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Jueves, 02 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

CANARIAS S.A.: PODER, PROPIEDAD Y CLASES SOCIALES EN UN ARCHIPIÉLAGO DEPENDIENTE

De la economía colonial al monocultivo turístico: un modelo impuesto como "ley natural"

Canarias bate récords turísticos, recibe millones de visitantes y genera más riqueza que nunca. Sin embargo, una parte creciente de su población apenas puede pagar una vivienda o vivir dignamente de su salario. No es una contradicción accidental, sino el resultado de una estructura económica configurada durante siglos, desde la inserción dependiente de las Islas tras la conquista hasta el actual monocultivo turístico. Esta es la radiografía de quién controla la economía de Canarias, quién toma las decisiones y quién se apropia de la riqueza producida por la mayoría.

Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

[Img #93504]   Canarias recibe cada año una cantidad de visitantes que multiplica varias veces su población. Los hoteles registran elevados niveles de ocupación, el gasto turístico alcanza cifras históricas y las autoridades celebran casi cada temporada como un nuevo éxito económico. En 2024, el Archipiélago recibió 17,77 millones de turistas. Un año después, el gasto turístico superó los 23.185 millones de euros. El producto interior bruto creció en 2024 un 4,4%, por encima del promedio español.

 

   Si estos fueran los únicos datos disponibles, habría motivos para pensar que las islas atraviesan una envidiable etapa de prosperidad. Pero basta con apartar la mirada de los aeropuertos o las zonas más turísticas y dirigirla hacia los barrios populares para descubrir otra realidad. En 2025, el 31,2% de la población continuaba en riesgo de pobreza o exclusión social. El 38,2% de los asalariados cobraba menos de 1.582 euros brutos mensuales. La remuneración media por trabajador era una de las más bajas del Estado. Y el 10% más rico concentraba alrededor del 60% de la riqueza, mientras la mitad más pobre de la población apenas reunía entre el 2% y el 4%.

 

   No estamos ante dos Canarias distintas. Se trata de la misma sociedad contemplada desde dos lugares opuestos que, sin embargo, se encuentran perfectamente interconectados. El éxito turístico y la precariedad social no son fenómenos que coinciden casualmente en el tiempo. Son dos resultados de un mismo modelo económico.

 

LOS "MONOCULTIVOS" CAMBIAN, LA DEPENDENCIA PERMANECE

   Para comprender una sociedad no basta con describir sus instituciones o sus costumbres. Hay que localizar las relaciones económicas que organizan la vida: quién posee los recursos fundamentales, quién trabaja con ellos, quién decide qué se produce y quién se apropia del excedente generado. Y, para comprender estas relaciones de forma cabal, resulta preciso historiar cómo se desarrollaron  a lo largo del tiempo. 

 

   La conquista castellana del siglo XV incorporó violentamente a las Islas al mercado mundial que comenzaba a formarse. Canarias no entró en él como un territorio autónomo capaz de decidir su desarrollo, sino como una plataforma de producción y circulación subordinada a necesidades e intereses exteriores.

 

   El azúcar conectó tempranamente el Archipiélago con los circuitos mercantiles europeos. Después llegaron el vino, la cochinilla, el plátano y el tomate. Cada ciclo parecía abrir una nueva etapa, pero reproducía una estructura semejante: especialización en unos pocos productos destinados al exterior, dependencia de compradores y transportistas foráneos, concentración de la tierra y el agua e importación de buena parte de los bienes necesarios para mantener a la población.

 

   Las élites insulares, por supuesto, no fueron meras "víctimas" de esta subordinación. Terratenientes, aguatenientes, comerciantes y exportadores participaron activamente de este modelo y se enriquecieron gracias a él. Su poder procedía tanto de la propiedad de los recursos esenciales para la supervivencia como de su capacidad para  actuar como intermediarios entre  esos recursos y el trabajo de la mayoría social y los centros exteriores que controlaban los mercados, el crédito y la navegación. La "dependencia" de una región de la perifería capitalista no significa que todo el poder económico se encuentre fuera de las Islas y  dentro de ellas exista una comunidad homogénea perjudicada por igual. Existe una burguesía canaria que siempre ha obtenido grandes beneficios. Su posición, sin embargo, ha estado históricamente subordinada a su asociación con capitales y mercados más poderosos.

