PILAR RAHOLA Y LA IDEOLOGÍA DEL GENOCIDIO
POR VÍCTOR LÓPEZ (*) / EL NACIONAL
Respuesta al artículo de Rahola publicado
en El Nacional por parte de un
militante del Movimiento Socialista
y procesado por arrojar pintura roja.
El otro día, el diario El Nacional publicó un artículo de Pilar Rahola en el que hablaba de la guerra que vivimos algunos militantes de la Organización Juvenil Socialista por nuestra posición respecto al genocidio en Gaza, sobre el cual recientemente la Fiscalía ha abierto diligencias. En ese texto, Rahola defendía un conjunto de ideas que considero necesario responder una por una, tanto por haberse presentado como víctima de una supuesta izquierda antisemita que la reprime. Con este artículo me gustaría responder a algunas de sus afirmaciones, explicando al mismo tiempo los motivos que nos han llevado a actuar así.
Según Rahola, vivimos en unos tiempos oscuros porque el pensamiento libre, que reclama una «defensa radical del individuo», ha muerto. Un individuo que, obviamente, no son las vidas de los palestinos asesinados, sino ella misma, dando a entender que eso es lo único que realmente le interesa. En su conocida diarrea pública narcisista que difunde cada día como protagonista en las redes sociales, Rahola afirma que el objetivo de la querella es «anular su espíritu crítico», pero la cuestión es que ese supuesto espíritu nos importa bien poco.
Rahola es una figura necesaria y central para justificar los intereses del lobby sionista en todo el mundo
Pilar Rahola es un personaje público patrocinado por Israel. No es su subjetividad inflada por miles de publicaciones en Twitter lo que importa, sino la vinculación que mantiene con ese Estado genocida, del que es conocida propagandista. La Unión Europea la incluyó en el listado de personas perseguidas por la denominada «Operación Escudo», dirigida por Rodrigoza y La Directa, entre otras. Nuestra supuesta víctima de persecución política resulta ser la principal beneficiaria de una trama catalana de propaganda israelí dotada con 32 millones de euros para figuras mediáticas.
El «Estado de Israel» se asegura así ampliar su relato y blanquear las atrocidades cometidas en Gaza y Cisjordania. En definitiva, Pilar Rahola es una pieza central de los intereses del imperialismo occidental, y ahí es donde se origina buena parte de su rabieta: en no aceptar el rechazo creciente de una opinión pública que ha seguido con estupor la evolución televisada de un genocidio.
El llamado «pensamiento libre» del que presume no es más que la indignación, la rabia y el masoquismo que le provoca comprobar que Palestina ha vencido al genocidio sobre el terreno y en el plano moral gracias a una enorme superioridad ética. Es por ello que esa supuesta «tiranía del pensamiento único» no es sino la expresión de la condena de los sionistas, como Rahola, que tropiezan con el más absoluto desprecio de la gente corriente. Acostumbrados a vivir en chalés, protegidos por el gran capital y los grandes medios, piensan que la clase trabajadora olvidará sus actos.
Para Rahola, defender el sionismo es libertad de pensamiento y mostrar su sadismo asesino es propaganda terrorista
Entonces patalean, braman y lloran... Han de invocar la memoria histórica en un intento desesperado de presentarse como víctimas; pero, por desgracia para Rahola, la historia no puede borrar la realidad de hoy. No es difícil desenmascarar a quienes instrumentalizan el pasado para justificar las atrocidades que están cometiendo en el presente. La política genocida en Gaza y el antisemitismo no tienen absolutamente nada que ver. Con este juego de manos, Rahola, siguiendo las estrategias discursivas del Estado de Israel, señala como antisemitas las posiciones que se oponen a la guerra y a las formas de difundir discursos de odio, apropiándose además del concepto de libertad. Pero las preguntas fundamentales son estas: ¿libertad para qué? ¿Libertad para quién?
¿Libertad para matar a un pueblo? ¿Libertad para instaurar un régimen de apartheid en tierras palestinas y pretender que nadie se solidarice con sus consecuencias? ¿Y eso es el otro lado del truco, lo que para Rahola significa pensamiento libre, mientras que mostrar su sadismo asesino constituye propaganda terrorista que, según afirma, «domina el relato público»?
