CANARIAS EN EL TABLERO DEL ABISMO: PROPAGANDA DE GUERRA Y EL "ENEMIGO" NECESARIO
La prensa corporativa dedicada a fabricar el para el rearme y el gasto de guerra
En un momento de creciente tensión geopolítica, Canarias vuelve a situarse -afirma José Manuel Rivero- en el centro de un relato construido desde los grandes aparatos mediáticos, donde el miedo y la amenaza externa se convierten en herramientas para moldear la opinión pública.
Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La construcción de la realidad social y política no es un proceso espontáneo, sino el resultado de una pugna constante por el sentido común, donde los aparatos de comunicación de las oligarquías actúan como correas de transmisión de una estrategia de dominación global. La reciente y coordinada ofensiva mediática encabezada por La Provincia —junto a su homólogo tinerfeño El Día, ambos bajo el paraguas de Prensa Ibérica—, con el seguidismo editorial de Canarias7, constituye un caso de estudio paradigmático sobre cómo se fabrica el consenso para el rearme y el gasto de guerra. Al alertar recienteme en sus publicaciones la editorial Prensa Ibérica con tono apocalíptico sobre una supuesta "red de desinformación" rusa que buscaría desestabilizar el Sahel con repercusión migratoria provocada en nuestras islas, estos diarios, considero, no están informando: están ejecutando una operación de ingeniería ideológica destinada a inocular una histeria rusófoba, requisito indispensable para justificar el salto cualitativo en la militarización del Archipiélago.
La maquinaria propagandística no es ingenua. Según informaba La Provincia el 3 de abril de 2026 — dando como noticia que debemos someter a escrutinio crítico— Moscú habría impulsado al menos 80 campañas de desinformación en más de 22 países africanos. Sin embargo, lo que estos medios presentan como una "amenaza existencial" no surge de la nada, sino que responde a una estrategia diseñada y consolidada desde las propias estructuras de la Alianza Atlántica. Sirva como ejemplo el artículo publicado el 27 de septiembre de 2024 por el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), órgano dependiente del Ministerio de Defensa y estrechamente vinculado a los intereses de la OTAN, titulado "Moscú agita el avispero africano: Las operaciones rusas de desinformación en el Sahel". Allí se construye el relato de una Rusia que explota la desinformación para desestabilizar la región, un argumentario que la prensa local retoma y replica acríticamente para fabricar el consenso bélico. En puridad, no se trata de una alarma espontánea, sino de una matriz de guerra prefabricada en los think tanks de la OTAN y vertida en los medios afines para fabricar la narrativa de asedio que legitime la conversión de Canarias en el portaaviones avanzado de la Alianza y del AFRICOM (Mando Militar de los EE.UU. para África). No es casual que esta ofensiva mediática de abril de 2026 se inscriba en una estrategia sostenida en el tiempo. Ya el 15 de septiembre de 2025, el mismo diario La Provincia informaba sobre el despliegue del Buque de Acción Marítima Meteoro y el patrullero Vigía, así como sobre ejercicios como el "Eagle Eye 25-03", que movilizaba cazas F-18 y fragatas para "responder de manera inmediata" ante una supuesta crisis. La propaganda bélica no es un acto puntual, sino un goteo constante que normaliza la militarización. Esta operación es, en esencia, una táctica del bombero pirómano: se infla artificialmente el miedo para luego presentar el aumento del gasto y la presencia militar como la única solución lógica.
Para comprender la génesis de este relato, es imperativo desentrañar los hilos de esta propaganda analizando la dialéctica del poder en el Sahel. El retroceso de la hegemonía francesa y estadounidense en Malí, Níger o Burkina Faso no es un producto de una "interferencia mágica" de Moscú, sino la consecuencia histórica del agotamiento de un modelo neocolonial cuyas estructuras de dependencia económica y militar han sido ampliamente rechazadas por las poblaciones locales. Sin embargo, para los consejos de administración de La Provincia y Canarias7, este fracaso debe ser leído exclusivamente como una agresión externa. Esta ceguera deliberada oculta lo más evidente: la posibilidad de la "falsa bandera informativa". Resulta estratégicamente lógico que los servicios de inteligencia atlantistas monten canales aparentemente prorrusos para luego "descubrirlos" y clamar por un blindaje militar.
