DEL “NO HAY NEGOCIACIÓN” AL “TODO VA BIEN”: EL CAOS DEL DISCURSO TRUMPISTA SOBRE LA GUERRA CONTRA IRÁN
¿Por qué la versión oficial de la guerra no coincide nunca con los avatares de la guerra misma?
En apenas semanas, el discurso de Trump sobre la guerra contra Irán ha pasado de negar interlocutores a hablar de negociaciones, de declarar la victoria a reconocer que el conflicto sigue abierto. Este artículo de nuestro colaborador Manuel Medina, recorre día a día esas contradicciones para entender cómo se construye un relato cambiante, contradictorio y falso que deja a la opinión pública en un intencionado estado de confusión caótico y permanente.
POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hablar de Donald Trump no es solo hablar de un dirigente político, sino de una forma muy concreta de comunicar y de construir realidad. Su estilo no se basa en la coherencia, ni en la precisión, ni siquiera en la continuidad lógica entre lo que dice hoy y lo que dijo ayer. Su técnica —porque lo es— consiste en lanzar afirmaciones rotundas, muchas veces incompatibles entre sí, y dejar que la confusión haga el resto del trabajo.
No es un error casual ni un desliz puntual. Es un patrón. Trump no comunica para aclarar, sino para saturar. Dice una cosa, luego otra distinta, y más tarde una tercera que mezcla las anteriores. De este modo, el debate público deja de girar en torno a los hechos y pasa a girar en torno a su relato cambiante. El resultado es un terreno lleno de ruido donde resulta difícil distinguir qué es cierto, qué ha cambiado y qué nunca fue verdad.
“La guerra aparece como terminada y abierta al mismo tiempo”
A esto se suma un rasgo personal clave: una tendencia constante a presentarse como ganador en cualquier escenario, incluso cuando los hechos apuntan en otra dirección. Cuando algo no encaja, no rectifica: redefine la situación. Si no hay negociación, dice que la hay; si hay guerra, dice que está terminando; si algo no funciona, afirma que ya ha funcionado. Es una forma de construir una narrativa donde la realidad siempre llega tarde.
En el caso de la guerra contra Irán, este estilo ha generado un auténtico “cacao” informativo dentro de Estados Unidos. La población ha recibido, en cuestión de semanas, mensajes contradictorios sobre si hay guerra o no, si se negocia o no, si el objetivo es destruir o pactar. El análisis que sigue trata de ser un recorrido cronológico por esas contradicciones, para entender cómo se ha construido ese caos.
- MARZO DE 2026: CUANDO NO HAY INTERLOCUTORES… PERO SÍ NEGOCIACIONES
El 20 de marzo de 2026, Trump afirmó que no quedaban dirigentes en Irán con los que hablar. El mensaje era claro: no había interlocución posible, por tanto, no había salida diplomática.
Sin embargo, apenas tres días después (23 de marzo) comenzó a hablar de “puntos importantes de acuerdo”. El 24 de marzo ya aseguró que Estados Unidos estaba negociando activamente, y el 26 de marzo llegó a afirmar que las conversaciones “iban muy bien”.
La contradicción es directa: o no hay nadie con quien hablar, o se está negociando. Ambas cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Este cambio brusco no llegó a explicarse nunca.
- 6–24 DE MARZO: DE LA RENDICIÓN TOTAL A LA NEGOCIACIÓN
El 6 de marzo de 2026, Trump planteó que la única salida posible era la rendición incondicional de Irán. No había espacio para acuerdos intermedios.
Pero el 24 de marzo, apenas dos semanas después, hablaba ya de negociaciones en curso. Y el 26 de marzo presentó la situación como una oportunidad para que Irán “se sumara a un nuevo camino”.
Aquí el giro es de fondo: pasar de exigir rendición absoluta a presentar un proceso negociado. No es un matiz, es un cambio completo de marco político.
- 20–26 DE MARZO: “NO QUIERO UN ALTO EL FUEGO”… PERO PAUSA LOS ATAQUES
El 20 de marzo, Trump declaró que no quería un alto el fuego. La idea era continuar la presión militar.
