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Jueves, 07 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

"PSICOLOGÍA DEL HOMBRE CANARIO": EL LIBRO QUE EXPLICÓ LA TRISTEZA HISTÓRICA DE LOS ISLEÑOS… AUNQUE NO SUS CAUSAS PROFUNDAS

Entre la melancolía atlántica y la precariedad: releer en el siglo XXI a Manuel Alemán, después del turismo masivo

Mucho antes de que se produjera la avalancha del turismo masivo en el Archipiélago, Manuel Alemán, autor del libro "Psicología del hombre canario", trató de explicar cómo siglos de dependencia, emigración y subordinación histórica habían moldeado también la conciencia colectiva canaria. Cuatro décadas después, el libro de su autoría sigue conservando una molesta actualidad en una Canarias marcada por la precariedad y la dependencia exterior. Pero allí donde el autor quiso explicar psicológicamente la fragilidad histórica de las Islas y de sus hombres y mujeres, aparecen también los límites de una obra que apenas llegó a analizar las estructuras económicas que la provocaban.

POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-

 

   Hay libros que envejecen rápidamente porque fueron escritos para intervenir en una discusión concreta y desaparecen junto con ella. Otros, en cambio, sobreviven no tanto porque hayan acertado plenamente en sus conclusiones, sino porque lograron detectar una tensión histórica profunda que continúa actuando décadas después.

 

    "Psicología del hombre canario", de Manuel Alemán, pertenece claramente a esta segunda categoría. Leído hoy, más de cuarenta años después de su publicación, el libro produce una impresión ambigua y extraordinariamente fértil al mismo tiempo: por momentos parece excesivo, discutible incluso en algunos de sus presupuestos teóricos; en otros momentos, sin embargo, posee una capacidad casi profética para describir ciertas contradicciones fundamentales de la sociedad canaria contemporánea.

 

    Alemán escribió su obra en una época decisiva. La dictadura franquista había terminado hacía poco, la autonomía canaria comenzaba a consolidarse y el turismo aceleraba ya una transformación económica profunda que terminaría reorganizando completamente el Archipiélago. Canarias dejaba atrás lentamente una sociedad todavía marcada por la emigración masiva, la pobreza rural y la dependencia comercial tradicional, para entrar en otra fase histórica definida por el capitalismo turístico internacional. Ese tránsito resulta importante porque el libro nació exactamente en medio de esa mutación. No es un texto escrito desde la estabilidad, sino desde la sensación de que una sociedad entera está cambiando de piel.

 

   Tal vez por eso Alemán no quiso limitarse a hacer sociología, ni economía, ni historia cultural en sentido estricto. Su ambición parecía ser mucho mayor. Intentó construir una interpretación total de Canarias. Quiso explicar cómo la geografía, la emigración, la insularidad, el paisaje, la dependencia económica y la memoria histórica podían terminar sedimentándose en la vida emocional colectiva hasta producir algo parecido a una psicología social específica. En otras palabras: no se preguntaba únicamente cómo vivían los canarios, sino también cómo su historia había terminado modelando una determinada manera de sentir el mundo.

 

      Vista desde desde la perspectiva de hoy, la hipótesis tiene algo profundamente atractivo y algo profundamente problemático al mismo tiempo. Lo atractivo reside en su capacidad para percibir que las sociedades no son solamente estructuras económicas o instituciones políticas. También son experiencias emocionales acumuladas durante generaciones. La dependencia histórica no deja únicamente estadísticas de pobreza o subdesarrollo; deja además inseguridad, fragilidad, sensación de distancia respecto al poder y formas concretas de imaginar el futuro. En eso, Alemán entendió algo importante antes que muchos otros: la historia penetra en la subjetividad.

 

    Pero precisamente ahí aparece también el principal límite del libro. Porque con frecuencia esa dimensión emocional termina ocupando el centro explicativo del análisis. Allí donde sería necesario estudiar las relaciones de producción, las estructuras de propiedad, la subordinación económica o el funcionamiento del capitalismo periférico, el ensayo desplaza la atención hacia categorías psicológicas relativamente abstractas: melancolía, introversión, resignación, sentimentalidad contenida. El riesgo de este movimiento es evidente. La historia comienza entonces a convertirse en carácter. Y lo que en realidad son consecuencias históricas de determinadas condiciones materiales aparece descrito como si formara parte de una personalidad colectiva relativamente estable.

