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PINCHÓ EN CHINA LA BURBUJA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

El desplome tecnológico chino lanza una advertencia al mundo

La fiebre por la inteligencia artificial disparó el precio de las tecnológicas chinas. Ahora, el desplome de sus acciones está golpeando duramente a los inversores y amenaza la financiación de nuevos proyectos. ¿Qué ha fallado y cómo podría llegar el impacto al empleo y al resto del mundo?

   

 

REDACCIÓN CS

    China está sufriendo una fuerte caída de las acciones de empresas vinculadas a la inteligencia artificial. Según Reuters, el índice STAR50, que agrupa grandes compañías tecnológicas de Shanghái, perdió cerca del 40 % en menos de cuatro meses.

    La caída borró unos 480.000 millones de dólares de valor bursátil. Eso no significa que haya desaparecido esa cantidad de dinero de los bancos ni que toda la economía china se haya hundido. 

 

QUÉ HA CAÍDO EXACTAMENTE

    Una acción es una pequeña parte de la propiedad de una empresa. En la Bolsa se compran y venden esas participaciones, cuyo precio cambia según lo que los compradores esperan ganar. Un índice, como el STAR50, reúne varias compañías y permite seguir conjuntamente sus cotizaciones: funciona como un termómetro de ese grupo, no como una medida de toda la economía.

 

   Imaginemos una compañía dividida en un millón de acciones. Si cada una cuesta diez euros, su valor en Bolsa es de diez millones. Si el precio baja a seis euros, pasa a valer seis millones. Sus instalaciones pueden seguir intactas y sus empleados continuar trabajando. Lo que cambia inmediatamente es cuánto están dispuestos a pagar los inversores por ser sus propietarios.

 

POR QUÉ SE DESINFLÓ LA EUFORIA

     Durante los últimos años, muchos compradores apostaron a que la inteligencia artificial multiplicaría las ventas de fabricantes de chips, robots y equipos informáticos. Esperaban beneficios enormes y pagaron precios cada vez mayores por sus acciones. También entraron compradores interesados, principalmente, en revenderlas más caras. Así se forma una burbuja: las expectativas empujan los precios mucho más allá de unos resultados razonables.

 

   El problema aparece cuando aumenta la duda: ¿habrá suficientes clientes?, ¿pagarán lo necesario para recuperar las inversiones?, ¿podrán todas las empresas ganar dinero? En China se sumó el temor a restricciones estadounidenses sobre proveedores tecnológicos. Cuando muchos propietarios intentan vender y escasean los compradores, los precios bajan. Esa caída puede asustar a otros inversores y provocar nuevas ventas.

 

    Que una tecnología sea útil no garantiza que todas las empresas dedicadas a ella sean rentables. Puede haber demasiados fabricantes, instalaciones costosas o clientes insuficientes. Una herramienta puede transformar la producción y, al mismo tiempo, resultar una mala inversión para quien compró sus acciones demasiado caras. El desplome bursátil no demuestra que la inteligencia artificial haya dejado de funcionar.

 

CÓMO PUEDE AFECTAR A CHINA

    Los primeros perjudicados son los accionistas. Si alguien invirtió sus ahorros y necesita vender ahora, puede recuperar mucho menos de lo que pagó. Aunque no venda, su patrimonio vale menos y puede reducir sus compras por precaución. Si muchas familias actúan así, comercios y empresas reciben menos ingresos, trasladando parte del golpe financiero a la actividad cotidiana.

 

   Las compañías también pueden sufrir. Una empresa que pretendía financiar un laboratorio vendiendo nuevas acciones tendrá más dificultades si los inversores desconfían. Podría aplazar proyectos, contratar menos o recortar empleos. Sin embargo, una caída de la cotización no le quita automáticamente el dinero que ya tiene: el daño depende de sus recursos, sus deudas y sus necesidades de financiación.

 

   El peligro aumenta cuando las inversiones se hicieron con préstamos. Las acciones pueden perder valor, pero la deuda sigue pendiente. Si se multiplican los impagos, también sufren quienes prestaron. El Estado puede sostener proyectos mediante financiación pública, aunque eso exige decidir qué actividades tienen futuro. El respaldo oficial no convierte cualquier inversión en acertada ni elimina las pérdidas.

 

    Las autoridades chinas mantienen su apuesta por desarrollar estas tecnologías. En unas directrices publicadas el 9 de octubre, insistieron en conectar la innovación con las necesidades industriales y evitar una competencia destructiva. Eso permite distinguir dos tareas: sostener investigaciones y aplicaciones útiles, y proteger a quienes especularon. Destinar recursos públicos a lo segundo puede trasladar a la sociedad pérdidas privadas y empresariales. 

 

POR QUÉ IMPORTA FUERA DE CHINA

     El contagio puede viajar por las inversiones. Un fondo que pierde dinero en China podría vender acciones en otros países para obtener efectivo o reducir riesgos. Además, los inversores pueden empezar a cuestionar empresas tecnológicas de otras bolsas. El propio FMI ha advertido de que unas ganancias inferiores a las esperadas en inteligencia artificial podrían provocar caídas, agravadas por las deudas y la concentración de inversiones. 

 

   También puede transmitirse mediante el comercio. Si las empresas chinas reducen la construcción de centros informáticos o fábricas, comprarán menos maquinaria, componentes y materiales a proveedores extranjeros. Si el deterioro alcanza al consumo, podrían disminuir otras importaciones. Pero esas consecuencias dependen de que el golpe bursátil frene realmente la actividad: no se deducen automáticamente de una caída del índice.

 

   Otra posibilidad es que empresas presionadas intenten vender más en el extranjero bajando precios. Eso abarataría algunos productos, pero endurecería la competencia para otros fabricantes y podría alimentar nuevas disputas comerciales.

 

  Las grandes compañías también podrían comprar competidores debilitados, concentrando todavía más el negocio. La cuestión será cuánto daño llega a la producción y al empleo, quién soporta las pérdidas y qué proyectos encuentran clientes reales, más allá del entusiasmo financiero.

 

Fuentes enlazadas:

Reuters: desplome tecnológico;

Bolsa de Shanghái:

índice STAR50;

Gobierno chino: directrices industriales;

FMI: riesgos financieros.

 
 
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