EL NEGOCIO DE LAS REDES SOCIALES PASA FACTURA: UNO DE CADA CINCO MENORES SUFRE ANSIEDAD O DEPRESIÓN
El beneficio económico de las grandes compañías tecnológicas amenaza la salud mental de las nuevas generaciones
La hiperconexión ha dejado de ser solo un hábito para convertirse en un problema de salud pública. Un nuevo informe revela que uno de cada cinco menores canarios presenta síntomas de ansiedad o depresión relacionados con el uso intensivo de las redes sociales y el teléfono móvil. Pero detrás de estas cifras no hay únicamente decisiones individuales: también existe un modelo de negocio que convierte la atención, las emociones y los datos personales de millones de jóvenes en una fuente permanente de beneficios.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Uno de cada cinco menores de Canarias presenta síntomas de ansiedad o depresión relacionados con el uso intensivo del teléfono móvil y las redes sociales. La situación es todavía más preocupante cuando se analiza el riesgo de suicidio, que afecta al 11,2% de los jóvenes del archipiélago, muy por encima de la media estatal. Son algunas de las conclusiones del informe Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, elaborado por UNICEF España junto con la Universidad de Santiago de Compostela, Red.es y el Consejo General de Ingeniería Informática.
El estudio, realizado con una muestra de 1.460 estudiantes canarios de entre 10 y 20 años, dibuja un panorama que trasciende el ámbito educativo para convertirse en un auténtico problema de salud pública. No se trata únicamente de cuánto tiempo pasan los adolescentes delante de una pantalla, sino del modelo de relaciones sociales y de consumo que las grandes plataformas digitales han construido alrededor de ellos.
La salud mental, el precio oculto de la hiperconexión
La inmensa mayoría de los menores de Canarias dispone ya de un teléfono móvil propio. La edad media de acceso se sitúa en apenas 10,69 años y casi todos mantienen presencia activa en las redes sociales desde edades muy tempranas. Más del 87% utiliza tres o más plataformas y una parte importante dedica más de cinco horas diarias a ellas durante los fines de semana.
Las redes sociales han dejado de ser un simple instrumento de comunicación para convertirse en el principal espacio donde los adolescentes construyen su identidad, buscan reconocimiento y establecen relaciones personales. Como explicó durante la presentación del estudio Antonio Rial, director científico de la investigación, "el imperio del 'like' es una auténtica trituradora emocional".
La frase resume una realidad que los datos confirman: la búsqueda permanente de aprobación digital acaba generando ansiedad, frustración y una pérdida significativa de bienestar psicológico.
Las consecuencias aparecen reflejadas también en otros indicadores del informe. El consumo de pornografía comienza cada vez antes: casi el 44% de los menores canarios reconoce haber accedido a estos contenidos alguna vez y algunos lo hacen incluso durante la Educación Primaria. El fenómeno del sexting - intercambio de contenido sexual digital- también presenta cifras elevadas, mientras que el acceso a apuestas y juegos con dinero continúa afectando a miles de adolescentes pese a estar prohibido para menores.
A ello se suman otras formas de violencia digital. El ciberacoso sigue afectando a una parte importante del alumnado y más de un tercio de los jóvenes afirma haber sufrido conductas de control dentro de relaciones de pareja a través del teléfono móvil o de las redes sociales. La tecnología no crea estas formas de violencia, pero sí las amplifica, eliminando los espacios de desconexión que antes existían fuera del horario escolar.
Un negocio basado en capturar la atención
Reducir este problema a una supuesta incapacidad individual de los jóvenes para controlar el uso del móvil sería un error. Las plataformas digitales no están diseñadas para favorecer un consumo equilibrado, sino para mantener a los usuarios conectados el mayor tiempo posible. Cada notificación, cada vídeo recomendado y cada desplazamiento infinito por la pantalla forman parte de una arquitectura diseñada para captar la atención.
La atención humana, en efecto, se ha convertido en una mercancía. Cuanto más tiempo permanece una persona conectada, mayor es la cantidad de datos que genera y mayor el beneficio económico que obtienen las grandes empresas tecnológicas mediante la publicidad personalizada y la explotación comercial de esa información. Los adolescentes constituyen uno de los sectores más valiosos para este negocio porque son usuarios especialmente activos y más vulnerables a los mecanismos psicológicos de recompensa inmediata que utilizan los algoritmos.
