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LOS CANARIOS DEL CAMPO DE MAUTHAUSEN: UNA HISTORIA DE TERROR RESCATADA DEL OLVIDO

El destino de los canarios enviados al infierno nazi

Durante décadas, la historia de los canarios deportados a Mauthausen permaneció prácticamente borrada de la memoria colectiva. La investigación del historiador Áncor Eleazar Castro Abreu ha permitido rescatar del olvido las vidas de los 45 isleños que, tras la Guerra Civil y el exilio, acabaron en uno de los campos de concentración más mortíferos del nazismo, víctimas de la alianza entre el franquismo y el Tercer Reich.

Por ERNESTO GUTIÉRREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

    Muchas historias permanecen ocultas durante décadas. El silencio y el olvido acaban cubriéndolas con una espesa capa de polvo. La de los canarios deportados al campo de concentración de Mauthausen fue una de ellas.

 

    Mientras miles de españoles pasaban por el exilio tras la derrota de la Segunda República, decenas de isleños terminaron atrapados en uno de los lugares más terribles que levantó la Alemania nazi. Muchos nunca regresaron. Otros sobrevivieron para contar lo que ningún ser humano debería haber sufrido.

 

   Durante décadas apenas se habló de ellos. La dictadura franquista los condenó a un segundo exilio: el del olvido. Sus nombres desaparecieron de los libros, de los homenajes y de la memoria oficial.

 

   Sin embargo, gracias a investigaciones como las realizadas por el historiador Ancor Eleazar Castro Abreu, hoy sabemos que 45 canarios fueron deportados a Mauthausen y a sus campos dependientes, víctimas de la persecución franquista que comenzó con la Guerra Civil española y culminó en el sistema concentracionario nazi. Eleazar Castro Abreu ha recuperado sus nombres y reconstruido unas trayectorias vitales que forman parte de la memoria colectiva del Archipiélago. 

 

 DEL EXILIO REPUBLICANO AL INFIERNO NAZI

  La imagen de un canario en un campo de concentración nazi podría parecer, a primera vista, una suerte de rareza histórica. ¿Cómo pudieron terminar en Austria hombres nacidos en Tenerife, Gran Canaria, La Palma o Lanzarote? La respuesta comienza mucho antes de la Segunda Guerra Mundial y se encuentra en núcleo mismo de la Guerra Civil española.

 

  Cuando el golpe militar de julio de 1936 triunfó de manera casi fulminante en Canarias, muchos militares, obreros, sindicalistas y militantes republicanos lograron escapar de las Islas. Algunos lo hicieron hacia la Península para incorporarse al Ejército de la República. Otros emprendieron una huida mucho más larga, atravesando el norte de África hasta llegar a Francia. Creían haber dejado atrás la persecución franquista. No podían imaginar que pocos años después quedarían atrapados en una nueva guerra aún más devastadora que la española.

 

   La derrota de la República en 1939 empujó a cientos de miles de españoles al exilio francés. Allí fueron internados en improvisados campos de refugiados, en condiciones miserables. Muchos aceptaron integrarse en compañías de trabajadores o alistarse en el Ejército francés, convencidos de que combatir al fascismo europeo era una continuación lógica de la guerra que habían perdido en España.

 

  Pero en mayo de 1940 todo cambió. La fulminante invasión alemana de Francia convirtió a miles de republicanos españoles en prisioneros de guerra. El Régimen franquista, lejos de reclamar a sus compatriotas, los declaró apátridas y los abandonó deliberadamente a su suerte. Aquella decisión tuvo consecuencias dramáticas: los nazis pudieron deportarlos a los campos de concentración sin encontrar la más mínima oposición por parte del Gobierno español, sino todo lo contrario.

 

   Entre ellos se encontraban 45 canarios, una cifra que puede parecer pequeña frente a los más de siete mil españoles deportados al complejo de Mauthausen-Gusen, pero que adquiere una enorme dimensión si se tiene en cuenta la población del Archipiélago en aquella época. Eran trabajadores, campesinos, marineros, obreros o militares republicanos. Ninguno había cometido delito alguno. Su único "crimen" consistía en haber defendido la legalidad republicana o haberse negado a aceptar el triunfo del fascismo.

 

   Mauthausen no era un campo cualquiera. Los propios nazis lo clasificaron como un campo de categoría III, reservado para los prisioneros considerados "irrecuperables". En la práctica significaba que quienes entraban allí tenían muy pocas posibilidades de salir con vida. El trabajo esclavo, el hambre, las enfermedades, las palizas y las ejecuciones formaban parte de la rutina diaria.

 

   Su símbolo más conocido era la cantera de granito Wiener Graben. Allí los presos cargaban enormes bloques de piedra por una escalera de 186 peldaños que acabaría siendo conocida como la "Escalera de la Muerte". Exhaustos por la desnutrición y las interminables jornadas laborales, muchos caían al vacío arrastrando a los compañeros que subían detrás. Otros eran empujados deliberadamente por los guardias de las SS. Para los verdugos nazis aquello no era más que otra forma más de exterminio.

