EL CAPITALISMO DIGITAL EN APUROS
"Las mega compañías tecnológicas conquistaron, en primer lugar, un predominio creciente por su incidencia en las cadenas globales de valor"
La sustitución de la globalización neoliberal por el capitalismo digital es la principal transformación de la última década. El modelo de financiarización que desembocó en el gran estallido bancario del 2008 ha quedado complementado o reemplazado - afirma Claudio Katz - por otro esquema liderado por el sector tecnológico.
Por CLAUDIO KATZ (1) PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La sustitución de la globalización neoliberal por el capitalismo digital es la principal transformación de la última década. El modelo de financiarización que desembocó en el gran estallido bancario del 2008 ha quedado complementado o reemplazado por otro esquema liderado por el sector tecnológico, que determina las tendencias dominantes del sistema. El nuevo comando del capitalismo que asumieron los gigantes de la informática corona varios procesos precedentes y afronta una inesperada adversidad.
SEIS CAMBIOS SUSTANCIALES
Las mega compañías tecnológicas conquistaron, en primer lugar, un predominio creciente por su incidencia en las cadenas globales de valor forjadas con la globalización productiva. El salto registrado en la internacionalización de la actividad económica no se limitó al comercio o las finanzas, sino que modificó las formas de producción. Esa mutación fue a su vez factible por la revolución tecnológica que iniciaron las computadoras, afianzaron las redes y reafirma la Inteligencia artificial.
El protagonismo de las firmas tecnológicas corona, en segundo término, la propia evolución del sector que transitó por sucesivas etapas internas de perfeccionamiento digital. La informática inicial avanzó hacia computadoras más rápidas con mayor capacidad de memoria y ese incremento del poder de cómputo alentó su uso comercial.
A comienzos del siglo XXI irrumpió el procesamiento de la información a otra escala con el Big Data y en la última década, los asistentes virtuales comenzaron a reconocer la voz interactuado con el usuario desde el teléfono. Con ese avance inauguran las modalidades básicas de aplicación de la IA. En sintonía con esa maduración comenzó la aplicación de esa tecnología en los procesos de automatización, y robotización de las plataformas laborales [2].
Esta gravitación de la digitalización ha sido posible, en tercer lugar, por la gran disponibilidad de capital para el desenvolvimiento de la informática, que sucedió al colapso bancario del 2008. Esa crisis implicó una descomunal inyección de dinero por parte de los bancos centrales para socorrer a las entidades en bancarrota (flexibilización cuantitativa). Pero el destino posterior de esos fondos fue el financiamiento de las compañías tecnológicas. Esas firmas tuvieron a su disposición una masa inédita de recursos que los bancos canalizaron a su favor y utilizaron ese dinero para consumar su fulminante expansión.
Este significativo viraje en el desenvolvimiento del capitalismo quedó inicialmente oscurecido por la generalizada atención en el temblor bancario del 2008. Los debates sobre la regulación o la mera continuidad de la financiarización acapararon el interés de los economistas. En general se observó ese proceso como un peldaño más de la era neoliberal, sin notar cómo la afluencia masiva de capital a los bancos para evitar su quebranto terminó gestando una plutocracia digital [3].
Este ascendente sector capturó recursos y reconfiguró al capitalismo, porque reunió bajo su control los datos que sostienen la revolución digital. Este cuarto determinante del viraje actual fue posible por la concentración y captura de ese indispensable insumo en manos de un puñado de empresas.
Los datos fueron acaparados, apropiados, sustraídos y robados al compás de la propia difusión de las computadoras, Internet, las redes y los teléfonos celulares. Los dueños de ese tejido (Space, Anthropic, OpenAI, Google, Meta, Microsoft, Amazon) coronaron la confiscación de la información, que desde los años 80 comenzaron a proveer gratuitamente los usuarios a través de las tarjetas de créditos.
El acaparamiento exponencial de esos basamentos se consumó posteriormente, mediante su reunión en los Big Data y su tratamiento en los Data Center. El procesamiento de esos insumos en algoritmos diseñados por las firmas, le permite a la plutocracia digital contar con un inédito instrumento de control social y acumulación de ganancias.
Ese manejo emergió de su impune acopio de los datos provistos por la monumental red de usuarios que se interconectaron su bajo su mando. Facebook cuenta con 3.120 millones de usuarios activos mensuales de una población global que roza los 8.200 millones de personas. Esa plataforma opera sobre el 38% de los habitantes del planeta y el 54% de los usuarios de Internet. WhatsApp enlaza a unos 3.000 millones de usuarios y conforma el sistema de mensajería más utilizado en el mundo. Instagram también escaló hasta un número semejantes de asociados y Messenger ronda los 1.100 millones de usuarios [4].
Cuando Facebook compró WhatsApp (2014) prometió a los organismos reguladores que no cruzaría los datos obtenidos por ese sistema con los propios. Pero violó con total impunidad ese compromiso y consumó el gigantesco almacenamiento de insumos que también han perpetrado sus rivales. La IA se ha desarrollado con esa plataforma de datos en los servidores que manejan un puñado de compañías.
La pandemia operó como el sexto determinante de la nueva etapa. Permitió concretar un salto cualitativo en la revolución digital, mediante un gran experimento de uso total de la nueva tecnología. La inesperada emergencia médica incentivó la instauración de un sistema global de comunicación instantáneo, asentado en una gran infraestructura para el seguimiento, medición y predicción de todos los comportamientos.
Las plataformas digitales permitieron procesar esa ingeniera social durante los confinamientos. Se forjó un nuevo modelo para trabajar, comprar y comunicarse, que posteriormente quedó incorporado a la vida laboral. El gran ensayo durante la pandemia permitió perfeccionar todos los mecanismos de ese novedoso esquema, que perduró en la vida cotidiana mediante los códigos QR, la bancarización forzosa y la consolidación del teletrabajo[5].
EL SECRETO DE LA DIGITALIZACIÓN
La IA es la fase más reciente y avanzada de la revolución digital que asumió un ritmo vertiginoso en la última década. Pero su origen se remonta al surgimiento de la computación en 1946, a la introducción del microprocesador en 1971 y a la generalización de Internet desde 1991. Las redes irrumpieron posteriormente interconectando a millones de usuarios y sustituyendo el almacenamiento de datos en ordenadores individuales por su localización en el espacio digital.
Ese cambio introdujo el salto más relevante en la informática y aceleró su aplicación a la industria 4.0 mediante las cadenas de valor. La fase inicial de aplicaciones informáticas a la economía y a la vida cotidiana (1985-2008), fue sucedida por la universalización de la Web como sitio organizador del desarrollo digital (2008-2022). La Inteligencia Artificial introduce el nuevo eslabón de una secuencia que siguió el intenso ritmo de internacionalización de la economía [6].
