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CANARIAS: EL SALARIO SUBE EN EL BOE, LA PRECARIEDAD SIGUE EN LA CALLE

El SMI sube, pero eso no resuelve el problema

Canarias tiene hoy más de un millón de personas trabajando. El turismo continúa batiendo cifras millonarias. El Salario Mínimo Interprofesional ha vuelto a subir. El desempleo ha descendido respecto al año anterior. Vistos aisladamente, todos estos datos podrían servir para construir el relato de una economía que avanza.

  Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

    Canarias tiene hoy más de un millón de personas trabajando. El turismo continúa batiendo cifras millonarias. El Salario Mínimo Interprofesional ha vuelto a subir. El desempleo ha descendido respecto al año anterior. Vistos aisladamente, todos estos datos podrían servir para construir el relato de una economía que avanza.

 

   Pero basta mirar un poco más abajo para descubrir una realidad bastante diferente.

 

 

    En el segundo trimestre de 2026 había en Canarias 1.035.500 personas ocupadas, unas 13.500 más que un año antes, mientras que la tasa de paro se situaba en el 11,6%. Son cifras que, indudablemente, indican una mejora del empleo.

 

  Sin embargo, Canarias continúa teniendo los salarios medios mensuales más bajos de todo el Estado español.

 

   Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística, correspondientes a 2024, el salario bruto mensual medio en las islas fue de 2.051,70 euros, frente a los 2.385,60 euros del conjunto del Estado. Además, nada menos que el 38,2% de los asalariados canarios cobraba menos de 1.582,20 euros brutos al mes. Solo Extremadura presentaba una proporción superior de trabajadores en ese tramo salarial.

 

  La Encuesta Anual de Estructura Salarial ofrece otra fotografía de la misma realidad. En 2024 el salario medio anual en Canarias fue de 25.120 euros, mientras que la media estatal alcanzó los 29.540 euros. Únicamente Extremadura quedó por debajo de Canarias.

 

 Es decir, aumenta el número de personas que trabajan, pero Canarias continúa situada prácticamente en el fondo de la clasificación salarial.

 

EL SMI SUBE, PERO ESO NO RESUELVE EL PROBLEMA

   Desde enero de 2026, el Salario Mínimo Interprofesional está fijado en 1.221 euros mensuales en 14 pagas, equivalentes a 17.094 euros brutos anuales para una jornada completa. Es una subida real y beneficia a los trabajadores con las remuneraciones más bajas. Sería absurdo negarlo. Pero también sería absurdo confundir la existencia de un salario mínimo legal con la existencia de unos ingresos suficientes para vivir.

 

   El SMI establece cuánto debe pagarse como mínimo por una jornada completa. Si la jornada es parcial, esa cantidad disminuye proporcionalmente. Tampoco garantiza trabajar doce meses al año, ni impide pasar temporadas en desempleo, ni elimina la temporalidad o la discontinuidad del empleo.

 

  Por ello, una persona puede estar cobrando legalmente el SMI por hora trabajada y, al finalizar el año, disponer de unos ingresos claramente insuficientes para mantener una vivienda y cubrir sus necesidades básicas.

 

  Aquí aparece una de las trampas fundamentales de las estadísticas laborales: tener empleo y escapar de la pobreza ya no son necesariamente la misma cosa.

 

  El trabajador vende su capacidad de trabajar para obtener los medios que necesita para vivir. Pero si únicamente consigue vender esa fuerza de trabajo durante unas determinadas horas, durante temporadas o mediante jornadas parciales, el mínimo legal por hora no garantiza un mínimo vital anual.

 

  El problema, por tanto, es mucho más profundo que comprobar simplemente si una empresa paga 1.221 euros por una jornada completa.

 

  La pregunta es: ¿cuánto trabajo puede conseguir realmente una persona y qué puede comprar con el salario que recibe?

 

LA PARADOJA DEL PARAÍSO TURÍSTICO

  La contradicción resulta especialmente visible cuando observamos el principal motor económico de Canarias.

 

  Durante 2025, los turistas gastaron en las islas 23.185 millones de euros, un 3,9% más que el año anterior. Los establecimientos hoteleros y extrahoteleros facturaron 5.929 millones de euros, un 6,5% más. Y el crecimiento continúa.

 

  Solo durante el segundo trimestre de 2026, el gasto turístico alcanzó los 4.851 millones de euros, nada menos que un 10,2% más que durante el mismo periodo de 2025.

