UN PLANETA FINITO FRENTE A UNA ECONOMÍA QUE NECESITA CRECER SIN FIN
La economía capitalista exige crecimiento permanente, el planeta no puede ofrecer recursos infinitos
El capitalismo necesita ampliar continuamente la producción, conquistar nuevos mercados y convertir nuevos ámbitos de la naturaleza en fuentes de rentabilidad. Pero esa expansión permanente se enfrenta a un hecho elemental: los recursos son finitos y también lo es la capacidad de regeneración de los ecosistemas. Esa contradicción se ha convertido ya en uno de los grandes límites históricos de nuestra civilización.
POR CRISTÓBAL GARCIA VERA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-
«No es posible conseguir mediante reformas que se convierta en amigo de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es la depredación creciente e irreversible. Por eso lo razonablemente reformista es, también en esto, irracional».
Manuel Sacristán. «Comunicación a las Jornadas de Ecología y Política» celebradas en Murcia en mayo de 1979.
Durante décadas se nos ha enseñado a imaginar la economía como una maquinaria capaz de crecer indefinidamente. Más fábricas, más carreteras, más automóviles, más viviendas, más mercancías y más consumo eran sinónimo de "progreso". Pero esa imagen tenía un problema: la economía parecía funcionar en el vacío. Apenas se hablaba de que cada edificio necesita arena, acero y cemento; cada automóvil, minerales y energía; cada cosecha, suelo, agua y nutrientes; y cada teléfono móvil, una larga cadena de materiales extraídos de distintos lugares del planeta.
Aunque el primer informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento data del año 1972, hoy esa realidad física resulta mucho más difícil de ignorar. La extracción mundial de recursos naturales se ha triplicado durante los últimos cincuenta años y, si las tendencias actuales continúan, podría aumentar otro 60% entre 2020 y 2060. Los países de renta alta consumen, además, unas seis veces más materiales por persona que los países pobres y generan impactos climáticos muy superiores.
El problema, por tanto, no consiste simplemente en preguntarnos cuándo comenzarán a escasear el petróleo, el cobre, el fósforo o el litio. La cuestión más importante es otra: ¿qué sucede cuando una economía que necesita expandirse continuamente funciona dentro de un planeta que no puede expandirse?
LOS RECURSOS NO DESAPARECEN DE REPENTE
Hablar de agotamiento puede inducir a imaginar una mina completamente vacía o el último barril de petróleo saliendo de un pozo. Pero normalmente no ocurre así.
Un recurso comienza a plantear problemas mucho antes de desaparecer físicamente. Primero se explotan los depósitos más abundantes, accesibles y baratos. Después hay que perforar más profundamente, remover mayores cantidades de roca, utilizar más agua, consumir más energía o desplazarse hacia territorios anteriormente considerados poco rentables.
Por eso lo decisivo no es solamente cuánto queda bajo tierra, sino cuánto trabajo, energía, infraestructura y capital hacen falta para extraerlo.
En un reciente artículo, el científico y divulgador Antonio Turiel vuelve a advertir sobre esta etapa, caracterizada por crecientes tensiones alrededor de la energía, minerales y materias primas. Turiel insiste en el agravamiento de los conflictos relacionados con la disponibilidad de los recursos y cómo están adquiriendo una importancia económica y política cada vez mayor.
El problema, en efecto, no es solamente la escasez, sino la necesidad imperiosa del sistema económico que rige la vida de la mayor parte del planeta de crecer indefinidamente. Una empresa no produce simplemente porque la sociedad necesite zapatos, coches o viviendas. Invierte dinero esperando recuperar una cantidad mayor. Una parte del beneficio obtenido vuelve entonces a invertirse para ampliar la producción, introducir maquinaria, conquistar mercados o desplazar competidores. Ese es el ciclo que no puede detenerse sin provocar una crisis.
Una empresa que no crece mientras sus competidores sí lo hacen corre el riesgo de quedar fuera del mercado. Y lo mismo sucede a gran escala con enormes grupos empresariales que compiten internacionalmente.
De ahí surge una contradicción fundamental. La acumulación económica capitalista no admite ninguna limitación, mientras la extracción material sí encuentra límites físicos, energéticos y ecológicos.
El planeta tiene aproximadamente el mismo tamaño cuando la economía crece un 2%, un 4% o un 6%. Lo que cambia es la cantidad de naturaleza que tiene que integrarse en el proceso productivo.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que la extracción mundial pasó de unos 30.000 millones de toneladas de materiales en 1970 a más de 100.000 millones en la actualidad. No estamos, por tanto, ante un problema del futuro.
CUANDO LO QUE ESTABA FUERA ENTRA EN EL MERCADO
Cuando resulta difícil encontrar oportunidades suficientemente rentables dentro de los espacios económicos ya desarrollados, el capital busca nuevos territorios donde expandirse. Tierras comunitarias se convierten en propiedades privadas; acuíferos, en negocios; bosques, en reservas de madera; minerales bajo territorios campesinos, en concesiones mineras; servicios públicos, en mercados.