 

  En este contexto, la economía podía cambiar de "monocultivo" sin modificar las relaciones que han configurado la sociedad canaria a lo largo de los siglos.  Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando, a partir de los años 60 y 70, el turismo comenzó a sustituir a la agricultura de exportación como actividad dominante en el Archipiélago. 

 

EL HOTEL COMO NUEVO MONOCULTIVO

   El turismo no es idéntico al cultivo del azúcar o del plátano. Produce servicios, moviliza numerosas actividades y requiere infraestructuras mucho más complejas. Pero desempeña una función comparable dentro de la inserción de Canarias en el mercado capitalista mundial: organiza buena parte del territorio y del trabajo insular en torno a una demanda que se genera en el exterior y sobre la que la población canaria tiene escasa capacidad de decisión.

 

  No existe un decreto que obligue a todos los capitales a invertir en hoteles, urbanizaciones o alquileres vacacionales. La especialización se impone mediante un mecanismo mucho más eficaz: la rentabilidad. El crédito, las infraestructuras, el planeamiento urbano, las bonificaciones fiscales y la inversión pública orientan continuamente el capital hacia las actividades turísticas, inmobiliarias y comerciales. Al mismo tiempo, otras ramas productivas que encuentran enormes dificultades para competir por el suelo, el agua, la financiación y la mano de obra, languidecen y acaban desapareciendo. 

 

  Así se construye una economía aparentemente diversificada —hoteles, restaurantes, transporte, comercio, construcción, ocio y servicios empresariales— que, en realidad, depende  de una única fuente de demanda.

 

  La llegada de 17 o 18 millones de turistas puede incrementar el producto interior bruto sin transformar la capacidad productiva autónoma de Canarias. Una parte considerable del consumo turístico requiere alimentos, combustibles, vehículos, maquinaria, tecnología y productos manufacturados que son importados. Solo en 2024, las importaciones de mercancías alcanzaron los 22.762 millones de euros. En 2023, el déficit comercial de mercancías ya había ascendido a 18.710 millones y las exportaciones apenas cubrían el 15,1% de las importaciones.  Estas cifras muestran una debilidad estructural evidente. El Archipiélago consume una enorme cantidad de bienes que no produce y depende, para poder pagarlos, de una actividad sometida avatares externos. 

 

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LAS TUBERÍAS POR LAS QUE SE ESCAPA LA RIQUEZA

   Como es bien sabido, cuando un turista compra un paquete vacacional, buena parte del importe abonado no llega  a Canarias. Antes de que lleguen a pisar las Islas, una parte queda en manos de aerolíneas, operadores turísticos, plataformas de reservas, aseguradoras e intermediarios financieros. Una vez aquí, los establecimientos adquieren energía, alimentos, maquinaria y tecnología producidos fuera. Finalmente, los beneficios empresariales se distribuyen entre propietarios y accionistas que tampoco residen necesariamente en el Archipiélago. No existe una estadística única que permita afirmar con rigor qué porcentaje exacto del gasto turístico abandona Canarias, pero los mecanismos de salida de la riqueza generada son perfectamente identificables.

 

   Durante 2025 casi la mitad de los turistas llegó con un paquete contratado previamente. A ello se suma el creciente poder de las grandes plataformas digitales, las cadenas hoteleras, los fondos de inversión, los bancos y los grandes propietarios inmobiliarios. Pero el problema no consiste exclusivamente en que muchos inversionistas sean extranjeros. El capital canario puede actuar con la misma lógica que el británico o el estadounidense. La cuestión decisiva es quién controla la inversión y qué sucede con el excedente producido por el trabajo social.

