TRUMP, MÁS SOLO QUE LA UNA EN ORMUZ. ¿POR QUÉ SUS ALIADOS NO LO QUIEREN ACOMPAÑAR EN SU AVENTURA BÉLICA?
¿Por qué los aliados de Washington no quieren participar en la "Guerra de Trump?
La guerra en torno al estrecho de Ormuz se ha convertido en una prueba decisiva para el liderazgo internacional de Estados Unidos. Trump pidió ayuda a aliados europeos y asiáticos para asegurar la principal arteria energética del planeta. Pero las respuestas han sido cautelosas, cuando no directamente negativas, revelando que el conflicto está lejos de resolverse.
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hay guerras que se definen por las victorias militares obtenidas. Otras, por el número de aliados que se apresuran a sumarse. Pero existe un tercer tipo de conflicto, quizá el menos deseado para cualquier potencia: aquel en el que los aliados comienzan a mirar hacia otro lado, fingiendo estar despistados.
Ni más ni menos eso es, exactamente, lo que está ocurriendo en torno al estrecho de Ormuz. Este paso marítimo, situado entre Irán y Omán, es uno de los lugares más estratégicos del planeta. Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasa por ese estrecho cada día. Si se bloquea, el impacto se siente inmediatamente en los mercados energéticos, en los precios del combustible y, por tanto, en la estabilidad económica global.
“Hay guerras que se definen por las victorias militares, y otras por los aliados que deciden no acudir”
Cuando estalló el conflicto bélico con Irán y el tráfico en Ormuz comenzó a verse seriamente amenazado, Donald Trump decidió lanzar una ofensiva diplomática. Su objetivo era reunir una coalición naval internacional que le ayudara a garantizar la libre navegación en el estrecho. Pero ocurrió que la respuesta que recibió no fue la que esperaba.
LOS PAÍSES A LOS QUE TRUMP PIDIÓ AYUDA
Trump dirigió sus solicitudes de apoyo principalmente a dos grupos de países: los aliados tradicionales de Estados Unidos en Europa y las grandes economías asiáticas que dependen del petróleo que circula por Ormuz.
Entre los países europeos mencionados o presionados se encuentran: Alemania, España, Italia, Reino Unido, Francia, Dinamarca y Grecia.
A ellos sumó varias potencias asiáticas clave: China, Japón y Corea del Sur. También apareció Australia en el debate político, aunque el gobierno australiano afirmó que no había recibido una solicitud formal para enviar fuerzas navales.
La razón oficial de la petición era clara: todos esos países dependen en mayor o menor medida del petróleo y del gas que atraviesa el estrecho. Por tanto —según el argumento de Washington— todos tienen interés en mantener abierta esa ruta marítima. Sin embargo, la motivación real iba más allá de la seguridad energética. Trump buscaba tres objetivos estratégicos.
El primero consistía en repartir el coste político y militar de la operación. Una coalición internacional diluiría la responsabilidad de la guerra.
El segundo era dar legitimidad internacional a la intervención. Una acción respaldada por varios países parece menos unilateral.
Y el tercero pretendía mostrar que el liderazgo estadounidense sigue siendo capaz de movilizar aliados en un momento de tensión global.
Pero esa demostración de liderazgo no salió como él tenía previsto.
LAS RESPUESTAS DE LOS ALIADOS: NEGATIVAS ROTUNDAS, DUDAS Y SILENCIOS
Las respuestas de los países contactados fueron, en general, prudentes y en muchos casos negativas. Alemania fue uno de los países más claros en su rechazo. Su ministro de Defensa señaló que no veía sentido a enviar barcos alemanes a una guerra en la que ni siquiera está claro cuál sería el papel de esas fuerzas. La pregunta que dejó en el aire fue significativa: si la mayor potencia naval del mundo no puede resolver la situación por sí sola, ¿qué cambiaría la presencia de unas pocas fragatas europeas?
España e Italia también rechazaron participar directamente en operaciones militares en el estrecho. Italia explicó que las misiones europeas existentes en la región están diseñadas para operaciones defensivas o de vigilancia marítima, no para enfrentarse a una guerra abierta contra Irán.
Grecia, que dirige una misión europea de seguridad marítima en el mar Rojo, dejó claro que su mandato no incluye participar en un conflicto militar en el estrecho de Ormuz.
Reino Unido y Dinamarca adoptaron una postura más ambigua. No rechazaron completamente la idea de colaborar, pero insistieron en que cualquier acción debía evitar una escalada militar. La socialdemocracia londinense habló de posibles operaciones técnicas, como el uso de sistemas de detección de minas, pero dejó claro que no quiere verse arrastrado a una guerra más amplia.