La IA irrumpió con el ChatGPT que difundió la empresa OpenAI en el 2022. Ensaya la introducción de una “máquina de aprendizaje general” inspirada en las redes neuronales, que funciona con algoritmos que imitan los sistemas biológicos. Son entrenados a partir de esa adaptación.
Su desenvolvimiento derivó de tres procesos convergentes que empoderaron a los dueños del universo digital. Primero fue la privatización de Internet y luego la apropiación de los datos. Esta confiscación siguió el precedente histórico de los cercamientos de las tierras comunales en Inglaterra, que apuntalaron la acumulación primitiva de capital. Finalmente, el aluvión de dinero que recibió la elite tecnológica de los bancos centrales luego del colapso del 2008 coronó el ascenso de la nueva casta.
La presencia de una burbuja financiera ya consumada (punto.com) y otra en gestación (IA), ilustra la repetición de un ingrediente clásico de todas las revoluciones tecnológicas. Reitera lo ocurrió con la fiebre de los canales de navegación (1797), la euforia ferroviaria (mitad siglo XIX), el optimismo bursátil con el acero o la electricidad, (1890-1893), el automóvil (1920-30) y la matriz energética (1970-80).
Una innovación con impacto radical y consiguiente eclosión financiera está nuevamente incidiendo en la transformación cualitativa del capitalismo [7].
Las empresas que comandan ese curso se ubicaron en la cresta de la ola, manejando el hardware y el software que les permite apropiar y recopilar los datos suministrados gratuitamente por los usuarios. Primero organizaron esa información con los documentos disponibles y luego utilizaron la interacción social de las redes para capturar la totalidad de esas fuentes.
Microsoft inició esa absorción en los años ochenta, a través del sistema operativo Windows, que se transformó en el modelo emblemático de la informática. Apple complementó ese rumbo con su propio esquema y Google introdujo el principal motor de búsqueda, con varios instrumentos de interconexión (correo electrónico Gmail, plataforma audiovisual Youtube). El sistema operativo Android de los teléfonos inteligentes puso gran parte de los datos del planeta a disposición de sus captores.
Google se transformó en una máquina de recopilar y ordenar los datos. Comenzó agrupando toda la información con los documentos que ya disponibles en Internet, luego catalogó los libros (Google library Project), ordenó las noticias (Google News) y mapeó las calles, rutas y ciudades (Google Maps), hasta dotarse del instrumental necesario para dominar el negocio digital. Con ese basamento vende a las empresas los espacios publicitarios de sus plataformas, para que individualicen sus campañas y fidelicen a sus clientes.
Facebook pavimentó el mismo camino con la red social más utilizada del mundo y con la consiguiente fuente de información que aportan sus usuarios. Instagram y WhatsApp utilizan fotos, videos y mensajes con el mismo propósito de apuntalar la focalización de las ventas.
Toda la actividad comercial ha quedado modificada con este nuevo patrón de conocimiento detallado de los ingresos y preferencias de los consumidores. En este manejo radica también el éxito de Amazon, que trastocó por completo el comercio a partir de su registro de los compradores. Con su sistematización del perfil de los adquirientes, saltó de la simple venta de libros por internet (1994) a constituirse en la empresa de venta online más grande del mundo. Su manejo y conocimiento de los consumidores le permitió desplazar a los viejos gigantes del comercio minorista (Walmart, Carrefour). Actualmente participa de la carrera de la IA, luego de introducir el dispositivo Alexa para comunicarse por reconocimiento de voz.
La masificación de los teléfonos móviles desde el 2009 aportó el instrumento clave para la consolidación de las plataformas publicitarias. Ese dispositivo fue el gran secreto del predominio que inauguró Google (1998), continuó Facebook (2004), reforzó Youtube (2005) y consolidó Instagram y Twitter (2006).
Otras plataformas (como Uber y Airbnb) introdujeron la gestión de activos ajenos (automóviles, departamentos), mediante la intermediación en su uso. Ese modelo desató a su vez el boom de actividades de reparto o mensajería (PedidosYa, Glovo, Rappi), que lucra con la transferencia de obligaciones y riesgos a los ejecutores de esas actividades.
LA NUEVA PLUTOCRACIA
Todos los modelos de negocios capitalistas han quedado alterados por una evolución digital, que otorga incontables ventajas al que llegó primero. Ese adelantado captura el manejo de la red que conecta a los usuarios con los nuevos servicios disponibles. La clave de ese éxito capitalista radica en la apropiación de los datos que organizan cada emprendimiento.
El manejo de la plataforma que extrae, analiza y monetiza los datos es el principal secreto de ese predominio. Exige algoritmos para confiscar la información y asegurar los clientes, utilizando la monumental infraestructura que sostiene al nuevo modelo informatizado de acumulación.
Los dueños de esos resortes se transformado en una élite dentro de la propia clase dominante capitalista, con un poder tan mayúsculo como inédito. Conforman una pequeña minoría de ultra poderosos, que usufructúa de su control de los vectores de la información, las patentes, los algoritmos y los sistemas logísticos. Con ese manejo han logrado una descomunal gravitación sobre el resto de los capitalistas y el conjunto de la sociedad.
Han consolidado en torno a sus propios círculos, las típicas configuraciones de oligopolios que erigen barreras a la entrada al negocio, mediante la adquisición total o parcial de las empresas que despuntan como potenciales competidoras. Las principales plataformas desarrollan agresivas de estrategias de compra o asociación de los recién llegados.
Actúan con gran velocidad, cuando aparecen los nichos que amenazan la posición dominante de los plutócratas ya establecidos. Como la revolución digital se encuentra en pleno desarrollo, deben aceptar nuevos miembros en esa elite, luego de involucrarlos en la consolidación de la pirámide de poder. Todas las regulaciones vigentes para impedir o limitar esa concentración del capital, han sido fácilmente burladas por el puñado de mil millonarios que manejan el universo digital. Las ingenuas expectativas en la democratización de la información -que acompañaría a la aparición de Internet- han quedado definitivamente sepultadas, frente al despotismo que ejercen los dueños del sistema.
Los personajes más afamados de ese universo operan como capitalistas, que combinan la propiedad con la función de organizar o manejar las compañías del sector.
Las monumentales ganancias de Gates, Zuckerberg, Bezos, Musk o Altman provienen ante todo del lugar que ocupan como dueños de las empresas.
La impresionante cotización bursátil de esas firmas y la consiguiente remuneración que obtienen por esa valuación deriva de esa propiedad. Pero en muchos casos, ese papel coexiste con su rol de innovadores y conversores de las invenciones digitales en redituables mercancías. Los elogios que reciben por este segundo atributo, suelen ocultar las tremendas adversidades sociales que provoca su afianzamiento como mil millonarios, en una estructura de inequidad sin precedentes.