La reivindicación de la libertad ha de ir acompañada del debate sobre el poder, especialmente cuando se pasa de las palabras a los hechos y al ejercicio del poder. Hay un juego de máscaras perverso en el que las víctimas se convierten en victimarios y en el que el supremacismo ideológico se disfraza de progreso. Un poder que, conviene recordarlo, no tiene nada que ver con una reparación histórica del antisemitismo, sino con el dominio imperialista en Oriente Próximo. La segregación y la limpieza étnica responden a una lógica muy sencilla: asegurar el poder colonial sobre la población autóctona.
Existe un hilo que une la causa palestina con el deterioro de las condiciones de vida de nuestra clase aquí, en Cataluña
Y aquí es donde reside el problema que tiene y seguirá teniendo Pilar Rahola con nosotros, porque, por mucho que se envuelva en la libertad de expresión, no caeremos en el señuelo de su fantasía semántica. Nosotros nos dedicamos a señalarla por lo que es: un agente de la ocupación, de la guerra y del genocidio cuyos intereses imperialistas también se defienden en nuestra tierra.
Es deber de la juventud trabajadora señalar a los responsables de la guerra que tenemos en casa. No podemos cederles ni un centímetro de terreno, porque nos va el futuro en ello. Somos conscientes de que existe un vínculo entre la guerra y el genocidio en Palestina y el empeoramiento de las condiciones de vida de nuestra clase aquí, en Cataluña. El saqueo colonial que se manifiesta cada día en la inflación de los productos básicos y en el aumento desproporcionado del precio de la vivienda, la descomposición de los servicios públicos, la guerra reaccionaria y el belicismo, la pérdida de derechos laborales... Todos estos fenómenos tienen una misma raíz: los planes que la oligarquía occidental necesita para asegurar su hegemonía frente a la crisis estructural del capitalismo.
Una salida que no sea reaccionaria solo será posible mediante la consolidación de una alternativa política revolucionaria, una alternativa en la que el único agente capaz de rescatar a la humanidad del atolladero civilizatorio en el que se encuentra —y del que el genocidio de Gaza constituye una de sus expresiones más crueles— sea la clase trabajadora organizada.
(*) Víctor López es militante de la Organización Juvenil Socialista, procesado por la acción contra Pilar Rahola
POR VÍCTOR LÓPEZ (*) / EL NACIONAL
Respuesta al artículo de Rahola publicado
en El Nacional por parte de un
militante del Movimiento Socialista
y procesado por arrojar pintura roja.
El otro día, el diario El Nacional publicó un artículo de Pilar Rahola en el que hablaba de la guerra que vivimos algunos militantes de la Organización Juvenil Socialista por nuestra posición respecto al genocidio en Gaza, sobre el cual recientemente la Fiscalía ha abierto diligencias. En ese texto, Rahola defendía un conjunto de ideas que considero necesario responder una por una, tanto por haberse presentado como víctima de una supuesta izquierda antisemita que la reprime. Con este artículo me gustaría responder a algunas de sus afirmaciones, explicando al mismo tiempo los motivos que nos han llevado a actuar así.
Según Rahola, vivimos en unos tiempos oscuros porque el pensamiento libre, que reclama una «defensa radical del individuo», ha muerto. Un individuo que, obviamente, no son las vidas de los palestinos asesinados, sino ella misma, dando a entender que eso es lo único que realmente le interesa. En su conocida diarrea pública narcisista que difunde cada día como protagonista en las redes sociales, Rahola afirma que el objetivo de la querella es «anular su espíritu crítico», pero la cuestión es que ese supuesto espíritu nos importa bien poco.
Rahola es una figura necesaria y central para justificar los intereses del lobby sionista en todo el mundo
Pilar Rahola es un personaje público patrocinado por Israel. No es su subjetividad inflada por miles de publicaciones en Twitter lo que importa, sino la vinculación que mantiene con ese Estado genocida, del que es conocida propagandista. La Unión Europea la incluyó en el listado de personas perseguidas por la denominada «Operación Escudo», dirigida por Rodrigoza y La Directa, entre otras. Nuestra supuesta víctima de persecución política resulta ser la principal beneficiaria de una trama catalana de propaganda israelí dotada con 32 millones de euros para figuras mediáticas.
