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CANARIAS APRUEBA UNA LEY PARA PROTEGER A LOS PROFESORES, PERO NO PONE DINERO PARA APLICARLA

La protección legal del profesorado choca con la falta de inversión educativa

Canarias ha aprobado una ley para reforzar la autoridad y protección del profesorado frente a agresiones y conflictos escolares. Sin embargo, la norma nace sin financiación específica, mientras sindicatos y familias reclaman recursos, mejores condiciones laborales y soluciones reales a los problemas de la enseñanza pública.

Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   El Parlamento de Canarias aprobó este miércoles, 21 de octubre, la nueva Ley de Reconocimiento de la Autoridad del Profesorado, una norma que pretende reforzar la protección de los docentes ante agresiones, amenazas y situaciones de conflicto en los centros educativos. La iniciativa salió adelante con el respaldo de Coalición Canaria, Partido Popular, Agrupación Socialista Gomera, Agrupación Herreña Independiente y Vox, mientras PSOE y Nueva Canarias optaron por abstenerse. La votación culmina una tramitación iniciada en 2025, durante la cual sindicatos, asociaciones de familias y organismos consultivos formularon observaciones sobre su contenido.

 

  La ley contempla asistencia jurídica y psicológica para los profesionales afectados, la creación de una unidad administrativa de atención y asesoramiento y el reconocimiento de la condición de autoridad pública del profesorado. Sin embargo, el texto aprobado no incorpora una dotación económica específica para ejecutar esas medidas, circunstancia que ha generado dudas sobre su aplicación efectiva. La controversia plantea una cuestión fundamental: si basta con reforzar legalmente la autoridad docente o si también resulta necesario modificar las condiciones materiales en las que se desarrolla la enseñanza.

 

¿QUÉ CAMBIA CON LA NUEVA LEY?

  Entre las principales novedades figura el reconocimiento expreso de la autoridad pública de los docentes y de los equipos directivos en el ejercicio de sus funciones. La norma incorpora una presunción de veracidad para determinadas actuaciones y establece mecanismos de protección frente a agresiones físicas, insultos, amenazas y situaciones de acoso. También prevé que la Administración proporcione asistencia jurídica y psicológica a los profesionales que sufran estas circunstancias.

 

  La presunción de veracidad no significa que cualquier declaración de un profesor deba aceptarse automáticamente como prueba definitiva. Su aplicación está sometida a los límites del ordenamiento jurídico y no elimina los derechos de defensa ni las garantías de los procedimientos administrativos. Sin embargo, las asociaciones de familias han expresado preocupación por sus posibles efectos sobre el equilibrio entre los diferentes miembros de la comunidad educativa.

 

La creación de una unidad especializada de atención y asesoramiento podría representar una mejora si permite ofrecer respuestas rápidas a docentes que actualmente encuentran dificultades para obtener apoyo. Pero para funcionar necesitará personal, procedimientos definidos y recursos suficientes. La aprobación de una disposición legal no garantiza por sí sola que exista un servicio operativo al que acudir cuando se produce una agresión.

 

  El Gobierno y los grupos promotores consideran que el reconocimiento de la autoridad docente puede contribuir a mejorar la convivencia escolar y reforzar la protección de los trabajadores de la enseñanza. Ese objetivo responde a una preocupación legítima, porque los centros educativos deben ofrecer condiciones de seguridad tanto al profesorado como al alumnado. La discusión se centra en determinar si los instrumentos aprobados son suficientes y cómo se aplicarán.

 

UNA LEY QUE NO INCLUYE FINANCIACIÓN ESPECÍFICA

  La principal crítica formulada por PSOE y Nueva Canarias se refiere a la ausencia de una memoria económica y de recursos asignados para desarrollar las medidas. Los diputados Marcos Hernández y Carmen Hernández cuestionaron que la norma incorpore avances suficientes respecto a la legislación ya existente. También advirtieron de que la duplicación de disposiciones podría generar incertidumbre jurídica si no se aclara su relación con la Ley Canaria de Educación y las normas de convivencia escolar.

 

  El Consejo Consultivo de Canarias había señalado durante la tramitación el limitado carácter innovador de determinados contenidos, mientras el Consejo Escolar reclamó actuaciones concretas para mejorar las condiciones de los centros. Estas observaciones no significan que la protección jurídica resulte innecesaria, pero sí que su eficacia depende de una organización administrativa capaz de convertir las disposiciones legales en servicios reales.

