Lunes, 17 de Agosto de 2026

Actualizada

Lunes, 17 de Agosto de 2026 a las 02:30:49 horas

| 1334
Lunes, 29 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

RUSIA ABANDONA EL DÓLAR Y SE PASA AL YUAN... ¿ES ESO BUENO, MALO O... TODO LO CONTRARIO?

¿Está Rusia conquistando su independencia económica? ¿Por qué las sanciones que pretendían aislar a Moscú han terminado acelerando el uso del yuan y el acercamiento ruso a Pekín?

Las sanciones occidentales aceleraron un cambio histórico: Rusia redujo drásticamente su dependencia del dólar y encontró en China, el yuan y los mercados asiáticos una vía para mantener abierta su economía. Pero detrás de ese giro aparece una contradicción mucho más profunda. ¿Está Rusia conquistando su independencia económica o simplemente trasladando su dependencia desde Occidente hacia China? ¿Por qué las sanciones que pretendían aislar a Moscú han terminado acelerando el uso del yuan y el acercamiento ruso a Pekín? ¿Puede una gran potencia alcanzar verdadera soberanía mientras dependa de exportar petróleo, gas y materias primas?

POR CÁNDIDO GÁLVEZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

   Durante décadas, Rusia protagonizó una contradicción [Img #93764]difícil de sostener a largo plazo. Mientras mantenía un creciente enfrentamiento político con Estados Unidos y sus aliados, una parte considerable de su riqueza continuaba dependiendo del sistema financiero organizado alrededor del dólar y el euro.

 

   Rusia exportaba petróleo, gas, carbón, metales y otras materias primas, pero buena parte del dinero obtenido acababa circulando por monedas, bancos y mercados financieros situados bajo la influencia de las mismas potencias con las que estaba  chocando políticamente.

 

    La guerra de Ucrania hizo saltar esa contradicción por los aires. Las sanciones adoptadas desde 2022 alcanzaron bancos, tecnología, transportes, seguros, exportaciones energéticas y activos financieros. Pero probablemente la medida que tuvo mayor significado político fue la inmovilización de alrededor de 300.000 millones de euros en activos del Banco Central ruso mantenidos fuera del país.

 

   El mensaje resultaba difícil de ignorar: guardar una parte importante de la riqueza nacional dentro del sistema financiero controlado por tus adversarios supone ni mas ni menos que entregarles una poderosa herramienta de presión.

 

   Desde ese momento, para Moscú el dólar dejó de ser simplemente una moneda internacional. También pasó a representar un riesgo.

 

 

 EL YUAN ENTRA POR LA PUERTA QUE CERRARON LAS SANCIONES

    Aquí comienza a entenderse el espectacular avance del yuan en Rusia. No estamos ante una repentina conversión ideológica de Putin y su gobierno. Estamos ante algo mucho más material: una adaptación económica forzada.

 

  Rusia necesita vender petróleo y gas. Necesita importar maquinaria, vehículos, componentes electrónicos y numerosos productos industriales. Necesita bancos capaces de procesar esos intercambios y monedas en las que pagar y cobrar. Cuando una carretera queda cortada, el tráfico busca otra salida. Y la gran carretera disponible conducía inevitablemente hacia China.

 

   Las sanciones aceleraron extraordinariamente un proceso que ya había comenzado anteriormente. El comercio ruso se desplazó hacia Asia, aumentaron las operaciones realizadas en monedas diferentes al dólar y el yuan adquirió una presencia creciente dentro del propio mercado ruso. La desdolarización rusa, por tanto, no cayó del cielo. Fue impulsada precisamente por quienes pretendían utilizar el dólar y el sistema financiero occidental como instrumentos para aislar económicamente a Moscú.

 

   Pero aquí empieza la parte realmente interesante de la historia. Porque reducir la dependencia del dólar no significa necesariamente reducir la dependencia económica.

 

 

EL PROBLEMA ESTÁ DEBAJO DEL PETRÓLEO

    Para entenderlo hay que mirar la estructura económica construida en Rusia después de la desaparición de la Unión Soviética. Las grandes privatizaciones de los años noventa permitieron que enormes sectores de la antigua propiedad pública acabaran concentrándose en pocas manos. Energía, minería, metalurgia, banca y otras actividades estratégicas se convirtieron en espacios fundamentales para la acumulación de grandes fortunas privadas.

 

   Rusia mantuvo importantes capacidades industriales, científicas, nucleares, aeroespaciales y militares. Reducirla a una simple “gasolinera” sería una caricatura. Pero existe un problema estructural imposible de esconder: su posición dentro del mercado mundial continúa dependiendo extraordinariamente de la exportación de petróleo, gas y materias primas.

 

    Y eso importa muchísimo. Imaginemos, por un momento,  dos países. Uno vende petróleo, gas y minerales. El otro vende automóviles, maquinaria, teléfonos, ordenadores, equipos industriales, paneles solares, baterías y miles de productos manufacturados. Los dos participan en el comercio internacional, pero no lo hacen desde la misma posición.

