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IRÁN Y EL DESGASTE: CÓMO PUEDE DERROTARSE A UNA SUPERPOTENCIA ATÓMICA

¿Nos encontramos ante una retirada encubierta estadonidense de la guerra de Irán, más que ante una victoria?

Una gran potencia militar, con bases en todo el mundo y capacidad nuclear suficiente para destruir el planeta varias veces, se enfrenta a un desafío que no puede resolver fácilmente. ¿Cómo es posible que un país así no logre imponerse con claridad sobre Irán? La respuesta no está en la fuerza de sus armas, sino en los límites del propio sistema en el que actúa. Detrás de este conflicto se esconde una realidad más profunda: guerras que ya no se ganan en el campo de batalla, sino en el terreno del desgaste, la economía, la política y las tensiones.

 

POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

   

A simple vista, podría  parecer una contradicción  que un país [Img #90481]con una enorme capacidad militar, incluso nuclear, no logre imponerse claramente sobre otro como Irán. Sin embargo, esta aparente contradicción desaparece cuando entendemos que las guerras actuales no se deciden solo por la cantidad de armas, sino por factores mucho más complejos.

 

    La historia reciente nos lo deja muy claro: Vietnam, Afganistán y, hasta cierto punto, la propia guerra de Irak demostraron que una gran potencia atómica puede verse atrapada en conflictos largos, costosos y, finalmente, insostenibles.

 

   “La guerra ya no se decide solo por la fuerza, sino por la capacidad de resistir”

 

   En realidad, el problema no es la falta de fuerza, sino los límites del propio sistema en el que esa fuerza actúa. El poder militar, por sí solo, ya no es suficiente para garantizar la victoria.

 

  LA GUERRA COMO DESGASTE Y NO COMO ENFRENTAMIENTO DIRECTO

     En el caso de Irán, el conflicto no sigue el modelo clásico de guerra. No hay dos ejércitos enfrentándose de forma directa en una batalla decisiva. Lo que existe es una estrategia basada en el desgaste progresivo. Irán ha evitado el choque frontal y ha optado por golpear indirectamente: ataques a bases militares, presión en países aliados y una presencia constante en la región.

 

    Esto cambia completamente las reglas del juego. Es como una pelea en la que uno de los contrincantes no busca noquear al otro de inmediato, sino cansarlo, debilitarlo poco a poco y obligarlo a cometer errores. En este tipo de conflictos, la paciencia y la resistencia son más importantes que la fuerza bruta.

 

LOS LÍMITES INTERNOS: ECONOMÍA, SOCIEDAD Y POLÍTICA

     Otro elemento fundamental es que las guerras modernas no solo se libran fuera, sino también dentro de cada país. Mantener un conflicto requiere enormes recursos económicos, estabilidad política y cierto grado de apoyo social.

 

   Aquí entra en juego una idea clave: las decisiones políticas están condicionadas por la estructura económica y social. Las sociedades no actúan en el vacío; están organizadas en torno a intereses concretos que influyen en lo que se puede y no se puede hacer .

 

   Por ejemplo, si una guerra empieza a generar pérdidas económicas o rechazo social, los propios sectores de poder pueden presionar para limitarla. Esto fue lo que ocurrió en Vietnam, donde el rechazo interno fue tan grande que terminó condicionando la retirada.

 

    En el mundo actual, donde la economía está profundamente interconectada, estos límites son aún más evidentes. Una guerra prolongada puede afectar mercados, rutas comerciales y sectores clave como la energía, generando consecuencias globales.

 

EL SISTEMA GLOBAL Y SUS CONTRADICCIONES

    El contexto actual añade otra capa de complejidad. El sistema económico global ha creado una red de interdependencias que hace que cualquier conflicto importante tenga repercusiones más allá de las fronteras.

 

   Esto significa que una guerra contra Irán no solo afectaría a ese país, sino también al equilibrio económico mundial. El petróleo, las rutas comerciales y los mercados financieros podrían verse gravemente alterados.