Al mismo tiempo, la narrativa sobre la denominada "flota rusa en la sombra" busca generar un estado de alarma permanente. El presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo —máximo representante del ejecutivo oligárquico de Coalición Canaria-Partido Popular—, expresó en su momento su "preocupación" por el paso de más de mil buques vinculados a esta flota, advirtiendo sobre un supuesto riesgo ecológico. Sus declaraciones, lejos de ser un análisis neutral, obedecen a los mismos fines propagandísticos que denunciamos: justificar una intervención militar creciente. Porque lo que estos medios y sus voceros institucionales omiten es que, hasta la fecha, no existe una "prueba de convicción" definitiva (material, jurídica y flagrante) que vincule un vertido en las costas de Canarias con un trasvase clandestino de lo que llama la propaganda “flota en la sombra”.No se ha demostrado vulneración alguna del derecho marítimo internacional en la navegación de esos buques. Por el contrario, lo que sí ha existido es el ataque ucraniano a un buque (el Mersin) con petróleo ruso frente a las costas de Dákar a finales de noviembre del año pasado, con un serio peligro de avance de marea negra, en caso de haberse producido, hacia Canarias. Pero la prensa corporativa utiliza, sin embargo, esta "preocupación"de la denominada en la propaganda como flota rusa en la sombra, para preparar a la opinión pública a aceptar que nuestras aguas dejen de ser zonas de paz para convertirse en escenarios de interceptación y hostilidad bélica, supeditando nuestra seguridad real a los intereses geoestratégicos de Washington y París.
El papel de esta prensa oligárquica es el de un aparato de hegemonía en estado puro. Al actuar como altavoces acríticos de los think tanks militaristas y de las directrices del Mando de Canarias, bloquean cualquier análisis que conecte la militarización con el declive del orden unipolar. Mientras se nos distrae con cuentos de espías y redes de influencia, se avanza en un "golpe silencioso" que vacía de soberanía al pueblo canario. Se nos impone una pornografía del poder que juega con el miedo a la amenaza rusa o china para que aceptemos como un alivio el incremento de la presencia de la Brigada "Canarias" XVI en misiones de la OTAN o el despliegue de nuevos sistemas de vigilancia satelital y de drones militares con potencialidad ofensiva.
Pero el entramado va más allá de la simple propaganda militar. Esta campaña mediática sirve como cortina de humo para el verdadero despojo: la conversión de Canarias en un nodo tecnológico-militar de potencias extranjeras. Como he denunciado en otra ocasión, bajo el edulcorado relato del "progreso aeroespacial", se esconde la consolidación de un enclave militar subordinado a intereses estratégicos que trascienden nuestras fronteras. La vinculación del holding Arquimea con el entramado tecnológico israelí —que pretende convertir, con el apoyo de la élite político empresarial en Canarias al archipiélago en un sensor avanzado de tecnología de guerra de Tel Aviv— o su integración en la cadena de suministro de General Dynamics y Airbus para producir drones kamikaze y vehículos submarinos autónomos, demuestra que el peligro no viene de las lejanas estepas, sino de los consejos de administración y de determinadas instituciones públicas que han convertido nuestra tierra en un paraíso fiscal para la industria de guerra, ya que podemos ser objeto de represalia en un conflicto bélico global o regional, como estamos presenciando actualmente en el Golfo Pérsico.
La desinformación real que podemos percibir, por tanto, es la que emana de las redacciones locales diseñadas para impedirnos ver que Canarias está siendo arrastrada a un abismo de confrontación (Sáhara Occidental, Sahel y Golfo de Guinea). Frente a esta deriva, el clamor popular en el archipiélago no ha dejado de alzarse. La demanda de un Estatuto de Neutralidad Activa para Canarias —que impida la instalación de infraestructuras militares de potencias extranjeras y blinde nuestro territorio frente a la lógica del complejo industrial-militar estadounidense y sionista— es no solo un derecho, sino un deber de supervivencia. Desmontar este entramado propagandístico es un acto de resistencia vital: frente a la barbarie vestida de noticia, debemos defender una Canarias que sea plataforma de paz - Canarias dijo No a la OTAN en el referéndum de 12 de marzo de 1986 - y no el tablero de sacrificio de una oligarquía corporativa que, en su desesperación por mantener el control del mundo, está dispuesta a empujarnos hacia el precipicio.