El nuevo modelo gestado en torno a la innovación digital ha sido bautizado con varias denominaciones. La acepción inicial de “tecno-capitalismo”, resaltaba como la revolución informática colocó a un nuevo sector empresario al comando del sistema, sustituyendo a las tradiciones firmas petroleras, siderúrgicas o automotrices [8].
La identificación posterior con un “capitalismo de las plataformas”, aludió al nuevo papel dominante que ejercen esas ramificaciones en el funcionamiento general del sistema. Los autores que acuñaron esa expresión (Nick Srniceks), ilustraron cómo un público de oferentes ha quedado enlazado con otro de demandantes por medio de los nuevos oligopolios que controlan las redes.
El otro término utilizado de “capitalismo digital” también resalta la dinámica general de un sistema, que ha quedado moldeado por la mediación de las nuevas tecnologías informáticas[9].
Ninguna de las esas tres acepciones implica la vigencia de un sistema diferente al capitalismo. La economía y la sociedad continúan funcionado en torno a un régimen social de competencia por beneficios surgidos de la explotación. Lo que ha cambiado es la etapa, el modelo o la forma de acumulación de ese modo de producción.
En la cúspide de esa estructura y en la dinámica de su reproducción se ha ubicado un nuevo sector de plutócratas, que definen el rumbo y las prioridades del capitalismo. Exhiben un nivel de riquezas nunca visto y una capacidad también inédita para incidir en el curso del sistema, pero su proyecto está afectado por un inesperado cambio de las relaciones internacionales.
MUNDIALIZACIÓN DIGITALIZADA
La revolución digital se desenvolvió a una escala global que desbordó todos las antecedentes de mutaciones análogas. A diferencia de lo ocurrido con el ferrocarril, la electricidad, el automóvil, los plásticos o la energía irrumpió directamente a escala planetaria. No se expandió de un país u otro, mediante inversiones externas o implantaciones de compañías, sino que enlazó de entrada a los usuarios como consumidores de todo el planeta. Por eso Google, Meta, Microsoft, Amazon, Facebook emergieron desde su inicio como redes y negocios mundiales.
Esa internacionalización desde el propio debut de la era digital fue posible porque coincidió con el despunte de la globalización. Ambos procesos se retroalimentaron, puesto que la informatización aceleró la mundialización de la economía y ese salto en las actividades globales reforzó el ascenso de las mega empresas tecnológicas. Ambos procesos apuntalaron, a su vez, los pilares de la globalización en el plano geopolítico (gobernanza mundial) e ideológico (cosmopolitismo y transnacionalismo).
La globalización de la economía y la revolución digital se extendieron bajo el mismo impulso del capitalismo, que bajo el látigo de la competencia obliga a las empresas a mundializar sus inversiones para ganar rentabilidad con mayores mercados. Esa presión derivó en una expansión espacial junto al significativo acortamiento de los tiempos del proceso productivo [10].
Desde los años 90 las políticas económicas neoliberales aceleraron ese rumbo de internacionalización, que subyace en la propia matriz de la acumulación capitalista. Esa impronta mundial asumió una escala sin precedentes en el debut del siglo XXI, con la internacionalización de la producción y el cambio de toda la geografía industrial, que implicó el desplazamiento de la industria hacia Oriente.
Las economías de esa región duplicaron su participación en la actividad manufacturera y sustituyeron la centralidad fabril histórica de Estados Unidos, Europa y Japón [11]. Esa mayúscula mutación fue posible por la nueva red de comunicaciones, interconexiones de usuarios y modelos de comercialización mundial que introdujo la revolución digital.
La globalización coronó un largo proceso de remodelación de la División Internacional del Trabajo iniciado en los años 60, con el traslado de industrias a la periferia, la separación del ciclo del producto en localizaciones diferentes, la aparición de la empresa multinacional y la formación de un espacio homogéneo de la firma transnacional, en el marco diferenciado de la economía mundial.
Las compañías separaron las actividades calificadas de la producción en serie y lucraron con las diferencias nacionales de productividad y salario. La globalización culminó esa remodelación con el desdoblamiento internacional del proceso de fabricación [12]. De esa forma se consumó el pasaje de un modelo de la periferia como exportadora de materias primas, a otro de la periferia integrada a la fabricación industrial [13].
El último eslabón de ese curso fue el establecimiento de las cadenas globales de valor (CGV), con mayor peso de los bienes intermedios y las importaciones, en una modalidad de especialización vertical de las firmas globalizadas [14]. El propósito de esa reestructuración fue incrementar las ganancias, mediante una gestión internacionalizada del excedente apropiado por los capitalistas, a través del acaparamiento de la plusvalía extraordinaria que se concentra en la cabeza de esa estructura [15].
Con ese esquema las empresas transnacionales duplicaron su número de empleados, consiguieron controlar un cuarto de PBI global, el 80% del comercio mundial y el 40% de la riqueza generada en todo el planeta[16]. Esta secuencia de enormes transformaciones fue posible por el desarrollo simultáneo de la revolución digital, que acompañó, apuntaló e incentivó cada una de las ascendentes fases de la globalización.
Pero este modelo presuponía un indiscutido comando económico de Estados Unidos, que fue inspirador de la globalización y el gestor de la revolución informática. Wall Street aportó el sustento financiero de estos procesos, Washington la impronta ideológico-político y el Silicon Valley el cimiento digital.
Ese modelo de globalización hermando con la digitalización prometía restaurar la supremacía imperial de Estados Unidos, en el mundo unipolar que sucedió al colapso de la Unión Soviética. Pero ese ensueño trastabilló con el colapso financiero del 2008 y se ha desmoronado por completo desde la última década.
FRACTURA DE LA GLOBALIZACIÓN
La expectativa de predominio económico mundial que Estados Unidos esperaba recuperar con su liderazgo digital se ha disipado por cuatro razones: la fractura de la globalización, la ruptura del eje sino-americano, la desindustrialización yanqui y el fulminante ascenso de China.
El quebranto de la globalización se verifica en el estancamiento del comercio mundial al cabo de varias décadas de gran avance. Ese intercambio como porcentaje del PIB mundial pasó del 25 % (1970) al 61 % (2008) y retrocedió al 57 % (2024) [17]. El pico de los flujos anuales de inversión extranjera directa (IED) de 5,3 % del PIB mundial en el 2007 se ha revertido al 1,3% en la actualidad [18].
La generalización de nuevos términos -como slowbalization o deglobalization-, junto a la centralidad que tienen sus contrapartes de reshoring, near-shoring o friend-shoring confirman ese cambio, en el nuevo escenario de proteccionismo y neo mercantilismo. El impacto de ese giro es mucho más significativo en el comercio y las finanzas que en la industria, puesto que las cadenas de valor persisten y no se verifica un repliegue de la actividad fabril a los viejos patrones de autarquía nacional. Pero el escenario de globalización y digitalización neoliberal bajo comando norteamericano ya es un dato del pasado.