 

  Además, el propio sistema está atravesado por profundas contradicciones: una enorme capacidad de generar riqueza convive con desigualdades crecientes y tensiones constantes. Estas tensiones limitan la capacidad de los Estados para actuar libremente, ya que cualquier decisión puede desencadenar efectos inesperados.

 

    En este sentido, el poder militar se encuentra atrapado dentro de un sistema que él mismo no controla completamente.

 

TRUMP, ISRAEL Y LAS DIVISIONES DEL PODER

    Uno de los aspectos más reveladores de la situación es la postura de Trump respecto a Israel. Resulta fácilmente observable cómo el presidente estadounidense reprochó ataques a infraestructuras energéticas iraníes, afirmando que él no había sido informado  previamente.

 

   Esto podría estar mostrando algunos aspectos fundamentales constatables de esta guerra: que el presidente estadounidense Donald Trump es un embustero compulsivo, - que, sin duda, lo es-,  pretendiendo  ahora evadir sus propias responsabilidades por la fulminante respuesta iraní  al ataque israelí a las reservas de gas, o que el poder atacante no está siendo monolítico. Aunque desde fuera pueda parecer que existe una unidad total, en realidad existen fuertes tensiones internas entre diferentes sectores con intereses distintos.

 

   “El poder militar se enfrenta a los límites del propio sistema que lo sostiene”

 

     Al mismo tiempo, Trump descartó el envío de tropas a Irán, lo que indica una clara intención de evitar una escalada del conflicto. No se trata de una falta de capacidad, sino de una decisión estratégica basada en el cálculo de riesgos.

 

    Estas contradicciones internas reflejan que incluso dentro del mismo bloque de poder existen diferentes visiones sobre cómo hay que proceder.

 

¿UNA RETIRADA EN PREPARACIÓN?

    Cuando se observan estos elementos en conjunto —críticas a aliados, rechazo a ampliar el conflicto, discurso ambiguo— surge una pregunta inevitable: ¿se está preparando una retirada?

 

   La historia muestra que antes de una retirada aparecen frecuentemente señales similares: debates internos, disensiones en el seno de la elite del poder militar y político, cambios en el discurso político y una creciente cautela en las decisiones militares. Esto ocurrió en conflictos anteriores donde la prolongación de la guerra dejó de ser viable.

 

    En este caso, todo apunta a una estrategia de contención más que de expansión. Es decir, intentar mantener la influencia sin asumir los costes de una guerra abierta.

 

GRUPO DE SENADORES DEMÓCRATAS CONTRA EL ATAQUE A CUBA

    La iniciativa de los demócratas para impedir un ataque a Cuba, como una compensación paliativa a una retirada con orejas gachas, añade otro elemento importante al análisis. De acuerdo con las informaciones dadas a conocer este jueves, varios senadores demócratas impulsaron una resolución para evitar que el presidente pueda iniciar acciones militares sin autorización del Congreso.

 

    Esto permite entender mejor quiénes son los demócratas en este contexto. No se trata de un grupo completamente opuesto, sino de otra parte del mismo sistema político, con diferencias en la forma de gestionar el poder.

 

   “El desgaste puede ser más decisivo que la victoria rápida”

 

    En este caso, su objetivo es limitar una acción militar que podría tener consecuencias negativas, tanto a nivel internacional como interno. Una guerra contra Cuba, por ejemplo, generaría tensiones en América Latina, rechazo social y costes económicos importantes. Por tanto, más que una cuestión ideológica, se trata de una disputa sobre cómo manejar los intereses del propio sistema.

 

EL PODER TIENE LÍMITES

    Lo que estamos viendo, pues,  no es simplemente la dificultad de una potencia frente a un país concreto, sino una manifestación de los límites de un sistema entero. Un país puede tener el mayor arsenal del mundo, pero si no puede sostener la guerra económicamente, si enfrenta resistencias complejas, si pierde apoyo social o si está dividido internamente, su capacidad real de acción se reduce.

 

    Es como un gigante con una armadura muy pesada: sigue siendo fuerte, pero cada movimiento le cuesta más y lo vuelve más vulnerable.  En este sentido, la situación actual no muestra tanto una derrota inmediata, sino un desgaste progresivo que puede terminar obligando a replantear la estrategia.

     

 
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