Martes, 02 de Junio de 2026

Actualizada

Martes, 02 de Junio de 2026 a las 08:29:10 horas

| 1135
Martes, 02 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

LA BATALLA POR COLOMBIA: ENTRE EL "CAMBIO INSUFICIENTE" Y EL REGRESO DEL VIEJO ORDEN

¿Qué papel jugarán los recursos estratégicos, las bases militares y el retorno de Trump en la nueva disputa electoral colombiana?

Colombia afrontará una de las elecciones más trascendentales de su historia reciente. Tras cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, el país llega a una nueva confrontación electoral marcado por la polarización política, la persistencia de profundas desigualdades sociales, la crisis de legitimidad de las instituciones y una creciente disputa geopolítica internacional. Mientras dos proyectos de país se enfrentan en las urnas, sobre el horizonte aparece también la influencia determinante de los Estados Unidos y el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca.

 

 

POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    La actual etapa electoral colombiana no puede entenderse sin observar el largo recorrido político que ha llevado al país hasta este momento.

   

    Durante décadas, Colombia estuvo dominada por fuerzas conservadoras y liberales tradicionales que administraron un modelo económico basado en la apertura de mercados, la concentración de la riqueza y una estrecha relación con los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Mientras tanto, amplios sectores rurales y urbanos quedaron atrapados en una combinación de desigualdad, violencia política y exclusión social.

 

      La elección de Gustavo Petro en 2022 representó, en cierto sentido, una ruptura histórica. Por primera vez, una coalición reformista alcanzaba la presidencia.

 

   Aquella victoria no surgió de la nada. Fue el resultado de años de movilizaciones sociales, protestas juveniles, conflictos laborales y un creciente desgaste de las élites tradicionales. Sin embargo, la llegada de Petro al poder no eliminó, ni mucho menos, los viejos equilibrios de fuerza. El nuevo gobierno heredó un país profundamente dividido y con instituciones donde seguían teniendo un enorme peso los grupos económicos, mediáticos y políticos que habían gobernado durante décadas.

 

    La nueva campaña presidencial de 2026 se desarrolló precisamente en ese contexto: una disputa entre quienes consideran que las reformas impulsadas durante estos años han sido insuficientes y quienes aspiran a restaurar plenamente el modelo anterior.

 

[Img #92201]

 

 

UNA ELECCIÓN MARCADA POR LA POLARIZACIÓN

    Los resultados de la primera vuelta han mostrado una sociedad partida prácticamente en dos bloques. Según los datos difundidos tras la votación, el candidato ultraconservador Abelardo de la Espriella obtuvo el primer lugar, mientras que Iván Cepeda, representante del Pacto Histórico, consiguió el segundo puesto y pasó también a la segunda vuelta.

 

    Más allá de los porcentajes, lo verdaderamente importante es el significado político de estos resultados. La candidatura de De la Espriella expresa el reagrupamiento de sectores empresariales, conservadores y de derecha que consideran que el ciclo iniciado [Img #92205]con Petro debe concluir ya. Su discurso gira alrededor de la seguridad, el fortalecimiento de la autoridad estatal, la defensa de la propiedad privada y la crítica frontal a las tímidas reformas impulsadas por el gobierno.

 

     Por otro lado, la candidatura de Cepeda intenta representar la continuidad del proyecto reformista iniciado en 2022, aunque con importantes dificultades. Parte de la población esperaba transformaciones más profundas en cuestiones como la distribución de la tierra, la reducción de las desigualdades o la reforma del sistema económico. La distancia entre las expectativas iniciales y los resultados obtenidos ha generado muchos desencantos en no pocos sectores populares.

 

EL FANTASMA DEL FRAUDE Y LA DESCONFIANZA INSTITUCIONAL

     Uno de los elementos más llamativos de esta nueva etapa electoral es la aparición de dudas sobre la limpieza en el propio proceso de votación.

 

    Horas después de conocerse los resultados preliminares, Gustavo Petro denunció presuntas anomalías en el software electoral utilizado durante los comicios y manifestó públicamente que no aceptaría los resultados mientras no se aclararan determinadas irregularidades.

 

    Paralelamente, Iván Cepeda declaró inicialmente que no reconocería los resultados hasta que fueran revisadas diversas impugnaciones y cuestiones relacionadas con el censo electoral.

 

    No obstante, posteriormente el propio Cepeda informó de que los mecanismos de verificación desplegados por su organización política no habían encontrado evidencias concluyentes de fraude y terminó reconociendo oficialmente los resultados.

 

    Este episodio revela un problema de fondo: la creciente desconfianza de amplios sectores sociales hacia las instituciones electorales. Aunque las acusaciones no hayan sido confirmadas, el simple hecho de que una parte importante de la ciudadanía considere posible una manipulación refleja la fragilidad de la legitimidad institucional en Colombia.

