¡NO SEAS INGENUO!: LA IA NO HA VENIDO A AYUDARTE, VIENE A SUSTITUIRTE
Como una tecnología patrimonio del trabajo de humanidad quieren convertirla en una herramienta de superexplotación
Mientras centenares de millones de personas siguen sin apercibirse de que los encontramos ante la mayor transformación tecnológica de toda la historia humana, —una revolución que, en otras condiciones, podría liberar al ser humano de la pobreza, la explotación laboral y devolverle algo tan esencial como el tiempo para vivir—, una reducida camarilla de mega-multimillonarios se dispone a asaltar y a apropiarse de una tecnología que no nace de la nada, sino que es el resultado acumulado del trabajo, el conocimiento y la creatividad de generaciones enteras.
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Durante años se nos ha venido repitiendo la misma historia: la inteligencia artificial viene a salvar el mundo. A curar enfermedades, a facilitar la vida, a democratizar el conocimiento.
Pero basta con profundizar un poco, apartar la propaganda brillante y los discursos de Silicon Valley, lo que aparece es algo mucho más antiguo, mucho más reconocible: una lucha feroz por el poder, por el control de la herramienta y, sobre todo, por el dinero.
La inteligencia artificial no ha nacido en un vacío. Es hija directa de un sistema económico que lo convierte todo en mercancía: desde el trabajo humano hasta los datos personales. Y lo que estamos viendo hoy no es una revolución tecnológica inocente, sino una nueva fase de una batalla que lleva siglos desarrollándose: quién controla la producción, quién controla el conocimiento y quién se queda con los beneficios.
El capitalismo tiende a convertir todas las relaciones sociales en cosas intercambiables en el mercado. La IA es simplemente el último paso de ese proceso: ahora no solo se vende lo que haces, sino también lo que piensas, lo que escribes y lo que imaginas. Y ahí empieza la historia.
![[Img #91502]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/4531_7970_ia2b.jpg)
DE LOS PRIMEROS ORDENADORES A LA PROMESA DIGITAL
Para entender lo que hoy está ocurriendo, hay que retroceder. No mucho, pero sí lo suficiente. En los años 80 y 90, cuando internet empezaba a expandirse, se vendió como una herramienta de libertad. Una red abierta, descentralizada, casi utópica.
Las grandes empresas tecnológicas nacieron en ese contexto. Algunas de ellas, como Apple o Microsoft, crecieron bajo la promesa de acercar la tecnología a la gente. Incluso figuras como Steve Jobs dudaban de la trascendencia histórica de sus propios productos. Todo inducia a pensar que la tecnología era un medio, no un fin. Pero esa fase duró poco.
Con la expansión del capitalismo global, las grandes plataformas comenzaron a concentrar poder. Lo que al principio eran herramientas se transformaron en infraestructuras imprescindibles. Y quien controla la infraestructura, controla los resortes del juego.
LA ERA DE LAS PLATAFORMAS: EL NEGOCIO DE LOS DATOS
A partir de los años 2000, el modelo cambió radicalmente. Ya no se trataba solo de vender productos, sino de capturar datos. Redes sociales, buscadores, aplicaciones… todo empezó a diseñarse para recoger información.
Aquí aparece una clave fundamental: el usuario deja de ser cliente y pasa a ser materia prima.
El propio desarrollo del capitalismo moderno muestra cómo la acumulación se basa en la apropiación creciente de recursos y trabajo . En este caso, el recurso somos nosotros mismos: nuestras interacciones, nuestras emociones, nuestras decisiones.
Un ejemplo claro de lo que decimos: cada “like”, cada búsqueda, cada mensaje se convierte automaticamente en un dato que puede ser analizado, vendido y utilizado.
Las grandes tecnológicas —Meta, Google, Amazon— construyeron auténticos imperios sobre esta base. Y figuras como Zuckerberg, que empezaron como jóvenes programadores, acabaron gestionando fortunas gigantescas y redes globales . Pero esto solo era el principio.
![[Img #91500]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/669_757_ia2.jpg)
EL SALTO A LA IA: DE LOS DATOS AL CONTROL
La inteligencia artificial no ha surgido de la nada. Es el resultado de décadas de acumulación de datos y capacidad de cálculo. Cuando las empresas tecnológicas reunieron suficiente información sobre millones de personas, dieron el siguiente paso: automatizar el análisis y la producción de contenido.
