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Jueves, 04 de Diciembre de 2025 Tiempo de lectura:

DORMIR EN LA CALLE: UNA REALIDAD NORMALIZADA PARA MILES DE CANARIOS

El aumento del sinhogarismo refleja el impacto de la precariedad laboral y la crisis de vivienda

Cáritas Diocesana de Tenerife alerta de que casi 3.000 personas viven en situación de exclusión residencial extrema en la isla. Detrás del aumento del sinhogarismo aparecen el encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral y el deterioro de las condiciones de vida de miles de canarios.

Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   Canarias vive una paradoja cada vez más sangrante. Mientras el archipiélago bate récords turísticos y mueve miles de millones de euros al año gracias al negocio inmobiliario y vacacional, crece también el número de personas que no pueden acceder siquiera a una vivienda. Esta semana, Cáritas Diocesana de Tenerife daba a conocer un dato que refleja con crudeza esa realidad: 2.853 personas se encuentran en situación de exclusión residencial extrema en esa isla, según la sexta edición del informe Exclusión Residencial Extrema en Tenerife presentado junto al Cabildo insular.

 

   Durante la presentación del estudio, el director de Cáritas en Tenerife, Juan Rognoni, explicó que detrás del sinhogarismo confluyen múltiples factores como el desempleo, la ruptura de redes familiares, las adicciones, los problemas de salud mental y, especialmente, las enormes dificultades para acceder a una vivienda. La organización insistió, asimismo, en la necesidad de abordar esta problemática desde una perspectiva de salud pública, debido al fuerte deterioro emocional y psicológico que sufren muchas de las personas afectadas.

 

  Sin embargo, limitar el problema únicamente a circunstancias individuales sería un error. El aumento del sinhogarismo en Canarias tiene causas mucho más profundas y está estrechamente relacionado con el propio modelo económico del archipiélago.

 

Un problema que se extiende más allá de Tenerife

  Lo que ocurre en Tenerife no es una excepción. En otras islas la exclusión residencial también aumenta de forma sostenida. Las organizaciones sociales vienen alertando desde hace años del empeoramiento de las condiciones de vida de miles de familias, especialmente a medida que el precio de los alquileres continúa disparándose mientras los salarios permanecen estancados.

 

  La imagen tradicional de la persona sin hogar durmiendo en un banco ya no basta para explicar la realidad actual. La exclusión residencial incluye también a quienes sobreviven en habitaciones hacinadas, a familias que cambian constantemente de vivienda porque no pueden asumir el precio de los alquileres, a trabajadores que destinan casi todo su salario únicamente a pagar techo y a personas que viven atrapadas en recursos temporales sin posibilidad de acceder a una vivienda estable.

 

  El problema no afecta únicamente a sectores completamente marginados. Cada vez golpea más a trabajadores pobres, jóvenes sin posibilidad de emanciparse y familias que, pese a mantener un empleo, viven permanentemente al borde de la exclusión social.

 

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La vivienda convertida en mercancía

  Detrás de esta situación aparece un elemento central: el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales de Canarias. Durante años, el modelo económico del archipiélago ha girado alrededor del turismo y la especulación inmobiliaria. Miles de viviendas han pasado a destinarse al alquiler vacacional mientras la oferta de alquiler residencial se reduce y los precios continúan aumentando.

 

  La consecuencia es una contradicción cada vez más evidente. Canarias recibe millones de turistas al año y genera enormes beneficios vinculados al negocio inmobiliario y turístico, pero una parte creciente de la población no puede acceder a una vivienda digna.

 

   Este fenómeno no es accidental. La vivienda ha dejado de entenderse como una necesidad social para convertirse fundamentalmente en una mercancía orientada a producir beneficios. El suelo, los edificios y los alquileres funcionan como activos financieros sometidos a la lógica de la rentabilidad privada.

 

  Por eso resulta posible que existan viviendas vacías mientras aumenta el sinhogarismo. Por eso se construyen apartamentos turísticos aunque falten alquileres accesibles para la población trabajadora. Y por eso el mercado inmobiliario continúa generando beneficios incluso cuando miles de personas quedan expulsadas del acceso a un hogar estable.

 

El turismo y la precariedad laboral

  Canarias aparece frecuentemente presentada como un territorio próspero gracias al turismo. Sin embargo, esa riqueza convive con elevados niveles de pobreza y precariedad laboral. Buena parte del empleo turístico se caracteriza por salarios bajos, temporalidad, inestabilidad y enormes dificultades para sostener el coste real de la vida.

 

  El resultado es una pobreza  cada vez más extendida. Tener empleo ya no garantiza estabilidad residencial ni acceso a una vivienda digna. Muchas personas trabajan únicamente para sobrevivir, atrapadas en una situación donde cualquier subida del alquiler, enfermedad o pérdida temporal del empleo puede empujarlas hacia la exclusión.

 

  Esta realidad desmonta uno de los grandes discursos del sistema económico actual: la idea de que el empleo basta para asegurar una vida digna. En Canarias, miles de trabajadores sostienen con su esfuerzo una industria turística multimillonaria mientras ellos mismos viven bajo condiciones de enorme inseguridad económica.

 

  La riqueza generada por el turismo no se distribuye de manera equilibrada. Se concentra enormemente y en gran parte es acumulada por actores económicos fuera del Archipiélago, mientras los costes de vida continúan aumentando para el resto de la población. Esa es una de las claves para entender por qué el sinhogarismo y la exclusión residencial no dejan de crecer incluso en territorios donde la actividad económica bate récords.

 

Salud mental y exclusión social

  El informe presentado por Cáritas pone también el foco sobre el deterioro psicológico y emocional que acompaña a muchas situaciones de sinhogarismo. Ansiedad, depresión, aislamiento y adicciones aparecen frecuentemente ligadas a quienes sufren exclusión residencial.

 

  Sin embargo, resulta importante entender que estos problemas no pueden analizarse únicamente desde una perspectiva individual. Muchas veces el discurso institucional presenta los problemas de salud mental como causas del sinhogarismo, cuando en realidad también son consecuencias directas de las condiciones materiales de vida.

 

  La inseguridad constante, el miedo a perder la vivienda, la imposibilidad de construir un proyecto estable y la presión permanente de la precariedad generan un enorme desgaste emocional. La pobreza y la exclusión social producen sufrimiento psicológico.

 

  Por eso Cáritas insiste en abordar esta realidad desde una perspectiva de salud pública. Porque el sinhogarismo no es simplemente un problema asistencial ni una cuestión de nte.

 

  Las organizaciones sociales desempeñan un papel imprescindible para evitar situaciones todavía más dramáticas. Sin embargo, el crecimiento constante del sinhogarismo muestra también los límites de una respuesta basada únicamente en albergues, ayudas de emergencia y asistencia social.

 

  La cuestión de fondo sigue siendo quién controla la vivienda, cómo se utiliza el territorio y al servicio de qué intereses se organiza la economía canaria. Mientras la vivienda continúe funcionando principalmente como un negocio, la exclusión residencial seguirá creciendo. Y mientras los salarios permanezcan alejados del coste real de la vida, amplios sectores de trabajadores continuarán viviendo permanentemente al borde de la pobreza.

 

   El aumento del sinhogarismo en Canarias no es una anomalía dentro del sistema económico actual. Es una consecuencia lógica de un modelo donde las necesidades sociales quedan subordinadas a la rentabilidad privada.

 
 
 
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