Especialmente preocupante resulta la diferencia entre chicos y chicas. El riesgo de suicidio prácticamente triplica al de los varones y alcanza al 16,6% de las adolescentes. La presión constante sobre la imagen corporal, la comparación permanente y la búsqueda de aprobación en las redes afectan con mucha mayor intensidad a las jóvenes, convertidas además en objetivo preferente de industrias que viven de explotar la inseguridad personal para vender productos, estilos de vida y modelos estéticos inalcanzables.
Educar es necesario, pero no suficiente
El informe destaca la importancia de la mediación familiar y de la educación digital. Sin duda, ambas son imprescindibles. Sin embargo, el problema difícilmente podrá resolverse apelando únicamente a la responsabilidad de padres, madres o docentes mientras las plataformas continúen funcionando bajo una lógica exclusivamente orientada al beneficio económico.
Cuando el objetivo principal consiste en aumentar el tiempo de conexión para incrementar los ingresos publicitarios, la salud mental de los usuarios pasa inevitablemente a un segundo plano. Los algoritmos no están programados para proteger a la infancia o favorecer relaciones sociales saludables, sino para maximizar la permanencia en la pantalla. Esa es la lógica del capitalismo que, inevitablemente, las grandes empresas tecnológicas aplican al mundo digital: convertir la atención, las emociones y los datos personales en una fuente permanente de beneficios privados.
En este contexto, las medidas anunciadas por el Gobierno de Canarias, como la incorporación de profesionales de la Psicología a los centros educativos y el refuerzo de los protocolos contra el acoso y el riesgo suicida, constituyen avances positivos. Pero también ponen de manifiesto una contradicción: mientras las administraciones destinan cada vez más recursos públicos para reparar los daños, las grandes plataformas continúan obteniendo enormes beneficios mediante modelos de negocio que favorecen precisamente esa hiperconexión.
Los datos conocidos en Canarias, que sin duda son extrapolables a la mayor parte de los países con acceso a estas tecnologías, son una seria advertencia: la salud mental de las nuevas generaciones puede ser uno de los graves precios que pague la sociedad por un modelo digital diseñado para maximizar beneficios a cualquier costa.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Uno de cada cinco menores de Canarias presenta síntomas de ansiedad o depresión relacionados con el uso intensivo del teléfono móvil y las redes sociales. La situación es todavía más preocupante cuando se analiza el riesgo de suicidio, que afecta al 11,2% de los jóvenes del archipiélago, muy por encima de la media estatal. Son algunas de las conclusiones del informe Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, elaborado por UNICEF España junto con la Universidad de Santiago de Compostela, Red.es y el Consejo General de Ingeniería Informática.
El estudio, realizado con una muestra de 1.460 estudiantes canarios de entre 10 y 20 años, dibuja un panorama que trasciende el ámbito educativo para convertirse en un auténtico problema de salud pública. No se trata únicamente de cuánto tiempo pasan los adolescentes delante de una pantalla, sino del modelo de relaciones sociales y de consumo que las grandes plataformas digitales han construido alrededor de ellos.
La salud mental, el precio oculto de la hiperconexión
La inmensa mayoría de los menores de Canarias dispone ya de un teléfono móvil propio. La edad media de acceso se sitúa en apenas 10,69 años y casi todos mantienen presencia activa en las redes sociales desde edades muy tempranas. Más del 87% utiliza tres o más plataformas y una parte importante dedica más de cinco horas diarias a ellas durante los fines de semana.
Las redes sociales han dejado de ser un simple instrumento de comunicación para convertirse en el principal espacio donde los adolescentes construyen su identidad, buscan reconocimiento y establecen relaciones personales. Como explicó durante la presentación del estudio Antonio Rial, director científico de la investigación, "el imperio del 'like' es una auténtica trituradora emocional".
La frase resume una realidad que los datos confirman: la búsqueda permanente de aprobación digital acaba generando ansiedad, frustración y una pérdida significativa de bienestar psicológico.