 

   La falta de financiación plantea preguntas inmediatas. ¿Cuántos profesionales integrarán la nueva unidad de atención? ¿Quién prestará la asistencia psicológica y jurídica? ¿Qué presupuesto se reservará para responder a las solicitudes? Sin conocer esos datos, todavía no es posible determinar si la nueva ley permitirá mejorar sustancialmente los mecanismos de protección existentes.

 

  El problema es especialmente relevante porque la Administración ya dispone de estructuras educativas y servicios especializados que pueden intervenir en situaciones de conflicto. Si las nuevas obligaciones se asignan simplemente a las mismas plantillas sin aumentar sus recursos, existe el riesgo de incrementar la carga burocrática sin mejorar proporcionalmente la atención. Una reforma administrativa debería demostrar que amplía las capacidades reales del sistema, no solamente sus obligaciones formales.

 

LOS SINDICATOS RECLAMAN SALARIOS, PLANTILLAS Y MENOS BUROCRACIA

  Durante la tramitación parlamentaria, las organizaciones sindicales formularon propuestas relacionadas con las condiciones laborales del profesorado. Entre sus reivindicaciones figuran la actualización de complementos retributivos, la reducción de determinadas tareas burocráticas y una mayor estabilidad de los equipos docentes. Estas demandas parten de la consideración de que el reconocimiento profesional no depende exclusivamente de la autoridad legal atribuida a los trabajadores.

 

  La situación económica también influye en la capacidad de los centros para atraer y conservar profesorado. En octubre, CSIF Educación Canarias reclamó medidas específicas de vivienda y movilidad para docentes que deben trasladarse entre islas o trabajar en localidades con alquileres elevados. La organización considera que las dificultades residenciales pueden convertirse en un obstáculo para cubrir determinados puestos y mantener plantillas estables.

 

   La enseñanza constituye una actividad laboral que exige preparación, tiempo y responsabilidades continuadas. Además de impartir clases, los docentes preparan materiales, evalúan, atienden a las familias, coordinan actividades y realizan tareas administrativas. Cuando estas obligaciones aumentan sin una reorganización adecuada, pueden reducir el tiempo disponible para la atención individualizada del alumnado y generar sobrecarga profesional.

 

  La autoridad docente puede contribuir a establecer normas claras de convivencia, pero no sustituye la necesidad de condiciones laborales apropiadas. Un profesor que trabaja con grupos numerosos, carece de apoyo especializado o afronta dificultades para atender necesidades educativas complejas no resolverá automáticamente esos problemas mediante un reconocimiento jurídico adicional.

 

LAS FAMILIAS PIDEN PARTICIPAR EN LA CONVIVENCIA ESCOLAR

  Las asociaciones de madres y padres también han cuestionado aspectos de la nueva regulación. Federaciones de Gran Canaria, Fuerteventura y La Palma, junto con colectivos relacionados con la educación inclusiva, reclamaron una concepción más amplia de la convivencia escolar que incorporara la participación de familias, estudiantes y profesionales de la intervención socioeducativa.

 

  Estas organizaciones consideran que los conflictos educativos deben abordarse mediante mecanismos de prevención, diálogo y garantías para todas las personas implicadas. Su posición no supone negar que los docentes necesiten protección frente a las agresiones, sino advertir de que una regulación centrada principalmente en la autoridad puede resultar insuficiente para resolver problemas relacionados con la convivencia.

 

  La escuela reúne a personas con situaciones sociales, familiares y económicas diferentes. Algunos estudiantes afrontan dificultades relacionadas con la pobreza, la vivienda, la discapacidad o la falta de recursos de apoyo, circunstancias que pueden influir en sus necesidades educativas. Estos factores no justifican comportamientos violentos, pero deben considerarse al diseñar políticas capaces de prevenir conflictos antes de que se agraven.

 

  La incorporación de educadores sociales, orientadores y otros profesionales especializados puede contribuir a atender esas situaciones. Sin embargo, también requiere financiación y coordinación con los servicios sociales y sanitarios. Si la respuesta institucional se limita a reforzar mecanismos disciplinarios, puede dejar sin resolver las condiciones que dificultan el aprendizaje y la convivencia.

 

 El Ejecutivo regional ha decidido reforzar por ley la autoridad de sus profesores, pero todavía no ha explicado con qué recursos adicionales garantizará las medidas anunciadas. La protección del profesorado no debería separarse de la defensa de una escuela pública suficientemente financiada, con plantillas estables y condiciones adecuadas para enseñar y aprender. De lo contrario, la nueva regulación corre el riesgo de reconocer formalmente unos derechos que después resulten difíciles de ejercer.

 

 
 
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