En segundo lugar, la estrecha asociación económica entre las dos grandes potencias que apuntalaba la globalización se ha quebrado. La época de “Chinamerica” quedo atrás y el modelo de inversiones hacia Oriente -para que el gigante oriental fabrique lo que el consumidor norteamericano adquiere- está seriamente cuestionado.
Ese esquema aceitado con préstamos de la potencia asiática y deudas de su contraparte occidental alcanzó un insostenible punto crítico. El desbalance global creado por los superávits comerciales y financieros de China y su contraparte de déficit estadounidense, alimenta un explosivo desequilibrio de la economía mundial. Luego del colapso bancario del 2008, las dos potencias iniciaron un paulatino distanciamiento para enmendar ese desbalance y ese alejamiento socavó en forma definitiva la continuidad de la globalización.
En tercer lugar, la internacionalización productiva agravó la desindustrialización de Estados Unidos hasta un nivel insostenible para la primera potencia. Sus promotores suponían que la especialización norteamericana en las finanzas, los servicios y la alta tecnología compensaría la regresión fabril, recreando la conducción mundial de Washington en una nueva y estable división global del trabajo. En esa ilusoria creencia se asentó la mundialización neoliberal y todos sus presupuestos neoclásicos de especialización rentable de cada economía en sus ventajas comparativas.
Las falacias de ese imaginario salieron a flote en las últimas décadas, a través de una montaña de contradicciones que Estados Unidos no ha podido gestionar. La incapacidad para aplicar las innovaciones de la Inteligencia Artificial en una economía con decreciente productividad y demolida competitividad es la evidencia más contundente y reciente de ese inmanejable desequilibrio.
Finalmente, el avasallante ascenso de China pulverizó la globalización que fue la gran apuesta de Estados Unidos para recuperar su liderazgo imperial y terminó profundizando su regresión. Beijing y no Washington fue el gran favorecido por la expansión mundial del comercio y por esa razón, continúa auspiciado las transacciones globales, contra la reacción proteccionista del auspiciante inicial de ese rumbo. Ningún dato ilumina con mayor nitidez el declive norteamericano, que esa ventaja lograda por el rival chino de un proyecto inicialmente propiciado por Estados Unidos.
Ese plan asignaba a China un lugar subordinado y dependiente. Imaginaba a la potencia asiática como un mero fabricante de productos básicos, que se mantendría como sometido exportador de esos insumos a los mandantes yanquis de las empresas transnacionales.
Pero en lugar de seguir esa trayectoria de mero tributario del poder occidental, China forjó su propio modelo de desarrollo autónomo, imponiendo normas de transferencia de tecnología a los inversores foráneos. Priorizó su desenvolvimiento interno con políticas económicas contrapuestas al neoliberalismo y la financiarización.
China disciplinó a sus capitalistas con reglas estatales, que limitan la rentabilidad de las firmas, bloqueó el manejo burgués del poder político y ratificó la preeminencia de la planificación. Forjó, además, su propio modelo de globalización en torno a la Ruta de la Seda. Ese esquema alternativo puso el ultimo clavo al cajón de la mundialización neoliberal y al proyecto de resurgimiento digital estadounidense. Este resultado altera el nuevo escenario de la Inteligencia Artificial hacia un rumbo que analizaremos en el próximo texto.
10-10-2026
RESUMEN
El capitalismo digital reemplaza el modelo de financiarización que erigió la globalización neoliberal. Asciende una plutocracia informática que confiscó los datos de los usuarios, lucró con el rescate de los bancos y controló el experimento laboral de la pandemia. La IA corona ese dominio reforzando la captura y manipulación de la información por parte de una elite de billonarios digitales. Pero la fractura de la globalización, la ruptura del eje sino-americano, la desindustrialización estadounidense y el fulminante ascenso de China socavan los pilares de esa supremacía.
[1] Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA.
[2] Míguez, Pablo (2025) Inteligencia artificial, datos y desigualdades en el capitalismo contemporáneo REDES Revista de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Quilmes
[3] Vrousalis, Nicholas (2026). Capitalismo y Big Tech. Por una crítica de la hipótesis "tecnofeudal"https://www.sinpermiso.info/textos/capitalismo-y-big-tech-por-una-critica-de-la-hipotesis-tecnofeudal
[4] Doña, Cristina (2026) Redes Sociales Más Utilizadas en 2026 y Cómo Elegir la Tuya
https://metricool.com/es/redes-sociales-mas-importantes/
[5] Pasquinelli, Matteo (2023) La automatización de la inteligencia general https://www-e--flux-com.translate.goog/journal/141/577253/the-automation-of-general-intelligence?
[6] Katz, Claudio (2019) El capitalismo contemporáneo, Curso de posgrado Revolución Tecnológica, Clase 2 https://www.youtube.com/watch?v=GgNsJwF19JY&list=PLWfnIgB-PMjuPh0oyntPlEdKiyIRfaKWq&index=2&t=27s
[7]-Mafra, Costa “et al” (2017) A tensão permanente entre expansão e crise do capitalismo: as revoluções tecnológicas e as bolhas financeiras, Rev. Text. Econ., Florianópolis, v. 20 n. 2, ago/dez. 2017
[8] Echeverría, Javier (2016). Diálogos, https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/index-2016-05-16.html
[9] Fuchs, C., (2021). Los bienes comunes digitales y la esfera pública digital: cómo impulsar la democracia digital hoy, Westminster Papers in Communication and Culture 16(1), 9-26. doi: https://doi.org/10.16997/wpcc.917-
[10] Harvey, David (2012). El enigma del capital y las crisis del capitalismo, AKAL, Madrid, (p 40-45)
[11] Smith, John (2010), Imperialism & the Globalisation of Production. Sheffield: University of Sheffield, (p 22)
[12] Andreff, Wladimir (2013). L’État mondialisateur survivra à la crise de la mondialisation. La mondialisation, stade supreme du capitalisme, Hommage a Charles Albert Michalet, Paris-10 (p. 299-317)
[13] Martínez Peinado, Javier (2012). La estructura teórica Centro/Periferia y el análisis del Sistema Económico Global: ¿obsoleta o necesaria?, enero 2012 www.usc.es/congresos/xiirem/pdf/50.pdf (p 1-26)
[14] Milberg, William; Deborah, Winkler (2018). Las cadenas globales de valor.Dinámica de la producción en el capitalismo contemporáneo, Universidad Nacional de Quilmes, (p 9-54)
[15] Starosta, Guido; Caligaris, Gastón (2017). Trabajo, valor y capital, Universidad de Quilmes, (p 211-276)
[16] Vitali, Stefania “et al” (2011). The Network of Global Corporate Control, PLoS ONE 6 (10).