 

UNA HISTORIA DE VIOLENCIA QUE SIGUE PRESENTE

    La campaña actual también está condicionada por una realidad histórica que pesa enormemente sobre la política colombiana: la violencia contra la oposición.

 

    Durante las últimas décadas, numerosos dirigentes sociales, sindicalistas, campesinos y militantes políticos fueron asesinados en el marco del conflicto interno colombiano. El caso más conocido fue el exterminio de la Unión Patriótica durante los años ochenta y noventa, considerado por numerosos investigadores como uno de los mayores episodios de persecución política de América Latina.

 

    La propia figura de Iván Cepeda está vinculada a esa historia. Su padre, Manuel Cepeda Vargas, senador de la Unión Patriótica, fue asesinado en 1994. El artículo sobre las elecciones colombianas recuerda precisamente cómo la violencia política ha marcado a generaciones enteras de dirigentes opositores.

 

    Aunque la Colombia actual es muy diferente a la de aquellos años, la memoria de esa violencia sigue influyendo en el comportamiento político de millones de ciudadanos. Con toda razón, muchos temen que una victoria de la derecha más dura implique un retroceso en las garantías democráticas. Otros consideran que el gobierno actual ha sido incapaz de garantizar plenamente la seguridad y el orden público.

 

LOS PROBLEMAS REALES QUE DECIDIRÁN LA ELECCIÓN

    Detrás de los discursos electorales aparecen cuestiones mucho más concretas. La primera es la desigualdad social. Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales de América Latina. Mientras algunos sectores empresariales acumulan gigantescos recursos, millones de personas continúan enfrentándose a problemas de empleo precario, bajos salarios y dificultades de acceso a servicios básicos.

 

    La segunda cuestión es el modelo económico. Durante años, el país dependió fuertemente de las exportaciones de materias primas, petróleo y recursos naturales. Las reformas impulsadas por Petro intentaron diversificar parcialmente la economía, pero los resultados han sido limitadísimos.

 

    La tercera cuestión es la seguridad. El conflicto armado nunca desapareció completamente. Diversos grupos armados, organizaciones criminales y economías ilegales siguen teniendo una fuerte presencia en distintas regiones del país. Este problema se ha convertido en uno de los principales argumentos de la oposición conservadora.

 

   Finalmente, aparece la cuestión institucional. La desconfianza hacia los partidos, el Congreso, la justicia y los organismos electorales constituye uno de los mayores desafíos para la estabilidad política futura.

 

EL FACTOR TRUMP: LA DIMENSIÓN GEOPOLÍTICA DE LAS ELECCIONES COLOMBIANAS

    Existe un elemento decisivo que suele quedar relegado en muchos análisis centrados exclusivamente en la política interna colombiana: la posición de Colombia dentro de la estrategia hemisférica de Estados Unidos y, más concretamente, el posible papel de una nueva administración encabezada por Donald Trump.

 

    Pensar que Washington observa con indiferencia las elecciones colombianas sería desconocer la importancia geopolítica que Colombia ha tenido durante décadas. Ningún otro país sudamericano reúne simultáneamente tantas características estratégicas.

 

    Colombia posee acceso tanto al océano Atlántico como al Pacífico, se encuentra en la puerta de entrada a Centroamérica, comparte una extensa frontera con Venezuela y dispone de enormes reservas de petróleo, carbón, gas, oro, níquel, biodiversidad y recursos hídricos. A ello se suma una posición privilegiada para proyectar influencia militar y diplomática sobre toda la región.

 

   Desde finales del siglo XX, Colombia se convirtió en el principal aliado de Washington en América del Sur. El Plan Colombia, iniciado en 1999, consolidó una estrecha cooperación militar, policial y de inteligencia. Durante años, el país recibió miles de millones de dólares en ayuda militar, equipamiento, formación de tropas y apoyo logístico. Esa relación convirtió al Estado colombiano en uno de los principales socios estratégicos estadounidenses en el continente.

 

   La llegada de Gustavo Petro alteró parcialmente ese equilibrio. Sin romper la alianza histórica con Estados Unidos, el gobierno colombiano impulsó una política exterior un poco más autónoma, restableció relaciones con Venezuela, fortaleció vínculos con gobiernos reformistas  latinoamericanos y abrió espacios de cooperación con nuevas potencias emergentes. Ese movimiento fue observado con atención tanto en Washington como en los grandes centros de poder económico internacionales.

