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Miércoles, 09 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

ESPAÑA SUSPENDE EN PISA: EL BATACAZO DEL QUE NADIE QUIERE SENTIRSE RESPONSABLE

¿Y si el verdadero problema no está solo en las aulas, sino en la sociedad que estamos construyendo?

Los peores resultados educativos de España en años han desatado una nueva batalla cainita entre PSOE y PP. Pero detrás de las cifras de PISA 2025 hay algo mucho más profundo: adolescentes que leen menos, dificultades para mantener la atención, desigualdades sociales, falta de recursos, cambios familiares y un sistema educativo incapaz de corregir problemas que desbordan las aulas. Canarias tampoco escapa a esa realidad.

 

POR CRISTÓBAL GARCIA VERA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

[Img #94258]   El Informe PISA ha vuelto a poner a la educación española frente al espejo de la bruja madrastra del cuento de la Cenicienta. Todos los que se miran en él solo ven una imagen mejorada de la responsabilidad que les cabe en los catastróficos resultados.

 

  Y es que los resultados del PISA 2025 son tan graves que de manera automática deberían haber abierto  en España un debate extraordinariamente serio sobre lo que está ocurriendo no solo con la educación, sino también con los adolescentes y, en último término, con la propia sociedad española.

 

 España ha obtenido 477 puntos en ciencias, 457 en matemáticas y 451 en comprensión lectora, quedando muy por debajo de los promedios internacionales de referencia en varias de estas competencias y confirmando un deterioro que no puede despacharse mediante una explicación única.

 

   Canarias, por su parte, registra 469 puntos en ciencias, 442 en matemáticas y 445 en lectura. El Archipiélago continúa por debajo de la media estatal aunque, para vana ilusión de algunos, reduce su distancia relativa solo porque el retroceso del conjunto español ha sido todavía mayor. Es decir, Canarias mejora su posición comparativa sin que se haya producido una auténtica mejora de sus resultados. Ese hecho, por sí solo, debería bastar para recomendar prudencia antes de construir relatos triunfalistas.

 

   Sin embargo, apenas habían transcurrido unas horas desde la publicación del informe cuando ocurrió exactamente lo que cabía prever: lo que debería haber sido un análisis colectivo sobre las causas sociales, económicas, pedagógicas y tecnológicas del deterioro educativo comenzó a transformarse en un puro debate electoral, en una nueva representación del enfrentamiento entre PSOE y PP, dos partidos que durante aproximadamente cuatro décadas se han estado alternando en el Gobierno del Estado y han gestionado también buena parte de las comunidades autónomas.

 

  Pero un problema de esta magnitud es demasiado serio para quedar reducido al habitual intercambio de acusaciones entre dos fuerzas políticas que, con diferencias no sustanciales  entre ellas, han aplicado durante décadas políticas sociales y educativas inscritas en un marco mucho más parecido de lo que su actual retórica de confrontación permite reconocer.

 

DEL DIAGNÓSTICO EDUCATIVO AL COMBATE ENTRE PARTIDOS

    La reacción del Partido Popular fue inmediata. Alberto Núñez Feijóo calificó los resultados como un “suspenso absoluto” y presentó PISA como una demostración palmaria del fracaso de la LOMLOE y de la política educativa desarrollada por los gobiernos socialistas.

 

  Su interpretación pone el acento en la pérdida de exigencia académica, en la necesidad de recuperar sistemas claros de evaluación,  un mayor peso de los contenidos y en la recuperación de la autoridad del profesorado.  El PP pretende, en consecuencia, convertir PISA en la prueba empírica de que el modelo educativo asociado al Gobierno de Pedro Sánchez ha fracasado.

 

   Pero la respuesta gubernamental ha seguido un mecanismo prácticamente simétrico. Pedro Sánchez ha recordado que su Ejecutivo ha incrementado los presupuestos educativos, ha aumentado las becas y ha destinado cientos de millones de euros a programas de refuerzo de matemáticas y comprensión lectora, mientras reprocha a comunidades autónomas gobernadas por el PP que no ejecuten íntegramente algunos de esos recursos.

 

   La ministra de Educación, Milagros Tolón, ha reconocido que estamos ante una “muy mala noticia”, pero se ha resistido a aceptar que los resultados constituyan una condena directa de la LOMLOE. Su explicación se ha concentrado especialmente en la comprensión lectora y en las transformaciones que están provocando los nuevos hábitos digitales.

   “Si tú no comprendes lo que lees, no sabes resolver ningún problema”, ha señalado la ministra, estableciendo una relación entre el deterioro de la lectura profunda y las dificultades posteriores en materias como ciencias o matemáticas.

 

   En el propio PSOE apareció, no obstante, una formulación algo más autocrítica cuando Patxi López afirmó que los resultados eran “preocupantes” y añadió una frase poco habitual en el lenguaje político contemporáneo: “Algo no estamos haciendo bien”. Esa afirmación podría haber sido el punto de partida de un debate mucho más interesante si la lógica partidista no hubiera absorbido inmediatamente la discusión.