[17] Machado, Diogo; Abreu, Alexandre (2026). Después de la hiperglobalización: la reconfiguración del orden del capital 14/05/2026 https://vientosur.info/despues-de-la-hiperglobalizacion-la-reconfiguracion-del-orden-del-capital/
[18] Unctad, (2026). World Investment Report 2026 https://unctad.org/publication/world-investment-report-2026-international-investment-turbulent-era
Por CLAUDIO KATZ (1) PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La sustitución de la globalización neoliberal por el capitalismo digital es la principal transformación de la última década. El modelo de financiarización que desembocó en el gran estallido bancario del 2008 ha quedado complementado o reemplazado por otro esquema liderado por el sector tecnológico, que determina las tendencias dominantes del sistema. El nuevo comando del capitalismo que asumieron los gigantes de la informática corona varios procesos precedentes y afronta una inesperada adversidad.
SEIS CAMBIOS SUSTANCIALES
Las mega compañías tecnológicas conquistaron, en primer lugar, un predominio creciente por su incidencia en las cadenas globales de valor forjadas con la globalización productiva. El salto registrado en la internacionalización de la actividad económica no se limitó al comercio o las finanzas, sino que modificó las formas de producción. Esa mutación fue a su vez factible por la revolución tecnológica que iniciaron las computadoras, afianzaron las redes y reafirma la Inteligencia artificial.
El protagonismo de las firmas tecnológicas corona, en segundo término, la propia evolución del sector que transitó por sucesivas etapas internas de perfeccionamiento digital. La informática inicial avanzó hacia computadoras más rápidas con mayor capacidad de memoria y ese incremento del poder de cómputo alentó su uso comercial.
A comienzos del siglo XXI irrumpió el procesamiento de la información a otra escala con el Big Data y en la última década, los asistentes virtuales comenzaron a reconocer la voz interactuado con el usuario desde el teléfono. Con ese avance inauguran las modalidades básicas de aplicación de la IA. En sintonía con esa maduración comenzó la aplicación de esa tecnología en los procesos de automatización, y robotización de las plataformas laborales [2].
Esta gravitación de la digitalización ha sido posible, en tercer lugar, por la gran disponibilidad de capital para el desenvolvimiento de la informática, que sucedió al colapso bancario del 2008. Esa crisis implicó una descomunal inyección de dinero por parte de los bancos centrales para socorrer a las entidades en bancarrota (flexibilización cuantitativa). Pero el destino posterior de esos fondos fue el financiamiento de las compañías tecnológicas. Esas firmas tuvieron a su disposición una masa inédita de recursos que los bancos canalizaron a su favor y utilizaron ese dinero para consumar su fulminante expansión.
Este significativo viraje en el desenvolvimiento del capitalismo quedó inicialmente oscurecido por la generalizada atención en el temblor bancario del 2008. Los debates sobre la regulación o la mera continuidad de la financiarización acapararon el interés de los economistas. En general se observó ese proceso como un peldaño más de la era neoliberal, sin notar cómo la afluencia masiva de capital a los bancos para evitar su quebranto terminó gestando una plutocracia digital [3].
Este ascendente sector capturó recursos y reconfiguró al capitalismo, porque reunió bajo su control los datos que sostienen la revolución digital. Este cuarto determinante del viraje actual fue posible por la concentración y captura de ese indispensable insumo en manos de un puñado de empresas.
Los datos fueron acaparados, apropiados, sustraídos y robados al compás de la propia difusión de las computadoras, Internet, las redes y los teléfonos celulares. Los dueños de ese tejido (Space, Anthropic, OpenAI, Google, Meta, Microsoft, Amazon) coronaron la confiscación de la información, que desde los años 80 comenzaron a proveer gratuitamente los usuarios a través de las tarjetas de créditos.
El acaparamiento exponencial de esos basamentos se consumó posteriormente, mediante su reunión en los Big Data y su tratamiento en los Data Center. El procesamiento de esos insumos en algoritmos diseñados por las firmas, le permite a la plutocracia digital contar con un inédito instrumento de control social y acumulación de ganancias.
Ese manejo emergió de su impune acopio de los datos provistos por la monumental red de usuarios que se interconectaron su bajo su mando. Facebook cuenta con 3.120 millones de usuarios activos mensuales de una población global que roza los 8.200 millones de personas. Esa plataforma opera sobre el 38% de los habitantes del planeta y el 54% de los usuarios de Internet. WhatsApp enlaza a unos 3.000 millones de usuarios y conforma el sistema de mensajería más utilizado en el mundo. Instagram también escaló hasta un número semejantes de asociados y Messenger ronda los 1.100 millones de usuarios [4].
Cuando Facebook compró WhatsApp (2014) prometió a los organismos reguladores que no cruzaría los datos obtenidos por ese sistema con los propios. Pero violó con total impunidad ese compromiso y consumó el gigantesco almacenamiento de insumos que también han perpetrado sus rivales. La IA se ha desarrollado con esa plataforma de datos en los servidores que manejan un puñado de compañías.
La pandemia operó como el sexto determinante de la nueva etapa. Permitió concretar un salto cualitativo en la revolución digital, mediante un gran experimento de uso total de la nueva tecnología. La inesperada emergencia médica incentivó la instauración de un sistema global de comunicación instantáneo, asentado en una gran infraestructura para el seguimiento, medición y predicción de todos los comportamientos.
Las plataformas digitales permitieron procesar esa ingeniera social durante los confinamientos. Se forjó un nuevo modelo para trabajar, comprar y comunicarse, que posteriormente quedó incorporado a la vida laboral. El gran ensayo durante la pandemia permitió perfeccionar todos los mecanismos de ese novedoso esquema, que perduró en la vida cotidiana mediante los códigos QR, la bancarización forzosa y la consolidación del teletrabajo[5].
EL SECRETO DE LA DIGITALIZACIÓN
La IA es la fase más reciente y avanzada de la revolución digital que asumió un ritmo vertiginoso en la última década. Pero su origen se remonta al surgimiento de la computación en 1946, a la introducción del microprocesador en 1971 y a la generalización de Internet desde 1991. Las redes irrumpieron posteriormente interconectando a millones de usuarios y sustituyendo el almacenamiento de datos en ordenadores individuales por su localización en el espacio digital.
Ese cambio introdujo el salto más relevante en la informática y aceleró su aplicación a la industria 4.0 mediante las cadenas de valor. La fase inicial de aplicaciones informáticas a la economía y a la vida cotidiana (1985-2008), fue sucedida por la universalización de la Web como sitio organizador del desarrollo digital (2008-2022). La Inteligencia Artificial introduce el nuevo eslabón de una secuencia que siguió el intenso ritmo de internacionalización de la economía [6].
La IA irrumpió con el ChatGPT que difundió la empresa OpenAI en el 2022. Ensaya la introducción de una “máquina de aprendizaje general” inspirada en las redes neuronales, que funciona con algoritmos que imitan los sistemas biológicos. Son entrenados a partir de esa adaptación.
