DEL ESTRECHO DE ORMUZ A CANARIAS : LA GUERRA CONTRA IRÁN Y SUS POSIBLES CONSECUENCIAS EN LA ECONOMÍA DE LAS ISLAS
La escalada militar en Oriente Medio amenaza la vulnerable y dependiente economía insular
Una guerra a miles de kilómetros puede parecer un asunto lejano. Sin embargo, cuando el conflicto se sitúa en torno al Estrecho de Ormuz —una de las principales arterias del petróleo mundial— sus consecuencias económicas se extienden rápidamente por todo el planeta. En un territorio como Canarias, cuya economía depende en gran medida de la energía y de las importaciones, una escalada prolongada del conflicto podría provocar consecuencias catastróficas.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La guerra en Oriente Medio ha vuelto a colocar al mundo ante una realidad que a menudo queda oculta bajo la apariencia de normalidad del comercio global: buena parte de la economía internacional depende de unos pocos puntos estratégicos por los que circula la energía que alimenta fábricas, transporte y consumo. Cuando uno de esos puntos se bloquea o queda bajo amenaza militar, las consecuencias se propagan rápidamente por todo el planeta. Eso es lo que está empezando a ocurrir tras la reciente agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta defensiva de Teherán. La escalada ha puesto en tensión una de las arterias energéticas más sensibles del sistema económico mundial: el Estrecho de Ormuz.
Para muchos europeos, ese estrecho situado entre Irán y la península arábiga puede parecer un lugar remoto. Sin embargo, su importancia es difícil de exagerar. Por sus aguas circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el planeta, además de enormes cantidades de gas natural licuado procedente de los países del Golfo. Es, en la práctica, un cuello de botella energético global. Cuando el tráfico marítimo fluye con normalidad, los mercados energéticos mantienen un equilibrio relativamente estable. Pero cuando el estrecho se convierte en escenario de tensiones militares, el sistema entero se vuelve vulnerable.
La actual escalada bélica ya está teniendo consecuencias visibles. La amenaza de ataques a buques, el incremento del riesgo geopolítico y el aumento de las primas de seguro para las navieras han reducido el tránsito marítimo y han introducido una fuerte incertidumbre en los mercados energéticos. El precio del petróleo Brent volvió a superar los 80 dólares por barril y numerosos analistas advierten de que, si el conflicto se prolonga o el tráfico por Ormuz se interrumpe seriamente, el crudo podría superar con facilidad los 100 dólares.
Estas cifras suelen aparecer en las páginas económicas como simples indicadores financieros, pero su impacto real va mucho más allá de los mercados. El petróleo es la base energética sobre la que funciona la economía mundial. Cuando su precio sube de forma sostenida, el aumento termina trasladándose al transporte, a la producción industrial y al precio de los bienes de consumo. En última instancia, se convierte en inflación y puede desencadenar una crisis global.
Aunque pocos o ningún país pueden considerarse al margen de esta dinámica hay regiones especialmente sensibles a este tipo de sacudidas. Canarias es uno de ellas.
Un archipiélago dependiente del exterior
A primera vista, la distancia geográfica del archipiélago respecto al continente europeo puede interpretarse simplemente como una cuestión de localización. Sin embargo, esa distancia también define la estructura económica de las islas. Canarias es un territorio profundamente integrado en los flujos globales de transporte, energía y mercancías.
El modelo económico del archipiélago se apoya principalmente en el sector servicios, que concentra más del ochenta por ciento de la actividad productiva. Dentro de ese sector, el turismo ocupa un papel central y actúa como uno de los principales motores del empleo y de los ingresos regionales. Este modelo ha permitido décadas de crecimiento económico que, sin embargo, no ha servido para sacar al Archipiélago del vagón de cola en el Estado español, como consecuencia del desigual reparto de los beneficios generados por una actividad controlada por actores económicos foráneos.