(*) José Manuel Rivero es abogado y analista político.
Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La construcción de la realidad social y política no es un proceso espontáneo, sino el resultado de una pugna constante por el sentido común, donde los aparatos de comunicación de las oligarquías actúan como correas de transmisión de una estrategia de dominación global. La reciente y coordinada ofensiva mediática encabezada por La Provincia —junto a su homólogo tinerfeño El Día, ambos bajo el paraguas de Prensa Ibérica—, con el seguidismo editorial de Canarias7, constituye un caso de estudio paradigmático sobre cómo se fabrica el consenso para el rearme y el gasto de guerra. Al alertar recienteme en sus publicaciones la editorial Prensa Ibérica con tono apocalíptico sobre una supuesta "red de desinformación" rusa que buscaría desestabilizar el Sahel con repercusión migratoria provocada en nuestras islas, estos diarios, considero, no están informando: están ejecutando una operación de ingeniería ideológica destinada a inocular una histeria rusófoba, requisito indispensable para justificar el salto cualitativo en la militarización del Archipiélago.
La maquinaria propagandística no es ingenua. Según informaba La Provincia el 3 de abril de 2026 — dando como noticia que debemos someter a escrutinio crítico— Moscú habría impulsado al menos 80 campañas de desinformación en más de 22 países africanos. Sin embargo, lo que estos medios presentan como una "amenaza existencial" no surge de la nada, sino que responde a una estrategia diseñada y consolidada desde las propias estructuras de la Alianza Atlántica. Sirva como ejemplo el artículo publicado el 27 de septiembre de 2024 por el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), órgano dependiente del Ministerio de Defensa y estrechamente vinculado a los intereses de la OTAN, titulado "Moscú agita el avispero africano: Las operaciones rusas de desinformación en el Sahel". Allí se construye el relato de una Rusia que explota la desinformación para desestabilizar la región, un argumentario que la prensa local retoma y replica acríticamente para fabricar el consenso bélico. En puridad, no se trata de una alarma espontánea, sino de una matriz de guerra prefabricada en los think tanks de la OTAN y vertida en los medios afines para fabricar la narrativa de asedio que legitime la conversión de Canarias en el portaaviones avanzado de la Alianza y del AFRICOM (Mando Militar de los EE.UU. para África). No es casual que esta ofensiva mediática de abril de 2026 se inscriba en una estrategia sostenida en el tiempo. Ya el 15 de septiembre de 2025, el mismo diario La Provincia informaba sobre el despliegue del Buque de Acción Marítima Meteoro y el patrullero Vigía, así como sobre ejercicios como el "Eagle Eye 25-03", que movilizaba cazas F-18 y fragatas para "responder de manera inmediata" ante una supuesta crisis. La propaganda bélica no es un acto puntual, sino un goteo constante que normaliza la militarización. Esta operación es, en esencia, una táctica del bombero pirómano: se infla artificialmente el miedo para luego presentar el aumento del gasto y la presencia militar como la única solución lógica.
Para comprender la génesis de este relato, es imperativo desentrañar los hilos de esta propaganda analizando la dialéctica del poder en el Sahel. El retroceso de la hegemonía francesa y estadounidense en Malí, Níger o Burkina Faso no es un producto de una "interferencia mágica" de Moscú, sino la consecuencia histórica del agotamiento de un modelo neocolonial cuyas estructuras de dependencia económica y militar han sido ampliamente rechazadas por las poblaciones locales. Sin embargo, para los consejos de administración de La Provincia y Canarias7, este fracaso debe ser leído exclusivamente como una agresión externa. Esta ceguera deliberada oculta lo más evidente: la posibilidad de la "falsa bandera informativa". Resulta estratégicamente lógico que los servicios de inteligencia atlantistas monten canales aparentemente prorrusos para luego "descubrirlos" y clamar por un blindaje militar.