Francia, sin embargo, fue el país europeo que mostró mayor disposición a discutir algún tipo de cooperación. Aun así, París dejó claro que no enviará buques mientras el conflicto siga escalando.
Trump también trató de presionar a China, en parte porque es uno de los mayores compradores de petróleo iraní. La respuesta de Pekín fue de una elegancia diplomática versallesca: llamó a la desescalada, defendió el diálogo y evitó cualquier compromiso militar.
Japón y Corea del Sur respondieron de forma muy similar. Ambos reconocieron la importancia del estrecho para la economía mundial, pero subrayaron que no habían recibido solicitudes formales concretas para enviar fuerzas navales. En otras palabras: comprendían el problema, pero no estaban dispuestos a convertirse en parte de la guerra.
¿POR QUÉ TRUMP NO ESTÁ GANANDO "SU GUERRA"?
El conflicto muestra una paradoja cada vez más evidente: Estados Unidos mantiene una enorme superioridad militar, ciertamente, pero eso no se está traduciendo en una victoria clara. La razón principal es que el objetivo estratégico sigue sin alcanzarse.
El estrecho de Ormuz continúa siendo un punto extraordinariamente vulnerable para las grandes potencias. Mientras Irán conserve la capacidad de amenazar el tráfico marítimo, el conflicto seguirá abierto. En las guerras modernas no basta con destruir objetivos militares. Lo que realmente determina el resultado es el control político del escenario. Y en ese terreno la situación es mucho más complicada.
Además, Irán ha demostrado que aún posee capacidad para responder militarmente, lo que impide que el conflicto se cierre rápidamente. Cuanto más se prolonga la guerra, más aumenta el coste económico y político.
El precio del petróleo sube. Los mercados se vuelven inestables. Y la presión interna sobre el gobierno estadounidense empieza a crecer con la velocidad que lo hacen las setas.
LO QUE DICE LA PRENSA INTERNACIONAL
La prensa internacional está analizando la situación con bastante claridad. La Agencia Reuters ha destacado que varios aliados de Estados Unidos han rechazado participar en la operación naval en Ormuz y que la guerra sigue sin una solución visible.
El periódico británico The Guardian ha subrayado que muchos gobiernos europeos temen verse arrastrados a un conflicto mayor sin tener claro cuál es el objetivo final de la estrategia estadounidense.
El diario francés Le Monde describe a Trump como frustrado por el bloqueo continuado del estrecho y por la falta de entusiasmo de sus aliados.
Por su parte, Financial Times ha hablado de una “coalición de los no dispuestos”, señalando que la crisis podría abrir una nueva brecha entre Washington y varios países europeos.
Incluso el propio The Economist ha advertido que el conflicto no es solo un problema regional, sino un ataque directo al funcionamiento de la economía mundial.
¿CUÁL PODRÍA SER LA SALIDA DEL ATOLLADERO PARA DONALD TRUMP?
En estos momentos hay pocas señales de que una victoria militar rápida sea posible. La salida más probable parece pasar por una combinación de varios elementos:
- negociaciones indirectas entre las partes
- mediación internacional
- acuerdos de seguridad marítima para el tránsito en Ormuz
- reducción gradual de las hostilidades
Organismos internacionales como Naciones Unidas y la Unión Europea ya han comenzado a explorar posibles fórmulas de mediación que le puedan salvar el pellejo al gran orangután albino que habita en Wasington. Pero ninguna de esas soluciones es rápida ni sencilla.
Pero la alternativa —una escalada militar mayor en una de las rutas energéticas más importantes del planeta— podría tener consecuencias económicas y políticas mucho más graves.
UNA GUERRA QUE REVELA UNA NUEVA REALIDAD
Trump quiso demostrar fuerza reuniendo una coalición internacional para asegurar el estrecho de Ormuz. Con lo que se ha encontrado, en cambio, ha sido con suspicaces cautelas, dudas hamletianas y negativas rotundas. No porque los países que se niegan a ir en su rescate no comprendan que el embudo de Ormuz está afectando de seriamente a los intereses de sus grandes multinacionales, sino también porque muchos se temen que con la errática jefatura de las operaciones militares en la guerra contra Irán, el conflicto pueda ampliarse peligrosamente sin que exista un objetivo final claro, que les permita encontrarse seguros.