A partir de aquí fue donde la cosa se empezó a poner seria. La IA no solo analiza el mundo: empieza a producirlo. Genera textos, imágenes, decisiones. Sustituye tareas humanas. Y, sobre todo, concentra aún más poder en quienes poseen la infraestructura.
Esto encaja perfectamente con una lógica ya conocida: el desarrollo de las fuerzas productivas choca con las relaciones existentes, generando tensiones profundas en la sociedad. La IA es una fuerza productiva gigantesca… pero está en manos de muy pocos. Y eso, naturalmente, eso tiene consecuencias inmensas.
LA GUERRA ENTRE GIGANTES: LO QUE REALMENTE SE JUEGA
Hoy, la inteligencia artificial está siendo el campo de batalla principal entre las grandes corporaciones. No es una metáfora. Es una guerra económica, política y tecnológica.
Por un lado, empresas como OpenAI, Google, Microsoft o Meta compiten por desarrollar los modelos más avanzados. Por otro, los gobiernos —especialmente el de Estados Unidos— ven en la IA una herramienta estratégica, incluso militar.
Hoy, al referirse a la IA, son muchos los estudiosos que ya hablan abiertamente de “luchas de poder, avaricia, guerra y tecnofascismo”. Es decir, se ha venido abajo el discurso de la IA como una herramienta neutral, apareciendo su verdadero rostro: un instrumento de dominación.
¿Por qué esta existiendo tanta tensión en relacion con el tema? Porque lo que está en juego no es solo el mercado de la tecnología. Es el control de sectores enteros como: la educación, la salud, la comunicación, la seguridad… incluso la cultura. Quien domine la IA,- dicen-, dominará el futuro.
CONCENTRACIÓN Y DESIGUALDAD: EL EFECTO REAL
Mientras se habla de progreso, la realidad muestra otra cara. El capitalismo global ya había generado desigualdades enormes antes de la IA . Pero la inteligencia artificial puede acelerar este proceso de forma brutal. ¿Por qué? Porque permite automatizar trabajos, reducir costes laborales y multipicar beneficios… sin redistribuir esa riqueza.
Es decir: más productividad, pero también más concentración. Un ejemplo sencillo: una empresa que antes necesitaba 100 trabajadores ahora puede funcionar con 20 y una IA. ¿Qué pasa con los otros 80? Ese es el tipo de pregunta que rara vez aparece en los discursos oficiales.
EL DISFRAZ: GENIOS, INNOVACIÓN Y ESPECTÁCULO
Mientras todo esto ocurre, las figuras al frente de estas empresas construyen una imagen pública cuidadosamente diseñada. El caso de Zuckerberg es revelador: de programador austero a figura mediática con una imagen más sofisticada y calculada . No es casual. Forma parte del espectáculo.
Se presenta la innovación como una aventura personal de genios brillantes. Pero detrás hay estructuras gigantescas de capital, inversión y poder. La historia se simplifica para ocultar lo esencial: esto no va de individuos, sino de sistemas.
LA IA NO ES EL FUTURO, ES EL PRESENTE DEL PODER
La inteligencia artificial no es una promesa lejana. Es una realidad que ya está reorganizando el mundo. Y lo está haciendo siguiendo una lógica muy clara: concentración de poder, control de recursos y expansión de la mercancía a todos los aspectos de la vida.
No es la primera vez que ocurre algo así. Cada gran salto tecnológico - recuerdese las revoluciones industriales de los siglos XVIII y XIX vinieron acompañadas de conflictos, desigualdades y luchas por el control. La diferencia ahora es la escala.
La IA no solo transforma lo que hacemos. Está empezando a transformar cómo pensamos, cómo decidimos y cómo nos relacionamos. Y eso la convierte en algo mucho más profundo —y peligroso— de lo que nos quieren hacer creer.
LA NUEVA FASE: MILITARIZACIÓN, ESTADO Y TECNOLOGÍA
Si el primer acto de esta historia fue la acumulación de datos, y el segundo la explosión de la inteligencia artificial, el tercero ya está en marcha… y es mucho más inquietante: la fusión directa entre grandes empresas tecnológicas y los aparatos del Estado.