 

   Sin embargo, sería demasiado fácil descartar el libro únicamente por esa insuficiencia teórica. Hacerlo impediría comprender lo verdaderamente interesante de la obra: su intento de pensar Canarias no como simple territorio turístico, sino como experiencia histórica de periferia.

 

 

LA HISTORIA CONVERTIDA EN CARÁCTER

   Esa palabra —periferia— resulta esencial para releer hoy a Manuel Alemán. Porque buena parte de las intuiciones más poderosas del libro nacen precisamente de ahí. Canarias aparece constantemente descrita como una sociedad obligada a vivir pendiente del exterior. El mar, en esta interpretación, no funciona solo como paisaje, sino como estructura histórica. Es apertura y dependencia al mismo tiempo. Conecta el Archipiélago con el mundo, pero también le recuerda permanentemente su vulnerabilidad. Todo llega desde fuera y casi todo depende de fuera: los mercados, las inversiones, los alimentos, los visitantes, las decisiones económicas fundamentales.

 

    En este punto, la lectura contemporánea del libro adquiere una fuerza inesperada. Basta observar hoy cualquier aeropuerto canario para comprender hasta qué punto la vida económica del archipiélago gira alrededor de flujos exteriores permanentes. Canarias es una sociedad atravesada por movimientos constantes: turistas que llegan, trabajadores temporales que encadenan contratos precarios, jóvenes que emigran buscando oportunidades, mercancías que aterrizan diariamente para abastecer el consumo local. El paisaje humano del archipiélago está organizado alrededor de esa circulación ininterrumpida.

 

    Alemán percibió muy pronto que esa dependencia exterior no era solo económica. Era también psicológica. Una sociedad acostumbrada históricamente a depender de decisiones tomadas lejos de ella termina desarrollando inevitablemente una conciencia de fragilidad. El futuro nunca parece completamente propio. Siempre depende de algo exterior: el precio internacional de un producto agrícola, la llegada de turistas europeos, las conexiones marítimas, los vuelos, las inversiones extranjeras. En ese sentido, el libro sigue conservando una enorme potencia interpretativa.

 

   Pero la pregunta verdaderamente importante comienza justamente ahí: ¿cómo explicar esa dependencia? ¿Desde la psicología colectiva o desde la economía política?

 

   La respuesta marxista a la interrogante resulta aquí fundamental. Porque el problema histórico de Canarias nunca ha sido simplemente cultural o emocional. Ha sido estructuralmente económico. Desde la conquista castellana, el Archipiélago fue integrado en circuitos de acumulación orientados hacia el exterior. Azúcar, vino, cochinilla, plátano, tomate y turismo forman parte de una misma lógica histórica: producir para mercados externos bajo relaciones de subordinación económica. La dependencia no constituye un estado de ánimo. Constituye una forma concreta de inserción dentro del capitalismo internacional.

 

    Y sin embargo, el gran interés de Manuel Alemán consiste precisamente en haber comprendido que esas estructuras económicas terminan penetrando profundamente en la vida cotidiana y en la imaginación social. La precariedad no produce únicamente pobreza material. Produce también ansiedad, prudencia, inseguridad y dificultad para imaginar proyectos colectivos duraderos. La emigración no deja solamente estadísticas demográficas. Deja nostalgia, sensación de provisionalidad y vínculos emocionales fragmentados.

 

   Probablemente ninguna experiencia resume mejor esta dimensión histórica que la emigración. Durante generaciones enteras, miles de canarios abandonaron las islas rumbo a Cuba, Venezuela o distintos países latinoamericanos. La emigración no fue un episodio marginal. Fue una estructura profunda de la experiencia social canaria. Y el libro que comentamos acierta plenamente cuando interpreta esa realidad no solo como fenómeno económico, sino también como una experiencia emocional colectiva.

 

    La despedida constante termina organizando la memoria de una sociedad. Las familias separadas, la espera, la incertidumbre y la sensación de que el futuro siempre se encuentra en otra parte atraviesan silenciosamente la cultura popular canaria durante décadas. En este aspecto, Alemán alcanza algunos de sus momentos más lúcidos. Comprende que las sociedades recuerdan también mediante emociones heredadas.