La situación revela algo importante sobre el momento actual del sistema internacional. Estados Unidos continúa siendo una potencia militar gigantesca, pero además de tener los pies de barro, incluso las potencias más fuertes necesitan aliados. Y cuando esos aliados empiezan a preguntarse hacia dónde conduce la guerra antes de subirse al barco de la misma, indica que la política internacional ha entrado en una fase donde lo único que se atisban con certeza son incertidumbres
Fuentes periodísticas:
-Reuters
-The Guardian
-Le Monde
-Financial Times
-The Economist
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hay guerras que se definen por las victorias militares obtenidas. Otras, por el número de aliados que se apresuran a sumarse. Pero existe un tercer tipo de conflicto, quizá el menos deseado para cualquier potencia: aquel en el que los aliados comienzan a mirar hacia otro lado, fingiendo estar despistados.
Ni más ni menos eso es, exactamente, lo que está ocurriendo en torno al estrecho de Ormuz. Este paso marítimo, situado entre Irán y Omán, es uno de los lugares más estratégicos del planeta. Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasa por ese estrecho cada día. Si se bloquea, el impacto se siente inmediatamente en los mercados energéticos, en los precios del combustible y, por tanto, en la estabilidad económica global.
“Hay guerras que se definen por las victorias militares, y otras por los aliados que deciden no acudir”
Cuando estalló el conflicto bélico con Irán y el tráfico en Ormuz comenzó a verse seriamente amenazado, Donald Trump decidió lanzar una ofensiva diplomática. Su objetivo era reunir una coalición naval internacional que le ayudara a garantizar la libre navegación en el estrecho. Pero ocurrió que la respuesta que recibió no fue la que esperaba.
LOS PAÍSES A LOS QUE TRUMP PIDIÓ AYUDA
Trump dirigió sus solicitudes de apoyo principalmente a dos grupos de países: los aliados tradicionales de Estados Unidos en Europa y las grandes economías asiáticas que dependen del petróleo que circula por Ormuz.
Entre los países europeos mencionados o presionados se encuentran: Alemania, España, Italia, Reino Unido, Francia, Dinamarca y Grecia.
A ellos sumó varias potencias asiáticas clave: China, Japón y Corea del Sur. También apareció Australia en el debate político, aunque el gobierno australiano afirmó que no había recibido una solicitud formal para enviar fuerzas navales.
La razón oficial de la petición era clara: todos esos países dependen en mayor o menor medida del petróleo y del gas que atraviesa el estrecho. Por tanto —según el argumento de Washington— todos tienen interés en mantener abierta esa ruta marítima. Sin embargo, la motivación real iba más allá de la seguridad energética. Trump buscaba tres objetivos estratégicos.
El primero consistía en repartir el coste político y militar de la operación. Una coalición internacional diluiría la responsabilidad de la guerra.
El segundo era dar legitimidad internacional a la intervención. Una acción respaldada por varios países parece menos unilateral.
Y el tercero pretendía mostrar que el liderazgo estadounidense sigue siendo capaz de movilizar aliados en un momento de tensión global.
Pero esa demostración de liderazgo no salió como él tenía previsto.
LAS RESPUESTAS DE LOS ALIADOS: NEGATIVAS ROTUNDAS, DUDAS Y SILENCIOS
Las respuestas de los países contactados fueron, en general, prudentes y en muchos casos negativas. Alemania fue uno de los países más claros en su rechazo. Su ministro de Defensa señaló que no veía sentido a enviar barcos alemanes a una guerra en la que ni siquiera está claro cuál sería el papel de esas fuerzas. La pregunta que dejó en el aire fue significativa: si la mayor potencia naval del mundo no puede resolver la situación por sí sola, ¿qué cambiaría la presencia de unas pocas fragatas europeas?
España e Italia también rechazaron participar directamente en operaciones militares en el estrecho. Italia explicó que las misiones europeas existentes en la región están diseñadas para operaciones defensivas o de vigilancia marítima, no para enfrentarse a una guerra abierta contra Irán.
Grecia, que dirige una misión europea de seguridad marítima en el mar Rojo, dejó claro que su mandato no incluye participar en un conflicto militar en el estrecho de Ormuz.
Reino Unido y Dinamarca adoptaron una postura más ambigua. No rechazaron completamente la idea de colaborar, pero insistieron en que cualquier acción debía evitar una escalada militar. La socialdemocracia londinense habló de posibles operaciones técnicas, como el uso de sistemas de detección de minas, pero dejó claro que no quiere verse arrastrado a una guerra más amplia.
Francia, sin embargo, fue el país europeo que mostró mayor disposición a discutir algún tipo de cooperación. Aun así, París dejó claro que no enviará buques mientras el conflicto siga escalando.
