REDACCIÓN CANARIAS SEMANAL.ORG
En un artículo rubricado por Robyn Vinter y Angelique Chrisafis en el diario británico "The Guardian", bajo el título “Dozens of people from cruise ship struck by hantavirus leave Tenerife”, se describe la compleja operación internacional desplegada en Canarias tras el brote de hantavirus detectado a bordo del crucero MV Hondius.
Según afirman sus autores, decenas de pasajeros y tripulantes procedentes de distintos países fueron evacuados desde Tenerife y enviados a sus lugares de origen bajo estrictas medidas sanitarias y cuarentenas preventivas.
El artículo refleja cómo las autoridades sanitarias españolas, junto con la Organización Mundial de la Salud, trataron de transmitir una imagen de control ante un episodio que inevitablemente evocó el recuerdo reciente de la pandemia de Covid-19.
De acuerdo con lo expresado por los periodistas citados, el barco llegó a Canarias con 146 personas a bordo después de que tres pasajeros hubieran fallecido y otras ocho personas presentaran síntomas de la enfermedad. La situación obligó a poner en marcha un dispositivo internacional de emergencia en el puerto de Granadilla, en Tenerife.
Según detallan las autoras, los pasajeros fueron desembarcados en pequeños grupos y sometidos a controles médicos antes de ser trasladados en vuelos especiales a distintos países. Las escenas descritas en el reportaje —personal sanitario con trajes de protección, pasajeros aislados y operaciones policiales en el puerto— recuerdan inevitablemente los protocolos de emergencia sanitaria aplicados durante los años más duros de la crisis del coronavirus. El artículo subraya además que algunos de los pasajeros británicos fueron enviados directamente a cuarentena hospitalaria en Merseyside.
El texto pone de relieve también la dimensión internacional del incidente. Según afirma el artículo, pasajeros y tripulantes fueron repartidos en vuelos con destino al Reino Unido, Países Bajos, Alemania, Bélgica, Grecia, Canadá, Turquía, Francia, Irlanda, Australia y Estados Unidos. Las autoridades intentaron evitar cualquier contacto con la población de Tenerife, tratando de impedir una posible propagación del virus en la isla.
De acuerdo con lo expresado por las periodistas, uno de los elementos más delicados de la situación era el amplio periodo de incubación del hantavirus, que puede prolongarse durante varias semanas. Este aspecto generó preocupación entre las autoridades sanitarias internacionales, ya que algunas personas potencialmente expuestas habían abandonado el barco semanas antes del reconocimiento oficial del brote. El artículo menciona incluso operaciones de rastreo y seguimiento en territorios remotos del Atlántico Sur, como Santa Elena y Tristan da Cunha.
El rotativo britanico "The Guardian" indica, además, ciertas contradicciones y tensiones sugidas entre diferentes gobiernos respecto a los protocolos sanitarios aplicados. Según recoge el texto, Reino Unido y Estados Unidos solicitaron pruebas diagnósticas PCR adicionales a bordo del barco, aunque las autoridades españolas no las autorizaron en ese momento. En lugar de ello, se optó por controles de temperatura y cuestionarios médicos para detectar posibles síntomas. Esta circunstancia refleja las dificultades de coordinación internacional que siguen existiendo incluso después de la experiencia global del Covid-19.
El artículo del periódico londinense intenta igualmente rebajar el nivel de alarma social. Según afirmaron responsables de la OMS citados por The Guardian, el hantavirus no posee la misma capacidad de transmisión rápida que el coronavirus y los tratamientos pueden resultar eficaces si la enfermedad es detectada a tiempo. Sin embargo, las propias medidas excepcionales adoptadas —aislamientos, evacuaciones internacionales y despliegues médicos especiales— evidencian la preocupación real de las autoridades ante cualquier posible expansión del brote.
De acuerdo a lo expresado por The Guardian, el crucero había permanecido previamente varios días bloqueado frente a las costas de Cabo Verde, ya que las autoridades locales temían que un desembarco pudiera colapsar el sistema sanitario del país africano. Finalmente, Canarias terminó convirtiéndose en el punto de recepción y redistribución internacional de los pasajeros, asumiendo una compleja operación logística y sanitaria de alcance mundial.
El reportaje muestra además cómo los territorios insulares vuelven a ocupar un papel estratégico y vulnerable en escenarios de emergencia sanitaria internacional. Tenerife aparece retratada como un enclave clave en la red global de transporte marítimo y aéreo, obligado a responder rápidamente ante una crisis biológica llegada desde rutas oceánicas internacionales.
Las imágenes descritas en el puerto de Granadilla y los dispositivos desplegados ofrecen una estampa que evidencia hasta qué punto la movilidad global puede convertir cualquier punto geográfico en escenario de una emergencia internacional en cuestión de horas.
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