Sin embargo, el 26 de marzo, anunció una pausa de 10 días en determinados ataques, con el argumento de facilitar las conversaciones.
Aunque no utilizó la palabra “alto el fuego”, en la práctica introdujo una pausa operativa. Es decir, negó una medida y luego aplicó algo muy parecido.
- 9 DE MARZO: “LA GUERRA ESTÁ PRÁCTICAMENTE TERMINADA”… PERO CONTINÚA
El 9 de marzo de 2026, Trump afirmó que la guerra estaba “prácticamente completada”.
Ese mismo día llegó a decir algo aún más revelador: que la guerra estaba, al mismo tiempo, empezando y terminando.
Los hechos posteriores lo desmintieron rápidamente. El 25 y 26 de marzo, los ataques seguían produciéndose, con bombardeos, drones y escalada militar.
Aquí no hay ambigüedad: una guerra que continúa no puede estar terminada.
- 20 DE MARZO: ISRAEL PARARÁ… PERO NO PARA
El 20 de marzo, Trump afirmó que Israel probablemente detendría la guerra cuando lo hiciera Estados Unidos.
Pero en los días siguientes, Israel continuó con los ataques sin que esa supuesta coordinación se materializara.
Esto revela otra constante: presentar como alineados procesos que en realidad siguen dinámicas distintas.
- 24–26 DE MARZO: “NEGOCIACIONES AVANZADAS”… PERO IRÁN LO NIEGA
Trump aseguró el 24 de marzo que había negociaciones en marcha y que Irán quería un acuerdo.
Sin embargo, desde Teherán se negó que existieran conversaciones directas y se calificaron esas afirmaciones como falsas.
El 26 de marzo, además, se describió la propuesta estadounidense como unilateral e inaceptable.
Aquí la contradicción no es solo interna, sino entre versiones enfrentadas. Pero lo relevante es el tono: Trump habla de avances claros donde la otra parte ni siquiera reconoce el proceso.
2025–2026: UN PROGRAMA NUCLEAR IRANÍ“DESTRUIDO” QUE VUELVE A SER AMENAZA
El 21 de junio de 2025, Trump afirmó que las principales instalaciones nucleares iraníes habían sido completamente destruidas.
Sin embargo, poco después, informes de inteligencia indicaron que el programa solo había sido retrasado temporalmente.
Y en 2026, la guerra vuelve a justificarse precisamente por la amenaza nuclear iraní.
La contradicción es evidente: si estaba destruido, no debería ser el motivo central de una nueva ofensiva.
PATRÓN GENERAL: DECIR, NEGAR Y REDEFINIR
Si juntamos todo este conjunto de contradicciones, aparece un patrón claro:
- Primero, afirmaciones absolutas (“no hay interlocutores”, “solo rendición”).
- Después, cambios rápidos (“estamos negociando”, “hay acuerdos”).
- Finalmente, reinterpretación (“la guerra está terminando”, aunque continúe).
Es como si cada fase del discurso sustituyera a la anterior sin reconocerla. No hay continuidad, solo sustitución.
CUANDO EL DISCURSO SUSTITUYE A LA REALIDAD
El problema no es solo que haya contradicciones. Es que, además. esas contradicciones afectan directamente a cómo se entiende la guerra.
Para un ciudadano estadounidense medio, el resultado es desconcertante:
- ¿Hay guerra o está terminando?
- ¿Se negocia o se exige rendición?
- ¿Irán está debilitado o sigue siendo una amenaza central?
La respuesta dependerá siempre del día en que se escuche a Trump.
Este tipo de comunicación no busca claridad, sino control del relato. Al cambiar constantemente el marco, se dificulta cualquier evaluación crítica. La discusión deja de ser sobre hechos y pasa a ser sobre versiones.
