DEBATE EN IRÁN: "¿ABANDONAR EL TRATADO DE NO PROLIFERACIÓN DE ARMAS NUCLEARES? PERMANECER EN ÉL NO HA SERVIDO PARA NADA"
Diputados iraníes aseguran "que no ha servido para nada" la renuncia irani al arma nuclear...El ejemplo está en Corea del Norte
Tras meses de guerra, sanciones y ataques contra sus instalaciones nucleares, en Irán crece una pregunta incómoda: ¿de qué ha servido permanecer dentro del sistema internacional de no proliferación si eso no ha evitado los bombardeos? El debate sobre abandonar el NPT revela un riesgo mayor: que la presión militar termine reforzando a quienes defienden que solo un arma nuclear puede garantizar la seguridad del país.
REDACCIÓN CANARIAS SEMANAL.ORG
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán amenaza con provocar una consecuencia que durante décadas las grandes potencias aseguraron querer evitar: que Teherán termine considerando seriamente la fabricación de armas nucleares como garantía última frente a nuevos ataques.
Varios diputados iraníes están impulsando con carácter urgente una propuesta para que la República Islámica abandone el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), el acuerdo internacional que desde 1970 obliga a los Estados sin armas atómicas que forman parte de él a renunciar a ellas y someter sus instalaciones nucleares a controles internacionales.
El diputado Hossein Ali Hajideligani sostuvo el pasado domingo que permanecer dentro del tratado ya no proporcionaba ventajas a Irán después de los ataques sufridos por el país.
La propuesta todavía no supone una decisión definitiva: debe superar el procedimiento parlamentario y, posteriormente, otros mecanismos institucionales iraníes. Pero que la posibilidad se discuta abiertamente muestra hasta qué punto ha cambiado el escenario político.
UN TRATADO QUE TAMBIÉN PERMITE SALIR
El NPT no prohíbe abandonar el acuerdo. Su artículo X permite hacerlo cuando un Estado considera que acontecimientos extraordinarios han puesto en peligro sus “intereses supremos”, aunque exige comunicar la decisión con tres meses de antelación.
La consecuencia sería especialmente grave en el caso iraní. Buena parte de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica dependen precisamente de los compromisos asumidos dentro del tratado. Especialistas en control de armamentos advierten que
la salida de Irán podría hacer desaparecer buena parte del actual sistema de salvaguardias, aunque determinados materiales e instalaciones podrían continuar sometidos a controles derivados de otros acuerdos internacionales.
Es decir, el resultado podría ser paradójico: después de años intentando limitar el programa nuclear iraní, una escalada militar podría terminar reduciendo drásticamente la capacidad internacional para saber qué ocurre dentro de él.
CUANDO WASHINGTON DECIDIÓ ROMPER EL ACUERDO
La historia inmediata resulta imprescindible para entender cómo se ha llegado hasta aquí.
En 2015, Irán firmó con Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania el JCPOA, conocido popularmente como acuerdo nuclear iraní. Teherán aceptaba importantes restricciones sobre el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de determinadas sanciones.
![[Img #94508]](https://canarias-semanal.org/upload/images/09_2026/2982_4889_info2.jpg)
El acuerdo permitió además al OIEA aplicar un sistema de verificación mucho más amplio. La propia agencia internacional destacó que obtenía mayor acceso e información sobre las instalaciones nucleares iraníes y disponía de un régimen de inspección considerablemente reforzado.
Pero en mayo de 2018, Donald Trump retiró unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo y restableció las sanciones. En ese momento, los inspectores internacionales continuaban certificando que Irán estaba cumpliendo los principales compromisos nucleares establecidos en el pacto.
A partir de entonces comenzó un proceso de deterioro progresivo: sanciones estadounidenses, reducción de los compromisos iraníes, incremento del enriquecimiento de uranio, restricciones a las inspecciones y, finalmente, ataques militares contra instalaciones nucleares.
LA INTELIGENCIA ESTADOUNIDENSE "NO VEÍA UNA BOMBA EN CONSTRUCCIÓN"
Existe además otro elemento importante. En marzo de 2025, la directora de Inteligencia Nacional estadounidense, Tulsi Gabbard, explicó ante el Congreso que la comunidad de inteligencia seguía considerando que Irán no estaba construyendo un arma nuclear y que su líder no había autorizado la reactivación del antiguo programa de armamento suspendido en 2003.
La misma evaluación advertía, sin embargo, de un hecho que les preocupaba:
Irán había acumulado cantidades sin precedentes de uranio altamente enriquecido para un Estado que no poseía armas nucleares.
Antes de la guerra iniciada el 28 de febrero de 2026, la propia Inteligencia estadounidense tampoco había detectado esfuerzos iraníes para reconstruir las capacidades de enriquecimiento destruidas durante los ataques del año anterior.
Esto no significa que el programa iraní careciera de problemas. El OIEA mantenía importantes dudas sobre materiales nucleares no declarados, reclamaba acceso a determinadas instalaciones y advertía que no podía garantizar que todo el programa tuviera exclusivamente fines pacíficos.