 

    El segundo dispone de una estructura productiva mucho más diversificada. Si además necesita las materias primas del primero, puede establecerse una relación comercial beneficiosa para ambos, pero profundamente desigual. El ejemplo nos ayudará a comprender la relación entre Rusia y China.

 

 

CHINA NO ES SIMPLEMENTE OTRO COMPRADOR

   Durante muchos años Europa desempeñó un papel fundamental como mercado para la energía rusa. La ruptura progresiva de esa relación obligó a Moscú a buscar nuevos compradores. China e India aparecieron como destinos fundamentales.

 

   El cambio ha sido espectacular. Según los datos energéticos estadounidenses, en 2024 Asia y Oceanía recibieron aproximadamente el 63 % de las exportaciones rusas de petróleo crudo. Los barcos cambiaron de rumbo. Los oleoductos adquirieron otro significado. Los contratos comenzaron a denominarse cada vez más en monedas diferentes al dólar.

 

   Pero cambiar el mapa no resuelve necesariamente el problema de fondoRusia continúa necesitando compradores para aquello que produce en enormes cantidades. Y China dispone de una posición negociadora especialmente poderosa porque, además de comprar materias primas rusas, puede suministrar muchos de los productos industriales que Rusia necesita. Por eso la relación es bastante más compleja que una simple alianza entre dos países enfrentados con Estados Unidos.

 

    China posee una economía mucho más diversificada y una potencia industrial incomparablemente mayor. Rusia aporta principalmente energía, materias primas y una importante capacidad militar. China aporta un enorme mercado, financiación, manufacturas, tecnología y una moneda capaz de funcionar parcialmente como alternativa al dólar. La complementariedad existe. Pero también existe una profunda desigualdad.

 

 

ESCAPAR DEL DÓLAR PARA DEPENDER DEL YUAN

   Aquí aparece la gran paradoja. Rusia reduce su vulnerabilidad frente a Estados Unidos y Europa, pero lo hace aumentando su vinculación económica con China. Es, sin duda,  una ganancia de autonomía frente a Occidente que puede generar una nueva dependencia hacia Oriente.

 

   El yuan permite realizar operaciones que anteriormente podían hacerse en dólares o euros. China compra hidrocarburos rusos. Las empresas rusas adquieren productos chinos. Los sistemas financieros de ambos países permiten mantener abierto un circuito comercial que las sanciones occidentales pretendían estrechar.

 

    Todo eso proporciona oxígeno a Moscú. Pero significa también que las decisiones tomadas en Pekín pesan cada vez más sobre la economía rusa. Si China compra más petróleo, Rusia encuentra mercado. Si compra menos, Moscú tiene un problema. Si los bancos chinos facilitan operaciones, el comercio fluye. Si temen sufrir sanciones secundarias occidentales y endurecen sus controles, las empresas rusas encuentran dificultades para cobrar o pagar. Y esto ya ha ocurrido.

 

   El problema demuestra hasta qué punto resulta exagerado imaginar que Rusia simplemente ha abandonado el viejo sistema financiero y ha construido otro completamente independienteLa realidad, sin embargo, es  muy diferente.

 

 

LAS SANCIONES TAMBIÉN HAN GOLPEADO A QUIENES LAS UTILIZARON

    Las sanciones han provocado costes importantes a Rusia. Han dificultado el acceso a tecnologías, financiación, componentes y determinados mercados. Pero también han producido consecuencias que seguramente no estaban entre sus objetivos iniciales. Han enseñado a muchos gobiernos una lección.

 

   Si las reservas internacionales de un banco central pueden quedar inmovilizadas cuando aparece un conflicto político grave, acumular todas las reservas posibles en dólares, euros y activos occidentales deja de parecer una decisión puramente económica. Se convierte en una cuestión geopolítica.

 

   Esto no significa que mañana el dólar vaya a desaparecer. Continúa ocupando una posición dominante en las finanzas internacionales, las reservas de los bancos centrales y numerosos mercados. Pero las sanciones contra Rusia han proporcionado un incentivo formidable para buscar alternativas. Paradójicamente, el uso del sistema financiero occidental como arma puede acelerar precisamente la construcción de mecanismos destinados a reducir su importancia.

 

 

CAMBIAR DE MONEDA NO CAMBIA LA ECONOMÍA

    Existe, sin embargo, un error frecuente cuando se habla de desdolarización: imaginar que utilizar una moneda distinta transforma automáticamente la naturaleza de una economía. No es así.

 

   Una compañía petrolera puede vender un millón de barriles y recibir dólares. Puede recibir euros. Puede recibir yuanes. Pero continúa vendiendo petróleo para obtener beneficios. Cambiar la moneda utilizada no cambia quién posee las empresas, cómo se distribuye la riqueza, qué se produce, quién controla los recursos o hacia dónde se dirige la inversión.

 

    Por eso el giro ruso hacia el yuan no constituye por sí mismo una ruptura con la economía capitalista internacional. Rusia continúa teniendo grandes y poderosos  grupos privados, fortunas gigantescas, diferencias sociales profundas y una economía donde la rentabilidad empresarial y la acumulación de capital desempeñan un papel central. El conflicto con Washington no elimina esas características. Simplemente enfrenta intereses económicos y estratégicos diferentes dentro del mismo mercado mundial.