 

   La inserción subordinada de Canarias en el capitalismo mundial significa que su economía depende de capitales, tecnologías, redes comerciales y mercados que la sociedad canaria no controla. Y que su desarrollo está condicionado por decisiones adoptadas en consejos de administración, entidades financieras, instituciones estatales y organismos europeos sobre los que la población local tampoco tiene influencia alguna. Canarias aporta  territorio, clima, paisaje, infraestructuras y fuerza de trabajo. Otros eslabones foráneos de la cadena productiva conservan el poder para organizar el negocio.

 

LA ESTRUCTURA DE CLASES REALMENTE EXISTENTE EN CANARIAS

     Tal y como ya hemos apuntado, la integración de la sociedad canaria en este modelo no es en absoluto homogénea. Depende directamente de la pertenencia a una u otra clase social. 

 

     En la cúspide de la sociedad isleña se encuentra una fracción reducida de grandes propietarios, accionistas, empresarios turísticos, constructores, importadores y rentistas. No constituyen un bloque perfectamente unido. Existen disputas entre hoteleros y propietarios de viviendas vacacionales, entre grandes superficies y medianos  comerciantes, entre empresas locales y corporaciones externas. Pero todos comparten un interés esencial: preservar la propiedad privada, la rentabilidad del capital y la disponibilidad de suelo y trabajo en condiciones favorables para incrementar sus beneficios. 

 

   Los datos provisionales del estudio sobre desigualdad patrimonial presentado por la Universidad de La Laguna resultan especialmente reveladores de la estructura de clases en el Archipiélago canario. El 10% más rico concentra alrededor del 60% de la riqueza. En cambio, la mitad inferior de la población posee únicamente entre el 2% y el 4%. En los grupos más ricos adquieren mayor importancia los negocios, las acciones y las participaciones empresariales. 

 

    Por debajo aparece una pequeña burguesía muy heterogénea y menguante: pequeños comerciantes, restauradores, autónomos... Algunos emplean trabajadores; otros apenas logran mantener su actividad con su propio esfuerzo y, en la práctica, se encuentran sometidos a bancos, franquicias, grandes proveedores y plataformas digitales. Por eso sus intereses y orientaciones políticas oscilan. Pueden aspirar a aproximarse a los grandes propietarios y, al mismo tiempo, sufrir el poder de estos.

 

 La mayoría social está constituida por la clase trabajadora: camareras de piso, dependientes, camareros, cocineros, conductores, limpiadoras, albañiles, administrativos, empleados públicos, docentes, sanitarios, trabajadores de la logística, trabajadores del campo, entre muchos otros. Sus ocupaciones son diferentes, pero comparten una condición: para vivir necesitan vender su fuerza de trabajo.

 

   El desarrollo turístico ha ampliado enormemente el empleo, pero también ha reproducido una estructura laboral especialmente polarizada. Han crecido muy pocas profesiones cualificadas, mientras se ha extendido una masa mucho mayor de trabajos de servicios poco remunerados. El sociólogo José Saturnino Martínez García y sus colaboradores constataron que, desde la década de 1970, el empleo canario creció con más volatilidad que en el conjunto del Estado español y la expansión de los servicios no cualificados estuvo acompañada por una persistencia superior de la pobreza y la desigualdad.

 

  El resultado es la proliferación de la categoría del trabajador pobre: una persona integrada en la producción, pero excluida de la riqueza que contribuye a generar y que, muy a menudo, depende de las ayudas sociales para poder sobrevivir. 