Las consecuencias aparecen reflejadas también en otros indicadores del informe. El consumo de pornografía comienza cada vez antes: casi el 44% de los menores canarios reconoce haber accedido a estos contenidos alguna vez y algunos lo hacen incluso durante la Educación Primaria. El fenómeno del sexting - intercambio de contenido sexual digital- también presenta cifras elevadas, mientras que el acceso a apuestas y juegos con dinero continúa afectando a miles de adolescentes pese a estar prohibido para menores.
A ello se suman otras formas de violencia digital. El ciberacoso sigue afectando a una parte importante del alumnado y más de un tercio de los jóvenes afirma haber sufrido conductas de control dentro de relaciones de pareja a través del teléfono móvil o de las redes sociales. La tecnología no crea estas formas de violencia, pero sí las amplifica, eliminando los espacios de desconexión que antes existían fuera del horario escolar.
Un negocio basado en capturar la atención
Reducir este problema a una supuesta incapacidad individual de los jóvenes para controlar el uso del móvil sería un error. Las plataformas digitales no están diseñadas para favorecer un consumo equilibrado, sino para mantener a los usuarios conectados el mayor tiempo posible. Cada notificación, cada vídeo recomendado y cada desplazamiento infinito por la pantalla forman parte de una arquitectura diseñada para captar la atención.
La atención humana, en efecto, se ha convertido en una mercancía. Cuanto más tiempo permanece una persona conectada, mayor es la cantidad de datos que genera y mayor el beneficio económico que obtienen las grandes empresas tecnológicas mediante la publicidad personalizada y la explotación comercial de esa información. Los adolescentes constituyen uno de los sectores más valiosos para este negocio porque son usuarios especialmente activos y más vulnerables a los mecanismos psicológicos de recompensa inmediata que utilizan los algoritmos.
Especialmente preocupante resulta la diferencia entre chicos y chicas. El riesgo de suicidio prácticamente triplica al de los varones y alcanza al 16,6% de las adolescentes. La presión constante sobre la imagen corporal, la comparación permanente y la búsqueda de aprobación en las redes afectan con mucha mayor intensidad a las jóvenes, convertidas además en objetivo preferente de industrias que viven de explotar la inseguridad personal para vender productos, estilos de vida y modelos estéticos inalcanzables.
Educar es necesario, pero no suficiente
El informe destaca la importancia de la mediación familiar y de la educación digital. Sin duda, ambas son imprescindibles. Sin embargo, el problema difícilmente podrá resolverse apelando únicamente a la responsabilidad de padres, madres o docentes mientras las plataformas continúen funcionando bajo una lógica exclusivamente orientada al beneficio económico.
Cuando el objetivo principal consiste en aumentar el tiempo de conexión para incrementar los ingresos publicitarios, la salud mental de los usuarios pasa inevitablemente a un segundo plano. Los algoritmos no están programados para proteger a la infancia o favorecer relaciones sociales saludables, sino para maximizar la permanencia en la pantalla. Esa es la lógica del capitalismo que, inevitablemente, las grandes empresas tecnológicas aplican al mundo digital: convertir la atención, las emociones y los datos personales en una fuente permanente de beneficios privados.
En este contexto, las medidas anunciadas por el Gobierno de Canarias, como la incorporación de profesionales de la Psicología a los centros educativos y el refuerzo de los protocolos contra el acoso y el riesgo suicida, constituyen avances positivos. Pero también ponen de manifiesto una contradicción: mientras las administraciones destinan cada vez más recursos públicos para reparar los daños, las grandes plataformas continúan obteniendo enormes beneficios mediante modelos de negocio que favorecen precisamente esa hiperconexión.
Los datos conocidos en Canarias, que sin duda son extrapolables a la mayor parte de los países con acceso a estas tecnologías, son una seria advertencia: la salud mental de las nuevas generaciones puede ser uno de los graves precios que pague la sociedad por un modelo digital diseñado para maximizar beneficios a cualquier costa.





























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