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EUROPA VUELVE A PREPARAR A SUS JÓVENES PARA LA GUERRA

Europa militariza sus presupuestos mientras la industria de defensa multiplica contratos

El regreso del servicio militar no es un fenómeno aislado ni una simple reacción coyuntural a la guerra de Ucrania. Alemania, Francia, Austria y otros Estados europeos están reorganizando simultáneamente sus presupuestos, industrias, ejércitos y discursos públicos para sostener durante años un nivel de gasto militar desconocido desde la Guerra Fría. Una parte de las fuentes de izquierda europeas consultadas interpretan esta transformación como la construcción de una nueva economía política del rearme, mientras los gobiernos la justifican fundamentalmente por la "amenaza rusa" y la "i

 

POR MARTÍN ÁLVAREZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Durante tres décadas, buena parte de Europa occidental funcionó con Ejércitos profesionales relativamente [Img #94685]pequeños. Ese modelo está cambiando rápidamente. No se trata solamente de comprar más tanques o misiles: varios gobiernos están descubriendo que un ejército ampliado necesita también decenas o centenares de miles de jóvenes disponibles para incorporarse a sus filas.

 

    Los datos nos muestran distintos escalones de este proceso. Alemania puso en marcha un sistema que pretendía inicialmente incrementar el reclutamiento voluntario, pero los resultados recogidos apuntaban a una respuesta extraordinariamente reducida: unas 530 respuestas afirmativas entre aproximadamente 300.000 solicitudes remitidas a jóvenes. La consecuencia política planteada era inequívoca: si el voluntariado no proporciona los efectivos previstos, podría volver a plantearse abiertamente la obligatoriedad. 

 

   Austria ha seguido otro camino: mantiene la conscripción y ha acordado ampliar de seis a nueve meses el servicio obligatorio masculino a partir de los 18 años, justificándolo por lo que su Gobierno define como una creciente amenaza rusa.   

 

   Francia, por su parte, ha recuperado una modalidad denominada voluntaria para jóvenes de 18 y 19 años, con el objetivo declarado de incrementar sustancialmente los contingentes disponibles.  

 

  No son episodios independientes.  Lituania recuperó la conscripción en 2015, Suecia en 2017, Letonia la restableció en 2024 y Croacia aprobó su recuperación para 2026; Dinamarca, además, ha ampliado el reclutamiento a las mujeres.  

 

   El resultado es un cambio cualitativo: el rearme ha dejado de ser únicamente presupuestario para comenzar a penetrar en la organización social.

 

 

LA GUERRA DE UCRANIA FUE EL ACELERADOR, PERO EL CAMBIO ES MÁS PROFUNDO

    La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 constituye el desencadenante inmediato más importante. Los gobiernos europeos sostienen que necesitan reconstruir capacidades militares deterioradas durante décadas y prepararse ante una eventual expansión del conflicto. A ese argumento se ha añadido otro: las dudas sobre hasta qué punto Estados Unidos continuará proporcionando indefinidamente el mismo grado de protección militar a Europa.

 

   Las cifras confirman que el movimiento es estructural. SIPRI (1) calcula que el gasto militar europeo aumentó un 14% solamente en 2025, hasta unos 864.000 millones de dólares. Los países europeos miembros de la OTAN gastaron conjuntamente unos 559.000 millones. Alemania elevó su presupuesto militar un 24%, hasta aproximadamente 114.000 millones de dólares. 

 

    Además, la OTAN acordó en 2025 elevar su objetivo global de gasto relacionado con defensa y seguridad hasta el 5% del PIB para 2035, frente al antiguo referente del 2%.

 

     Por eso resulta insuficiente interpretar lo ocurrido como una sucesión de respuestas improvisadas a Moscú. Europa está construyendo infraestructura productiva, presupuestaria y humana que permanecería en funcionamiento incluso si la guerra ucraniana terminara.

 

 

REARM EUROPE: DEL EJÉRCITO A LA ECONOMÍA

   Aquí aparece el elemento que las publicaciones de una parte de la izquierda europea colocan en primer plano: la militarización está convirtiéndose también en una política industrial.

 

    Desde esta perspectiva, el Estado no se limita a «comprar armas». Garantiza pedidos durante años, financia nuevas instalaciones, subvenciona investigación, facilita crédito e introduce excepciones presupuestarias que permiten a los gobiernos endeudarse para Defensa.

 

    Peoples Dispatch ha descrito esta transformación como una «militarización de las reglas y de las mentes» y recoge las críticas de sindicalistas y eurodiputados de izquierda que advierten de una relajación de regulaciones laborales, ambientales y presupuestarias para acelerar la expansión de la industria militar. 