"El funcionamiento de la economía insular depende de un flujo constante de barcos y aviones que transportan mercancías hacia el archipiélago. El precio del combustible en un factor determinante para sostenimiento de esta economía"
Canarias es en uno de los destinos turísticos más importantes para los europeos, pero con una estructura productiva que genera principalmente empleos precarios y que reposa sobre una base material totalmente dependiente del exterior. Canarias importa prácticamente toda la energía fósil que consume. El petróleo y sus derivados alimentan el transporte, sostienen la mayor parte de la generación eléctrica y permiten el funcionamiento cotidiano de la economía. A esta dependencia energética se suma otra igualmente significativa: la alimentaria. Una gran parte de los alimentos que se consumen en las islas llega desde la península o desde otros países europeos.
El funcionamiento de la economía insular depende, por tanto, de un flujo constante de barcos y aviones que transportan mercancías hacia el archipiélago. Más del noventa por ciento de esos productos llegan por vía marítima. Esa realidad convierte al precio del combustible en un factor determinante para el coste de la vida en las islas.
El efecto dominó de la energía
Cuando el petróleo se encarece, el primer impacto visible suele aparecer en las estaciones de servicio. El precio de la gasolina y del diésel comienza a subir y ese aumento repercute inmediatamente en el transporte. Sin embargo, ese es solo el primer eslabón de una cadena económica mucho más amplia.
El encarecimiento del combustible eleva los costes del transporte marítimo, incrementa el precio de los fletes y dispara las primas de seguro que deben pagar los buques que atraviesan zonas de riesgo geopolítico. Las empresas que importan mercancías hacia Canarias terminan trasladando esos sobrecostes al precio final de los productos.
De esta manera, una crisis geopolítica a miles de kilómetros de distancia acaba reflejándose en el precio de los alimentos o de los bienes de consumo cotidiano en el archipiélago. En un territorio donde gran parte de lo que se consume llega desde el exterior, el encarecimiento del transporte internacional se traduce con rapidez en inflación.
La experiencia reciente muestra hasta qué punto esta relación es directa. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, Europa experimentó una fuerte subida en los precios de la energía y de los alimentos. En Canarias, donde la dependencia de las importaciones es particularmente elevada, aquella inflación tuvo efectos especialmente visibles sobre el coste de la vida.
Pero el impacto de la energía cara no se limita al transporte o a los productos que llegan a los supermercados. Existe otro elemento fundamental que suele quedar fuera del debate público y que resulta clave para comprender la vulnerabilidad estructural del archipiélago: el agua.
En varias islas, una parte importante del suministro de agua potable depende de plantas desalinizadoras que convierten el agua del mar en agua apta para el consumo. Este proceso requiere grandes cantidades de electricidad, y una parte significativa de esa electricidad todavía se genera a partir de combustibles fósiles importados. Cuando el petróleo sube, también lo hace el coste de producir electricidad. Y cuando la electricidad se encarece, aumenta el coste de producir agua. Así, una crisis energética internacional puede terminar repercutiendo incluso en uno de los recursos más básicos para la vida cotidiana en el archipiélago.
"Una contracción prolongada de la actividad turística tendría desastrosos efectos en cadena sobre toda la economía de las islas"
Turismo y fragilidad económica
A esta cadena de efectos se suma otro elemento clave de la economía canaria: el turismo. Los visitantes que llegan a las islas lo hacen en avión y el transporte aéreo depende directamente del precio del combustible.
Cuando el petróleo se encarece de forma sostenida, las aerolíneas afrontan mayores costes operativos. Esto puede traducirse en billetes más caros o en ajustes en la oferta de vuelos. En un contexto de incertidumbre económica internacional, ese encarecimiento puede influir en las decisiones de los viajeros.
Los viajes de ocio suelen ser uno de los primeros gastos que los hogares reducen cuando perciben que la situación económica se deteriora. Si la escalada bélica en Oriente Medio terminara generando una desaceleración económica global, el turismo hacia Canarias se resentiría de forma drástica.