Durante años, las compañías tecnológicas insistieron en que su misión era “conectar al mundo”. Hoy, ese discurso empieza a resquebrajarse. Los acuerdos con gobiernos —y especialmente con estructuras militares— muestran otra realidad: la IA no solo es una herramienta económica, también es estratégica.
Los trabajos recientes publicados sobre inteligencia artificial lo dejan claro: los nuevos contratos con el Pentágono y las disputas internas entre magnates han hecho saltar por los aires la narrativa idealista de la industria . Ya no se trata de mejorar la vida de las personas. Se trata de ganar ventaja en un escenario global cada vez más competitivo y tenso.
Para entenderlo mejor, piense el lector en esto: igual que en el siglo XX el petróleo era clave para la guerra y la geopolítica, hoy lo son los datos y los algoritmos. Quien controle esos recursos, tendrá una posición dominante no solo en la economía, sino también en el poder militar y político.
LA IA COMO FUERZA PRODUCTIVA: EL SALTO QUE LO CAMBIA TODO
En la historia del capitalismo, hay momentos en los que la tecnología da un salto que lo cambia todo: eso sucedió con la máquina de vapor, la electricidad, la producción en cadena… La inteligencia artificial está siendo ahora uno de esos momentos.
Pero hay un detalle clave que no se puede perder de vista: cada vez que las fuerzas productivas avanzan de forma tan rápida, generan tensiones con la forma en que está organizada la sociedad. Es decir, la tecnología abre posibilidades nuevas… pero el sistema intenta utilizarlas para intentar mantener su propio equilibrio de poder .
La IA podría servir para reducir la jornada laboral, mejorar la educación o facilitar el acceso a servicios básicos. Pero en la práctica, lo que estamos viendo es otra cosa: intensificación del trabajo para unos, expulsión del mercado laboral para otros y concentración de beneficios en unos pocos.
Es algo así como si una fábrica descubriera una máquina capaz de producir diez veces más… pero en lugar de repartir esa riqueza producto del trabajo de siglos del conjunto de la sociedad humana, se despidiera a la mayoría de los trabajadores y sus propietarios se quedaran con todos los beneficios.
EL NUEVO PROLETARIADO DIGITAL: TRABAJAR SIN SABERLO
Es justo aquí donde aparecen uno de los fenómenos más invisibles —y también más escandalosos— de esta nueva etapa. Millones de personas están trabajando para la inteligencia artificial… sin saberlo.
Cada vez que alguien escribe, sube una imagen, comenta en redes o interactúa con una plataforma, está generando datos que alimentan los modelos de IA. Es decir, está contribuyendo a entrenar sistemas que luego serán utilizados por grandes empresas. Y, además, lo hace gratis.
Esto encaja perfectamente con la idea de que el capitalismo tiende a apropiarse del trabajo humano de formas cada vez más sofisticadas . Ya no hace falta contratar directamente a alguien: basta con construir una plataforma donde millones de personas participen voluntariamente.
Un ejemplo sencillo: cuando una IA aprende a escribir textos, lo hace a partir de millones de textos escritos por personas reales. Pero esas personas no reciben nada a cambio. Es trabajo… sin salario.
![[Img #91501]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/1079_1154_ia-2c.jpg)
LA COMPETENCIA GLOBAL: ESTADOS, EMPRESAS Y BLOQUES DE PODER
La batalla por la IA no se limita a empresas individuales. También implica a Estados y bloques geopolíticos. Estados Unidos, China, la Unión Europea… todos compiten por desarrollar sus propias capacidades tecnológicas. Y esto introduce un elemento nuevo: la IA como arma en una guerra económica global.
Según los análisis sobre el desarrollo del sistema imperialista, las grandes potencias compiten constantemente por el control de mercados y recursos estratégicos . La IA es simplemente el nuevo terreno de esa competencia. Pero hay algo distinto esta vez: la velocidad.
Mientras que en otras épocas las transformaciones tardaban décadas, ahora ocurren en años… o incluso en meses. Esto genera una sensación de vértigo constante, como si el mundo estuviera cambiando demasiado rápido para poder entenderlo. Y en ese caos, los que ya tienen poder tienden a reforzarlo.