Su desenvolvimiento derivó de tres procesos convergentes que empoderaron a los dueños del universo digital. Primero fue la privatización de Internet y luego la apropiación de los datos. Esta confiscación siguió el precedente histórico de los cercamientos de las tierras comunales en Inglaterra, que apuntalaron la acumulación primitiva de capital. Finalmente, el aluvión de dinero que recibió la elite tecnológica de los bancos centrales luego del colapso del 2008 coronó el ascenso de la nueva casta.
La presencia de una burbuja financiera ya consumada (punto.com) y otra en gestación (IA), ilustra la repetición de un ingrediente clásico de todas las revoluciones tecnológicas. Reitera lo ocurrió con la fiebre de los canales de navegación (1797), la euforia ferroviaria (mitad siglo XIX), el optimismo bursátil con el acero o la electricidad, (1890-1893), el automóvil (1920-30) y la matriz energética (1970-80).
Una innovación con impacto radical y consiguiente eclosión financiera está nuevamente incidiendo en la transformación cualitativa del capitalismo [7].
Las empresas que comandan ese curso se ubicaron en la cresta de la ola, manejando el hardware y el software que les permite apropiar y recopilar los datos suministrados gratuitamente por los usuarios. Primero organizaron esa información con los documentos disponibles y luego utilizaron la interacción social de las redes para capturar la totalidad de esas fuentes.
Microsoft inició esa absorción en los años ochenta, a través del sistema operativo Windows, que se transformó en el modelo emblemático de la informática. Apple complementó ese rumbo con su propio esquema y Google introdujo el principal motor de búsqueda, con varios instrumentos de interconexión (correo electrónico Gmail, plataforma audiovisual Youtube). El sistema operativo Android de los teléfonos inteligentes puso gran parte de los datos del planeta a disposición de sus captores.
Google se transformó en una máquina de recopilar y ordenar los datos. Comenzó agrupando toda la información con los documentos que ya disponibles en Internet, luego catalogó los libros (Google library Project), ordenó las noticias (Google News) y mapeó las calles, rutas y ciudades (Google Maps), hasta dotarse del instrumental necesario para dominar el negocio digital. Con ese basamento vende a las empresas los espacios publicitarios de sus plataformas, para que individualicen sus campañas y fidelicen a sus clientes.
Facebook pavimentó el mismo camino con la red social más utilizada del mundo y con la consiguiente fuente de información que aportan sus usuarios. Instagram y WhatsApp utilizan fotos, videos y mensajes con el mismo propósito de apuntalar la focalización de las ventas.
Toda la actividad comercial ha quedado modificada con este nuevo patrón de conocimiento detallado de los ingresos y preferencias de los consumidores. En este manejo radica también el éxito de Amazon, que trastocó por completo el comercio a partir de su registro de los compradores. Con su sistematización del perfil de los adquirientes, saltó de la simple venta de libros por internet (1994) a constituirse en la empresa de venta online más grande del mundo. Su manejo y conocimiento de los consumidores le permitió desplazar a los viejos gigantes del comercio minorista (Walmart, Carrefour). Actualmente participa de la carrera de la IA, luego de introducir el dispositivo Alexa para comunicarse por reconocimiento de voz.
La masificación de los teléfonos móviles desde el 2009 aportó el instrumento clave para la consolidación de las plataformas publicitarias. Ese dispositivo fue el gran secreto del predominio que inauguró Google (1998), continuó Facebook (2004), reforzó Youtube (2005) y consolidó Instagram y Twitter (2006).
Otras plataformas (como Uber y Airbnb) introdujeron la gestión de activos ajenos (automóviles, departamentos), mediante la intermediación en su uso. Ese modelo desató a su vez el boom de actividades de reparto o mensajería (PedidosYa, Glovo, Rappi), que lucra con la transferencia de obligaciones y riesgos a los ejecutores de esas actividades.
LA NUEVA PLUTOCRACIA
Todos los modelos de negocios capitalistas han quedado alterados por una evolución digital, que otorga incontables ventajas al que llegó primero. Ese adelantado captura el manejo de la red que conecta a los usuarios con los nuevos servicios disponibles. La clave de ese éxito capitalista radica en la apropiación de los datos que organizan cada emprendimiento.
El manejo de la plataforma que extrae, analiza y monetiza los datos es el principal secreto de ese predominio. Exige algoritmos para confiscar la información y asegurar los clientes, utilizando la monumental infraestructura que sostiene al nuevo modelo informatizado de acumulación.
Los dueños de esos resortes se transformado en una élite dentro de la propia clase dominante capitalista, con un poder tan mayúsculo como inédito. Conforman una pequeña minoría de ultra poderosos, que usufructúa de su control de los vectores de la información, las patentes, los algoritmos y los sistemas logísticos. Con ese manejo han logrado una descomunal gravitación sobre el resto de los capitalistas y el conjunto de la sociedad.
Han consolidado en torno a sus propios círculos, las típicas configuraciones de oligopolios que erigen barreras a la entrada al negocio, mediante la adquisición total o parcial de las empresas que despuntan como potenciales competidoras. Las principales plataformas desarrollan agresivas de estrategias de compra o asociación de los recién llegados.
Actúan con gran velocidad, cuando aparecen los nichos que amenazan la posición dominante de los plutócratas ya establecidos. Como la revolución digital se encuentra en pleno desarrollo, deben aceptar nuevos miembros en esa elite, luego de involucrarlos en la consolidación de la pirámide de poder. Todas las regulaciones vigentes para impedir o limitar esa concentración del capital, han sido fácilmente burladas por el puñado de mil millonarios que manejan el universo digital. Las ingenuas expectativas en la democratización de la información -que acompañaría a la aparición de Internet- han quedado definitivamente sepultadas, frente al despotismo que ejercen los dueños del sistema.
Los personajes más afamados de ese universo operan como capitalistas, que combinan la propiedad con la función de organizar o manejar las compañías del sector.
Las monumentales ganancias de Gates, Zuckerberg, Bezos, Musk o Altman provienen ante todo del lugar que ocupan como dueños de las empresas.
La impresionante cotización bursátil de esas firmas y la consiguiente remuneración que obtienen por esa valuación deriva de esa propiedad. Pero en muchos casos, ese papel coexiste con su rol de innovadores y conversores de las invenciones digitales en redituables mercancías. Los elogios que reciben por este segundo atributo, suelen ocultar las tremendas adversidades sociales que provoca su afianzamiento como mil millonarios, en una estructura de inequidad sin precedentes.
El nuevo modelo gestado en torno a la innovación digital ha sido bautizado con varias denominaciones. La acepción inicial de “tecno-capitalismo”, resaltaba como la revolución informática colocó a un nuevo sector empresario al comando del sistema, sustituyendo a las tradiciones firmas petroleras, siderúrgicas o automotrices [8].
