CARTA ABIERTA AL SR. PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE CANARIAS
"El interés público debe prevalecer sobre el interés político"
Le escribo -apunta la doctora Marisa Maliaño Toca en esta carta abierta a Fernando Clavijo- desde la perplejidad más absoluta, ese estado mental que uno alcanza cuando observa a un responsable público tomar decisiones que desafían no sólo la lógica, sino también la física, la epidemiología y, ya puestos, el sentido común más elemental (...).
Por MARISA MALIAÑO TOCA (*) PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Sr. Presidente:
Le escribo desde la perplejidad más absoluta, ese estado mental que uno alcanza cuando observa a un responsable público tomar decisiones que desafían no solo la lógica, sino también la física, la epidemiología y, ya puestos, el sentido común más elemental.
Permítame resumir la situación: un crucero con casos de Hantavirus a bordo debe atracar en un puerto canario. La respuesta de su gobierno ha sido ordenar el fondeo del buque, obligando a que la evacuación de pasajeros se realice mediante lanchas. Es decir, ha convertido un procedimiento que podría ejecutarse en horas, con orden y eficiencia, en una operación logística digna de Dunkerque, pero sin la épica y con el triple de gasto público.
La genialidad de su decisión merece un análisis detenido. El Hantavirus, como bien saben la OMS, el Ministerio de Sanidad y cualquier estudiante de segundo de Medicina que no se haya saltado la clase de virología, se transmite por contacto con roedores infectados o sus excretas. No flota en el aire del puerto. No salta del barco al muelle como un polizón entusiasta. No tiene, en definitiva, la menor intención de conquistar Canarias aprovechando una pasarela de desembarque.
Pero usted ha decidido que el fondeo es más seguro. Veamos: en lugar de un desembarco controlado por una única vía, con protocolos sanitarios establecidos y supervisión directa, tendremos decenas de traslados en lancha, multiplicando los puntos de contacto, alargando los tiempos de exposición y, de paso, mareando al pasaje que ya bastante tienen con el susto. Si el objetivo era aumentar el riesgo, enhorabuena: lo ha conseguido con nota.
El coste de esta operación, naturalmente, lo asumiremos los contribuyentes. Cada lancha, cada hora extra de los servicios de emergencia, cada recurso desviado de sus funciones habituales tiene un precio. Pero supongo que eso es secundario cuando lo que está en juego es algo tan valioso como la foto del presidente que "protegió" a su pueblo de un virus que no se contagia de esa manera.
Porque seamos honestos: esto no va de salud pública. Esto va de política del miedo, esa disciplina en la que algunos gobernantes obtienen sobresalientes sin necesidad de estudiar. El fondeo del barco ofrece una imagen potente: el peligro contenido en el horizonte, alejado de nuestras costas gracias a la firmeza del líder. Que esa firmeza contradiga todas las recomendaciones de los organismos competentes es un detalle menor, casi anecdótico para usted.
Lo verdaderamente insultante de su decisión no es su ineficacia ni su coste. Es el desprecio que demuestra hacia quienes sí saben de estas cosas. Los epidemiólogos, los técnicos de sanidad, los profesionales que llevan décadas estudiando cómo se propagan las enfermedades han emitido sus recomendaciones. Usted las ha ignorado con la seguridad de quien confunde el cargo con el conocimiento.
En democracia, señor Presidente, el interés público debe prevalecer sobre el interés político. La ciudadanía le elegimos para que tome decisiones informadas, racionales, basadas en evidencias. No para que escenifique teatros de seguridad que complican lo simple, encarecen lo barato y alargan lo breve.
El pasaje de ese barco merecía un desembarco digno y eficiente. Los canarios merecen un gobierno que escuche a los expertos. Todos merecíamos algo mejor que este espectáculo de incompetencia disfrazada de prudencia.
Confío en que futuras crisis encuentren en su despacho menos instinto de titular y más respeto por la ciencia, por el conocimiento, la colaboración y la empatía.
Con la consideración que su cargo merece y el escepticismo que sus actos inspiran, le saluda una ciudadana que todavía cree en la razón, la solidaridad y la alegría de vivir que esto sí conlleva.
