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Lunes, 04 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

CUANDO LOS COMICS SE ENCARGARON DE MOLDEAR NUESTRA FORMA DE PENSAR

Los héroes de nuestra infancia que nos enseñaron a ver el mundo. ¿Y si las historietas fueran una forma de educación invisible?

Durante años hemos creído que los comics eran solo pura diversión. Pero detrás de superhéroes, aventuras y villanos, se escondía algo mucho más profundo: una forma de enseñarnos a ver el mundo. Lo que parecía un "juego inocente" era, en realidad, una manera de moldear ideas, valores y hasta la forma el la que entendemos quiénes somos y dónde estamos.

 

  POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

   

  Durante décadas, millones de niños, tanto en España  como en América Latina, crecimos leyendo historietas. Aventuras de superhéroes, selvas exóticas, villanos caricaturescos y rescates espectaculares.

 

  Todo aquello parecía inofensivo: entretenimiento puro, imaginación sin consecuencias. Pero ¿y si no fuera tan simple? ¿Y si esas historias, además de divertir, estuvieran enseñando algo más profundo?

 

  “Los comics no solo entretienen, también enseñan a "ver" el mundo

 

 Eso es justamente lo que plantea el filósofo venezolano Ludovico Silva en su ensayo "Los comics y su ideología, vistos al revés".

 

  Su punto de partida resulta perturbador: los comics no son solo historias, son una forma de educar nuestra mirada. Y lo hacen, además, desde que somos niños.

 

CUANDO EL ENTRETENIMIENTO TAMBIÉN ENSEÑA

   La idea central de Silva es directa: los comics transmiten una forma de ver el mundo sin decirlo abiertamente. No dan lecciones explícitas, pero repiten una y otra vez ciertos patrones. Y esos patrones, con el tiempo, se vuelven normales.

 

   Por ejemplo, en muchas historietas los héroes suelen ser hombres blancos, fuertes, inteligentes y casi siempre vinculados a Estados Unidos. Los “malos”, en cambio, suelen venir de otros lugares, tener rasgos exagerados o representar culturas distintas. Esto no se explica, simplemente ocurre. Y al repetirse tantas veces, termina pareciendo natural.

 

   Lo mismo pasa con el dinero, el éxito o el poder. En los comics, triunfar casi siempre está relacionado con tener más, ser más fuerte o imponerse sobre otros. No se discute si eso está bien o mal. Se presenta como la forma en que funciona el mundo.

 

EL MENSAJE QUE NO SE VE

   Aquí aparece una idea clave del libro de Silva: el “mensaje oculto”. No es algo secreto, sino algo que está ahí sin ser señalado. Es lo que la historia da por hecho.

 

¿Por qué los héroes siempre vienen de los mismos lugares?

    Un comic no necesita decir “este sistema es el mejor”. Le basta con mostrar un mundo donde todo funciona bajo esa lógica. Y el lector, sin darse cuenta, lo acepta como normal.

 

   Esto es especialmente importante porque los principales lectores de historietas son niños. Y en la infancia no analizamos críticamente lo que vemos: lo absorbemos. Las imágenes, los personajes y las historias se quedan en nuestra memoria como referencias básicas de cómo es el mundo. Con el tiempo, esas ideas no se sienten como algo aprendido, sino como algo obvio.

 

EL MUNDO COMO UN GRAN MERCADO

   Silva conecta todo esto con una idea más profunda: los comics ayudan a ver el mundo como si fuera un gran conjunto de cosas que se pueden tener, comprar o acumular.

 

   En muchas historias, los personajes buscan tesoros, riquezas o poder. Pero casi nunca se explica de dónde vienen esas riquezas o qué relaciones hay detrás. Lo importante es poseerlas.

 

   Esto tiene un efecto importante: hace que olvidemos que detrás de cada objeto hay personas, trabajo, desigualdades. Todo se simplifica en una lógica de “tener o no tener”. Es como si el mundo fuera un escaparate, no una red de relaciones humanas.

 

EL “TERCER MUNDO” COMO ESCENARIO

    Otro punto fuerte del  análisis que Silva realiza en  su ensayo, es cómo se representan los países fuera de Estados Unidos o Europa. Muchas historietas muestran África, América Latina, Asia o en algunas decadas atrás. España,  como lugares caóticos, peligrosos o atrasados.

 

“El mensaje más importante de los comics es el que no se dice”

 

   En esas historietas, el héroe llega desde fuera a poner orden. No porque lo digan explícitamente, sino porque así está construido el relato. El resultado es que determinados países aparecen como incapaces de resolver sus propios problemas.

 

   Esto no solo afecta a cómo se ven esos lugares desde fuera, sino también a cómo se ven a sí mismos quienes viven en ellos. Es una forma de influencia mucho más profunda de lo que parece.

 

DARLE LA VUELTA A LOS HÉROES

     Una de las estrategias más interesantes de Silva es mirar a los personajes “al revés”. Es decir, dejar de verlos como héroes y preguntarse qué representan realmente.

 

“Los héroes pueden ser otra cosa si se miran al revés”

 

  Por ejemplo, El Fantasma, que vive en la selva africana ayudando a los nativos, puede verse como una figura colonial: un hombre blanco que domina un territorio y es tratado como una especie de dios.

 

   O Mandrake, el mago elegante que resuelve problemas en distintos países, puede interpretarse como alguien que interviene  de manera intrusa, en lugares ajenos desde una posición de poder. 

 

  Al cambiar la forma de mirar, los personajes dejan de ser inocentes. Se vuelven símbolos de algo más grande. 

 

REÍRSE TAMBIÉN ES UNA FORMA DE PENSAR

   Silva no hace esta crítica con un tono solemne. Al contrario, utiliza el humor y la ironía. Ridiculiza a los personajes, exagera sus rasgos, señala lo absurdo.

 

    Y eso no es casual. Reírse de algo es una forma de quitarle poder. Cuando un héroe deja de parecer perfecto, se vuelve cuestionable. De hecho, el propio autor cuenta que sus críticas generaron rechazo e incluso censura. Algunos medios consideraron peligroso lo que hacía. No por atacar directamente al sistema, sino por tocar algo que parecía intocable: el entretenimiento.

 

¿SE PUEDE HACER ALGO DISTINTO?

   Silva no se queda en la crítica. También señala que es posible usar el mismo lenguaje de los comics para contar otras historias. Menciona ejemplos como Mafalda, del ya desaparecido argentino Quino, o las historietas del mexicano Rius. En ellas, el humor sirve para cuestionar la guerra, el consumismo o la política. No lo hacen de forma pesada, sino con inteligencia y cercanía.

 

   La idea es simple: si las historietas pueden transmitir una forma de ver el mundo, también pueden ayudar a imaginar otra.

 

UNA PREGUNTA QUE SIGUE VIGENTE

   El ensayo de Silva,  "Los comics y su ideología, vistos al revés",  fue escrito hace más de cincuenta años, pero la pregunta que plantea sigue siendo rabiosamente actual. Hoy los comics comparten espacio con series, redes sociales, videojuegos y todo tipo de contenidos.

 

   Pero la cuestión de fondo que planteaba Ludovico Silva hace cinco décadas no ha cambiado: ¿quién construye las historias que consumimos? ¿Y qué nos están enseñando sin que lo notemos?

 

   Porque al final, no se trata solo de entretenimiento. Se trata tambien de cómo aprendemos a entender el mundo.


 

 


 


 

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