LA ILUSIÓN DEL PROGRESO: CUANDO EL DISCURSO NO CUADRA CON LA REALIDAD
Mientras todo esto sucede, el discurso oficial sigue insistiendo en que la IA traerá beneficios para todos. Pero la historia nos enseña que eso no ocurre automáticamente. El propio desarrollo del capitalismo global ha demostrado que el crecimiento económico no se traduce necesariamente en bienestar general. Al contrario: generalmente aumenta las desigualdades.
La IA podría ser una herramienta realmente liberadora… pero en las condiciones actuales, y bajo el sistema económico vigente en la mayor parte del planeta, funciona como un mecanismo de concentración de riqueza y poder.
HACIA DÓNDE VAMOS: ENTRE LA PROMESA Y EL CONFLICTO
La inteligencia artificial, sin que la mayoria lo perciba, está abriendo una nueva etapa histórica. No es exagerado decir que estamos ante un punto de inflexión. Como cuando apareció la industria moderna o cuando se expandió el capitalismo global.
La diferencia es que ahora el proceso es más rápido, más global y más profundo. Por un lado, hay un potencial enorme: automatización, eficiencia, avances científicos. Por otro, hay riesgos evidentes: control, desigualdad, pérdida de autonomía.
Y en el centro de todo, una pregunta inquietante: ¿Quién decide cómo se utiliza esta tecnología? Porque la IA no tiene voluntad propia. No es neutral. Es el resultado de decisiones humanas… tomadas en contextos muy concretos de poder y de interés.
DETRÁS DEL ALGORITMO, EL MISMO JUEGO DE SIEMPRE
Al final, lo que estamos viendo no es tan nuevo como parece. Cambia la tecnología, cambian las herramientas, cambian los discursos… pero la lógica de fondo se mantiene.
Acumulación, competencia, control. La inteligencia artificial no es una excepción. Es la continuación de ese proceso por otros medios. La gran diferencia es que ahora no solo está en juego la producción de bienes, sino la producción de ideas, de información y, en última instancia, de realidad. Y eso lo cambia todo.
FUENTES CONSULTADAS
- EL PAÍS, “Luchas de poder, avaricia, guerra y tecnofascismo: la IA se quita la careta”
- Diccionario Marxista, “Mercancía”
- Obras de Karl Marx, “La ideología alemana”
- Los conceptos elementales del materialismo histórico
- Capítulo “El capitalismo global en crisis”
- EL PAÍS, “Mark Zuckerberg cumple los 40…”
- EL PAÍS, “De la sobriedad a la exageración…”
- EL PAÍS, “Steve Jobs creía que no pasaría a la historia”
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Durante años se nos ha venido repitiendo la misma historia: la inteligencia artificial viene a salvar el mundo. A curar enfermedades, a facilitar la vida, a democratizar el conocimiento.
Pero basta con profundizar un poco, apartar la propaganda brillante y los discursos de Silicon Valley, lo que aparece es algo mucho más antiguo, mucho más reconocible: una lucha feroz por el poder, por el control de la herramienta y, sobre todo, por el dinero.
La inteligencia artificial no ha nacido en un vacío. Es hija directa de un sistema económico que lo convierte todo en mercancía: desde el trabajo humano hasta los datos personales. Y lo que estamos viendo hoy no es una revolución tecnológica inocente, sino una nueva fase de una batalla que lleva siglos desarrollándose: quién controla la producción, quién controla el conocimiento y quién se queda con los beneficios.
El capitalismo tiende a convertir todas las relaciones sociales en cosas intercambiables en el mercado. La IA es simplemente el último paso de ese proceso: ahora no solo se vende lo que haces, sino también lo que piensas, lo que escribes y lo que imaginas. Y ahí empieza la historia.
![[Img #91502]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/4531_7970_ia2b.jpg)
DE LOS PRIMEROS ORDENADORES A LA PROMESA DIGITAL
Para entender lo que hoy está ocurriendo, hay que retroceder. No mucho, pero sí lo suficiente. En los años 80 y 90, cuando internet empezaba a expandirse, se vendió como una herramienta de libertad. Una red abierta, descentralizada, casi utópica.
Las grandes empresas tecnológicas nacieron en ese contexto. Algunas de ellas, como Apple o Microsoft, crecieron bajo la promesa de acercar la tecnología a la gente. Incluso figuras como Steve Jobs dudaban de la trascendencia histórica de sus propios productos. Todo inducia a pensar que la tecnología era un medio, no un fin. Pero esa fase duró poco.