Las consecuencias de una caída en la llegada de visitantes irían mucho más allá del sector hotelero. El turismo sostiene una parte muy significativa del empleo, del comercio minorista y de los ingresos públicos del archipiélago. Una contracción prolongada de la actividad turística tendría desastrosos efectos en cadena sobre toda la economía regional.
Una crisis que revela una dependencia estructural
El alcance final del impacto de la guerra dependerá en gran medida de la evolución del conflicto. Si la escalada militar se contiene en las próximas semanas, el efecto sobre los mercados energéticos podría limitarse a un episodio temporal de volatilidad. Sin embargo, si la guerra se prolonga o si el tráfico por el Estrecho de Ormuz queda seriamente interrumpido, el escenario podría cambiar de forma considerable.
En ese caso, el petróleo podría superar ampliamente los 100 dólares por barril, el transporte internacional se encarecería y la economía mundial afrontaría una nueva presión inflacionaria que podría llevarla rápidamente a la recesión. Para Canarias, un territorio profundamente dependiente de las importaciones energéticas y alimentarias, ese contexto podría traducirse en un aumento sostenido del coste de la vida y en una presión creciente sobre los hogares de los sectores populares, que ya se encuentran entre los más pobres del Estado español.
Más allá del conflicto concreto, la crisis vuelve a poner de manifiesto un problema estructural. Canarias ocupa una posición periférica dentro de la economía global:ofreta principalmente servicios turísticos e importa buena parte de la energía, los alimentos y los bienes que sostienen su vida cotidiana.
Cuando las tensiones geopolíticas sacuden las rutas energéticas del planeta, las regiones más dependientes del exterior son también las más expuestas a sus consecuencias. Lo que hoy ocurre en una estrecha franja de mar del Golfo Pérsico puede sentirse, miles de kilómetros más al oeste, en la gasolina que se paga en las estaciones de servicio, en la factura del agua o en el precio de los alimentos en los supermercados del archipiélago.
En un mundo profundamente interconectado, basta con que una de las arterias energéticas del sistema se tense para que sus efectos recorran toda la economía global. Y cuando eso ocurre, territorios como Canarias, cuya vida económica depende en gran medida de lo que llega desde fuera, suelen ser de los primeros en notar la sacudida de manera dramática.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La guerra en Oriente Medio ha vuelto a colocar al mundo ante una realidad que a menudo queda oculta bajo la apariencia de normalidad del comercio global: buena parte de la economía internacional depende de unos pocos puntos estratégicos por los que circula la energía que alimenta fábricas, transporte y consumo. Cuando uno de esos puntos se bloquea o queda bajo amenaza militar, las consecuencias se propagan rápidamente por todo el planeta. Eso es lo que está empezando a ocurrir tras la reciente agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta defensiva de Teherán. La escalada ha puesto en tensión una de las arterias energéticas más sensibles del sistema económico mundial: el Estrecho de Ormuz.
Para muchos europeos, ese estrecho situado entre Irán y la península arábiga puede parecer un lugar remoto. Sin embargo, su importancia es difícil de exagerar. Por sus aguas circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el planeta, además de enormes cantidades de gas natural licuado procedente de los países del Golfo. Es, en la práctica, un cuello de botella energético global. Cuando el tráfico marítimo fluye con normalidad, los mercados energéticos mantienen un equilibrio relativamente estable. Pero cuando el estrecho se convierte en escenario de tensiones militares, el sistema entero se vuelve vulnerable.
La actual escalada bélica ya está teniendo consecuencias visibles. La amenaza de ataques a buques, el incremento del riesgo geopolítico y el aumento de las primas de seguro para las navieras han reducido el tránsito marítimo y han introducido una fuerte incertidumbre en los mercados energéticos. El precio del petróleo Brent volvió a superar los 80 dólares por barril y numerosos analistas advierten de que, si el conflicto se prolonga o el tráfico por Ormuz se interrumpe seriamente, el crudo podría superar con facilidad los 100 dólares.