Pero existe una diferencia fundamental entre poseer capacidad tecnológica para acercarse a un arma nuclear y haber tomado la decisión política de construirla.
COREA DEL NORTE, UN PRECEDENTE QUE VALIDA
Aquí aparece Corea del Norte. Pyongyang abandonó el NPT en 2003 y posteriormente desarrolló armas nucleares. Hoy la situación obliga incluso a Corea del Sur a plantearse un cambio de estrategia.
El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, ha pedido a Washington que considere aliviar parcialmente las sanciones si Corea del Norte acepta congelar inicialmente su producción de nuevas armas nucleares y misiles intercontinentales. Su argumento es pragmático: exigir desde el primer momento una desnuclearización completa ha producido pocos resultados y un acuerdo limitado podría abrir posteriormente negociaciones más amplias.
La comparación con Irán resulta inquietante porque plantea una cuestión elemental de seguridad internacional: ¿qué conclusión extrae un Estado cuando observa que los países sin armas nucleares pueden ser atacados mientras aquellos que ya poseen un arsenal atómico obligan a sus adversarios a negociar con mucha mayor cautela?
EL PELIGRO DE UNA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA
Trump ha vuelto además a elevar el tono. Este martes llegó a advertir ante Naciones Unidas que Estados Unidos podría “aniquilar” a Irán si no se alcanzaba un acuerdo de paz.
Estas amenazas pueden producir exactamente el efecto contrario al declarado. Dentro de Irán existe desde hace años una disputa entre quienes defienden mantener la prohibición de fabricar armas nucleares y quienes consideran que solo una capacidad atómica efectiva puede garantizar que el país no vuelva a sufrir ataques.
Cada bombardeo y cada amenaza proporcionan nuevos argumentos a este segundo sector. El problema, por tanto, va mucho más allá de Irán. Si los Estados llegan a la conclusión de que respetar los tratados internacionales no garantiza su seguridad mientras disponer de armas nucleares sí aumenta su capacidad de disuasión, el sistema mundial de no proliferación podría recibir un golpe mucho más profundo.
Y ahí reside la gran paradoja de esta guerra: una campaña emprendida en nombre de impedir que Irán posea la bomba puede terminar aumentando dentro de Irán los incentivos políticos para intentar conseguirla.
FUENTES CONSULTADAS
- ODNI (EE. UU.) — Evaluación de inteligencia sobre el programa nuclear iraní.
-OIEA — Verificación del JCPOA e informes sobre instalaciones y materiales nucleares iraníes.
- Naciones Unidas — Texto del Tratado de No Proliferación Nuclear y artículo X.
- Congressional Research Service — Salida de EE. UU. del JCPOA y restablecimiento de sanciones.
- Reuters — Situación nuclear iraní, declaraciones de Trump y propuesta surcoreana sobre Corea del Norte.
- The Financial Express — Iniciativa parlamentaria iraní para abandonar el NPT.
REDACCIÓN CANARIAS SEMANAL.ORG
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán amenaza con provocar una consecuencia que durante décadas las grandes potencias aseguraron querer evitar: que Teherán termine considerando seriamente la fabricación de armas nucleares como garantía última frente a nuevos ataques.
Varios diputados iraníes están impulsando con carácter urgente una propuesta para que la República Islámica abandone el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), el acuerdo internacional que desde 1970 obliga a los Estados sin armas atómicas que forman parte de él a renunciar a ellas y someter sus instalaciones nucleares a controles internacionales.
El diputado Hossein Ali Hajideligani sostuvo el pasado domingo que permanecer dentro del tratado ya no proporcionaba ventajas a Irán después de los ataques sufridos por el país.
La propuesta todavía no supone una decisión definitiva: debe superar el procedimiento parlamentario y, posteriormente, otros mecanismos institucionales iraníes. Pero que la posibilidad se discuta abiertamente muestra hasta qué punto ha cambiado el escenario político.
UN TRATADO QUE TAMBIÉN PERMITE SALIR
El NPT no prohíbe abandonar el acuerdo. Su artículo X permite hacerlo cuando un Estado considera que acontecimientos extraordinarios han puesto en peligro sus “intereses supremos”, aunque exige comunicar la decisión con tres meses de antelación.
La consecuencia sería especialmente grave en el caso iraní. Buena parte de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica dependen precisamente de los compromisos asumidos dentro del tratado. Especialistas en control de armamentos advierten que
la salida de Irán podría hacer desaparecer buena parte del actual sistema de salvaguardias, aunque determinados materiales e instalaciones podrían continuar sometidos a controles derivados de otros acuerdos internacionales.
Es decir, el resultado podría ser paradójico: después de años intentando limitar el programa nuclear iraní, una escalada militar podría terminar reduciendo drásticamente la capacidad internacional para saber qué ocurre dentro de él.
CUANDO WASHINGTON DECIDIÓ ROMPER EL ACUERDO
La historia inmediata resulta imprescindible para entender cómo se ha llegado hasta aquí.
En 2015, Irán firmó con Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania el JCPOA, conocido popularmente como acuerdo nuclear iraní. Teherán aceptaba importantes restricciones sobre el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de determinadas sanciones.