 

 

CUATRO DÉCADAS DE ALTERNANCIA Y LOS MISMOS PROBLEMAS ESTRUCTURALES

     Porque el verdadero problema comienza precisamente allí donde termina la propaganda. España no estrenó su sistema educativo hace cuatro años. Ni la desigualdad apareció con la LOMLOE, ni la precariedad juvenil nació con Pedro Sánchez, ni los problemas de comprensión lectora pueden atribuirse exclusivamente a una ley aprobada durante la última legislatura o el efecto de los teléfonos móviles, sin que pueda por ello negarse su influencia. 

 

    Durante cerca de cuatro décadas, PSOE y PP han aprobado sucesivas reformas educativas, modificado currículos, alterado los procedimientos de evaluación y presentado cada cambio normativo como una respuesta definitiva a problemas que reaparecen una y otra vez. Ambos han gobernado comunidades con resultados educativos muy diferentes. Ambos han administrado sistemas públicos en territorios ricos y pobres. Ambos han participado en la construcción del mismo marco económico y social dentro del cual se ha desarrollado la vida cotidiana de las familias y del alumnado.

 

   Resulta, por tanto, intelectualmente paupérrimo reducir PISA a una suerte de plebiscito sobre la última ley educativa. El propio resultado territorial desaconseja semejante simplificación: hay comunidades con gobiernos de distinto signo político que retroceden, otras que resisten mejor y algunas que mejoran relativamente porque las demás empeoran.

 

   La educación no se comporta como una variable electoral que cambia automáticamente con el color del Ejecutivo de turno. Intervienen el nivel de renta familiar, el entorno cultural, la estabilidad de las plantillas, la situación de los centros, las ratios, el porcentaje de alumnado vulnerable, la inmigración, las políticas de vivienda, la disponibilidad de bibliotecas, el tiempo que los padres pueden dedicar a sus hijos y, cada vez con mayor fuerza, la relación de los adolescentes con las pantallas y con formas extremadamente fragmentadas de consumo de información.

 

LOS SINDICATOS DESPLAZAN EL FOCO HACIA LAS CONDICIONES MATERIALES

     Los sindicatos han intentado desplazar parcialmente la discusión hacia esos factores materiales. CSIF ha utilizado PISA para reclamar un Pacto de Estado por la Educación y ha vuelto a señalar problemas que, según esta organización, vienen arrastrándose desde hace años: insuficiencia de recursos, temporalidad entre el profesorado, desigualdades territoriales y necesidad de reducir ratios y reforzar plantillas.

 

    Su planteamiento entra directamente en conflicto con la lógica de responsabilizar al docente por los malos resultados. Allí donde el sindicato se ha pronunciado, ha insistido en que PISA no puede servir para señalar al profesorado, sino para preguntarse con qué medios desarrolla su trabajo.

 

   En Canarias, el STEC-IC ha sido todavía más contundente y ha definido la situación del Archipiélago mediante una palabra difícil de compatibilizar con cualquier lectura complaciente: “estancamiento”. El sindicato recuerda que Canarias continúa entre las comunidades con peores resultados, aunque la caída de otras autonomías permita mejorar posiciones relativas, y reclama más profesores, reducción de ratios, mejores bibliotecas escolares, especialistas suficientes para atender al alumnado con necesidades específicas y un desarrollo efectivo de la enseñanza pública de cero a tres años.

 

     Pero el STEC-IC introduce además una cuestión que trasciende el tradicional debate presupuestario: la influencia de la digitalización y de la inteligencia artificial sobre la manera de aprender. Habla de “delegación cognitiva” para referirse al proceso mediante el cual determinadas funciones intelectuales que antes exigían leer, memorizar, ordenar, escribir, calcular o buscar relaciones entre conceptos son transferidas progresivamente a dispositivos y aplicaciones. Su crítica alcanza incluso al modelo tecnológico implantado durante años en los centros educativos, cuya expansión fue defendida prácticamente como sinónimo automático de modernización. El sindicato plantea ahora la necesidad de recuperar formas de aprendizaje más lentas, lectura prolongada, contacto con el libro impreso, concentración y tiempo suficiente para enfrentarse a textos complejos.

 

LAS FAMILIAS HABLAN DE RECURSOS, ORIENTACIÓN Y DESMOTIVACIÓN

    También las familias están aportando elementos que difícilmente caben en el esquema simplificado de PSOE contra PP. Desde la Federación de AMPAS Galdós, en Canarias, su portavoz Fran Pérez ha llamado la atención sobre la insuficiencia de orientación educativa y de recursos humanos y sobre un problema que quizá resulta todavía más difícil de medir que una puntuación de PISA: la desmotivación de una parte del alumnado.