 

    Pero incluso aquí reaparece el problema central del libro. Porque la emigración termina presentada muchas veces como consecuencia de una especie de destino histórico insular, cuando en realidad responde a condiciones materiales muy concretas: pobreza, desigualdad y falta de oportunidades económicas para amplios sectores sociales. No emigraban “los canarios” en abstracto. Emigraban sobre todo los trabajadores y campesinos empobrecidos. La emigración tenía clase social. Y esa dimensión aparece relativamente diluida en la obra de Manuel Aleman.

 

TURISMO Y SUBORDINACIÓN

    Este desplazamiento desde la economía hacia la psicología se vuelve todavía más evidente cuando el libro intenta explicar determinados comportamientos colectivos asociados a la resignación, la introversión o la melancolía histórica. Son probablemente las páginas más conocidas y también las más polémicas del ensayo. Alemán describe una sociedad marcada por el silencio emocional, por cierta tendencia al repliegue interior y por una sentimentalidad contenida asociada a la insularidad y a la dependencia histórica.

 

   Muchas de estas observaciones poseen una evidente fuerza literaria. La idea de una melancolía atlántica vinculada a la distancia, a la emigración y a la fragilidad económica resulta enormemente sugestiva. El problema aparece cuando esas conductas comienzan a presentarse como rasgos culturales relativamente permanentes. Porque entonces la historia corre el riesgo de naturalizarse.

 

   Desde una perspectiva marxista, ninguna subjetividad colectiva puede separarse de las condiciones materiales que la producen. Las sociedades no poseen caracteres eternos. Cambian históricamente porque cambian sus relaciones económicas, sus estructuras de poder y sus formas de vida. La resignación no brota espontáneamente del paisaje. También puede ser resultado de relaciones laborales precarias, de dependencia económica estructural o de largas experiencias históricas de subordinación.

 

    En realidad, quizá el aspecto más discutible del libro sea precisamente su tendencia a convertir determinadas consecuencias sociales en rasgos psicológicos permanentes. Allí donde sería necesario hablar de explotación, desigualdad o precariedad, aparece con frecuencia un vocabulario existencial y cultural. Y sin embargo, incluso esa insuficiencia resulta reveladora. Porque expresa una dificultad intelectual muy característica de muchas sociedades periféricas: la dificultad para interpretar sus problemas llegando a la raíz de los mismos.

 

   Alemán escribía en un momento en que buena parte del pensamiento crítico latinoamericano y europeo intentaba combinar marxismo, psicoanálisis, antropología cultural y reflexión existencial. Su obra pertenece claramente a ese clima intelectual. El problema es que esa mezcla termina desplazando parcialmente el conflicto material hacia la psicología colectiva.

 

   Aun así, el libro conserva una intuición extraordinariamente actual: debajo de la imagen turística de Canarias existe una experiencia social mucho más contradictoria.

 

   Hoy esa contradicción resulta incluso más visible que en los años ochenta. Canarias  ha terminado convirtiéndose  en una de las grandes periferias turísticas de Europa. Millones de visitantes consumen cada año la imagen de un paraíso atlántico asociado al descanso, al ocio y a la felicidad climática. Pero al mismo tiempo, buena parte de la población vive bajo condiciones de precariedad, salarios bajos, dificultades de acceso a la vivienda y enorme dependencia económica del exterior.

 

  La postal y la realidad social avanzan en direcciones opuestas. Y ahí es donde la lectura de Manuel Alemán vuelve a adquirir fuerza. Porque comprendió antes que muchos otros que la dependencia económica termina organizando también la subjetividad colectiva. Lo que quizá no llegó a analizar con suficiente profundidad fue el mecanismo económico concreto que producía esa dependencia.

 

  El turismo no es simplemente una actividad cultural o una forma de relación con el exterior. Es un modelo de acumulación capitalista basado en la mercantilización intensiva del territorio, la subordinación al mercado internacional y la explotación de trabajo relativamente barato. El paisaje se convierte en mercancía. La cultura se convierte en espectáculo. La ciudad se reorganiza alrededor del visitante. La vivienda deja de funcionar prioritariamente como derecho social y pasa a integrarse en circuitos de rentabilidad turística.