 

   La cuestión adquiere especial importancia con la estrategia europea conocida inicialmente como ReArm Europe y posteriormente como Readiness 2030, concebida para movilizar cientos de miles de millones de euros adicionales en capacidades militares.

 

    Desde la perspectiva de un análisis crítico, se está produciendo una operación económica reconocible: recursos públicos garantizan demanda a un sector privado cuya expansión difícilmente podría alcanzar semejante magnitud mediante el mercado civil ordinario. El Estado crea el cliente, proporciona financiación y asegura contratos plurianuales.

 

   Pero esa lectura, sin embargo, no es compartida por toda la izquierda europea. Sectores nórdicos sostienen, por ejemplo, que el incremento de determinadas capacidades defensivas es necesario ante Rusia, aunque simultáneamente reclaman limitar el poder privado de la industria armamentística y diferenciar defensa territorial de intervencionismo militar. 

 

¿QUIÉN HACE NEGOCIO CON EL REARME?

     Aquí los datos son especialmente esclarecedores. Europa quiere desarrollar una industria militar propia, pero una parte considerable de la primera oleada de compras está beneficiando a fabricantes estadounidenses.

 

    Según SIPRI, las importaciones europeas de grandes sistemas de armas aumentaron un 210% entre 2016-2020 y 2021-2025. Estados Unidos suministró el 48% de las importaciones europeas y, si se consideran específicamente los miembros europeos de la OTAN, su participación alcanzó el 58%. Las exportaciones estadounidenses de armamento hacia Europa crecieron un 217% entre ambos periodos. 

 

   Son especialmente importantes los aviones de combate, sistemas antiaéreos, misiles y otras plataformas tecnológicamente complejas. Ya a finales de 2024 los miembros europeos de la OTAN tenían encargados a Estados Unidos otros 472 aviones de combate y 150 helicópteros militares, según SIPRI.

 

    Pero paralelamente se produce una formidable expansión de los fabricantes europeos: Rheinmetall, Leonardo, Thales, Airbus, Saab, KNDS, MBDA y otras grandes corporaciones disponen ahora de mercados estatales en expansión y compromisos políticos para elevar la capacidad industrial durante muchos años.

 

   Por eso determinadas corrientes de la izquierda hablan de un auténtico complejo militar-industrial europeo emergente. La European Network Against Arms Trade sostiene que las empresas armamentísticas han participado activamente en la elaboración de políticas europeas de defensa y que la estrategia industrial ha incorporado ampliamente sus planteamientos.

 

  EL PROBLEMA QUE NO RESUELVEN LOS PRESUPUESTOS: FALTAN SOLDADOS

     Se puede financiar una fábrica de proyectiles con deuda pública. Pero no se pueden fabricar soldados del mismo modo.

 

    En este punto aparece probablemente uno de los mayores obstáculos de esta estrategia. Una parte de la juventud europea no comparte el entusiasmo militar de sus gobiernos. En Alemania, decenas de miles de estudiantes participaron en marzo de 2026 en huelgas contra la posible reinstauración del servicio militar. El digital Jacobin describió las protestas como una rebelión generacional contra el proyecto de convertir nuevamente el servicio castrense en obligación social.

 

    El fracaso del reclutamiento voluntario alemán mostrado  resulta especialmente significativo. No revela simplemente un problema administrativo: muestra la contradicción entre unos Estados que proyectan fuerzas armadas mucho mayores y una población juvenil que no necesariamente desea integrarlas. Y esto explica otro componente de la remilitarización: la batalla cultural.

 

  NO BASTA CON REARMAR LOS EJÉRCITOS: HAY TAMBIÉN QUE "NORMALIZAR LA GUERRA"

Las campañas televisivas, los debates sobre reclutamiento y los reportajes dirigidos específicamente a los jóvenes, están presentando todo ello como parte de un proceso de normalización social del servicio militar. 

 

    Desde Bélgica, el dirigente del PTB Peter Mertens ha descrito fenómenos semejantes: mensajes sobre preparación para la guerra, publicidad militar y presencia creciente del ejército en espacios civiles y educativos. Para esta corriente comunista, la transformación fundamental consiste precisamente en conseguir que sociedades acostumbradas durante décadas a considerar una gran guerra europea como improbable vuelvan a contemplarla como una eventualidad normal. 

 

   Eso ayuda a comprender el significado político del reclutamiento. El objetivo no sería exclusivamente obtener soldados. El servicio militar introduce nuevamente al ejército en la vida cotidiana, convierte la defensa en una experiencia generacional y acostumbra a la población a aceptar presupuestos militares extraordinarios durante largos periodos.