Con la expansión del capitalismo global, las grandes plataformas comenzaron a concentrar poder. Lo que al principio eran herramientas se transformaron en infraestructuras imprescindibles. Y quien controla la infraestructura, controla los resortes del juego.
LA ERA DE LAS PLATAFORMAS: EL NEGOCIO DE LOS DATOS
A partir de los años 2000, el modelo cambió radicalmente. Ya no se trataba solo de vender productos, sino de capturar datos. Redes sociales, buscadores, aplicaciones… todo empezó a diseñarse para recoger información.
Aquí aparece una clave fundamental: el usuario deja de ser cliente y pasa a ser materia prima.
El propio desarrollo del capitalismo moderno muestra cómo la acumulación se basa en la apropiación creciente de recursos y trabajo . En este caso, el recurso somos nosotros mismos: nuestras interacciones, nuestras emociones, nuestras decisiones.
Un ejemplo claro de lo que decimos: cada “like”, cada búsqueda, cada mensaje se convierte automaticamente en un dato que puede ser analizado, vendido y utilizado.
Las grandes tecnológicas —Meta, Google, Amazon— construyeron auténticos imperios sobre esta base. Y figuras como Zuckerberg, que empezaron como jóvenes programadores, acabaron gestionando fortunas gigantescas y redes globales . Pero esto solo era el principio.
![[Img #91500]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/669_757_ia2.jpg)
EL SALTO A LA IA: DE LOS DATOS AL CONTROL
La inteligencia artificial no ha surgido de la nada. Es el resultado de décadas de acumulación de datos y capacidad de cálculo. Cuando las empresas tecnológicas reunieron suficiente información sobre millones de personas, dieron el siguiente paso: automatizar el análisis y la producción de contenido.
A partir de aquí fue donde la cosa se empezó a poner seria. La IA no solo analiza el mundo: empieza a producirlo. Genera textos, imágenes, decisiones. Sustituye tareas humanas. Y, sobre todo, concentra aún más poder en quienes poseen la infraestructura.
Esto encaja perfectamente con una lógica ya conocida: el desarrollo de las fuerzas productivas choca con las relaciones existentes, generando tensiones profundas en la sociedad. La IA es una fuerza productiva gigantesca… pero está en manos de muy pocos. Y eso, naturalmente, eso tiene consecuencias inmensas.
LA GUERRA ENTRE GIGANTES: LO QUE REALMENTE SE JUEGA
Hoy, la inteligencia artificial está siendo el campo de batalla principal entre las grandes corporaciones. No es una metáfora. Es una guerra económica, política y tecnológica.
Por un lado, empresas como OpenAI, Google, Microsoft o Meta compiten por desarrollar los modelos más avanzados. Por otro, los gobiernos —especialmente el de Estados Unidos— ven en la IA una herramienta estratégica, incluso militar.
Hoy, al referirse a la IA, son muchos los estudiosos que ya hablan abiertamente de “luchas de poder, avaricia, guerra y tecnofascismo”. Es decir, se ha venido abajo el discurso de la IA como una herramienta neutral, apareciendo su verdadero rostro: un instrumento de dominación.
¿Por qué esta existiendo tanta tensión en relacion con el tema? Porque lo que está en juego no es solo el mercado de la tecnología. Es el control de sectores enteros como: la educación, la salud, la comunicación, la seguridad… incluso la cultura. Quien domine la IA,- dicen-, dominará el futuro.
CONCENTRACIÓN Y DESIGUALDAD: EL EFECTO REAL
Mientras se habla de progreso, la realidad muestra otra cara. El capitalismo global ya había generado desigualdades enormes antes de la IA . Pero la inteligencia artificial puede acelerar este proceso de forma brutal. ¿Por qué? Porque permite automatizar trabajos, reducir costes laborales y multipicar beneficios… sin redistribuir esa riqueza.
Es decir: más productividad, pero también más concentración. Un ejemplo sencillo: una empresa que antes necesitaba 100 trabajadores ahora puede funcionar con 20 y una IA. ¿Qué pasa con los otros 80? Ese es el tipo de pregunta que rara vez aparece en los discursos oficiales.