 

   Todo eso transforma profundamente no solo la economía, sino también la experiencia cotidiana de vivir en Canarias. Y precisamente ahí la reflexión marxista resulta hoy indispensable para completar las intuiciones de Alemán. El problema central del archipiélago no puede formularse únicamente en términos identitarios o psicológicos. Debe formularse también en términos de propiedad, acumulación y dependencia.

 

   ¿Quién posee el suelo? ¿Quién obtiene los beneficios principales del turismo? ¿Quién soporta el coste social y ecológico del modelo económico? ¿Puede existir verdadera autonomía política y cultural bajo condiciones permanentes de subordinación turística?

 

   Estas interrogantes apenas aparecían desarrolladas sistemáticamente en Psicología del hombre canario, pero constituyen hoy el núcleo de cualquier análisis materialista serio sobre Canarias.

 

LA PERIFERIA COMO EXPERIENCIA HISTÓRICA

    Y sin embargo, pese a todas sus insuficiencias, el libro sigue teniendo la capacidad de incordiar. Tal vez porque obliga a mirar allí donde la retórica oficial del paraíso turístico intenta no mirar nunca. Debajo de las playas, de los hoteles y de la publicidad internacional sigue existiendo una sociedad atravesada por viejas tensiones históricas: dependencia, fragilidad económica, dificultad para construir proyectos colectivos estables y sensación persistente de periferia.

 

   Por eso releer hoy a Manuel Alemán exige una operación crítica compleja. Ni aceptación acrítica ni desprecio simplista. El libro debe ser leído como una obra culturalmente poderosa y teóricamente insuficiente; una obra que detectó síntomas reales de la experiencia periférica canaria, pero que muchas veces interpretó esos síntomas desde categorías psicológicas allí donde era necesario analizar relaciones históricas y económicas concretas.

 

   Quizá, después de todo, el mayor mérito de Psicología del hombre canario consista precisamente en haber comprendido algo que todavía sigue siendo profundamente actual: que ninguna estructura de dependencia económica permanece únicamente en el terreno de la economía. Las sociedades terminan interiorizando históricamente sus propias condiciones materiales de existencia. La precariedad modifica la manera de imaginar el futuro. La subordinación económica altera la percepción colectiva de las posibilidades históricas. La emigración transforma la memoria emocional de generaciones enteras.

 

   Pero precisamente por eso la crítica marxista resulta necesaria. Porque obliga a devolver todas esas experiencias subjetivas a sus condiciones materiales concretas. No existe una psicología eterna de los pueblos. Existen historias sociales determinadas. Existen relaciones sociales de producción. Existen formas específicas de inserción en el capitalismo global. Y existen también mecanismos ideológicos capaces de convertir consecuencias históricas en aparentes rasgos naturales.

 

  Más de cuarenta años después, Canarias sigue viviendo muchas de las tensiones que Manuel Alemán intentó describir. La dependencia exterior continúa estructurando buena parte de la economía. La precariedad laboral sigue siendo masiva. El turismo domina el horizonte productivo. La vivienda se convierte progresivamente en un privilegio inaccesible para amplios sectores de la población. Y la imagen internacional del Archipiélago sigue construyéndose alrededor de la falsa  idea de un paraíso.

 

    Tal vez por eso el libro no termina de desaparecer. Porque sigue formulando, aunque desde nuestro punto de vista lo haga de manera imperfecta, una pregunta decisiva: qué le ocurre a una sociedad cuando vive demasiado tiempo en la periferia y la dependencia. 

 

   Y esa pregunta, hoy, continúa estando completamente abierta.

 

(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa materia y coautor del libro "El Gran Reajuste. China, la arrolladora irrupción de la extrema derecha y la drástica reconfiguración del sistema capitalista".

 

 

 
 
 
 
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  • M.B.