 

LA VIVIENDA: DE LUGAR PARA VIVIR A MÁQUINA DE EXTRAER RENTAS

 

    Las consecuencias de este modelo económico no se limitan al empleo o a la distribución de la renta. También se manifiestan en el acceso a un bien tan esencial como la vivienda, donde las mismas relaciones de propiedad y de poder vuelven a hacerse visibles. Para una familia trabajadora, la casa es una necesidad. Para un fondo de inversión o un gran propietario es un activo del que obtener rentas y ganancias patrimoniales. En sociedades crecientemente tensionadas por la turistificación, ambos intereses entran en conflicto. El trabajador necesita vivir cerca de su empleo y hacer frente a su alquiler mensual. Los grandes tenedores aspiran a subir los precios del alquiler, transformar las viviendas en alojamientos turísticos o venderlas a quien más les ofrezca.

 

   En marzo de 2025 había 48.168 viviendas vacacionales disponibles en Canarias, un 6,3% más que un año antes. En las zonas donde la oferta residencial ya es escasa, su crecimiento intensifica la competencia por el espacio y eleva la rentabilidad esperada de los inmuebles.  Así se produce una transferencia silenciosa de renta desde quienes viven de su trabajo hacia quienes viven de la propiedad. Una parte del aumento salarial termina absorbida por el alquiler.

 

   La economía puede crecer, pero la mayoría de los trabajadores no viven mejor porque el precio de reproducir su existencia —alojamiento, alimentación, transporte y cuidados— crece a un ritmo muy superior.  La turistificación también reorganiza las ciudades y los pueblos. Los comercios tradicionales de proximidad son sustituidos por negocios dirigidos al visitante; las costas se convierten en espacios de inversión y los residentes son desplazados hacia periferias cada vez más alejadas. El territorio deja de planificarse como lugar de vida y pasa a administrarse como una mercancía.

 

 UNA SOCIEDAD DESIGUAL CONVERTIDA EN ALGO "NATURAL" 

   Ningún sistema social se mantiene únicamente mediante la propiedad o la fuerza. También necesita conseguir que sus relaciones fundamentales se presenten como "naturales". Aquí interviene la capacidad de las clases dominantes para presentar su propia visión del mundo como si fuera una visión razonable para toda la sociedad.

 

   En Canarias, ese poder se podría resumir en una expresión repetida hasta convertirse en sentido común: «Vivimos del turismo». La frase, por supuesto, contiene una parte de verdad que no puede negarse. Centenares de miles de personas dependen directa o indirectamente del sector. Precisamente por eso funciona tan bien como justificación y como mecanismo para coartar una reflexión no cortoplacista sobre el posible futuro de esta actividad económica. Convierte una realidad construida históricamente, un modelo dependiente y sin capacidad para sostenerse en el tiempo sin provocar mayores desigualdades sociales y degradación medioambientalen una suerte de ley natural.

 

  El planteamiento abstracto sobre "el turismo" impide también que se pueda preguntar quién controla esta actividad económica, cómo se reparten sus beneficios o qué otras actividades han sido desplazadas por este monocultivo. Cualquier cuestionamiento se presenta como una "amenaza al empleo" y cualquier crítica puede ser descalificada como "turismofobia".

   

   Referirse a Canarias como una suerte de neocolonia económica podría resultar útil, siempre que este término se emplee con precaución y sin pretender atribuirle un significado "clásico" en la teoría política y sociológica. No describe su situación jurídica —el Archipiélago forma parte del Estado español y de la Unión Europea—, ni significa que la burguesía local carezca de poder. Sí sirve para destacar, no obstante, que el Archipiélago ocupa una posición subordinada dentro de una estructura económica más amplia: suministra servicios turísticos, suelo, recursos y trabajo, y depende intensamente de importaciones, capital, tecnología y demanda exterior. Circunstancias que, ciertamente, podrían aplicarse también a la mayor parte de los territorios del Estado español. 

 

   Pero la dependencia exterior y la dominación interior no son dos problemas separados. Se sostienen mutuamente. Las grandes corporaciones necesitan socios, administradores y propietarios locales. Y las élites insulares refuerzan su posición actuando como enlace con capitales de mayor dimensión. Por eso el conflicto no enfrenta sencillamente a "los canarios" con "los extranjeros". Enfrenta intereses antagónicos de clases sociales. Un trabajador llegado de Senegal, Marruecos, Cuba o Venezuela puede compartir condiciones de explotación con un trabajador nacido en La Isleta o La Orotava. Del mismo modo, un gran propietario canario puede tener muchos más intereses comunes con un fondo internacional que con quienes trabajan en sus establecimientos.

