ALEMANIA EN ESTADO DE ALERTA: ENTRE LA CONSCRIPCIÓN Y EL AUGE DE LA ULTRADERECHA DE AfD
Mientras los jóvenes alemanes tendrán que pedir un permiso militar para estancias en el extranjero, la ultraderecha crece como la espuma ... ¿Concomitancias casuales?
Una nueva normativa en Alemania obliga a miles de jóvenes a solicitar autorización militar para estancias largas en el extranjero. Mientras tanto, la ultraderecha lidera las encuestas. ¿Estamos ante hechos aislados o ante un cambio de época?
POR HANSI QUEDNAU, DESDE ALEMANIA, PARA CANARIAS SEMANAL,ORG
¿Podrá un joven alemán hacer la maleta este verano, subirse
a un avión y aterrizar en Canarias o en Mallorca sin más? ¿O tendrá que pedir permiso antes, como si cruzar una frontera fuera algo sospechoso?
La pregunta, que hace apenas unos años habría provocado una sonrisa, hoy se desliza con toda la naturalidad del mundo en conversaciones reales. No todavia en debates políticos, sino en chats de amigos, en pasillos universitarios, en las sobremesas familiares. Y aparece porque algo está cambiando en Alemania. Algo que no siempre se ve, pero que se siente.
“Cuando alguien empieza a preguntarse si necesita permiso para moverse, algo ya ha cambiado”
A veces, los grandes cambios no llegan acompañados con mucho ruido. Llegan como una pequeña norma, como una noticia breve, como un detalle que parece menor… hasta que deja de serlo.
UNA LEY QUE LO CAMBIA TODO: VIAJAR YA NO ES SOLO VIAJAR
La nueva normativa alemana, que dio a conocer un portavozdel Ministerio de Defensa alemán el pasado 4 de Abril. introduce una obligación que, en otro contexto, habría pasado totalmente desapercibida: los hombres de entre 17 y 45 años deberán solicitar autorización militar si desean salir del país durante más de tres meses .
“No hay pánico, pero sí una incomodidad creciente”
Dicho así, suena muy técnico, sin duda. Incluso hasta razonable para algunos. Pero encierra una idea mucho más profunda.
Por primera vez en mucho tiempo, el Estado alemán vuelve a mirar directamente a una parte concreta de la población —los jóvenes— no solo como ciudadanos, sino como un recurso disponible.
No se trata aún de una conscripción general obligatoria, pero sí de un paso previo: registrar, controlar, tener localizados.
Y en ese gesto administrativo se esconde una transformación más grande: la vida personal empieza a cruzarse con necesidades estatales que antes parecían lejanas, muy lejanas en el tiempo
LA PREGUNTA INCÓMODA: ¿Y SI QUIERO IRME A ESPAÑA?
Imaginemos a Lukas, 22 años, estudiante en Berlín. Ha decidido pasar el verano en España. Quizá trabajar en un bar, aprender el idioma, desconectar. Antes, su mayor preocupación habría sido el precio del vuelo.
Hoy, aparece otra:
—“¿Tengo que pedir permiso?”
Si su estancia supera los tres meses, la respuesta es sí. Si es menor, no. Pero lo verdaderamente importante no es la respuesta legal. Es la duda.
Porque cuando alguien empieza a preguntarse si necesita autorización para moverse, algo ya ha cambiado en su forma de entender la libertad. Y entonces surge una segunda pregunta, más inquietante:
¿Y si mañana el límite no son tres meses?
“NO SOMOS SOLDADOS”: VOCES DESDE LA CALLE
En Hamburgo, una joven universitaria lo expresó a los medios con claridad:
—“Siento que nos están preparando para algo, pero nadie lo dice claramente.”
En Berlín, un repartidor de 25 años comenta:
—“No me preocupa hoy. Me preocupa dentro de cinco años.”
Las voces coinciden en algo: no hay pánico, pero sí una incomodidad creciente. Una sensación de que las reglas están cambiando lentamente. Muchos jóvenes no rechazan frontalmente la medida. Lo que les inquieta es su dirección. Porque han conocido suficiente historia —aunque sea en libros o documentales— como para saber que los cambios importantes rara vez se anuncian de golpe.