(*) Marisa Maliaño Toca es médica, máster en salud pública y divulgadora de temas científicos.
Por MARISA MALIAÑO TOCA (*) PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Sr. Presidente:
Le escribo desde la perplejidad más absoluta, ese estado mental que uno alcanza cuando observa a un responsable público tomar decisiones que desafían no solo la lógica, sino también la física, la epidemiología y, ya puestos, el sentido común más elemental.
Permítame resumir la situación: un crucero con casos de Hantavirus a bordo debe atracar en un puerto canario. La respuesta de su gobierno ha sido ordenar el fondeo del buque, obligando a que la evacuación de pasajeros se realice mediante lanchas. Es decir, ha convertido un procedimiento que podría ejecutarse en horas, con orden y eficiencia, en una operación logística digna de Dunkerque, pero sin la épica y con el triple de gasto público.
La genialidad de su decisión merece un análisis detenido. El Hantavirus, como bien saben la OMS, el Ministerio de Sanidad y cualquier estudiante de segundo de Medicina que no se haya saltado la clase de virología, se transmite por contacto con roedores infectados o sus excretas. No flota en el aire del puerto. No salta del barco al muelle como un polizón entusiasta. No tiene, en definitiva, la menor intención de conquistar Canarias aprovechando una pasarela de desembarque.
Pero usted ha decidido que el fondeo es más seguro. Veamos: en lugar de un desembarco controlado por una única vía, con protocolos sanitarios establecidos y supervisión directa, tendremos decenas de traslados en lancha, multiplicando los puntos de contacto, alargando los tiempos de exposición y, de paso, mareando al pasaje que ya bastante tienen con el susto. Si el objetivo era aumentar el riesgo, enhorabuena: lo ha conseguido con nota.
El coste de esta operación, naturalmente, lo asumiremos los contribuyentes. Cada lancha, cada hora extra de los servicios de emergencia, cada recurso desviado de sus funciones habituales tiene un precio. Pero supongo que eso es secundario cuando lo que está en juego es algo tan valioso como la foto del presidente que "protegió" a su pueblo de un virus que no se contagia de esa manera.
Porque seamos honestos: esto no va de salud pública. Esto va de política del miedo, esa disciplina en la que algunos gobernantes obtienen sobresalientes sin necesidad de estudiar. El fondeo del barco ofrece una imagen potente: el peligro contenido en el horizonte, alejado de nuestras costas gracias a la firmeza del líder. Que esa firmeza contradiga todas las recomendaciones de los organismos competentes es un detalle menor, casi anecdótico para usted.
Lo verdaderamente insultante de su decisión no es su ineficacia ni su coste. Es el desprecio que demuestra hacia quienes sí saben de estas cosas. Los epidemiólogos, los técnicos de sanidad, los profesionales que llevan décadas estudiando cómo se propagan las enfermedades han emitido sus recomendaciones. Usted las ha ignorado con la seguridad de quien confunde el cargo con el conocimiento.
En democracia, señor Presidente, el interés público debe prevalecer sobre el interés político. La ciudadanía le elegimos para que tome decisiones informadas, racionales, basadas en evidencias. No para que escenifique teatros de seguridad que complican lo simple, encarecen lo barato y alargan lo breve.
El pasaje de ese barco merecía un desembarco digno y eficiente. Los canarios merecen un gobierno que escuche a los expertos. Todos merecíamos algo mejor que este espectáculo de incompetencia disfrazada de prudencia.
Confío en que futuras crisis encuentren en su despacho menos instinto de titular y más respeto por la ciencia, por el conocimiento, la colaboración y la empatía.
Con la consideración que su cargo merece y el escepticismo que sus actos inspiran, le saluda una ciudadana que todavía cree en la razón, la solidaridad y la alegría de vivir que esto sí conlleva.
(*) Marisa Maliaño Toca es médica, máster en salud pública y divulgadora de temas científicos.
































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