 

  Tal y como ha expresado de manera muy clarividente el libro "El Gran Reajuste" (2), lo que está tratando de poner en práctica es la aplicación de un "golpe de timón" a nuestro sentido común, haciendo que este se adapte a las nuevas realidades del siglo XXI.

 

¿DE DÓNDE SALE EL DINERO?

    Ésta es posiblemente la cuestión social decisiva. Las armas no aparecen gratuitamente. Si una proporción creciente de la riqueza nacional se dirige hacia Defensa, los recursos tienen que proceder de impuestos, deuda, reasignaciones presupuestarias o una combinación de los tres.

 

    La experiencia báltica resulta ilustrativa. El digital Jacobin ha documentado cómo el fuerte incremento del gasto militar de Estonia y Letonia está acompañado por reformas fiscales cuyo coste, según su análisis, recae proporcionalmente con mayor intensidad sobre hogares de ingresos modestos. 

 

    SIPRI introduce la misma cuestión desde una posición no partidista: advierte de que el desplazamiento masivo de recursos hacia la seguridad militar comporta elecciones presupuestarias que pueden afectar durante años a otras áreas de las políticas públicas. 

 

   En este punto se encuentra uno de los elementos centrales de una valoración crítica: el beneficio empresarial puede privatizarse mientras el coste del rearme se socializa. Las compañías reciben contratos; el Estado proporciona financiación; el conjunto de la población soporta finalmente la deuda, los impuestos o la competencia con otras partidas presupuestarias.

 

   LA REMILITARIZACIÓN ES, EN ÚLTIMA INSTANCIA, UNA TRANSFORMACIÓN DE EUROPA

   La guerra de Ucrania proporciona la explicación inmediata, pero por sí sola no cuenta la magnitud del proceso. Tras ella confluyen al menos cuatro fuerzas:

-el deterioro de las relaciones con Rusia,

-la incertidumbre sobre la tutela militar estadounidense,

-el intento europeo de construir mayor autonomía estratégica

-y la formación de una enorme política industrial ligada al armamento.

 

   De ahí que servicio militar, aumento presupuestario, propaganda, reconversión industrial y relajación de determinadas restricciones fiscales aparezcan simultáneamente. No son fenómenos desconectados: constituyen distintas piezas de la misma transformación.

 

    La paradoja es considerable. Europa afirma buscar mayor autonomía mientras continúa comprando enormes cantidades de armamento estadounidense; promete seguridad mientras desvía cantidades históricas de recursos hacia Defensa; necesita nuevos soldados mientras una parte significativa de los jóvenes rehúye el uniforme.

 

   La verdadera dimensión del cambio, por tanto, no se mide únicamente contando tanques. Europa está intentando construir las condiciones económicas, industriales, humanas y culturales necesarias para poder mantener durante décadas una política de rearme.

 

   Y precisamente ahí —en quién fabrica las armas, quién recibe los contratos, quién paga la factura y quién termina vistiendo el uniforme— se encuentra el núcleo material de la nueva militarización europea.

 

1) El SIPRI es el Stockholm International Peace Research Institute, en español, Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo. Es un centro de investigación independiente con sede en Suecia, fundado en 1966.

2) El "Gran Reajuste": China, la arrolladora irrupción de la extrema derecha y la reconfiguración del sistema capitalista

 

FUENTES CONSULTADAS:

 -SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute): gasto militar, transferencias internacionales de armamento e industria militar.

-SIPRI Yearbook 2026; Trends in International Arms Transfers, 2025; SIPRI Arms Transfers Database.

-Diario Socialista: «Alemania evalúa la obligatoriedad del servicio militar tras no lograr suficientes voluntarios». Alemania evalúa la obligatoried…

-Diario Socialista: «Austria ampliará el servicio militar obligatorio a nueve meses».

-Jacobin: movilizaciones juveniles alemanas contra el servicio militar y análisis crítico del rearme europeo.

Jacobin: fiscalidad, rearme y consecuencias sociales en Estonia y Letonia.

-Peoples Dispatch: militarización europea, industria armamentística y efectos laborales, sociales y presupuestarios.

-European Network Against Arms Trade (ENAAT): influencia de la industria armamentística en las políticas europeas de defensa.

-Links – International Journal of Socialist Renewal: debates de la izquierda europea sobre rearme, OTAN, defensa territorial y militarización.

-"El Gran Reajuste

-Peter Mertens / Partido del Trabajo de Bélgica (PTB): análisis sobre normalización social de la guerra, propaganda militar y presencia creciente del ejército en la sociedad.

 

 
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