Estas cifras suelen aparecer en las páginas económicas como simples indicadores financieros, pero su impacto real va mucho más allá de los mercados. El petróleo es la base energética sobre la que funciona la economía mundial. Cuando su precio sube de forma sostenida, el aumento termina trasladándose al transporte, a la producción industrial y al precio de los bienes de consumo. En última instancia, se convierte en inflación y puede desencadenar una crisis global.
Aunque pocos o ningún país pueden considerarse al margen de esta dinámica hay regiones especialmente sensibles a este tipo de sacudidas. Canarias es uno de ellas.
Un archipiélago dependiente del exterior
A primera vista, la distancia geográfica del archipiélago respecto al continente europeo puede interpretarse simplemente como una cuestión de localización. Sin embargo, esa distancia también define la estructura económica de las islas. Canarias es un territorio profundamente integrado en los flujos globales de transporte, energía y mercancías.
El modelo económico del archipiélago se apoya principalmente en el sector servicios, que concentra más del ochenta por ciento de la actividad productiva. Dentro de ese sector, el turismo ocupa un papel central y actúa como uno de los principales motores del empleo y de los ingresos regionales. Este modelo ha permitido décadas de crecimiento económico que, sin embargo, no ha servido para sacar al Archipiélago del vagón de cola en el Estado español, como consecuencia del desigual reparto de los beneficios generados por una actividad controlada por actores económicos foráneos.
"El funcionamiento de la economía insular depende de un flujo constante de barcos y aviones que transportan mercancías hacia el archipiélago. El precio del combustible en un factor determinante para sostenimiento de esta economía"
Canarias es en uno de los destinos turísticos más importantes para los europeos, pero con una estructura productiva que genera principalmente empleos precarios y que reposa sobre una base material totalmente dependiente del exterior. Canarias importa prácticamente toda la energía fósil que consume. El petróleo y sus derivados alimentan el transporte, sostienen la mayor parte de la generación eléctrica y permiten el funcionamiento cotidiano de la economía. A esta dependencia energética se suma otra igualmente significativa: la alimentaria. Una gran parte de los alimentos que se consumen en las islas llega desde la península o desde otros países europeos.
El funcionamiento de la economía insular depende, por tanto, de un flujo constante de barcos y aviones que transportan mercancías hacia el archipiélago. Más del noventa por ciento de esos productos llegan por vía marítima. Esa realidad convierte al precio del combustible en un factor determinante para el coste de la vida en las islas.
El efecto dominó de la energía
Cuando el petróleo se encarece, el primer impacto visible suele aparecer en las estaciones de servicio. El precio de la gasolina y del diésel comienza a subir y ese aumento repercute inmediatamente en el transporte. Sin embargo, ese es solo el primer eslabón de una cadena económica mucho más amplia.
El encarecimiento del combustible eleva los costes del transporte marítimo, incrementa el precio de los fletes y dispara las primas de seguro que deben pagar los buques que atraviesan zonas de riesgo geopolítico. Las empresas que importan mercancías hacia Canarias terminan trasladando esos sobrecostes al precio final de los productos.
De esta manera, una crisis geopolítica a miles de kilómetros de distancia acaba reflejándose en el precio de los alimentos o de los bienes de consumo cotidiano en el archipiélago. En un territorio donde gran parte de lo que se consume llega desde el exterior, el encarecimiento del transporte internacional se traduce con rapidez en inflación.
La experiencia reciente muestra hasta qué punto esta relación es directa. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, Europa experimentó una fuerte subida en los precios de la energía y de los alimentos. En Canarias, donde la dependencia de las importaciones es particularmente elevada, aquella inflación tuvo efectos especialmente visibles sobre el coste de la vida.
Pero el impacto de la energía cara no se limita al transporte o a los productos que llegan a los supermercados. Existe otro elemento fundamental que suele quedar fuera del debate público y que resulta clave para comprender la vulnerabilidad estructural del archipiélago: el agua.