EL DISFRAZ: GENIOS, INNOVACIÓN Y ESPECTÁCULO
Mientras todo esto ocurre, las figuras al frente de estas empresas construyen una imagen pública cuidadosamente diseñada. El caso de Zuckerberg es revelador: de programador austero a figura mediática con una imagen más sofisticada y calculada . No es casual. Forma parte del espectáculo.
Se presenta la innovación como una aventura personal de genios brillantes. Pero detrás hay estructuras gigantescas de capital, inversión y poder. La historia se simplifica para ocultar lo esencial: esto no va de individuos, sino de sistemas.
LA IA NO ES EL FUTURO, ES EL PRESENTE DEL PODER
La inteligencia artificial no es una promesa lejana. Es una realidad que ya está reorganizando el mundo. Y lo está haciendo siguiendo una lógica muy clara: concentración de poder, control de recursos y expansión de la mercancía a todos los aspectos de la vida.
No es la primera vez que ocurre algo así. Cada gran salto tecnológico - recuerdese las revoluciones industriales de los siglos XVIII y XIX vinieron acompañadas de conflictos, desigualdades y luchas por el control. La diferencia ahora es la escala.
La IA no solo transforma lo que hacemos. Está empezando a transformar cómo pensamos, cómo decidimos y cómo nos relacionamos. Y eso la convierte en algo mucho más profundo —y peligroso— de lo que nos quieren hacer creer.
LA NUEVA FASE: MILITARIZACIÓN, ESTADO Y TECNOLOGÍA
Si el primer acto de esta historia fue la acumulación de datos, y el segundo la explosión de la inteligencia artificial, el tercero ya está en marcha… y es mucho más inquietante: la fusión directa entre grandes empresas tecnológicas y los aparatos del Estado.
Durante años, las compañías tecnológicas insistieron en que su misión era “conectar al mundo”. Hoy, ese discurso empieza a resquebrajarse. Los acuerdos con gobiernos —y especialmente con estructuras militares— muestran otra realidad: la IA no solo es una herramienta económica, también es estratégica.
Los trabajos recientes publicados sobre inteligencia artificial lo dejan claro: los nuevos contratos con el Pentágono y las disputas internas entre magnates han hecho saltar por los aires la narrativa idealista de la industria . Ya no se trata de mejorar la vida de las personas. Se trata de ganar ventaja en un escenario global cada vez más competitivo y tenso.
Para entenderlo mejor, piense el lector en esto: igual que en el siglo XX el petróleo era clave para la guerra y la geopolítica, hoy lo son los datos y los algoritmos. Quien controle esos recursos, tendrá una posición dominante no solo en la economía, sino también en el poder militar y político.
LA IA COMO FUERZA PRODUCTIVA: EL SALTO QUE LO CAMBIA TODO
En la historia del capitalismo, hay momentos en los que la tecnología da un salto que lo cambia todo: eso sucedió con la máquina de vapor, la electricidad, la producción en cadena… La inteligencia artificial está siendo ahora uno de esos momentos.
Pero hay un detalle clave que no se puede perder de vista: cada vez que las fuerzas productivas avanzan de forma tan rápida, generan tensiones con la forma en que está organizada la sociedad. Es decir, la tecnología abre posibilidades nuevas… pero el sistema intenta utilizarlas para intentar mantener su propio equilibrio de poder .
La IA podría servir para reducir la jornada laboral, mejorar la educación o facilitar el acceso a servicios básicos. Pero en la práctica, lo que estamos viendo es otra cosa: intensificación del trabajo para unos, expulsión del mercado laboral para otros y concentración de beneficios en unos pocos.
Es algo así como si una fábrica descubriera una máquina capaz de producir diez veces más… pero en lugar de repartir esa riqueza producto del trabajo de siglos del conjunto de la sociedad humana, se despidiera a la mayoría de los trabajadores y sus propietarios se quedaran con todos los beneficios.
EL NUEVO PROLETARIADO DIGITAL: TRABAJAR SIN SABERLO
Es justo aquí donde aparecen uno de los fenómenos más invisibles —y también más escandalosos— de esta nueva etapa. Millones de personas están trabajando para la inteligencia artificial… sin saberlo.
Cada vez que alguien escribe, sube una imagen, comenta en redes o interactúa con una plataforma, está generando datos que alimentan los modelos de IA. Es decir, está contribuyendo a entrenar sistemas que luego serán utilizados por grandes empresas. Y, además, lo hace gratis.