 

    La cuestión resulta decisiva. Podemos pedir a los adolescentes que estudien, que se esfuercen y que retrasen recompensas inmediatas en nombre de un futuro mejor, pero al mismo tiempo viven en una sociedad donde observan que muchos titulados encadenan empleos precarios, que emanciparse se ha convertido para amplias capas juveniles en una posibilidad cada vez más tardía, que el acceso a una vivienda exige cantidades desproporcionadas respecto a los salarios y que sectores de baja cualificación continúan ofreciendo oportunidades laborales inmediatas, aunque sean inestables y mal remuneradas.

 

   La escuela no funciona en el vacío. El estudiante no abandona su clase social al atravesar la puerta del instituto. Tampoco deja allí los problemas de su familia, las condiciones de su vivienda, las dificultades económicas, la ausencia de espacios adecuados para estudiar o la percepción de que el ascensor social que durante décadas se identificó con la educación funciona cada vez peor. PISA vuelve a mostrar una correlación clara entre origen socioeconómico y rendimiento educativo, también en Canarias. Por eso hablar de resultados sin hablar de desigualdad equivale a describir los síntomas intentando evitar deliberadamente una parte esencial de sus causas.

 

VOX, SUMAR Y EL CHOQUE DE INTERPRETACIONES

      Otros actores políticos han introducido sus propios enfoques. Vox ha interpretado PISA como una prueba más del fracaso general del Gobierno y ha utilizado un lenguaje particularmente agresivo. Santiago Abascal incorporó el deterioro educativo a su acusación global contra el Ejecutivo, mientras Pepa Millán llegó a hablar del supuesto afán gubernamental por hacer a los españoles “cada vez más ignorantes”.

 

  Sumar, por el contrario, ha considerado que los resultados refuerzan la necesidad de incrementar la inversión pública y su portavoz, Verónica Martínez Barbero, ha utilizado una expresión deliberadamente provocadora al defender que habría que conseguir “hacer más sexy la lectura”. 

 

   Significativamente, actores enfrentados ideológicamente sí empiezan a coincidir en que la pérdida de concentración y la transformación de los hábitos de lectura están desempeñando algún papel. La ministra lo señala, el STEC-IC lo desarrolla, profesores y especialistas lo vienen advirtiendo y numerosos padres lo comprueban diariamente en sus hogares. Sin embargo, incluso esa coincidencia corre el peligro de ser inmediatamente absorbida por la discusión partidista sobre quién tuvo la culpa de introducir más tabletas, quién reguló primero los móviles o qué Gobierno destinó más millones a digitalizar las aulas.

 

LA ESCUELA NO PUEDE ARREGLAR POR SÍ SOLA LO QUE PRODUCE LA SOCIEDAD

     Este es probablemente el punto que desaparecerá con mayor facilidad del debate institucional. PSOE y PP discutirán sobre leyes. El Gobierno exhibirá inversión. La oposición reclamará exigencia. Vox elevará el tono de la impugnación. Sumar pedirá más recursos. Los sindicatos exigirán plantillas y menores ratios. Las familias hablarán de orientación, motivación y condiciones reales de los centros.

 

   Mientras tanto, permanecerá sin formularse la pregunta decisiva: ¿qué tipo de sociedad está socializando a niños y adolescentes y los está recibiendo cuando salen del instituto? Si la educación pretende preparar para el futuro, también habrá que preguntarse qué futuro se les está ofreciendo. Si exigimos esfuerzo, deberemos explicar qué recompensa social puede esperarse razonablemente de él. Si pedimos lectura profunda, tendremos que discutir por qué hemos permitido que una parte creciente de la vida cotidiana se organice alrededor de plataformas cuyo negocio depende de interrumpir constantemente nuestra atención. Si denunciamos falta de conocimientos, habrá que examinar también qué tipo de conocimientos consideramos valiosos y de qué tiempo real disponen profesores y alumnos para adquirirlos. Si reclamamos igualdad de oportunidades, será necesario aceptar que la desigualdad económica no desaparece mágicamente al comenzar las clases a las ocho de la mañana.

 .

EL VERDADERO SUSPENSO

   PISA 2025 no debería convertirse en el acta de acusación de un partido contra otro. Debería convertirse en una advertencia dirigida al conjunto de la sociedad. Porque detrás de cada cifra no existe una abstracción estadística, sino adolescentes concretos que tendrán que desenvolverse en un mundo tecnológicamente complejo, laboralmente incierto y socialmente desigual.

 

   Que comprendan lo que leen, que puedan razonar matemáticamente, que entiendan la ciencia y que sean capaces de distinguir un argumento de una consigna no es únicamente un objetivo académico. Es una condición básica para que puedan comprender el mundo en el que viven y actuar sobre él como algo más que meros consumidores pasivos y fuerza de trabajo crecientemente precarizada. 

 

  Por eso resulta particularmente irresponsable convertir un problema de esta profundidad en un intercambio de reproches de campaña. El verdadero suspenso no está  únicamente en las cifras de PISA. Se encuentra también en una sociedad incapaz de discutir sobre su educación sin reducir inmediatamente el debate a quién gana o pierde las próximas elecciones.

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