El «Estado de Israel» se asegura así ampliar su relato y blanquear las atrocidades cometidas en Gaza y Cisjordania. En definitiva, Pilar Rahola es una pieza central de los intereses del imperialismo occidental, y ahí es donde se origina buena parte de su rabieta: en no aceptar el rechazo creciente de una opinión pública que ha seguido con estupor la evolución televisada de un genocidio.
El llamado «pensamiento libre» del que presume no es más que la indignación, la rabia y el masoquismo que le provoca comprobar que Palestina ha vencido al genocidio sobre el terreno y en el plano moral gracias a una enorme superioridad ética. Es por ello que esa supuesta «tiranía del pensamiento único» no es sino la expresión de la condena de los sionistas, como Rahola, que tropiezan con el más absoluto desprecio de la gente corriente. Acostumbrados a vivir en chalés, protegidos por el gran capital y los grandes medios, piensan que la clase trabajadora olvidará sus actos.
Para Rahola, defender el sionismo es libertad de pensamiento y mostrar su sadismo asesino es propaganda terrorista
Entonces patalean, braman y lloran... Han de invocar la memoria histórica en un intento desesperado de presentarse como víctimas; pero, por desgracia para Rahola, la historia no puede borrar la realidad de hoy. No es difícil desenmascarar a quienes instrumentalizan el pasado para justificar las atrocidades que están cometiendo en el presente. La política genocida en Gaza y el antisemitismo no tienen absolutamente nada que ver. Con este juego de manos, Rahola, siguiendo las estrategias discursivas del Estado de Israel, señala como antisemitas las posiciones que se oponen a la guerra y a las formas de difundir discursos de odio, apropiándose además del concepto de libertad. Pero las preguntas fundamentales son estas: ¿libertad para qué? ¿Libertad para quién?
¿Libertad para matar a un pueblo? ¿Libertad para instaurar un régimen de apartheid en tierras palestinas y pretender que nadie se solidarice con sus consecuencias? ¿Y eso es el otro lado del truco, lo que para Rahola significa pensamiento libre, mientras que mostrar su sadismo asesino constituye propaganda terrorista que, según afirma, «domina el relato público»?
La reivindicación de la libertad ha de ir acompañada del debate sobre el poder, especialmente cuando se pasa de las palabras a los hechos y al ejercicio del poder. Hay un juego de máscaras perverso en el que las víctimas se convierten en victimarios y en el que el supremacismo ideológico se disfraza de progreso. Un poder que, conviene recordarlo, no tiene nada que ver con una reparación histórica del antisemitismo, sino con el dominio imperialista en Oriente Próximo. La segregación y la limpieza étnica responden a una lógica muy sencilla: asegurar el poder colonial sobre la población autóctona.
Existe un hilo que une la causa palestina con el deterioro de las condiciones de vida de nuestra clase aquí, en Cataluña
Y aquí es donde reside el problema que tiene y seguirá teniendo Pilar Rahola con nosotros, porque, por mucho que se envuelva en la libertad de expresión, no caeremos en el señuelo de su fantasía semántica. Nosotros nos dedicamos a señalarla por lo que es: un agente de la ocupación, de la guerra y del genocidio cuyos intereses imperialistas también se defienden en nuestra tierra.
Es deber de la juventud trabajadora señalar a los responsables de la guerra que tenemos en casa. No podemos cederles ni un centímetro de terreno, porque nos va el futuro en ello. Somos conscientes de que existe un vínculo entre la guerra y el genocidio en Palestina y el empeoramiento de las condiciones de vida de nuestra clase aquí, en Cataluña. El saqueo colonial que se manifiesta cada día en la inflación de los productos básicos y en el aumento desproporcionado del precio de la vivienda, la descomposición de los servicios públicos, la guerra reaccionaria y el belicismo, la pérdida de derechos laborales... Todos estos fenómenos tienen una misma raíz: los planes que la oligarquía occidental necesita para asegurar su hegemonía frente a la crisis estructural del capitalismo.
Una salida que no sea reaccionaria solo será posible mediante la consolidación de una alternativa política revolucionaria, una alternativa en la que el único agente capaz de rescatar a la humanidad del atolladero civilizatorio en el que se encuentra —y del que el genocidio de Gaza constituye una de sus expresiones más crueles— sea la clase trabajadora organizada.
(*) Víctor López es militante de la Organización Juvenil Socialista, procesado por la acción contra Pilar Rahola




























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