La identificación posterior con un “capitalismo de las plataformas”, aludió al nuevo papel dominante que ejercen esas ramificaciones en el funcionamiento general del sistema. Los autores que acuñaron esa expresión (Nick Srniceks), ilustraron cómo un público de oferentes ha quedado enlazado con otro de demandantes por medio de los nuevos oligopolios que controlan las redes.
El otro término utilizado de “capitalismo digital” también resalta la dinámica general de un sistema, que ha quedado moldeado por la mediación de las nuevas tecnologías informáticas[9].
Ninguna de las esas tres acepciones implica la vigencia de un sistema diferente al capitalismo. La economía y la sociedad continúan funcionado en torno a un régimen social de competencia por beneficios surgidos de la explotación. Lo que ha cambiado es la etapa, el modelo o la forma de acumulación de ese modo de producción.
En la cúspide de esa estructura y en la dinámica de su reproducción se ha ubicado un nuevo sector de plutócratas, que definen el rumbo y las prioridades del capitalismo. Exhiben un nivel de riquezas nunca visto y una capacidad también inédita para incidir en el curso del sistema, pero su proyecto está afectado por un inesperado cambio de las relaciones internacionales.
MUNDIALIZACIÓN DIGITALIZADA
La revolución digital se desenvolvió a una escala global que desbordó todos las antecedentes de mutaciones análogas. A diferencia de lo ocurrido con el ferrocarril, la electricidad, el automóvil, los plásticos o la energía irrumpió directamente a escala planetaria. No se expandió de un país u otro, mediante inversiones externas o implantaciones de compañías, sino que enlazó de entrada a los usuarios como consumidores de todo el planeta. Por eso Google, Meta, Microsoft, Amazon, Facebook emergieron desde su inicio como redes y negocios mundiales.
Esa internacionalización desde el propio debut de la era digital fue posible porque coincidió con el despunte de la globalización. Ambos procesos se retroalimentaron, puesto que la informatización aceleró la mundialización de la economía y ese salto en las actividades globales reforzó el ascenso de las mega empresas tecnológicas. Ambos procesos apuntalaron, a su vez, los pilares de la globalización en el plano geopolítico (gobernanza mundial) e ideológico (cosmopolitismo y transnacionalismo).
La globalización de la economía y la revolución digital se extendieron bajo el mismo impulso del capitalismo, que bajo el látigo de la competencia obliga a las empresas a mundializar sus inversiones para ganar rentabilidad con mayores mercados. Esa presión derivó en una expansión espacial junto al significativo acortamiento de los tiempos del proceso productivo [10].
Desde los años 90 las políticas económicas neoliberales aceleraron ese rumbo de internacionalización, que subyace en la propia matriz de la acumulación capitalista. Esa impronta mundial asumió una escala sin precedentes en el debut del siglo XXI, con la internacionalización de la producción y el cambio de toda la geografía industrial, que implicó el desplazamiento de la industria hacia Oriente.
Las economías de esa región duplicaron su participación en la actividad manufacturera y sustituyeron la centralidad fabril histórica de Estados Unidos, Europa y Japón [11]. Esa mayúscula mutación fue posible por la nueva red de comunicaciones, interconexiones de usuarios y modelos de comercialización mundial que introdujo la revolución digital.
La globalización coronó un largo proceso de remodelación de la División Internacional del Trabajo iniciado en los años 60, con el traslado de industrias a la periferia, la separación del ciclo del producto en localizaciones diferentes, la aparición de la empresa multinacional y la formación de un espacio homogéneo de la firma transnacional, en el marco diferenciado de la economía mundial.
Las compañías separaron las actividades calificadas de la producción en serie y lucraron con las diferencias nacionales de productividad y salario. La globalización culminó esa remodelación con el desdoblamiento internacional del proceso de fabricación [12]. De esa forma se consumó el pasaje de un modelo de la periferia como exportadora de materias primas, a otro de la periferia integrada a la fabricación industrial [13].
El último eslabón de ese curso fue el establecimiento de las cadenas globales de valor (CGV), con mayor peso de los bienes intermedios y las importaciones, en una modalidad de especialización vertical de las firmas globalizadas [14]. El propósito de esa reestructuración fue incrementar las ganancias, mediante una gestión internacionalizada del excedente apropiado por los capitalistas, a través del acaparamiento de la plusvalía extraordinaria que se concentra en la cabeza de esa estructura [15].
Con ese esquema las empresas transnacionales duplicaron su número de empleados, consiguieron controlar un cuarto de PBI global, el 80% del comercio mundial y el 40% de la riqueza generada en todo el planeta[16]. Esta secuencia de enormes transformaciones fue posible por el desarrollo simultáneo de la revolución digital, que acompañó, apuntaló e incentivó cada una de las ascendentes fases de la globalización.
Pero este modelo presuponía un indiscutido comando económico de Estados Unidos, que fue inspirador de la globalización y el gestor de la revolución informática. Wall Street aportó el sustento financiero de estos procesos, Washington la impronta ideológico-político y el Silicon Valley el cimiento digital.
Ese modelo de globalización hermando con la digitalización prometía restaurar la supremacía imperial de Estados Unidos, en el mundo unipolar que sucedió al colapso de la Unión Soviética. Pero ese ensueño trastabilló con el colapso financiero del 2008 y se ha desmoronado por completo desde la última década.
FRACTURA DE LA GLOBALIZACIÓN
La expectativa de predominio económico mundial que Estados Unidos esperaba recuperar con su liderazgo digital se ha disipado por cuatro razones: la fractura de la globalización, la ruptura del eje sino-americano, la desindustrialización yanqui y el fulminante ascenso de China.
El quebranto de la globalización se verifica en el estancamiento del comercio mundial al cabo de varias décadas de gran avance. Ese intercambio como porcentaje del PIB mundial pasó del 25 % (1970) al 61 % (2008) y retrocedió al 57 % (2024) [17]. El pico de los flujos anuales de inversión extranjera directa (IED) de 5,3 % del PIB mundial en el 2007 se ha revertido al 1,3% en la actualidad [18].
La generalización de nuevos términos -como slowbalization o deglobalization-, junto a la centralidad que tienen sus contrapartes de reshoring, near-shoring o friend-shoring confirman ese cambio, en el nuevo escenario de proteccionismo y neo mercantilismo. El impacto de ese giro es mucho más significativo en el comercio y las finanzas que en la industria, puesto que las cadenas de valor persisten y no se verifica un repliegue de la actividad fabril a los viejos patrones de autarquía nacional. Pero el escenario de globalización y digitalización neoliberal bajo comando norteamericano ya es un dato del pasado.
En segundo lugar, la estrecha asociación económica entre las dos grandes potencias que apuntalaba la globalización se ha quebrado. La época de “Chinamerica” quedo atrás y el modelo de inversiones hacia Oriente -para que el gigante oriental fabrique lo que el consumidor norteamericano adquiere- está seriamente cuestionado.