Trump también trató de presionar a China, en parte porque es uno de los mayores compradores de petróleo iraní. La respuesta de Pekín fue de una elegancia diplomática versallesca: llamó a la desescalada, defendió el diálogo y evitó cualquier compromiso militar.
Japón y Corea del Sur respondieron de forma muy similar. Ambos reconocieron la importancia del estrecho para la economía mundial, pero subrayaron que no habían recibido solicitudes formales concretas para enviar fuerzas navales. En otras palabras: comprendían el problema, pero no estaban dispuestos a convertirse en parte de la guerra.
¿POR QUÉ TRUMP NO ESTÁ GANANDO "SU GUERRA"?
El conflicto muestra una paradoja cada vez más evidente: Estados Unidos mantiene una enorme superioridad militar, ciertamente, pero eso no se está traduciendo en una victoria clara. La razón principal es que el objetivo estratégico sigue sin alcanzarse.
El estrecho de Ormuz continúa siendo un punto extraordinariamente vulnerable para las grandes potencias. Mientras Irán conserve la capacidad de amenazar el tráfico marítimo, el conflicto seguirá abierto. En las guerras modernas no basta con destruir objetivos militares. Lo que realmente determina el resultado es el control político del escenario. Y en ese terreno la situación es mucho más complicada.
Además, Irán ha demostrado que aún posee capacidad para responder militarmente, lo que impide que el conflicto se cierre rápidamente. Cuanto más se prolonga la guerra, más aumenta el coste económico y político.
El precio del petróleo sube. Los mercados se vuelven inestables. Y la presión interna sobre el gobierno estadounidense empieza a crecer con la velocidad que lo hacen las setas.
LO QUE DICE LA PRENSA INTERNACIONAL
La prensa internacional está analizando la situación con bastante claridad. La Agencia Reuters ha destacado que varios aliados de Estados Unidos han rechazado participar en la operación naval en Ormuz y que la guerra sigue sin una solución visible.
El periódico británico The Guardian ha subrayado que muchos gobiernos europeos temen verse arrastrados a un conflicto mayor sin tener claro cuál es el objetivo final de la estrategia estadounidense.
El diario francés Le Monde describe a Trump como frustrado por el bloqueo continuado del estrecho y por la falta de entusiasmo de sus aliados.
Por su parte, Financial Times ha hablado de una “coalición de los no dispuestos”, señalando que la crisis podría abrir una nueva brecha entre Washington y varios países europeos.
Incluso el propio The Economist ha advertido que el conflicto no es solo un problema regional, sino un ataque directo al funcionamiento de la economía mundial.
¿CUÁL PODRÍA SER LA SALIDA DEL ATOLLADERO PARA DONALD TRUMP?
En estos momentos hay pocas señales de que una victoria militar rápida sea posible. La salida más probable parece pasar por una combinación de varios elementos:
- negociaciones indirectas entre las partes
- mediación internacional
- acuerdos de seguridad marítima para el tránsito en Ormuz
- reducción gradual de las hostilidades
Organismos internacionales como Naciones Unidas y la Unión Europea ya han comenzado a explorar posibles fórmulas de mediación que le puedan salvar el pellejo al gran orangután albino que habita en Wasington. Pero ninguna de esas soluciones es rápida ni sencilla.
Pero la alternativa —una escalada militar mayor en una de las rutas energéticas más importantes del planeta— podría tener consecuencias económicas y políticas mucho más graves.
UNA GUERRA QUE REVELA UNA NUEVA REALIDAD
Trump quiso demostrar fuerza reuniendo una coalición internacional para asegurar el estrecho de Ormuz. Con lo que se ha encontrado, en cambio, ha sido con suspicaces cautelas, dudas hamletianas y negativas rotundas. No porque los países que se niegan a ir en su rescate no comprendan que el embudo de Ormuz está afectando de seriamente a los intereses de sus grandes multinacionales, sino también porque muchos se temen que con la errática jefatura de las operaciones militares en la guerra contra Irán, el conflicto pueda ampliarse peligrosamente sin que exista un objetivo final claro, que les permita encontrarse seguros.
La situación revela algo importante sobre el momento actual del sistema internacional. Estados Unidos continúa siendo una potencia militar gigantesca, pero además de tener los pies de barro, incluso las potencias más fuertes necesitan aliados. Y cuando esos aliados empiezan a preguntarse hacia dónde conduce la guerra antes de subirse al barco de la misma, indica que la política internacional ha entrado en una fase donde lo único que se atisban con certeza son incertidumbres
Fuentes periodísticas:
-Reuters
-The Guardian
-Le Monde
-Financial Times
-The Economist


























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