Al mismo tiempo, la narrativa sobre la denominada "flota rusa en la sombra" busca generar un estado de alarma permanente. El presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo —máximo representante del ejecutivo oligárquico de Coalición Canaria-Partido Popular—, expresó en su momento su "preocupación" por el paso de más de mil buques vinculados a esta flota, advirtiendo sobre un supuesto riesgo ecológico. Sus declaraciones, lejos de ser un análisis neutral, obedecen a los mismos fines propagandísticos que denunciamos: justificar una intervención militar creciente. Porque lo que estos medios y sus voceros institucionales omiten es que, hasta la fecha, no existe una "prueba de convicción" definitiva (material, jurídica y flagrante) que vincule un vertido en las costas de Canarias con un trasvase clandestino de lo que llama la propaganda “flota en la sombra”.No se ha demostrado vulneración alguna del derecho marítimo internacional en la navegación de esos buques. Por el contrario, lo que sí ha existido es el ataque ucraniano a un buque (el Mersin) con petróleo ruso frente a las costas de Dákar a finales de noviembre del año pasado, con un serio peligro de avance de marea negra, en caso de haberse producido, hacia Canarias. Pero la prensa corporativa utiliza, sin embargo, esta "preocupación"de la denominada en la propaganda como flota rusa en la sombra, para preparar a la opinión pública a aceptar que nuestras aguas dejen de ser zonas de paz para convertirse en escenarios de interceptación y hostilidad bélica, supeditando nuestra seguridad real a los intereses geoestratégicos de Washington y París.
El papel de esta prensa oligárquica es el de un aparato de hegemonía en estado puro. Al actuar como altavoces acríticos de los think tanks militaristas y de las directrices del Mando de Canarias, bloquean cualquier análisis que conecte la militarización con el declive del orden unipolar. Mientras se nos distrae con cuentos de espías y redes de influencia, se avanza en un "golpe silencioso" que vacía de soberanía al pueblo canario. Se nos impone una pornografía del poder que juega con el miedo a la amenaza rusa o china para que aceptemos como un alivio el incremento de la presencia de la Brigada "Canarias" XVI en misiones de la OTAN o el despliegue de nuevos sistemas de vigilancia satelital y de drones militares con potencialidad ofensiva.
Pero el entramado va más allá de la simple propaganda militar. Esta campaña mediática sirve como cortina de humo para el verdadero despojo: la conversión de Canarias en un nodo tecnológico-militar de potencias extranjeras. Como he denunciado en otra ocasión, bajo el edulcorado relato del "progreso aeroespacial", se esconde la consolidación de un enclave militar subordinado a intereses estratégicos que trascienden nuestras fronteras. La vinculación del holding Arquimea con el entramado tecnológico israelí —que pretende convertir, con el apoyo de la élite político empresarial en Canarias al archipiélago en un sensor avanzado de tecnología de guerra de Tel Aviv— o su integración en la cadena de suministro de General Dynamics y Airbus para producir drones kamikaze y vehículos submarinos autónomos, demuestra que el peligro no viene de las lejanas estepas, sino de los consejos de administración y de determinadas instituciones públicas que han convertido nuestra tierra en un paraíso fiscal para la industria de guerra, ya que podemos ser objeto de represalia en un conflicto bélico global o regional, como estamos presenciando actualmente en el Golfo Pérsico.
La desinformación real que podemos percibir, por tanto, es la que emana de las redacciones locales diseñadas para impedirnos ver que Canarias está siendo arrastrada a un abismo de confrontación (Sáhara Occidental, Sahel y Golfo de Guinea). Frente a esta deriva, el clamor popular en el archipiélago no ha dejado de alzarse. La demanda de un Estatuto de Neutralidad Activa para Canarias —que impida la instalación de infraestructuras militares de potencias extranjeras y blinde nuestro territorio frente a la lógica del complejo industrial-militar estadounidense y sionista— es no solo un derecho, sino un deber de supervivencia. Desmontar este entramado propagandístico es un acto de resistencia vital: frente a la barbarie vestida de noticia, debemos defender una Canarias que sea plataforma de paz - Canarias dijo No a la OTAN en el referéndum de 12 de marzo de 1986 - y no el tablero de sacrificio de una oligarquía corporativa que, en su desesperación por mantener el control del mundo, está dispuesta a empujarnos hacia el precipicio.
(*) José Manuel Rivero es abogado y analista político.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.138