![[Img #94508]](https://canarias-semanal.org/upload/images/09_2026/2982_4889_info2.jpg)
El acuerdo permitió además al OIEA aplicar un sistema de verificación mucho más amplio. La propia agencia internacional destacó que obtenía mayor acceso e información sobre las instalaciones nucleares iraníes y disponía de un régimen de inspección considerablemente reforzado.
Pero en mayo de 2018, Donald Trump retiró unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo y restableció las sanciones. En ese momento, los inspectores internacionales continuaban certificando que Irán estaba cumpliendo los principales compromisos nucleares establecidos en el pacto.
A partir de entonces comenzó un proceso de deterioro progresivo: sanciones estadounidenses, reducción de los compromisos iraníes, incremento del enriquecimiento de uranio, restricciones a las inspecciones y, finalmente, ataques militares contra instalaciones nucleares.
LA INTELIGENCIA ESTADOUNIDENSE "NO VEÍA UNA BOMBA EN CONSTRUCCIÓN"
Existe además otro elemento importante. En marzo de 2025, la directora de Inteligencia Nacional estadounidense, Tulsi Gabbard, explicó ante el Congreso que la comunidad de inteligencia seguía considerando que Irán no estaba construyendo un arma nuclear y que su líder no había autorizado la reactivación del antiguo programa de armamento suspendido en 2003.
La misma evaluación advertía, sin embargo, de un hecho que les preocupaba:
Irán había acumulado cantidades sin precedentes de uranio altamente enriquecido para un Estado que no poseía armas nucleares.
Antes de la guerra iniciada el 28 de febrero de 2026, la propia Inteligencia estadounidense tampoco había detectado esfuerzos iraníes para reconstruir las capacidades de enriquecimiento destruidas durante los ataques del año anterior.
Esto no significa que el programa iraní careciera de problemas. El OIEA mantenía importantes dudas sobre materiales nucleares no declarados, reclamaba acceso a determinadas instalaciones y advertía que no podía garantizar que todo el programa tuviera exclusivamente fines pacíficos.
Pero existe una diferencia fundamental entre poseer capacidad tecnológica para acercarse a un arma nuclear y haber tomado la decisión política de construirla.
COREA DEL NORTE, UN PRECEDENTE QUE VALIDA
Aquí aparece Corea del Norte. Pyongyang abandonó el NPT en 2003 y posteriormente desarrolló armas nucleares. Hoy la situación obliga incluso a Corea del Sur a plantearse un cambio de estrategia.
El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, ha pedido a Washington que considere aliviar parcialmente las sanciones si Corea del Norte acepta congelar inicialmente su producción de nuevas armas nucleares y misiles intercontinentales. Su argumento es pragmático: exigir desde el primer momento una desnuclearización completa ha producido pocos resultados y un acuerdo limitado podría abrir posteriormente negociaciones más amplias.
La comparación con Irán resulta inquietante porque plantea una cuestión elemental de seguridad internacional: ¿qué conclusión extrae un Estado cuando observa que los países sin armas nucleares pueden ser atacados mientras aquellos que ya poseen un arsenal atómico obligan a sus adversarios a negociar con mucha mayor cautela?
EL PELIGRO DE UNA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA
Trump ha vuelto además a elevar el tono. Este martes llegó a advertir ante Naciones Unidas que Estados Unidos podría “aniquilar” a Irán si no se alcanzaba un acuerdo de paz.
Estas amenazas pueden producir exactamente el efecto contrario al declarado. Dentro de Irán existe desde hace años una disputa entre quienes defienden mantener la prohibición de fabricar armas nucleares y quienes consideran que solo una capacidad atómica efectiva puede garantizar que el país no vuelva a sufrir ataques.
Cada bombardeo y cada amenaza proporcionan nuevos argumentos a este segundo sector. El problema, por tanto, va mucho más allá de Irán. Si los Estados llegan a la conclusión de que respetar los tratados internacionales no garantiza su seguridad mientras disponer de armas nucleares sí aumenta su capacidad de disuasión, el sistema mundial de no proliferación podría recibir un golpe mucho más profundo.
Y ahí reside la gran paradoja de esta guerra: una campaña emprendida en nombre de impedir que Irán posea la bomba puede terminar aumentando dentro de Irán los incentivos políticos para intentar conseguirla.
FUENTES CONSULTADAS
- ODNI (EE. UU.) — Evaluación de inteligencia sobre el programa nuclear iraní.
-OIEA — Verificación del JCPOA e informes sobre instalaciones y materiales nucleares iraníes.
- Naciones Unidas — Texto del Tratado de No Proliferación Nuclear y artículo X.
- Congressional Research Service — Salida de EE. UU. del JCPOA y restablecimiento de sanciones.
- Reuters — Situación nuclear iraní, declaraciones de Trump y propuesta surcoreana sobre Corea del Norte.
- The Financial Express — Iniciativa parlamentaria iraní para abandonar el NPT.




























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