Esto encaja perfectamente con la idea de que el capitalismo tiende a apropiarse del trabajo humano de formas cada vez más sofisticadas . Ya no hace falta contratar directamente a alguien: basta con construir una plataforma donde millones de personas participen voluntariamente.
Un ejemplo sencillo: cuando una IA aprende a escribir textos, lo hace a partir de millones de textos escritos por personas reales. Pero esas personas no reciben nada a cambio. Es trabajo… sin salario.
![[Img #91501]](https://canarias-semanal.org/upload/images/05_2026/1079_1154_ia-2c.jpg)
LA COMPETENCIA GLOBAL: ESTADOS, EMPRESAS Y BLOQUES DE PODER
La batalla por la IA no se limita a empresas individuales. También implica a Estados y bloques geopolíticos. Estados Unidos, China, la Unión Europea… todos compiten por desarrollar sus propias capacidades tecnológicas. Y esto introduce un elemento nuevo: la IA como arma en una guerra económica global.
Según los análisis sobre el desarrollo del sistema imperialista, las grandes potencias compiten constantemente por el control de mercados y recursos estratégicos . La IA es simplemente el nuevo terreno de esa competencia. Pero hay algo distinto esta vez: la velocidad.
Mientras que en otras épocas las transformaciones tardaban décadas, ahora ocurren en años… o incluso en meses. Esto genera una sensación de vértigo constante, como si el mundo estuviera cambiando demasiado rápido para poder entenderlo. Y en ese caos, los que ya tienen poder tienden a reforzarlo.
LA ILUSIÓN DEL PROGRESO: CUANDO EL DISCURSO NO CUADRA CON LA REALIDAD
Mientras todo esto sucede, el discurso oficial sigue insistiendo en que la IA traerá beneficios para todos. Pero la historia nos enseña que eso no ocurre automáticamente. El propio desarrollo del capitalismo global ha demostrado que el crecimiento económico no se traduce necesariamente en bienestar general. Al contrario: generalmente aumenta las desigualdades.
La IA podría ser una herramienta realmente liberadora… pero en las condiciones actuales, y bajo el sistema económico vigente en la mayor parte del planeta, funciona como un mecanismo de concentración de riqueza y poder.
HACIA DÓNDE VAMOS: ENTRE LA PROMESA Y EL CONFLICTO
La inteligencia artificial, sin que la mayoria lo perciba, está abriendo una nueva etapa histórica. No es exagerado decir que estamos ante un punto de inflexión. Como cuando apareció la industria moderna o cuando se expandió el capitalismo global.
La diferencia es que ahora el proceso es más rápido, más global y más profundo. Por un lado, hay un potencial enorme: automatización, eficiencia, avances científicos. Por otro, hay riesgos evidentes: control, desigualdad, pérdida de autonomía.
Y en el centro de todo, una pregunta inquietante: ¿Quién decide cómo se utiliza esta tecnología? Porque la IA no tiene voluntad propia. No es neutral. Es el resultado de decisiones humanas… tomadas en contextos muy concretos de poder y de interés.
DETRÁS DEL ALGORITMO, EL MISMO JUEGO DE SIEMPRE
Al final, lo que estamos viendo no es tan nuevo como parece. Cambia la tecnología, cambian las herramientas, cambian los discursos… pero la lógica de fondo se mantiene.
Acumulación, competencia, control. La inteligencia artificial no es una excepción. Es la continuación de ese proceso por otros medios. La gran diferencia es que ahora no solo está en juego la producción de bienes, sino la producción de ideas, de información y, en última instancia, de realidad. Y eso lo cambia todo.
FUENTES CONSULTADAS
- EL PAÍS, “Luchas de poder, avaricia, guerra y tecnofascismo: la IA se quita la careta”
- Diccionario Marxista, “Mercancía”
- Obras de Karl Marx, “La ideología alemana”
- Los conceptos elementales del materialismo histórico
- Capítulo “El capitalismo global en crisis”
- EL PAÍS, “Mark Zuckerberg cumple los 40…”
- EL PAÍS, “De la sobriedad a la exageración…”
- EL PAÍS, “Steve Jobs creía que no pasaría a la historia”
































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