó que muchas de aquellas matanzas obedecieron a la mentalidad propia del siglo XVI.
Sus palabras reabrieron inmediatamente un viejo debate: ¿pueden justificarse las matanzas, saqueos y destrucciones cometidas por Hernán Cortés diciendo simplemente que “eran cosas de la época”?
![[Img #91775]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/2779_cr01.jpg)
Ni que decir tiene que la precisión histórica del monarca suscitó, por parte de los medios de comunicación españoles un intercambio de opiniones que ni siquiera alcanzó la categoría de polémica. Buena parte del periodismo cortesano celebró el tardío descubrimiento real de que durante la Conquista de América se habían producido “abusos”. Otros, en cambio, más próximos a posiciones que hoy calificariamos de ayusistas, optaron por no pronunciarse.
Antes de este último pronunciamiento, Felipe VI había tratado de mantener una postura “discreta”, aunque claramente alineada con la defensa institucional de la Corona frente a las críticas sobre la Conquista de América.
Evitaba pronunciarse directamente sobre las matanzas, los abusos o la figura de Hernán Cortés, mientras la Casa Real por su parte, respondía con silencio diplomático a las reiteradas reclamaciones mexicanas de disculpas oficiales por el genocidio.
El momento más significativo tuvo lugar en 2019, cuando el entonces presidente mexicano, López Obrador, pidió formalmente a la Corona española que reconociera y pidiera perdón por el genocidio de la Conquista. La Casa Real evitó responder a esta petición y el Gobierno de Pedro Sánchez la rechazó frontalmente, defendiendo la necesidad de mirar “hacia adelante” y reforzar la relación entre ambos países, pero si tocar la reivindicacion histórica mexicana.
Fue esa la razón por la que sorprendieron sus declaraciones del pasado mes de marzo, cuando el monarca reconoció por primera vez que durante la Conquista se habían producido “abusos” y hechos que hoy “no pueden hacernos sentir orgullosos”. Pero todo ello, naruralmente, sin dejar de insistir en que aquellos hechos debían se analizados “en su contexto histórico”, eludiendo así una condena completa de los mismos.
![[Img #91776]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/5617_cr02.jpg)
EL MUNDO QUE FORMÓ A HERNÁN CORTÉS
Pero, ¿afectaba ese “contexto histórico” de manera diferente a Hernán Cortés, Colón, Pizarro, etc. etc., que a otros contemporáneos suyos que ya entonces habian condenado sus brutales genocidios? La respuesta a esta interrogante merece una reflexión atenta ante la trampa argumental que desde entonces no ha dejado de utilizarse para justificar tanto la violencia de la Conquista americana, como otros acontecimientos históricos mucho más recientes.
En el caso específico de Hernán Cortés, personaje que ha concitado estos días la atención general, valdría la pena detenerse en el estudio del personal y peculiar “contexto” que rodeó al conquistador. Para entender realmente quién fue Hernán Cortés no basta con enumerar sus batallas o sus victorias militares, como pretendieron transmitirnos a través de nuestros peimeros libros escolares. Comprender su brutal comportamiento nos obliga necesariamente a acercarnos al mundo en el que el mismo Cortés habia crecido.
![[Img #91774]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/9770_cr03.jpg)
Cortés no apareció de la nada, convertido repentinamente en conquistador. Fue, en efecto, producto de una sociedad extremadamente violenta, militarizada y obsesionada con la guerra, el honor y la riqueza. Nació en 1485 en Medellín, Extremadura, una región pobre de la España peninsular donde muchos hidalgos tenían un apellido noble pero apenas poseían dinero. Aquella contradicción marcó profundamente a generaciones enteras. Miles de jóvenes crecían escuchando historias de gloria militar mientras vivían rodeados de una precariedad miserable. Para muchos, el proyecto americano apareció como una oportunidad gigantesca para escapar de la pobreza y convertirse rápidamente en hombres ricos y poderosos.
La España de finales del siglo XV acababa de culminar la Reconquista contra los musulmanes. Durante siglos, la guerra había sido presentada como algo heroico y casi sagrado. Combatir a los "enemigos de la fe" otorgaba prestigio social, recompensas económicas y reconocimiento político. La religión impregnaba completamente toda la vida pública. La Inquisición perseguía cualquier tipo de desviación religiosa y se enseñaba que existían pueblos inferiores o enemigos naturales del cristianismo que podían ser sometidos por la fuerza. Ese fue el ambiente en el que se educó a Cortés. Aprendió desde muy joven que la violencia podía ser legítima si conducía al poder, al oro o a la expansión del reino y de la fe.