    M.B. | Martes, 12 de Mayo de 2026 a las 01:52:00 horas

    Ah, don Pedro, no le gusta que le desnuden, lo comprendo, pero ha quedado Usted con todas las vergüenzas al aire. Repasemos: mala leche, prepotencia, planteamiento "religioso" (sic!), anciano cascarrabias (una verdadera audacia, don Pedro, puede usted edificar una Iglesia sobre ella), acidez de estómago, "neokantiano" (un invento suyo, que realmente no viene al caso, yo sólo hablé de don Renato insinuando su duda metódica), dogmático, refunfuñador, torturador moderno de Giordano Bruno, el pobre, "algo de policía del pensamiento" (menos mal que era sólo algo, me salvó Usted de la hoguera), Gran Inquisidor, estas son las lindezas que me ha dedicado en este intercambio de pareceres (para adaptar la expresión a su madurez contrastada), lo que deja a Su Excelencia con las carnes abiertas en canal. Porque sustituye Usted el argumento por el insulto con demasiada frecuencia, sin que tenga carga irónica alguna, ni sarcástica reseñable. Es la impotencia del Ser. Finalmente, para que por fin comprenda, respecto a lo que Usted entiende crítica al Sr. Medina, mire más abajito, tras el bueno de Cubañol, en los predios de Juan, no el Bautista, donde se perora a modo sobre al "materialismo dialéctico", "materialismo histórico", y otros conceptos fundados en el esquematismo modo politzer y, en el fondo, extraídos de Fundamentos del leninismo, de Iossif Vissarionovich. Ese esquematismo grosero, del que Lenin sin duda diría que es "racionalismo, no marxismo" es el fracaso del siglo XX, la refutación práctica de las llamadas vanguardias revolucionarias que, demasiado a menudo, llevaron sus pueblos al matadero, en virtud de una ideología "científica". Mire Usted el resultado de todo ello, Pol Pot y su Kampuchea "democrática". Frente a eso, lo que dice Medina es sólo un matiz, ni siquiera una corrección al viejo Maestro. Aplíquese, don Pedro, abandone el insulto como base de la polémica, le llevará a algo todavía más grave que la acidez de estómago, estudie algo más al Maestro Alemán, y deléitenos en futuro cierto con la profundidad de su pensamiento.

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  • Pedro

    Pedro | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 23:56:55 horas

    Señor M.B., sinceramente creo que usted no deja de "proyectar". Crea hombres de paja y luego acusa a otro de hacerlo con usted, se muestra prepotente y pretensioso, y luego señala a otro por usar una palabra como "falencia", al mismo tiempo que no puede dejar de demostrar cuántos conocimientos tiene en cada comentario, aunque sea citando autores y obras que no vienen al caso. Así, en general, me atrevería a decir que lo suyo es un caso de "mala leche" no tratada a tiempo, que parece haber devenido en carácter agriado de forma permanente. Aunque pretenda negarlo ahora, lo escrito, escrito queda, y usted se quejaba porque, en su opinión, a Manuel Alemán "no se le corrige, ni cuestiona". Y, o todos nos hemos vuelto locos, o eso se lo tenía que decir usted al autor del artículo que de alguna manera criticaba sus supuestas "falencias" (le vuelvo a regalar la palabreja, si tanto le motiva). Todo para acabar diciendo que su crítica no era a Medina. Creo que precisamente su prepotencia, su incapacidad para reconocer, con un poco de cintura, que quizá su planteamiento inicial sí tenía algo de religioso, le ha jugado una mala pasada. Critique usted lo que le venga en gana, caballero, pero no se ponga en plan anciano cascarrabias porque otros ejerzan también la crítica. Bájele un poco, que lo contrario puede acabar provocándole acidez de estómago.

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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 23:05:31 horas

    Que Usted entienda que el autor de este post, Sr. Medina, puede ser encerrado en el concepto "esquematismo pseudorrevolucionario modo politzer" lo define a Usted. No hay nada en mi texto que siquiera lo insinúe. del mismo modo que me trae al maltraer aquello que "esas acusaciones de neokantismo que se saca de la manga en base a su propia imaginación". He repasado mi texto, y no he encontrado tales. A no ser que entienda Usted que el pobre don Renato, racional y dubitativo donde los haya, era "neokantiano". Avant la lettre, claro. Dios nos libre. Así que ¿era eso? ¿no le gusta que se critique al Sr. Medina, o le pasa en general con los autores de artículos? ¿No estará tratando al Sr. Medina como dice que yo trato al Sr. Alemán, como objeto sustraído a la crítica? Empiezo a sospechar que necesita Usted crear un espantajo para atizarle, modo de polemizar que no quiero definir ahora. Vaya al fondo, según se entra. Sí, dejarlo está bien, espero que haya disfrutado Usted. Que tenga Salud y República, Excelencia.