Y ahí está la clave: cuando la realidad se vuelve inestable en el discurso, la percepción también se convierte en inestable. Y en ese terreno confuso, las decisiones más graves —como una guerra— pueden avanzar sin un consenso claro ni una comprensión real de lo que está ocurriendo.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia y divulgador de temas relacionados con esa misma materia
FUENTES CONSULTADAS:
- Cobertura de la Agencia Reuters sobre declaraciones de Trump (marzo de 2026)
- Informes de Reuters sobre la evolución del conflicto Irán–Israel–EE.UU. (2025–2026)
-Evaluaciones de inteligencia citadas por Reuters sobre el programa nuclear iraní (junio de 2025)
POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hablar de Donald Trump no es solo hablar de un dirigente político, sino de una forma muy concreta de comunicar y de construir realidad. Su estilo no se basa en la coherencia, ni en la precisión, ni siquiera en la continuidad lógica entre lo que dice hoy y lo que dijo ayer. Su técnica —porque lo es— consiste en lanzar afirmaciones rotundas, muchas veces incompatibles entre sí, y dejar que la confusión haga el resto del trabajo.
No es un error casual ni un desliz puntual. Es un patrón. Trump no comunica para aclarar, sino para saturar. Dice una cosa, luego otra distinta, y más tarde una tercera que mezcla las anteriores. De este modo, el debate público deja de girar en torno a los hechos y pasa a girar en torno a su relato cambiante. El resultado es un terreno lleno de ruido donde resulta difícil distinguir qué es cierto, qué ha cambiado y qué nunca fue verdad.
“La guerra aparece como terminada y abierta al mismo tiempo”
A esto se suma un rasgo personal clave: una tendencia constante a presentarse como ganador en cualquier escenario, incluso cuando los hechos apuntan en otra dirección. Cuando algo no encaja, no rectifica: redefine la situación. Si no hay negociación, dice que la hay; si hay guerra, dice que está terminando; si algo no funciona, afirma que ya ha funcionado. Es una forma de construir una narrativa donde la realidad siempre llega tarde.
En el caso de la guerra contra Irán, este estilo ha generado un auténtico “cacao” informativo dentro de Estados Unidos. La población ha recibido, en cuestión de semanas, mensajes contradictorios sobre si hay guerra o no, si se negocia o no, si el objetivo es destruir o pactar. El análisis que sigue trata de ser un recorrido cronológico por esas contradicciones, para entender cómo se ha construido ese caos.
- MARZO DE 2026: CUANDO NO HAY INTERLOCUTORES… PERO SÍ NEGOCIACIONES
El 20 de marzo de 2026, Trump afirmó que no quedaban dirigentes en Irán con los que hablar. El mensaje era claro: no había interlocución posible, por tanto, no había salida diplomática.
Sin embargo, apenas tres días después (23 de marzo) comenzó a hablar de “puntos importantes de acuerdo”. El 24 de marzo ya aseguró que Estados Unidos estaba negociando activamente, y el 26 de marzo llegó a afirmar que las conversaciones “iban muy bien”.
La contradicción es directa: o no hay nadie con quien hablar, o se está negociando. Ambas cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Este cambio brusco no llegó a explicarse nunca.
- 6–24 DE MARZO: DE LA RENDICIÓN TOTAL A LA NEGOCIACIÓN
El 6 de marzo de 2026, Trump planteó que la única salida posible era la rendición incondicional de Irán. No había espacio para acuerdos intermedios.
Pero el 24 de marzo, apenas dos semanas después, hablaba ya de negociaciones en curso. Y el 26 de marzo presentó la situación como una oportunidad para que Irán “se sumara a un nuevo camino”.
Aquí el giro es de fondo: pasar de exigir rendición absoluta a presentar un proceso negociado. No es un matiz, es un cambio completo de marco político.
- 20–26 DE MARZO: “NO QUIERO UN ALTO EL FUEGO”… PERO PAUSA LOS ATAQUES
El 20 de marzo, Trump declaró que no quería un alto el fuego. La idea era continuar la presión militar.
Sin embargo, el 26 de marzo, anunció una pausa de 10 días en determinados ataques, con el argumento de facilitar las conversaciones.
Aunque no utilizó la palabra “alto el fuego”, en la práctica introdujo una pausa operativa. Es decir, negó una medida y luego aplicó algo muy parecido.
