TRUMP SE INHIBE DEL CONTROL DEL ESTRECHO DE ORMUZ, INSTANDO A CHINOS Y EUROPEOS A INMISCUIRSE EN SU APERTURA
¿Trata Estados Unidos de retirarse de una guerra que provocó sin asumir una derrota?
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha escalado rápidamente, combinando ataques militares, tensiones energéticas y movimientos estratégicos que ya están impactando gravemente a la economía del planeta. Paralelamente, EEUU dice haberse inhibido del control de Estrecho de Ormuz, e insta a China y a Europa a su desbloqueo
POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase de intensificación que rompe con la dinámica de enfrentamientos indirectos de los últimos tiempos.
Las operaciones militares ya no se están limitando a acciones encubiertas o ataques puntuales, sino que muestran un patrón sostenido de ofensivas directas sobre territorio iraní.
Como respuesta, Irán ha incrementado su capacidad de reacción. En el curso de los últimos días ha lanzado la mayor oleada de misiles contra Israel desde el inicio de esta fase del conflicto, en una demostración de fuerza que busca tanto frenar nuevas agresiones como consolidar su posición regional.
Este intercambio marca un punto de inflexión: la confrontación ha dejado de ser contenida y entra en una lógica de escalada donde cada acción genera una respuesta más contundente.
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IRÁN DESCARTA UNA TREGUA Y REFUERZA SU POSICIÓN
En paralelo a la intensificación militar, se ha abierto una disputa política sobre la posibilidad de un alto el fuego. Desde Washington se ha sugerido que Irán estaría dispuesto a negociar, pero Teherán ha desmentido contundentemente las aseveraciones de Trump en ese sentido.
Las autoridades iraníes niegan haber solicitado una tregua y mantienen una postura de resistencia activa. Esto indica que el país no percibe la situación actual como insostenible, sino como un escenario en el que puede seguir operando sin ceder en sus objetivos estratégicos.
La negativa a negociar en este momento también responde a una lógica interna: aceptar un alto el fuego bajo presión externa podría interpretarse como una señal de debilidad, tanto a nivel regional como dentro del propio país.
EL ESTRECHO DE ORMUZ Y LA DIMENSIÓN GLOBAL DEL CONFLICTO
Uno de los elementos clave de esta guerra es su impacto en el sistema energético mundial. El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo global, se ha convertido en un punto crítico.
Irán mantiene cerrado este paso estratégico como consecuencia directa de la ofensiva militar en su territorio. La situación no solo afecta a los países implicados en el conflicto, sino que introduce una presión rotunda e inmediata sobre los mercados internacionales.
El control de este estrecho funciona como una herramienta de poder. No se trata únicamente de una cuestión militar, sino de un mecanismo de presión económica global. Al afectar el flujo de petróleo, Irán traslada el coste de la guerra al conjunto del sistema internacional.
CAMBIO DE POSICIÓN EN ESTADOS UNIDOS
En medio de esta escalada, la estrategia de Estados Unidos muestra señales de reajuste. El gobierno estadounidense ha comenzado a plantear una retirada rápida de sus tropas, con un horizonte de “dos o tres semanas”.
Este movimiento responde a varios factores. Por un lado, el riesgo de una guerra prolongada en la región, con consecuencias imprevisibles. Por otro, el impacto económico interno que ya empieza a notarse en los propios EEUU.
Además, Estados Unidos ha reducido su implicación directa en la reapertura del estrecho de Ormuz, a pesar de haberlo señalado previamente como una condición clave para poner fin al conflicto.
Este cambio refleja una tensión entre los objetivos militares y los costes políticos y económicos de sostener la guerra.
PRESIÓN SOBRE EUROPA Y RECONFIGURACIÓN DE ALIANZAS
Otro elemento relevante es la presión ejercida por Estados Unidos sobre sus aliados europeos. Washington ha planteado la posibilidad de reducir el suministro de armas a Ucrania como forma de forzar a Europa a implicarse en una coalición para reabrir el estrecho de Ormuz.
Este movimiento indica que el conflicto no solo se juega en el terreno militar, sino también en el diplomático. La guerra está generando una reconfiguración de alianzas en la que cada actor intenta redistribuir los costes y responsabilidades.
Europa se encuentra en una posición compleja: depende del suministro energético que pasa por Ormuz, pero al mismo tiempo enfrenta las consecuencias de una mayor implicación en el conflicto.
IMPACTO ECONÓMICO: EL PRECIO DE LA GUERRA
Las consecuencias económicas de la guerra ya son visibles. En Estados Unidos, el precio del galón de gasolina ha superado los cuatro dólares por primera vez desde 2022, tras un aumento de más del 35% en apenas un mes.
Este dato refleja cómo un conflicto geopolítico se traduce rápidamente en efectos concretos sobre la vida cotidiana. El encarecimiento del combustible impacta en el transporte, en los precios de los productos y en el coste general de vida.
La relación es directa: el cierre del estrecho de Ormuz reduce la oferta de petróleo, lo que eleva los precios internacionales. A su vez, esto se traslada a los consumidores.
Este tipo de efectos suele generar presión política interna. Cuando el coste de la guerra se hace visible en el bolsillo de la población, aumenta el debate sobre su continuidad.
UNA GUERRA SIN RESOLUCIÓN INMEDIATA
El escenario actual apunta a una prolongación del conflicto, aunque con cambios en su forma. La posible retirada de tropas estadounidenses no implica necesariamente el fin de la guerra, sino una transformación en su desarrollo.
Por un lado, Israel mantiene su implicación directa. Por otro, Irán continúa demostrando una clara capacidad de respuesta. Y en paralelo, los efectos económicos siguen extendiéndose a nivel global.