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  • Pedro

    Pedro | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 19:20:22 horas

    De verdad que me confunde usted, estimado M.B. Si su crítica resulta ahora que "no iba dirigida a Medina", porque "aprecia mucho su aportación", etc... ¿A quién demonios iba dirigida si es el autor del artículo? ¿Era una crítica dirigida a "la nada"? No le encuentro el sentido, la verdad. Seguramente será porque no entiendo el pensamiento dialéctico. Mejor dejarlo ahí, si a usted le parece.

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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 18:24:13 horas

    Querido Pedro, no se da cuenta Usted de que empieza a proferir argumentos ad hominem con rabia cada vez más indisimulada, y eso termina descalificándolo a Usted. Con el argumento ad hominem no hace más que autoextenderse un certificado de indigencia intelectual que, estoy seguro, no merece en absoluto. Recapacíte, hombre, y vuelva a los parámetros de la lógica, al menos de la lógica formal, ya que la dialéctica no parece ser su fuerte. Mire, que mis argumentos no iban dirigidos al Sr. Medina es algo evidente para casi todo el mundo. Aprecio mucho su aportación, y hasta disfruto de sus artículos. En lo tocante a Alemán, ha sido sensible y preciso. Yo le quise dar una pista señalándole "abajito", pero parece claro que, cuando uno lleva anteojeras, dimite del mundo. Mire abajito, y convénzase de una vez. Respecto a sus historias con el plusvalor, es del todo punto evidente que sólo quería mostrarle que sí existen cosas, conceptos, absolutos, al menos mientras dura el objeto que definen, como el plusvalor al capitalismo, o la relatividad general al modo de producirse el Universo. Ya sabe, la malla del espacio tiempo y el movimiento de las masas planetarias, cuásares enanas rojas, blancas, supernovas y Betelgeuse, que es mi favorita.
    Sin esa flexibilidad, que permite ver lo que hay tras las antojeras, pudiera Usted parecer (Dios no lo quiera) aquél que sigue un camino, sigue un camino, sigue un camino, y cuando el camino se acaba, ¡sigue el camino!
    Respecto a que si Alemán es tocable o intocable, voy a cortar y pegar, porque Usted no quiere entender: "Por otro lado, en las dos aportaciones abajito (mire más abajito, todavía más, para que vea claro el esquematismo modo politzer) dejo claro que no se trata de la crítica a posibles "falencias" (¡qué finura!) del pensamiento de Alemán. Se trata, y claramente expresado quedó, de que, en nuestro mundo de las ideas "cuando se dice que un autor grande en nuestra cultura, no se le discute, se sienta que su legado o su talento son tan evidentes (...) que no hay lugar para el debate sobre su importancia o el carácter fundamental de su aportación". Capisci?
    La verdad, su tono profesoral en lo tocante a la explicación del plusvalor (prefiero a David Harvey, si necesitara profesor), y en lo que respecta a la ilustración, sólo para convertirme en una especie de Gran Inquisidor, me resultan pelín estomagantes. No es necesario que parezca el más listo de la clase, no es necesario que me convierta en el incendiario moderno de Giordano Bruno, héroe involuntario del Campo de las Flores. Ad hominem. Esa linealidad del pensamiento, que se empeña en una verdad rígida sólo la he visto, alarmado, en la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Laguna, ciudad fría y neblinosa, ¿no habrá Usted estudiado allí, con la helada del Teide nevado bajando impertérrita por la Esperanza, metiéndose atrevida en el alma refugiada en aquel pisito rebosante de hongos en la pared para condena de los pulmones más aplicados? Si ello fuera cierto, lo explicaría todo. Todo.