Se van introduciendo poco a poco. Ya se sabe: lo de la rana y el caldero de agua que se va calentando poco a poco
MIENTRAS TANTO, LAS URNAS HABLAN: EL ASCENSO DE AfD
Pero este giro no ocurre en el vacío. Una encuesta reciente sitúa al partido de extrema derecha AfD como la principal fuerza política del país, con un 26% de apoyo . Por delante incluso de las formaciones tradicionales. Este dato no es solo electoral. Es cultural.
Significa que una parte creciente de la sociedad está dispuesta a respaldar discursos centrados en el orden, la autoridad y el control. Y en ese contexto, medidas como la supervisión de los movimientos de los jóvenes dejan de parecer excepcionales.
Se integran en un clima general donde la seguridad se presenta como prioridad absoluta.
DEL DESCONTENTO A LA NORMALIZACIÓN DEL CONTROL
Para entender lo que está pasando, hay que mirar más allá de la ley. Durante años, Alemania ha sido presentada como un modelo de estabilidad. Pero bajo esa superficie han crecido tensiones: precariedad juvenil, dificultades de acceso a la vivienda, incertidumbre laboral.
Cuando el futuro se vuelve incierto, la sociedad busca respuestas. Y a menudo, esas respuestas adoptan la forma de control.
Primero, como solución temporal. Luego, como costumbre. Finalmente, como norma. Así es como lo excepcional se vuelve cotidiano.
PRENSA Y RELATO: CÓMO SE CONSTRUYE LO “NORMAL”
Los medios de comunicación han jugado y juegan un papel clave en este proceso. Las crónicas presentan la nueva ley como una medida técnica, casi inevitable. Se habla de reorganización, de defensa, de adaptación a un contexto internacional incierto.
Pero muy pocas veces se plantea la pregunta de fondo:
¿Qué implica que un ciudadano tenga que pedir permiso para salir de su propio país?
Al mismo tiempo, el ascenso de la ultraderecha se trata muchas veces como un fenómeno electoral más, sin profundizar en sus motivaciones estructurales. Y así, poco a poco, lo que debería generar debate profundo se convierte en rutina informativa.
DEL VIAJE LIBRE AL VIAJE CONDICIONADO
Durante décadas, viajar dentro de Europa fue símbolo de libertad. Una generación entera creció con la idea de que podía cruzar fronteras sin obstáculos, sin controles, sin permisos. Hoy, esa idea empieza a resquebrajarse.
No porque haya prohibiciones explícitas, sino porque aparece algo más sutil: la posibilidad de autorización. Y cuando algo depende de una autorización, deja de ser completamente libre. Se convierte en algo condicionado.
¿EXAGERACIÓN O ADVERTENCIA?
Algunos dirán que preocuparse por esto es exagerado. Que la ley es limitada, que no afecta al turismo, que todo sigue igual. Y, en cierto sentido, tienen razón.
Pero hay que considerar que la historia no se mueve en saltos bruscos. Se mueve en pequeñas transformaciones acumulativas. Primero, una norma específica. Luego, una ampliación. Después, una normalización.
Y cuando uno quiere reaccionar, ya es demasiado tarde.
UN FUTURO EN TENSIÓN
Alemania se encuentra en un momento de transición. Por un lado, mantiene las estructuras democráticas propias de los que muchos llamamos libertades burguesas. Por otro, aparecen señales de cambio: mayor control, discursos más duros, una ciudadanía más insegura. El resultado es una tensión constante. Una cierta sensación de que algo se está moviendo bajo la superficie.
Y en ese contexto, preguntas como la del inicio dejan de ser absurdas. Se convierten en advertencias.
LA PREGUNTA QUE YA NO SE PUEDE IGNORAR
Volvamos a la cuestión inicial:
¿Tendrán que pedir permiso los jóvenes alemanes para venir de turismo a España?