Aquella mentalidad no era únicamente española. Europa entera atravesaba una época extremadamente brutal. Había guerras constantes, persecuciones religiosas, torturas públicas y ejecuciones masivas. Pero eso no significaba que todo estuviera moralmente justificado o que nadie cuestionara la ejecucion de aquellas barbaridades. Es aquí donde se nos presenta un aspectp fundamental del problema que en muchas ocasiones se intenta ocultar cuando se afirma que Cortés fue, simplemente, “un hombre de su tiempo”.
En efecto, Cortés fue un “hombre de su tiempo”, del mismo modo que siglos después los serían Franco, Hitler o el mismísimo Al Capone. Pero centenares de millones de hombres y mujeres contemporáneos suyos vivieron tambien en esas mismas épocas, y no por ello terminaron convirtiéndose en brutales asesinos, pero, en cambio, sí se vieron obligados a sufrir las consecuencias del horror provocado por esos deleznables personajes
NO TODOS PENSABAN COMO CORTÉS
Incluso en el curso de la propia Conquista existieron no pocos contemporáneos que denunciaron, llenos de pavor, lo que estaba ocurriendo en América. Eso desmonta la idea nada inocente de que las matanzas o el genocidio fueran vistos
como algo normal o aceptable por toda la sociedad de la época.
Uno de los casos más notorios de ese tipo de actitudes fue la de fray Bartolomé de las Casas. Las Casas conoció directamente la realidad colonial y quedó profundamente impactado por la violencia gratuita que practicaron sus compatriotas los conquistadores. En sus escritos describió escenas terribles: indígenas quemados vivos, pueblos enteros arrasados, niños asesinados delante de sus padres y soldados españoles que competían entre sí para ver quién partía a la mitad a una persona de un solo tajo de espada. Fray Bartolomé de las Casas dio testimonio fehaciente de esas fechorias.
Aquellas denuncias no fueron simples comentarios aislados. Generaron importantes debates dentro del Imperio español. Las Casas insistía en algo muy importante para la época: los pueblos indígenas eran seres humanos racionales y poseían los mismos derechos fundamentales que cualquier europeo.
En esas airadas denuncias también destacó Francisco de Vitoria, considerado por algunos como uno de los padres del derecho internacional moderno. Vitoria cuestionó el supuesto derecho de España a conquistar violentamente pueblos enteros simplemente por ser cristiana. Defendía que los indígenas tenían soberanía legítima sobre sus territorios y capacidad para gobernarse. Eso pone de manifiesto que durante la Conquista hubo hombres que comprendieron perfectamente en qué consistía la barbarie.
Por eso resulta extremadamente engañoso justificar las acciones de Cortés diciendo que “todo el mundo hacía lo mismo”. Del mismo modo que hubo millones de alemanes que no aceptaron la persecución de comunistas y judíos durante el regimen nazi, hoy existen también muchos judíos que rechazan el genocidio al que Netanyahu ha sometido al pueblo palestino.
Tanto ayer como hoy existieron siempre alternativas morales, ideológicas e intelectuales que condenaban la violencia y la brutalidad ejercida contra pueblos en inferioridad de condiciones. Cortés —al igual que siglos después harían Hitler, Franco o Al Capone— eligió libre y conscientemente el camino de la violencia extrema. Y lo hizo, además, por razones que no dudó en comunicar a su monarca.
EL SAQUEO DE AMÉRICA Y EL NACIMIENTO DE UN NUEVO MUNDO
La Conquista no fue solamente una guerra militar o religiosa. Fue también una gigantesca operación económica basada en el saqueo y la explotación. España comenzó a extraer enormes cantidades de oro y plata de América. Minas como las de Potosí se transformaron en símbolos del trabajo forzado y de la explotación brutal. Millones de indígenas fueron obligados a trabajar en condiciones infrahumanas. Muchos morían agotados, enfermos o desnutridos.
El oro y la plata americanos enriquecieron enormemente a Europa y ayudaron a financiar guerras, imperios y expansión comercial. Mientras Europa acumulaba riquezas, América sufría una catástrofe demográfica gigantesca. En algunas regiones desapareció hasta el 90 % de la población indígena.
Esa es la razón por la que hoy muchos historiadores consideran la Conquista como una de los mayores hecatombes humanas de la historia moderna.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa misma materia y coautor del libro "El Gran Reajuste.
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