 

 

UNA ECONOMÍA DE GUERRA PUEDE CRECER SIN HACER MÁS RICA A LA SOCIEDAD

    Hay además otra cuestión importante para entender la Rusia actual. La economía rusa demostró desde 2022 una resistencia considerablemente superior a la pronosticada por quienes anunciaron alegremente un rápido colapso. El Estado aumentó enormemente el gasto militar, las fábricas relacionadas con defensa multiplicaron su actividad y numerosos trabajadores encontraron empleo en esos sectores.

 

   Eso genera producción y aumenta el PIB. Pero crecimiento del PIB y mejora de las condiciones de vida no son exactamente lo mismo. Un ejemplo sencillo permite entenderlo. Si un país fabrica mil tractores, esos tractores pueden utilizarse durante años para producir alimentos. Si fabrica mil carros de combate, su producción también cuenta estadísticamente como actividad económica. Sin embargo, esos carros pueden acabar destruidos en unos meses.

 

    En ambos casos aumenta la producción industrial, pero su utilidad social es radicalmente diferenteUna economía militarizada puede mostrar fábricas trabajando día y noche mientras absorbe acero, electrónica, energía, trabajadores especializados y dinero público que podrían utilizarse para viviendas, hospitales, transporte o infraestructuras civiles. Por eso las cifras de crecimiento rusas deben analizarse preguntando no solamente cuánto se produce, sino qué se produce y para qué.

 

 

MOSCÚ HA RESISTIDO, PERO NO HA RESUELTO SU CONTRADICCIÓN

     Rusia ha demostrado que las sanciones occidentales no podían destruir rápidamente una economía de su tamaño, con enormes recursos naturales, capacidad industrial propia y acceso a mercados asiáticos. Eso constituye un hecho difícil de discutir. Pero resistir no significa resolver los problemas estructurales. La dependencia de los hidrocarburos continúa siendo una vulnerabilidad. La necesidad de importar numerosos productos industriales continúa existiendo. Y el desplazamiento hacia China puede transformar una dependencia occidental en una creciente subordinación comercial respecto a Pekín.

 

    La contradicción resulta especialmente visible cuando observamos qué circula entre ambos paísesEn una dirección viajan enormes cantidades de petróleo, gas y materias primas. En la otra llegan vehículos, maquinaria, electrónica y manufacturas. No significa que Rusia carezca de industria.

 

   Significa que China ocupa una posición mucho más poderosa dentro de las cadenas industriales mundiales. Y esa diferencia pesa inevitablemente cuando ambos países negocian.

 

 

LA PREGUNTA QUE QUEDA DETRÁS DEL YUAN

    El avance del yuan en Rusia es importante porque muestra que el dominio internacional del dólar no es eterno ni absolutamente invulnerable. También demuestra que utilizar una moneda como instrumento de presión política puede estimular la búsqueda de alternativas.

 

    Pero sería un error confundir esa transformación con una verdadera independencia económicaRusia está consiguiendo escapar parcialmente de determinadas herramientas de presión occidentales. Está construyendo nuevas rutas comerciales, utilizando nuevas monedas y orientando sus exportaciones hacia otros mercados.

 

    Sin embargo, sigue dependiendo extraordinariamente de vender recursos naturales para obtener ingresos y adquirir fuera una parte de aquello que necesita. Ahí está el problema esencial. Un país puede cambiar dólares por yuanes, Europa por China y Hamburgo por Shanghái. Puede construir nuevos gasoductos, modificar sus reservas y realizar sus operaciones comerciales en otras monedas.

 

   Pero si continúa dependiendo de exportar masivamente materias primas mientras necesita importar una parte importante de los productos industriales de mayor valor añadido, la dependencia no desaparece. Simplemente cambia de dirección. Por eso la verdadera historia que se esconde detrás del avance del yuan no es solamente la historia de una Rusia que intenta escapar del dólar. Es también la historia de los límites de la Rusia capitalista construida durante las últimas tres décadas.

 

     ¿Puede existir verdadera soberanía económica mientras un país dependa de vender enormes cantidades de petróleo, gas y materias primas a potencias industriales capaces de transformar esos recursos en mercancías mucho más valiosas. 

 

    Mientras esa contradicción permanezca, Rusia podrá cambiar de socios, monedas y rutas comerciales.  Lo que tendrá muchas más dificultades para cambiar será su lugar dentro de la economía mundial.

 

FUENTES CONSULTADAS

-Banco Central Europeo, The international role of the euro, 2025.

-U.S. Energy Information Administration, análisis y estadísticas sobre Rusia y el desplazamiento de sus exportaciones energéticas hacia los mercados asiáticos.

-Parlamento Europeo, documentación sobre las sanciones y los activos soberanos rusos inmovilizados.

-Banco Central de Rusia, Balance of Payments, International Investment Position and External Debt of the Russian Federation, estadísticas sobre comercio exterior y exportaciones energéticas.

-Reuters, información económica sobre la evolución reciente del comercio bilateral entre Rusia y China.

 
 
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.62

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.