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SILENCIO ESTRATÉGICO: LO QUE ESCONDE LA SALIDA DE MARIO SILVA DE LOS MEDIOS OFICIALES (VÍDEO)

¿Estamos ante un simple cambio de formato o ante una señal de reconfiguración del poder mediático?

Durante más de dos décadas, Mario Silva fue una de las voces más reconocibles del panorama mediático venezolano. Su programa no solo informaba: marcaba posición, interpretaba la realidad y fijaba el tono del debate político. Sin embargo, su reciente anuncio de abandonar los medios tradicionales para trasladarse a las redes no es un simple cambio técnico.

 

CARLOS SERNA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Durante años, la televisión venezolana tuvo un espacio que [Img #90461]funcionaba como altavoz político sin ambigüedades: La Hojilla.

 

    Desde 2004, este programa no solo fue un formato televisivo, sino un instrumento de intervención directa en la vida política del país. Su conductor, Mario Silva, venezolano de origen, pero con ancestros canarios, se convirtió en una figura central de esa dinámica: una voz que interpretaba, defendía y confrontaba desde una posición claramente alineada con el Gobierno bolivariano. Ese alineamiento, en ocasiones, lo llevó incluso a participar en lamentables campañas promovidas por el gobierno de Nicolás Maduro para reforzar la alegalización del Partido Comunista de Venezuela.

    Sin embargo, acontecimientos recientes parecen haber marcado un punto de inflexión.

 

UNA SALIDA ANUNCIADA ENTRE LÍNEAS

    El pasado martes 17 de marzo, Silva comunicó a sus seguidores lo que ya, de alguna forma, venía insinuando desde hacía algunas semanas: su salida de los medios tradicionales y su traslado hacia las redes sociales.

 

   Su “ruptura” no ha sido abrupta, sino más bien una suerte de desplazamiento cuidadosamente explicado, casi justificado.

 

    Silva se refirió a ello como una “reorganización de la parrilla”, habló de nuevas dinámicas y de la necesidad de seguir manteniendo una “comunicación directa con el pueblo”.

 

   Pero el contenido de su mensaje deja entrever algo más profundo. En realidad, no se trata solo de un cambio de formato, sino de una reubicación del programa en el mapa del poder mediático. De hecho, ya se había confirmado que su espacio dejaría de transmitirse en plataformas como VTV y Venezuela News, pasando a emitirse únicamente por su canal de YouTube.

 

    Es decir, el programa que durante más de dos décadas fue parte del aparato comunicacional del Estado ahora se desplaza hacia espacios más fragmentados, más precarios, pero también mucho más autónomos.

 

EL CONTEXTO QUE LO EXPLICA TODO

    Este movimiento no puede entenderse sin el contexto político actual. El 3 de enero de 2026, una violenta operación militar estadounidense que acabó con la vida de más de un centenar de personas, entre ellas 32 cubanos,  concluyó con el secuestro y traslado a una prisión neoyorquina del presidente Nicolás Maduro, generando un reordenamiento abrupto del poder en Venezuela que, de acuerdo con las medidas, sustituciones y nombramientos que el gobierno de la “presidenta encargada” -¿por quién?- está implementando, aún resulta difícil de calibrar, aunque no de intuir.

 

    Desde entonces, el país ha entrado en una fase de reconfiguración institucional, con nuevas alianzas, tensiones y acuerdos, pero, sobre todo, con claras orientaciones emanadas desde Washington, que el Ejecutivo venezolano parece estar cumpliendo a pie juntillas.

 

  En ese contexto, políticamente incierto, los medios también se están reorganizando. Cuando cambian las condiciones materiales y políticas, cambian también los espacios desde donde se produce el discurso. Esto no es casual: las formas de comunicación dependen de las estructuras de poder que las sostienen. Como ocurre en cualquier sociedad, la producción de ideas, mensajes y relatos está ligada al conjunto de condiciones sociales que la hacen posible.

 

    Por eso mismo, el desplazamiento de Silva no es un hecho aislado, pero sí un síntoma con un mensaje muy claro.

 

DE LA TELEVISIÓN AL ESPACIO DIGITAL

    La decisión de trasladarse —o de ser trasladado— a las redes tiene varias implicaciones. Por un lado, supone una pérdida de centralidad. La televisión estatal ofrecía una audiencia asegurada, una posición privilegiada dentro del aparato comunicacional. En cambio, las redes implican competir por la atención, fragmentarse en múltiples públicos y depender de algoritmos —nada inocentes— y de dinámicas mucho más inestables.

 

    Pero, por otro lado, también abre un margen de maniobra distinto. Silva lo dejó claro: “nos reservamos el derecho de hacer La Hojilla en redes”. Esa frase, aparentemente técnica, revela una nueva situación. Ya no se trata de ocupar un espacio asignado, sino de construir uno propio, aunque sea en condiciones más limitadas.

 

EL SIGNIFICADO DE UNA RETIRADA PARCIAL

    En política, los silencios y los movimientos indirectos suelen decir infinitamente más que los discursos explícitos. Durante las últimas semanas, Silva había adoptado un tono más discreto, con alusiones difíciles de interpretar, como si estuviera midiendo cada palabra.

 

    Ahora, su salida confirma que algo ha cambiado. No necesariamente en lo que dice o en lo que dejará de decir, sino en desde dónde lo dice. Porque, en última instancia, lo importante no es solo el mensaje, sino el lugar desde el que se emite. Y de eso han sido perfectamente conscientes quienes han reorientado el espacio desde donde se emitía.

 

   La salida de Mario Silva de los medios oficiales no es simplemente el final de una etapa televisiva. Es el reflejo de una reconfiguración política mucho más amplia: la del poder, la del discurso y la de los canales a través de los cuales se construye la realidad política.

 

   Cuando una voz central se desplaza, no desaparece: se reubica. Y en ese movimiento deja al descubierto las tensiones de fondo de un país que, una vez más, está cambiando de forma.

 

   Lamentablemente, en Venezuela, en el curso de los últimos años, no pocos cualificados y excelentes referentes de la opinión pública han sido igualmente “reubicados”  en el silencio:  Walter Martínez, Vladimir Acosta… De manera que Mario Silva no es el primero, pero tal y como van las cosas, tampoco va a ser el último. 

 

VÍDEO RELACIONADO:

 

 
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