 

     Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, resulta aún más difícil imaginar que Colombia haya dejado de ocupar un lugar prioritario en la agenda latinoamericana de Washington. Si durante su primer mandato ya quedó patente una clara preferencia por gobiernos alineados con sus posiciones en materia de seguridad, energía y política regional, en el año transcurrido desde su retorno al poder esa actitud ha adquirido un carácter mucho más activo.

 

   Lo que antes podía interpretarse como una inclinación política se ha transformado ahora, según numerosos analistas y observadores internacionales, en una política de presión e intervención abierta sobre diversos procesos políticos y electorales de la región. Casos como los de México, Panamá, Ecuador, Venezuela, Brasil e incluso algunos países centroamericanos han estado acompañados por declaraciones, presiones diplomáticas, campañas mediáticas o actuaciones destinadas a favorecer determinados alineamientos geopolíticos. En ese contexto, pensar que Colombia, principal aliado estratégico de Estados Unidos en Sudamérica, con una posición geográfica privilegiada, abundantes recursos naturales y una importancia militar de primer orden, pueda quedar al margen de esas dinámicas resulta poco verosímil.

 

    Por ello, una eventual victoria propiciada de Abelardo de la Espriella podría interpretarse como una oportunidad para reconstruir una relación más estrecha entre Bogotá y Washington, especialmente en cuestiones relacionadas con Venezuela, la lucha contra el narcotráfico y la presencia estratégica estadounidense en el hemisferio.

 

  Pero no se trata únicamente de afinidades ideológicas. Detrás de las elecciones colombianas se encuentran importantes intereses económicos. Empresas estadounidenses mantienen fuertes inversiones en sectores como hidrocarburos, minería, finanzas, agroindustria, telecomunicaciones e infraestructuras. Además, Colombia continúa siendo un socio clave para la estabilidad de las cadenas de suministro regionales y para la seguridad energética continental.

 

  Por las razones referidas, la segunda vuelta presidencial no debe interpretarse exclusivamente como una confrontación entre dos proyectos nacionales. También constituye un episodio dentro de una disputa geopolítica más amplia en la que intervienen actores internacionales con enormes capacidades económicas, diplomáticas y militares.

 

  La pregunta de fondo es, pues, si Colombia continuará avanzando hacia una mayor autonomía en su política exterior o si regresará a un esquema de alineamiento más estrecho con Washington. En ese sentido, el llamado "factor Trump" podría convertirse en una de las variables más influyentes —aunque también menos visibles— de todo el proceso electoral.

 

  La historia latinoamericana ha demostrado que las grandes potencias rara vez han permanecido  neutrales cuando están en juego territorios estratégicos, recursos naturales decisivos y posiciones de influencia regional. Y Colombia reúne las tres condiciones simultáneamente.

 

 

LAS PERSPECTIVAS REALES DE LA SEGUNDA VUELTA

    A pocas semanas de la segunda vuelta, las posibilidades, sin embargo, permanecen abiertas. Sobre el papel, Abelardo de la Espriella parte con ventaja porque puede atraer buena parte de los votos obtenidos por los demás candidatos conservadores durante la primera vuelta.

 

   Sin embargo, Iván Cepeda cuenta con un importante potencial de movilización popular. La experiencia colombiana demuestra que muchos votantes que se abstienen en primera vuelta participan activamente cuando perciben que está en juego una decisión histórica.

 

     Lo que está realmente en disputa no es únicamente la presidencia. Lo que se decidirá es la dirección general del país durante la próxima década. Colombia se encuentra ante una elección que enfrenta dos proyectos distintos: uno que apuesta por restaurar el orden político y económico tradicional y otro que intenta prolongar, con todas sus enormes limitaciones y contradicciones, el ciclo de reformas iniciado en 2022.

 

     El resultado final dependerá menos de los discursos de campaña que de la capacidad de cada bloque para convencer a los millones de colombianos que siguen viviendo entre la esperanza de un cambio real y el temor de que nada esencial termine modificándose.

 

(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa materia y coautor del libro "El Gran Reajuste: China, la arrolladora irrupción de la extrema derecha y la reconfiguración del sistema capitalista", de reciente aparición en Amazon.  

 

FUENTES CONSULTADAS:
“Fascismo mafioso: Petro lanza una dura acusación contra De la Espriella”.   1 de junio de 2026.
“Colombia: Cuatro décadas de genocidio contra opositores políticos”.   1 de junio de 2026.
“Iván Cepeda pone en duda los resultados de las presidenciales en Colombia”.  1 de junio de 2026.
“Iván Cepeda reconoce los resultados de las elecciones en Colombia”.  1 de junio de 2026.
“Petro desconoce los resultados de la primera vuelta presidencial: denuncia anomalías en el software electoral”.  
Documentación histórica y analítica sobre evolución política, conflicto social y procesos electorales colombianos  

 
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.54

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.