    Accede para responder

  • Pedro

    Pedro | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 16:46:51 horas

    Estimado M.B.:
    Presupone usted demasiadas cosas sin fundamento y por eso yerra frecuentemente.
    En primer lugar, sobra dedicar tanto esfuerzo a defender la teoría del plusvalor de Marx, tanto como esas acusaciones de neokantismo que se saca de la manga en base a su propia imaginación. Un comentarista inteligente como usted debería haber captado que yo no estaba cuestionando esa tesis central de Marx, sino poniendo en evidencia la diferencia entre un pensamiento crítico, y que trata de llevar a la práctica cotidiana lo esencial del método científico, aunque no seamos científicos sociales, y el pensamiento religioso que usted está defendiendo, sea consciente de ello o no.
    Es decir, que si la teoría del plusvalor es verdadera, no es porque la formulara Marx y Marx sea “un clásico tan grande que no se le discute”, como usted sostiene religiosamente en relación a Manuel Alemán. Es una teoría verdadera porque explica mejor que ninguna otra la esencia de la explotación capitalista, pero si cualquier otro autor pudiera demostrar que tiene “fallos” (si lo prefiere a “falencias”), pues habría que corregirla, sin más. Así funciona la ciencia, estimado M.B.
    En el caso concreto que nos atañe, yo reconozco que no sé si la crítica de Medina a Manuel Alemán es justa o injusta, más o menos acertada. El libro de Alemán lo leí hace más de 20 años y, como ya le indiqué en un comentario anterior, este artículo a me ha motivado a leerlo otra vez con nuevos ojos para poder opinar con criterio.
    Entiendo también que si Medina critica el libro de Alemán debe estar abierto, a su vez, a que lo critiquen a él. Esto me parece de lo más sano. Así progresa el conocimiento.
    Lo único que no me parece de recibo, y por eso me he atrevido a contestarle a usted, es su pretensión de que hay autores intocables a los que no se debería “discutir” o bien que pretenda usted dictaminar, no sé sabe desde que atalaya moral o intelectual, quién tiene derecho a hacerlo y cómo y quién no es más que un “hermeneuta de salón”.
    Un avance esencial que tenemos al menos desde la Ilustración es, justamente, el del rechazo de la “autoridad” como supuesto criterio de verdad y usted, más que policía del pensamiento, parece un auténtico censor inquisitorial. Menos mal que no tiene poder para imponer políticas culturales, porque si no el final de Giordano Bruno igual sería poca cosa, comparado con sus métodos para imponer el respeto a esa “autoridad”.
    Resulta paradójico, o quizá no tanto, que al mismo tiempo que acusa de “dogmatismo” a un crítico no se pueda apercibir de lo dogmática que es su propia pretensión.
    Si usted tiene argumentos que puede fundar en la propia obra de Alemán para rebatir lo que dice Medina, o al menos para cuestionarlo racionalmente, eso sería una interesante aportación.
    Si lo único que puede hacer es refunfuñar porque hay quienes, en pleno siglo XXI, no quieren aceptar su criterio de “autoridad”, siga usted refunfuñando. Afortunadamente aún no le han nombrado Santo Inquisidor.

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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 16:10:23 horas

    “Amo la duda, porque la duda conduce a la verdad". O “La duda es el principio de la sabiduría.”

    Pico della Mirandola (1463-1494).

    Todo un Marx renacentista, Pico defendía la duda como motor del conocimiento, una idea muy avanzada para su época. En su obra y en testimonios de contemporáneos aparece la frase atribuida.

    Ya ve, Excelencia, la duda es más antigua que Marx

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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 13:51:45 horas

    «Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados»
    —Alejo Carpentier, Los pasos perdidos

    Aplíquese, nunca es tarde

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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 13:45:17 horas