Hoy todavia no. Pero esa no es la cuestión principal. Lo verdaderamente importante es que la pregunta haya dejado de parecer ridícula. Porque cuando una sociedad empieza a aceptar que el movimiento de sus ciudadanos puede ser supervisado, algo profundo ha cambiado.
Y quizá lo más inquietante no sea lo que ocurre ahora, sino lo que podría llegar a parecer normal dentro de unos años.
POR HANSI QUEDNAU, DESDE ALEMANIA, PARA CANARIAS SEMANAL,ORG
¿Podrá un joven alemán hacer la maleta este verano, subirse
a un avión y aterrizar en Canarias o en Mallorca sin más? ¿O tendrá que pedir permiso antes, como si cruzar una frontera fuera algo sospechoso?
La pregunta, que hace apenas unos años habría provocado una sonrisa, hoy se desliza con toda la naturalidad del mundo en conversaciones reales. No todavia en debates políticos, sino en chats de amigos, en pasillos universitarios, en las sobremesas familiares. Y aparece porque algo está cambiando en Alemania. Algo que no siempre se ve, pero que se siente.
“Cuando alguien empieza a preguntarse si necesita permiso para moverse, algo ya ha cambiado”
A veces, los grandes cambios no llegan acompañados con mucho ruido. Llegan como una pequeña norma, como una noticia breve, como un detalle que parece menor… hasta que deja de serlo.
UNA LEY QUE LO CAMBIA TODO: VIAJAR YA NO ES SOLO VIAJAR
La nueva normativa alemana, que dio a conocer un portavozdel Ministerio de Defensa alemán el pasado 4 de Abril. introduce una obligación que, en otro contexto, habría pasado totalmente desapercibida: los hombres de entre 17 y 45 años deberán solicitar autorización militar si desean salir del país durante más de tres meses .
“No hay pánico, pero sí una incomodidad creciente”
Dicho así, suena muy técnico, sin duda. Incluso hasta razonable para algunos. Pero encierra una idea mucho más profunda.
Por primera vez en mucho tiempo, el Estado alemán vuelve a mirar directamente a una parte concreta de la población —los jóvenes— no solo como ciudadanos, sino como un recurso disponible.
No se trata aún de una conscripción general obligatoria, pero sí de un paso previo: registrar, controlar, tener localizados.
Y en ese gesto administrativo se esconde una transformación más grande: la vida personal empieza a cruzarse con necesidades estatales que antes parecían lejanas, muy lejanas en el tiempo
LA PREGUNTA INCÓMODA: ¿Y SI QUIERO IRME A ESPAÑA?
Imaginemos a Lukas, 22 años, estudiante en Berlín. Ha decidido pasar el verano en España. Quizá trabajar en un bar, aprender el idioma, desconectar. Antes, su mayor preocupación habría sido el precio del vuelo.
Hoy, aparece otra:
—“¿Tengo que pedir permiso?”
Si su estancia supera los tres meses, la respuesta es sí. Si es menor, no. Pero lo verdaderamente importante no es la respuesta legal. Es la duda.
Porque cuando alguien empieza a preguntarse si necesita autorización para moverse, algo ya ha cambiado en su forma de entender la libertad. Y entonces surge una segunda pregunta, más inquietante:
¿Y si mañana el límite no son tres meses?
“NO SOMOS SOLDADOS”: VOCES DESDE LA CALLE
En Hamburgo, una joven universitaria lo expresó a los medios con claridad:
—“Siento que nos están preparando para algo, pero nadie lo dice claramente.”
En Berlín, un repartidor de 25 años comenta:
—“No me preocupa hoy. Me preocupa dentro de cinco años.”
Las voces coinciden en algo: no hay pánico, pero sí una incomodidad creciente. Una sensación de que las reglas están cambiando lentamente. Muchos jóvenes no rechazan frontalmente la medida. Lo que les inquieta es su dirección. Porque han conocido suficiente historia —aunque sea en libros o documentales— como para saber que los cambios importantes rara vez se anuncian de golpe.