La combinación de factores militares, energéticos y políticos hace que esta guerra no pueda entenderse como un conflicto aislado. Se trata de un episodio que afecta al conjunto del sistema internacional.
POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase de intensificación que rompe con la dinámica de enfrentamientos indirectos de los últimos tiempos.
Las operaciones militares ya no se están limitando a acciones encubiertas o ataques puntuales, sino que muestran un patrón sostenido de ofensivas directas sobre territorio iraní.
Como respuesta, Irán ha incrementado su capacidad de reacción. En el curso de los últimos días ha lanzado la mayor oleada de misiles contra Israel desde el inicio de esta fase del conflicto, en una demostración de fuerza que busca tanto frenar nuevas agresiones como consolidar su posición regional.
Este intercambio marca un punto de inflexión: la confrontación ha dejado de ser contenida y entra en una lógica de escalada donde cada acción genera una respuesta más contundente.
IRÁN DESCARTA UNA TREGUA Y REFUERZA SU POSICIÓN
En paralelo a la intensificación militar, se ha abierto una disputa política sobre la posibilidad de un alto el fuego. Desde Washington se ha sugerido que Irán estaría dispuesto a negociar, pero Teherán ha desmentido contundentemente las aseveraciones de Trump en ese sentido.
Las autoridades iraníes niegan haber solicitado una tregua y mantienen una postura de resistencia activa. Esto indica que el país no percibe la situación actual como insostenible, sino como un escenario en el que puede seguir operando sin ceder en sus objetivos estratégicos.
La negativa a negociar en este momento también responde a una lógica interna: aceptar un alto el fuego bajo presión externa podría interpretarse como una señal de debilidad, tanto a nivel regional como dentro del propio país.
EL ESTRECHO DE ORMUZ Y LA DIMENSIÓN GLOBAL DEL CONFLICTO
Uno de los elementos clave de esta guerra es su impacto en el sistema energético mundial. El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo global, se ha convertido en un punto crítico.
Irán mantiene cerrado este paso estratégico como consecuencia directa de la ofensiva militar en su territorio. La situación no solo afecta a los países implicados en el conflicto, sino que introduce una presión rotunda e inmediata sobre los mercados internacionales.
El control de este estrecho funciona como una herramienta de poder. No se trata únicamente de una cuestión militar, sino de un mecanismo de presión económica global. Al afectar el flujo de petróleo, Irán traslada el coste de la guerra al conjunto del sistema internacional.
CAMBIO DE POSICIÓN EN ESTADOS UNIDOS
En medio de esta escalada, la estrategia de Estados Unidos muestra señales de reajuste. El gobierno estadounidense ha comenzado a plantear una retirada rápida de sus tropas, con un horizonte de “dos o tres semanas”.
Este movimiento responde a varios factores. Por un lado, el riesgo de una guerra prolongada en la región, con consecuencias imprevisibles. Por otro, el impacto económico interno que ya empieza a notarse en los propios EEUU.
Además, Estados Unidos ha reducido su implicación directa en la reapertura del estrecho de Ormuz, a pesar de haberlo señalado previamente como una condición clave para poner fin al conflicto.
Este cambio refleja una tensión entre los objetivos militares y los costes políticos y económicos de sostener la guerra.
PRESIÓN SOBRE EUROPA Y RECONFIGURACIÓN DE ALIANZAS
Otro elemento relevante es la presión ejercida por Estados Unidos sobre sus aliados europeos. Washington ha planteado la posibilidad de reducir el suministro de armas a Ucrania como forma de forzar a Europa a implicarse en una coalición para reabrir el estrecho de Ormuz.
Este movimiento indica que el conflicto no solo se juega en el terreno militar, sino también en el diplomático. La guerra está generando una reconfiguración de alianzas en la que cada actor intenta redistribuir los costes y responsabilidades.
Europa se encuentra en una posición compleja: depende del suministro energético que pasa por Ormuz, pero al mismo tiempo enfrenta las consecuencias de una mayor implicación en el conflicto.
IMPACTO ECONÓMICO: EL PRECIO DE LA GUERRA
Las consecuencias económicas de la guerra ya son visibles. En Estados Unidos, el precio del galón de gasolina ha superado los cuatro dólares por primera vez desde 2022, tras un aumento de más del 35% en apenas un mes.
Este dato refleja cómo un conflicto geopolítico se traduce rápidamente en efectos concretos sobre la vida cotidiana. El encarecimiento del combustible impacta en el transporte, en los precios de los productos y en el coste general de vida.
La relación es directa: el cierre del estrecho de Ormuz reduce la oferta de petróleo, lo que eleva los precios internacionales. A su vez, esto se traslada a los consumidores.
Este tipo de efectos suele generar presión política interna. Cuando el coste de la guerra se hace visible en el bolsillo de la población, aumenta el debate sobre su continuidad.
UNA GUERRA SIN RESOLUCIÓN INMEDIATA
El escenario actual apunta a una prolongación del conflicto, aunque con cambios en su forma. La posible retirada de tropas estadounidenses no implica necesariamente el fin de la guerra, sino una transformación en su desarrollo.
Por un lado, Israel mantiene su implicación directa. Por otro, Irán continúa demostrando una clara capacidad de respuesta. Y en paralelo, los efectos económicos siguen extendiéndose a nivel global.
La combinación de factores militares, energéticos y políticos hace que esta guerra no pueda entenderse como un conflicto aislado. Se trata de un episodio que afecta al conjunto del sistema internacional.



























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