    No juegue Usted al escondite, don Pedro, la teoría del plusvalor de Marx es absoluta mientras exista el capitalismo. Someterla a "crítica" es como criticar al oxígeno. Por que deviene el fundamento objetivo, real, de las sociedades capitalistas. Por tanto, es indiscutible que su existencia determina a esta concreta formación social, excepto para las corrientes irracionales (con el "irracionalismo" no me atrevo, eso es otra cosa) o las creencias, con las que parece Usted alinearse al no distinguir el noumeno del fenoumeno. "Hay que dudar de todo" no es exactamente una aportación de Marx, dijera esa frase o no lo es de un tal René Descartes, que dudaba para existir: Cogito ergo sum. Por las limitaciones evidentes del aserto, un tal V.I. Lenin espetaba frecuentemente (creo que en Materialismo y Empiriocriticismo, pero no me haga mucho caso) que las teorías de Mach y Avenarius "son racionalismo, no marxismo" (hágaselo mirar), porque este deduce sus conceptos y categorías del movimiento dialéctico de lo real, no de predeterminaciones categoriales escolásticas, como las que probablemente empapan, consciente o inconscientemente, su escrito. Desengáñese, no existen ideas innatas, todo conocimiento proviene de la experiencia sensible, en ningún caso del "mundo de las ideas". Siempre tan abstracto e inasible. Platón ya no existe, repítalo en su pizarra cien veces.. Por otro lado, en las dos aportaciones abajito dejo claro que no se trata de la crítica a posibles "falencias" (¡ qué finura!) del pensamiento de Alemán. se trata, y claramente expresado quedó, de que, en nuestro mundo de las ideas "cuando se dice que un autor grande en nuestra cultura, no se le discute, se sienta que su legado o su talento son tan evidentes (...) que no hay lugar para el debate sobre su importancia o el carácter fundamental de su aportación". Y sobre eso, aquí, entre nosotros, casi nadie discute. acaso Usted, posiblemente, pero para eso debe usted estudiar primero su obra y precisar después concretamente qué cosa de ese discurso discute e impugna. Me parece, por tanto, con todo respeto, que hace Usted trampas por defecto. De modo que si hay en liza críticas a aspectos del pensamiento de este grande de nuestra cultura, las formulará Usted, que es quien cuestiona Todavía en abstracto. Sobre el esquematismo pseudorrevolucionario modo politzer, o "manualístico" como le llama con gracia digna de mejor empeño, tiene Su Eminencia a disposición toda la Historia de este tipo peculiar de izquierda a cuyos candidatos sólo votan sus padres, tíos primos y demás familia..., "que ruegan una oración por su eterno descanso y se sirva asistir a la conducción de su cadáver, que tendrá lugar En la Iglesia de Santa (lo que Usted quiera) desde donde será trasladado al cementerio católico de San Lázaro (o de Santa Lastenia si a V.I. le viene mejor), favores por los que quedarán profundamente agradecidos". Que le vaya bien en empeño tan instructivo y loable.

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  • Pedro

    Pedro | Lunes, 11 de Mayo de 2026 a las 09:49:31 horas

    Pues discúlpeme usted, su señoría, pero sí observo algo de policía del pensamiento en su defensa, más emotiva que racional, sin que ello implique ninguna connotación despectiva. En primer lugar, parece usted olvidar cómo funciona la crítica. Las únicas teorías o aportaciones teóricas que “no admiten discusión” -por supuesto para los creyentes o los defensores de las corrientes irracionalistas- son las metafísicas. O, en el ámbito de la ciencia, los teoremas de la lógica formal o las matemáticas, que son las únicas disciplinas en las que se demuestra realmente de una vez y para siempre. Pero, en el ámbito de las ciencias no formales, de todo lo que tiene que ver con la realidad material, no hay ni puede haber aportación que no deba someterse a la crítica continua. Como le gustaba decir al propio Marx, aunque muchas veces no hagamos suficiente caso a su consejo, "hay que dudar de todo". La misma teoría del plusvalor de Marx tiene que seguir demostrando su validez, su capacidad para explicar el aspecto de la realidad económico-social que aborda, mejor que otras teorías, confrontándose tanto con las nuevas realidades económicas como con otras teorías que puedan cuestionarla. Y, si en algún momento no resistiera la prueba de ese contraste habría que modificarla, porque la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

    Su reacción, discúlpeme, su señoría, parece más la de un forofo que no admite el cuestionamiento que la de un “humilde comentarista” que, con todo el derecho del mundo, puede criticar al “crítico”. Supone, por ejemplo, que el cuestionamiento o el señalamiento de posibles falencias en el pensamiento de Manuel Alemán sólo puede ser fruto del “esquematismo pseudorrevolucionario” y “manualístico”, en lo que parece más un prejuicio que una opinión fundada.

    En cualquier caso, y dado que usted parece conocer muy bien la obra de Manuel Alemán, podría ser productivo que escribiera de manera argumentada, acudiendo a esa misma obra, por qué considera que la crítica que se le hace no es correcta. Aludir a una serie de trabajos sobre la estructura económica del Archipiélago que no son de Alemán, para luego afirmar, simplemente, que el autor ya los tuvo suficientemente en cuenta y los incluyó en su propia elaboración teórica, no deja de ser otra opinión infundada. Entiéndase la utilización precisa de la palabra "infundada": Lo que usted dice puede ser verdad o no, pero de momento, y de acuerdo a su aportación, está "infundado". No puede considerarse "prueba" de nada en relación a la obra de Alemán, esa munición que usted se guardaba para responder a sus imaginarios discípulos de Politzer.

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