Se van introduciendo poco a poco. Ya se sabe: lo de la rana y el caldero de agua que se va calentando poco a poco
MIENTRAS TANTO, LAS URNAS HABLAN: EL ASCENSO DE AfD
Pero este giro no ocurre en el vacío. Una encuesta reciente sitúa al partido de extrema derecha AfD como la principal fuerza política del país, con un 26% de apoyo . Por delante incluso de las formaciones tradicionales. Este dato no es solo electoral. Es cultural.
Significa que una parte creciente de la sociedad está dispuesta a respaldar discursos centrados en el orden, la autoridad y el control. Y en ese contexto, medidas como la supervisión de los movimientos de los jóvenes dejan de parecer excepcionales.
Se integran en un clima general donde la seguridad se presenta como prioridad absoluta.
DEL DESCONTENTO A LA NORMALIZACIÓN DEL CONTROL
Para entender lo que está pasando, hay que mirar más allá de la ley. Durante años, Alemania ha sido presentada como un modelo de estabilidad. Pero bajo esa superficie han crecido tensiones: precariedad juvenil, dificultades de acceso a la vivienda, incertidumbre laboral.
Cuando el futuro se vuelve incierto, la sociedad busca respuestas. Y a menudo, esas respuestas adoptan la forma de control.
Primero, como solución temporal. Luego, como costumbre. Finalmente, como norma. Así es como lo excepcional se vuelve cotidiano.
PRENSA Y RELATO: CÓMO SE CONSTRUYE LO “NORMAL”
Los medios de comunicación han jugado y juegan un papel clave en este proceso. Las crónicas presentan la nueva ley como una medida técnica, casi inevitable. Se habla de reorganización, de defensa, de adaptación a un contexto internacional incierto.
Pero muy pocas veces se plantea la pregunta de fondo:
¿Qué implica que un ciudadano tenga que pedir permiso para salir de su propio país?
Al mismo tiempo, el ascenso de la ultraderecha se trata muchas veces como un fenómeno electoral más, sin profundizar en sus motivaciones estructurales. Y así, poco a poco, lo que debería generar debate profundo se convierte en rutina informativa.
DEL VIAJE LIBRE AL VIAJE CONDICIONADO
Durante décadas, viajar dentro de Europa fue símbolo de libertad. Una generación entera creció con la idea de que podía cruzar fronteras sin obstáculos, sin controles, sin permisos. Hoy, esa idea empieza a resquebrajarse.
No porque haya prohibiciones explícitas, sino porque aparece algo más sutil: la posibilidad de autorización. Y cuando algo depende de una autorización, deja de ser completamente libre. Se convierte en algo condicionado.
¿EXAGERACIÓN O ADVERTENCIA?
Algunos dirán que preocuparse por esto es exagerado. Que la ley es limitada, que no afecta al turismo, que todo sigue igual. Y, en cierto sentido, tienen razón.
Pero hay que considerar que la historia no se mueve en saltos bruscos. Se mueve en pequeñas transformaciones acumulativas. Primero, una norma específica. Luego, una ampliación. Después, una normalización.
Y cuando uno quiere reaccionar, ya es demasiado tarde.
UN FUTURO EN TENSIÓN
Alemania se encuentra en un momento de transición. Por un lado, mantiene las estructuras democráticas propias de los que muchos llamamos libertades burguesas. Por otro, aparecen señales de cambio: mayor control, discursos más duros, una ciudadanía más insegura. El resultado es una tensión constante. Una cierta sensación de que algo se está moviendo bajo la superficie.
Y en ese contexto, preguntas como la del inicio dejan de ser absurdas. Se convierten en advertencias.
LA PREGUNTA QUE YA NO SE PUEDE IGNORAR
Volvamos a la cuestión inicial:
¿Tendrán que pedir permiso los jóvenes alemanes para venir de turismo a España?
Hoy todavia no. Pero esa no es la cuestión principal. Lo verdaderamente importante es que la pregunta haya dejado de parecer ridícula. Porque cuando una sociedad empieza a aceptar que el movimiento de sus ciudadanos puede ser supervisado, algo profundo ha cambiado.
Y quizá lo más inquietante no sea lo que ocurre ahora, sino lo que podría llegar a parecer normal dentro de unos años.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.138