- 9 DE MARZO: “LA GUERRA ESTÁ PRÁCTICAMENTE TERMINADA”… PERO CONTINÚA
El 9 de marzo de 2026, Trump afirmó que la guerra estaba “prácticamente completada”.
Ese mismo día llegó a decir algo aún más revelador: que la guerra estaba, al mismo tiempo, empezando y terminando.
Los hechos posteriores lo desmintieron rápidamente. El 25 y 26 de marzo, los ataques seguían produciéndose, con bombardeos, drones y escalada militar.
Aquí no hay ambigüedad: una guerra que continúa no puede estar terminada.
- 20 DE MARZO: ISRAEL PARARÁ… PERO NO PARA
El 20 de marzo, Trump afirmó que Israel probablemente detendría la guerra cuando lo hiciera Estados Unidos.
Pero en los días siguientes, Israel continuó con los ataques sin que esa supuesta coordinación se materializara.
Esto revela otra constante: presentar como alineados procesos que en realidad siguen dinámicas distintas.
- 24–26 DE MARZO: “NEGOCIACIONES AVANZADAS”… PERO IRÁN LO NIEGA
Trump aseguró el 24 de marzo que había negociaciones en marcha y que Irán quería un acuerdo.
Sin embargo, desde Teherán se negó que existieran conversaciones directas y se calificaron esas afirmaciones como falsas.
El 26 de marzo, además, se describió la propuesta estadounidense como unilateral e inaceptable.
Aquí la contradicción no es solo interna, sino entre versiones enfrentadas. Pero lo relevante es el tono: Trump habla de avances claros donde la otra parte ni siquiera reconoce el proceso.
2025–2026: UN PROGRAMA NUCLEAR IRANÍ“DESTRUIDO” QUE VUELVE A SER AMENAZA
El 21 de junio de 2025, Trump afirmó que las principales instalaciones nucleares iraníes habían sido completamente destruidas.
Sin embargo, poco después, informes de inteligencia indicaron que el programa solo había sido retrasado temporalmente.
Y en 2026, la guerra vuelve a justificarse precisamente por la amenaza nuclear iraní.
La contradicción es evidente: si estaba destruido, no debería ser el motivo central de una nueva ofensiva.
PATRÓN GENERAL: DECIR, NEGAR Y REDEFINIR
Si juntamos todo este conjunto de contradicciones, aparece un patrón claro:
- Primero, afirmaciones absolutas (“no hay interlocutores”, “solo rendición”).
- Después, cambios rápidos (“estamos negociando”, “hay acuerdos”).
- Finalmente, reinterpretación (“la guerra está terminando”, aunque continúe).
Es como si cada fase del discurso sustituyera a la anterior sin reconocerla. No hay continuidad, solo sustitución.
CUANDO EL DISCURSO SUSTITUYE A LA REALIDAD
El problema no es solo que haya contradicciones. Es que, además. esas contradicciones afectan directamente a cómo se entiende la guerra.
Para un ciudadano estadounidense medio, el resultado es desconcertante:
- ¿Hay guerra o está terminando?
- ¿Se negocia o se exige rendición?
- ¿Irán está debilitado o sigue siendo una amenaza central?
La respuesta dependerá siempre del día en que se escuche a Trump.
Este tipo de comunicación no busca claridad, sino control del relato. Al cambiar constantemente el marco, se dificulta cualquier evaluación crítica. La discusión deja de ser sobre hechos y pasa a ser sobre versiones.
Y ahí está la clave: cuando la realidad se vuelve inestable en el discurso, la percepción también se convierte en inestable. Y en ese terreno confuso, las decisiones más graves —como una guerra— pueden avanzar sin un consenso claro ni una comprensión real de lo que está ocurriendo.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia y divulgador de temas relacionados con esa misma materia
FUENTES CONSULTADAS:
- Cobertura de la Agencia Reuters sobre declaraciones de Trump (marzo de 2026)
- Informes de Reuters sobre la evolución del conflicto Irán–Israel–EE.UU. (2025–2026)
-Evaluaciones de inteligencia citadas por Reuters sobre el programa nuclear iraní (junio de 2025)




























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