 

  Por ello, "Cambiar el modelo", tal y como han empezado a exigir algunos movimientos sociales, exige mucho más que sustituir el turismo por una economía más diversificada. Exige intervenir sobre la propiedad y el poder: controlar democráticamente el suelo y la vivienda, recuperar recursos estratégicos, fortalecer la producción destinada a las necesidades locales, reducir la dependencia alimentaria y energética, condicionar la inversión, limitar la extracción de rentas y orientar el excedente hacia servicios públicos y actividades socialmente necesarias. 

   

  Mientras esas decisiones permanezcan en manos de una minoría propietaria y de capitales cuya única brújula es la rentabilidad, el Archipiélago podrá continuar batiendo récords económicos sin abandonar la precariedad. Su producto interior puede seguir creciendo durante algún tiempo, sí, pero lo hará como creció durante siglos: respondiendo a intereses ajenos y dejando a una gran parte de su población la tarea de producir una riqueza que le es expropiada sistemáticamente. 

 

Fuentes consultadas

  • Universidad de La Laguna, «Canarias, entre los territorios más desiguales de Europa occidental según un informe de la ULL», 16 de octubre de 2024. Datos provisionales del estudio de Gustavo Marrero, Juan César Palomino, Dimitry Petrov y Clara Martínez-Toledano sobre la distribución patrimonial entre 2016 y 2019. Informe de la presentación.
  • Instituto Canario de Estadística, «Canarias cierra 2024 con un incremento del número de turistas», 4 de febrero de 2025. Datos de FRONTUR-Canarias.
  • Instituto Canario de Estadística, «Aumenta el gasto de los turistas en el año 2025 en Canarias», 16 de febrero de 2026. Encuesta sobre Gasto Turístico.
  • Instituto Canario de Estadística, «Aumenta el número de viviendas vacacionales disponibles en Canarias en marzo de 2025», 24 de abril de 2025. La información figura en el buscador estadístico de turismo del ISTAC.
  • Instituto Canario de Estadística, «Las importaciones en valor en Canarias en 2024 registraron una subida del 3,3%», 19 de febrero de 2025. Información recogida en las noticias estadísticas del ISTAC.
  • Confederación Canaria de Empresarios, «Comercio exterior», Informe anual de la economía canaria 2023. Datos sobre déficit comercial y tasa de cobertura. Documento en PDF.
  • Instituto Nacional de Estadística, «Contabilidad Regional de España. Producto Interior Bruto regional. Serie 2022-2024», 16 de diciembre de 2025. Datos de crecimiento, productividad y remuneración media por asalariado. Nota oficial del INE.
  • Instituto Nacional de Estadística, «Decil de salarios del empleo principal. Año 2024», 14 de noviembre de 2025. Datos sobre distribución salarial por comunidades autónomas. Nota oficial del INE.
  • Instituto Nacional de Estadística, «Encuesta de Condiciones de Vida. Año 2025», 5 de febrero de 2026; y EAPN España, El estado de la pobreza. Avance 2026. Datos de la tasa AROPE de Canarias. Nota oficial del INE y avance de EAPN.
  • José Saturnino Martínez García, Carolina Salvo y Dácil González Padilla, «Clases sociales, pobreza y desigualdad económica en Canarias», Revista Atlántida, número 8, 2017, págs. 161-189. Artículo completo en el repositorio de la ULL.
  • Luis Ramón Fernández, «La agricultura colonial como antecedente de la crisis socioeconómica actual en las Islas Canarias», 2023. Análisis de la continuidad entre especialización agraria, dependencia exterior y modelo turístico. Artículo completo.
 
 
 
 
 
 
 
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