 

   Los españoles se convirtieron pronto en uno de los grupos más numerosos del campo. Llevaban cosido sobre el uniforme un triángulo azul, reservado a los apátridas, acompañado de una "S" que identificaba su origen español. Aquella insignia resumía una tragedia doble: habían perdido su país y también la protección de un Estado que había decidido ignorarlos.

 

LOS CANARIOS QUE SOBREVIVIERON AL HORROR

   Entre los canarios deportados aparecen nombres que hoy comienzan a recuperar el lugar que les corresponde en la historia. Figuras como Nacianceno Mata, cuya memoria constituye uno de los testimonios más valiosos sobre la vida cotidiana en Mauthausen; su hermano Orencio Mata; Sebastián "Chano" Perera Marrero, Nicolás Hernández González, Bartolomé Vega Medina, Fulgencio Lorenzo Rodríguez, Rafael Martín Pérez, Rubén Tabares Hernández y otros muchos isleños documentados por Áncor Castro representan una generación marcada por el exilio, la persecución y la resistencia. Algunos sobrevivieron; otros dejaron su vida entre las alambradas del campo.

 

 

   El historiador Áncor Eleazar Castro Abreu recoge el testimonio de  Sebastián   (“Chano”) Perera   Marrero,   uno  de   los   ocho   tinerfeños   que  murieron en Mauthausen, recogido en una carta enviada a su  hijo desde el campo de Saint-Cyprien en la que se puede leer:  

 

       “Tú escríbeme siempre y piensa en mí cada día como yo lo hago. Leo en tu cariñosa cartita que mamá y tú  me quieren mucho y que desean reunirse conmigo para compartir penas y alegrías, pero lo que yo quiero, es estar siempre con Udes. para sufrir las penas yo solo y compartir las alegrías juntos, porque Udes. penas no se las merecen sino (...) y alegría y mucha salud como tu buen  padre te desea.

 

  El historiador reproduce, asimismo, un significativo fragmento de las memorias de Nacianceno Mata, natural del municipio palmero de Garafía y superviviente del campo: 

 

      "Éramos bestias atropelladas, sin recurso alguno, sin palabra ni ayuda.  ¿Justicia?, la suya, que nos aplastaba sin piedad.  Como vencidos en combate a muerte, nos preguntábamos por qué nos trataban así. [...] Los que tenían algún conocimiento sobre las corrientes políticas del mundo (yo estaba virgen en ese terreno) se decían: “dónde fuimos a caer…”. Reconocieron pronto que aquel era un campo de exterminio nazi de donde nadie salía vivo. Entre los que lo admitieron así, después de observar a los detenidos estaba mi hermano Orencio.  Él me decía: “yo lo he leído y oído tal y como lo estamos viendo. Estamos en un  campo nazi  de la muerte…”.  Había que aceptar el hecho consumado..."
 

 

      Sin embargo, reducir la historia de estos canarios al sufrimiento sería injusto. También protagonizaron actos de solidaridad extraordinarios. En un lugar diseñado para destruir toda esperanza, los presos españoles organizaron redes clandestinas de ayuda mutua, compartieron alimentos, protegieron a los más débiles y, cuando el derrumbe del Tercer Reich era ya inevitable, participaron activamente en la organización interna que contribuyó a preservar el campo hasta la llegada de las tropas estadounidenses en mayo de 1945.

 

   Para muchos de aquellos supervivientes la liberación no significó el final del exilio. España seguía bajo la dictadura franquista y regresar podía significar la cárcel o nuevas represalias. La mayoría reconstruyó su vida en Francia, donde permanecieron durante décadas con la amarga sensación de haber sido olvidados por el país por el que habían luchado.

 

 

Lista de los 45 canarios que fueron enviados a Mauthausen o a sus campos anexos, de los cuales 28 fueron asesinados. Datos del Buscador de Españoles deportados a Campos de Concentración, propiedad del Ministerio de cultura, extraídos del trabajo de investigación "El eco de los olvidados: Memoria canaria en Mauthausen", de Ancor Eleazar Castro Abreu.

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Fuentes documentales:

  • Castro Abreu, Áncor Eleazar. El eco de los olvidados: memoria canaria en Mauthausen.
  • Castro Abreu, Áncor Eleazar. Memoria y resiliencia: los presos canarios en Mauthausen y la resistencia frente al horror.
 
 
 
 
 
 
 
 
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  • M.B.

    M.B. | Martes, 14 de Julio de 2026 a las 19:19:22 horas

    Cuando el autor se refiere a la "derrota de la República", en realidad quiere decir "la derrota MILITAR de la Segunda República", por definición temporal, sujeta al cambio de la correlación de fuerzas y a las vicisitudes de la lucha de clases. La Segunda República nunca capituló, nunca reconoció la victoria del fascio, no reconoció su bandera, su himno, ni sus malolientes instituciones. Ello es algo que siempre pusieron de relieve las autoridades legitimas, don Juan Negrín y don Manuel Azaña, diputado o diputada alguna de las Cortes, cuya autoridad emana de las eleccione libres y con voto igual de 16 de febrero de 1936. Honor y Gloria a eternas los combatientes canarios por nuestra libertad en los campos de exterminio de la bestia parda nazifascista. Viva la Segunda República.

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