Ese esquema aceitado con préstamos de la potencia asiática y deudas de su contraparte occidental alcanzó un insostenible punto crítico. El desbalance global creado por los superávits comerciales y financieros de China y su contraparte de déficit estadounidense, alimenta un explosivo desequilibrio de la economía mundial. Luego del colapso bancario del 2008, las dos potencias iniciaron un paulatino distanciamiento para enmendar ese desbalance y ese alejamiento socavó en forma definitiva la continuidad de la globalización.
En tercer lugar, la internacionalización productiva agravó la desindustrialización de Estados Unidos hasta un nivel insostenible para la primera potencia. Sus promotores suponían que la especialización norteamericana en las finanzas, los servicios y la alta tecnología compensaría la regresión fabril, recreando la conducción mundial de Washington en una nueva y estable división global del trabajo. En esa ilusoria creencia se asentó la mundialización neoliberal y todos sus presupuestos neoclásicos de especialización rentable de cada economía en sus ventajas comparativas.
Las falacias de ese imaginario salieron a flote en las últimas décadas, a través de una montaña de contradicciones que Estados Unidos no ha podido gestionar. La incapacidad para aplicar las innovaciones de la Inteligencia Artificial en una economía con decreciente productividad y demolida competitividad es la evidencia más contundente y reciente de ese inmanejable desequilibrio.
Finalmente, el avasallante ascenso de China pulverizó la globalización que fue la gran apuesta de Estados Unidos para recuperar su liderazgo imperial y terminó profundizando su regresión. Beijing y no Washington fue el gran favorecido por la expansión mundial del comercio y por esa razón, continúa auspiciado las transacciones globales, contra la reacción proteccionista del auspiciante inicial de ese rumbo. Ningún dato ilumina con mayor nitidez el declive norteamericano, que esa ventaja lograda por el rival chino de un proyecto inicialmente propiciado por Estados Unidos.
Ese plan asignaba a China un lugar subordinado y dependiente. Imaginaba a la potencia asiática como un mero fabricante de productos básicos, que se mantendría como sometido exportador de esos insumos a los mandantes yanquis de las empresas transnacionales.
Pero en lugar de seguir esa trayectoria de mero tributario del poder occidental, China forjó su propio modelo de desarrollo autónomo, imponiendo normas de transferencia de tecnología a los inversores foráneos. Priorizó su desenvolvimiento interno con políticas económicas contrapuestas al neoliberalismo y la financiarización.
China disciplinó a sus capitalistas con reglas estatales, que limitan la rentabilidad de las firmas, bloqueó el manejo burgués del poder político y ratificó la preeminencia de la planificación. Forjó, además, su propio modelo de globalización en torno a la Ruta de la Seda. Ese esquema alternativo puso el ultimo clavo al cajón de la mundialización neoliberal y al proyecto de resurgimiento digital estadounidense. Este resultado altera el nuevo escenario de la Inteligencia Artificial hacia un rumbo que analizaremos en el próximo texto.
10-10-2026
RESUMEN
El capitalismo digital reemplaza el modelo de financiarización que erigió la globalización neoliberal. Asciende una plutocracia informática que confiscó los datos de los usuarios, lucró con el rescate de los bancos y controló el experimento laboral de la pandemia. La IA corona ese dominio reforzando la captura y manipulación de la información por parte de una elite de billonarios digitales. Pero la fractura de la globalización, la ruptura del eje sino-americano, la desindustrialización estadounidense y el fulminante ascenso de China socavan los pilares de esa supremacía.
[1] Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA.
[2] Míguez, Pablo (2025) Inteligencia artificial, datos y desigualdades en el capitalismo contemporáneo REDES Revista de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Quilmes
[3] Vrousalis, Nicholas (2026). Capitalismo y Big Tech. Por una crítica de la hipótesis "tecnofeudal"https://www.sinpermiso.info/textos/capitalismo-y-big-tech-por-una-critica-de-la-hipotesis-tecnofeudal
[4] Doña, Cristina (2026) Redes Sociales Más Utilizadas en 2026 y Cómo Elegir la Tuya
https://metricool.com/es/redes-sociales-mas-importantes/
[5] Pasquinelli, Matteo (2023) La automatización de la inteligencia general https://www-e--flux-com.translate.goog/journal/141/577253/the-automation-of-general-intelligence?
[6] Katz, Claudio (2019) El capitalismo contemporáneo, Curso de posgrado Revolución Tecnológica, Clase 2 https://www.youtube.com/watch?v=GgNsJwF19JY&list=PLWfnIgB-PMjuPh0oyntPlEdKiyIRfaKWq&index=2&t=27s
[7]-Mafra, Costa “et al” (2017) A tensão permanente entre expansão e crise do capitalismo: as revoluções tecnológicas e as bolhas financeiras, Rev. Text. Econ., Florianópolis, v. 20 n. 2, ago/dez. 2017
[8] Echeverría, Javier (2016). Diálogos, https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/index-2016-05-16.html
[9] Fuchs, C., (2021). Los bienes comunes digitales y la esfera pública digital: cómo impulsar la democracia digital hoy, Westminster Papers in Communication and Culture 16(1), 9-26. doi: https://doi.org/10.16997/wpcc.917-
[10] Harvey, David (2012). El enigma del capital y las crisis del capitalismo, AKAL, Madrid, (p 40-45)
[11] Smith, John (2010), Imperialism & the Globalisation of Production. Sheffield: University of Sheffield, (p 22)
[12] Andreff, Wladimir (2013). L’État mondialisateur survivra à la crise de la mondialisation. La mondialisation, stade supreme du capitalisme, Hommage a Charles Albert Michalet, Paris-10 (p. 299-317)
[13] Martínez Peinado, Javier (2012). La estructura teórica Centro/Periferia y el análisis del Sistema Económico Global: ¿obsoleta o necesaria?, enero 2012 www.usc.es/congresos/xiirem/pdf/50.pdf (p 1-26)
[14] Milberg, William; Deborah, Winkler (2018). Las cadenas globales de valor.Dinámica de la producción en el capitalismo contemporáneo, Universidad Nacional de Quilmes, (p 9-54)
[15] Starosta, Guido; Caligaris, Gastón (2017). Trabajo, valor y capital, Universidad de Quilmes, (p 211-276)
[16] Vitali, Stefania “et al” (2011). The Network of Global Corporate Control, PLoS ONE 6 (10).
[17] Machado, Diogo; Abreu, Alexandre (2026). Después de la hiperglobalización: la reconfiguración del orden del capital 14/05/2026 https://vientosur.info/despues-de-la-hiperglobalizacion-la-reconfiguracion-del-orden-del-capital/
[18] Unctad, (2026). World Investment Report 2026 https://unctad.org/publication/world-investment-report-2026-international-investment-turbulent-era













































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