 

  El turismo representa alrededor del 37,7% de la economía canaria y el 42,3% del empleo, según el estudio Impactur presentado en 2026.

 

Ahora comparemos esos datos con otro.  Según el INE, la hostelería fue en 2024 la actividad económica con el salario medio anual más bajo de España: 17.653 euros. Su remuneración fue aproximadamente un 40% inferior a la media del conjunto de actividades.

 

  Ahí se encuentra una de las claves del problema canario.  Una parte gigantesca de la riqueza generada en las islas depende de actividades caracterizadas precisamente por salarios relativamente bajos.  No estamos, por tanto, ante una economía que no produzca riqueza. Canarias produce mucha riqueza. La pregunta verdaderamente relevante es quién se apropia de esa riqueza y cómo se distribuye entre quienes participan en su producciónLos hoteles pueden aumentar su facturación, los turistas pueden gastar más dinero y las empresas pueden mejorar sus resultados sin que ello implique que los salarios aumenten en la misma proporción.

 

  Las camareras de piso llevan años explicándolo. Las denuncias de Las Kellys sobre sobrecarga de trabajo, ritmos extenuantes, externalización y enfermedades profesionales ayudaron a hacer visible el reverso laboral de la industria turística. Las movilizaciones han conseguido incluso avances normativos: desde 2026 la legislación canaria obliga a los establecimientos turísticos a introducir, entre otras medidas, camas elevables y carros motorizados para determinadas tareas de limpieza, precisamente por los riesgos ergonómicos que soportan estas trabajadoras.

  El propio cambio legal constituye, indirectamente, el reconocimiento de que detrás de las habitaciones perfectamente preparadas para el siguiente turista existe un enorme esfuerzo físico realizado diariamente por miles de trabajadoras.

 

TRABAJAR Y SEGUIR SIENDO POBRE

   El resultado social de este modelo aparece con claridad en las estadísticas de pobreza.  Los datos publicados en 2026 por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza indican que el 31,2% de la población canaria se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.

 

Estamos hablando de más de 700.000 personasLa media española se sitúa en el 25,7%. Aunque algunos indicadores han mejorado durante los últimos años, el porcentaje canario de personas en riesgo de pobreza o exclusión permaneció exactamente igual entre 2024 y 2025.

 

La pobreza monetaria descendió hasta el 24,6%, pero ese descenso no fue suficiente para modificar el indicador general de exclusión. Resulta difícil encontrar una demostración más clara de los límites de la recuperación económica. Tenemos más empleo. Tenemos un SMI más elevado. Tenemos cifras turísticas extraordinarias. Tenemos miles de millones de euros circulando por las islas. Y, simultáneamente, casi una de cada tres personas continúa en riesgo de pobreza o exclusión.

 

No es una contradicción inexplicable. Es el resultado lógico de un sistema económico en el que el objetivo de la actividad productiva no es satisfacer las necesidades de la población, sino obtener rentabilidad.

 

¿QUÉ SIGNIFICA ENTONCES TENER UN SALARIO MÍNIMO?

   El problema del SMI no consiste en que sea inútil. Su aumento mejora directamente la situación de centenares de miles de trabajadores y establece una barrera frente a salarios aún más bajos. El problema comienza cuando el Gobierno presenta esa cifra como si constituyera por sí sola una garantía de dignidad. No la constituye. Porque una familia no paga el alquiler con porcentajes de subida salarial. Lo paga con euros. No compra alimentos con estadísticas de creación de empleo. No paga la electricidad con récords turísticos. Y no vive del salario nominal, sino de aquello que ese salario permite adquirir después de pagar vivienda, transporte, alimentación, energía y demás necesidades indispensables.

 

  Por eso el debate no debería limitarse a cuánto sube anualmente el SMI. Hay que preguntarse quién fija los salarios reales, quién controla los sectores productivos, quién se queda con los beneficios del crecimiento económico y por qué un territorio capaz de generar decenas de miles de millones mediante el turismo continúa teniendo algunos de los salarios más bajos y algunas de las tasas de pobreza más altas del Estado.

 

  El problema de Canarias no es precisamente la falta de riqueza. El problema es cómo se produce, quién la produce y quién termina apropiándose de ella.  Mientras esa relación permanezca intacta, podrán seguir aumentando el número de turistas, el gasto por visitante, la ocupación hotelera e incluso el número de contratos. Pero para cientos de miles de trabajadores canarios la economía continuará midiéndose de una manera bastante más sencilla: el dinero que entra en casa y los días que faltan para terminar el mes.

 
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