En varias islas, una parte importante del suministro de agua potable depende de plantas desalinizadoras que convierten el agua del mar en agua apta para el consumo. Este proceso requiere grandes cantidades de electricidad, y una parte significativa de esa electricidad todavía se genera a partir de combustibles fósiles importados. Cuando el petróleo sube, también lo hace el coste de producir electricidad. Y cuando la electricidad se encarece, aumenta el coste de producir agua. Así, una crisis energética internacional puede terminar repercutiendo incluso en uno de los recursos más básicos para la vida cotidiana en el archipiélago.
"Una contracción prolongada de la actividad turística tendría desastrosos efectos en cadena sobre toda la economía de las islas"
Turismo y fragilidad económica
A esta cadena de efectos se suma otro elemento clave de la economía canaria: el turismo. Los visitantes que llegan a las islas lo hacen en avión y el transporte aéreo depende directamente del precio del combustible.
Cuando el petróleo se encarece de forma sostenida, las aerolíneas afrontan mayores costes operativos. Esto puede traducirse en billetes más caros o en ajustes en la oferta de vuelos. En un contexto de incertidumbre económica internacional, ese encarecimiento puede influir en las decisiones de los viajeros.
Los viajes de ocio suelen ser uno de los primeros gastos que los hogares reducen cuando perciben que la situación económica se deteriora. Si la escalada bélica en Oriente Medio terminara generando una desaceleración económica global, el turismo hacia Canarias se resentiría de forma drástica.
Las consecuencias de una caída en la llegada de visitantes irían mucho más allá del sector hotelero. El turismo sostiene una parte muy significativa del empleo, del comercio minorista y de los ingresos públicos del archipiélago. Una contracción prolongada de la actividad turística tendría desastrosos efectos en cadena sobre toda la economía regional.
Una crisis que revela una dependencia estructural
El alcance final del impacto de la guerra dependerá en gran medida de la evolución del conflicto. Si la escalada militar se contiene en las próximas semanas, el efecto sobre los mercados energéticos podría limitarse a un episodio temporal de volatilidad. Sin embargo, si la guerra se prolonga o si el tráfico por el Estrecho de Ormuz queda seriamente interrumpido, el escenario podría cambiar de forma considerable.
En ese caso, el petróleo podría superar ampliamente los 100 dólares por barril, el transporte internacional se encarecería y la economía mundial afrontaría una nueva presión inflacionaria que podría llevarla rápidamente a la recesión. Para Canarias, un territorio profundamente dependiente de las importaciones energéticas y alimentarias, ese contexto podría traducirse en un aumento sostenido del coste de la vida y en una presión creciente sobre los hogares de los sectores populares, que ya se encuentran entre los más pobres del Estado español.
Más allá del conflicto concreto, la crisis vuelve a poner de manifiesto un problema estructural. Canarias ocupa una posición periférica dentro de la economía global:ofreta principalmente servicios turísticos e importa buena parte de la energía, los alimentos y los bienes que sostienen su vida cotidiana.
Cuando las tensiones geopolíticas sacuden las rutas energéticas del planeta, las regiones más dependientes del exterior son también las más expuestas a sus consecuencias. Lo que hoy ocurre en una estrecha franja de mar del Golfo Pérsico puede sentirse, miles de kilómetros más al oeste, en la gasolina que se paga en las estaciones de servicio, en la factura del agua o en el precio de los alimentos en los supermercados del archipiélago.
En un mundo profundamente interconectado, basta con que una de las arterias energéticas del sistema se tense para que sus efectos recorran toda la economía global. Y cuando eso ocurre, territorios como Canarias, cuya vida económica depende en gran medida de lo que llega desde fuera, suelen ser de los primeros en notar la sacudida de manera dramática.



























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