Es el proceso que el economista británico David Harvey ha descrito como acumulación por desposesión: es decir, convertir bienes, territorios o actividades que anteriormente no estaban plenamente sometidos al mercado en nuevas oportunidades para obtener rentabilidad.
Esto ayuda a comprender por qué la crisis de los recursos no produce ahorro. Paradójicamente, lo que puede producir es más presión extractiva.
Si un mineral estratégico aumenta de precio porque existe una fuerte demanda, aparecen incentivos para explotar depósitos anteriormente poco rentables. Se abren minas donde antes no interesaba hacerlo, se construyen infraestructuras en territorios remotos y aumenta la competencia por controlar los yacimientos. La escasez puede convertirse así en oportunidad de negocio.
LA NATURALEZA TAMBIÉN TIENE UNA CONTABILIDAD
Existe además un problema que las cuentas empresariales solo saben reflejar como "externalidad". Imaginemos una explotación minera que genera grandes beneficios. En su balance aparecen salarios, maquinaria, electricidad, transporte e ingresos. Pero difícilmente encontramos contabilizados de la misma manera la pérdida de biodiversidad, el deterioro de un acuífero, la erosión del suelo o los daños que quedarán durante generaciones.
La empresa calcula costes monetarios. La naturaleza funciona mediante ciclos materiales. Para entenderlo resulta especialmente útil el concepto de fractura metabólica desarrollado por John Bellamy Foster, partiendo de los aportes realizados por Carlos Marx en el tomo III de El Capital: la producción puede romper los intercambios mediante los cuales los ecosistemas mantienen y regeneran sus condiciones de existencia.
Un ejemplo sencillo ayuda a entenderlo. Durante siglos, los nutrientes contenidos en los alimentos podían regresar parcialmente a las tierras próximas donde habían sido producidos. La concentración urbana y la agricultura industrial rompieron progresivamente ese circuito: nutrientes extraídos del suelo viajaban cientos o miles de kilómetros mientras los residuos terminaban concentrándose en ciudades, ríos o mares. Para mantener las cosechas había entonces que introducir fertilizantes producidos industrialmente. El ciclo natural había sido sustituido por una cadena económica dependiente de nuevas extracciones. Hoy, la demanda material asociada a la producción y al consumo mundiales ha desbordado ya la capacidad regenerativa de los ecosistemas de los que depende la propia reproducción de la sociedad humana.
LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA TAMPOCO ESCAPA AL PROBLEMA
Abandonar los combustibles fósiles es imprescindible, pero cambiar petróleo por electricidad no elimina la contradicción esencial.
Paneles solares, redes eléctricas, baterías, aerogeneradores y vehículos eléctricos necesitan cobre, litio, níquel, grafito, tierras raras y numerosos materiales. La Agencia Internacional de la Energía reconoce por ello que las cadenas de suministro de minerales críticos presentan riesgos de concentración geográfica, interrupciones y tensiones geopolíticas.
La transición hacia las energías renovables es necesario, pero no resuelve por sí sola la contradicción de fondo. No basta con sustituir unas tecnologías por otras mientras se mantiene intacta una dinámica de crecimiento material indefinido. El desarrollo tecnológico puede permitirnos utilizar los recursos con mayor eficiencia y reducir determinados consumos, pero no puede hacer ilimitados unos recursos naturales y una capacidad de regeneración ecológica que son, por definición, finitos.
¿ESCASEZ PARA QUIÉN?
Existe finalmente una pregunta que suele desaparecer cuando se habla de recursos: su distribución. Los países ricos consumen proporcionalmente muchos más materiales que los pobres. Dentro de cada sociedad ocurre algo parecido: una familia que apenas puede pagar electricidad no ejerce la misma presión material que quien posee varias viviendas, grandes vehículos o realiza numerosos vuelos al año.
Por eso la crisis ecológica es también una cuestión política y social. Cuando un recurso se encarece, quienes disponen de mayor capacidad económica pueden seguir comprándolo. Los demás se ven obligados a reducir calefacción, movilidad, alimentación o consumo básico.
Y ahí encontramos quizá el verdadero problema de nuestro tiempo. No vivimos simplemente en un planeta con recursos limitados. Vivimos en un sistema económico que, en respuesta a su necesidad de ampliar continuamente la producción, encuentra siempre nuevas formas de convertir la naturaleza en mercancía y distribuye de manera enormemente desigual tanto los beneficios de esa explotación como sus consecuencias.
La pregunta decisiva es cuánto tiempo podrá mantenerse una economía marcada por esta contradicción esencial sin conducirnos a formas crecientes de barbarie social, política y ecológica.
Referencias bibliográficas:
-Antonio Turiel — Ante una guerra por los últimos recursos, CTXT,.
-David Harvey — El nuevo imperialismo. Especialmente: acumulación por desposesión, expansión territorial del capital y apropiación de recursos.
-John Bellamy Foster / Brett Clark — trabajos sobre fractura metabólica, crisis ecológica y apropiación capitalista de la naturaleza.
-UNEP / International Resource Panel — Global Resources Outlook 2024. Datos sobre extracción mundial de materiales y desigualdad en su consumo.
-International Energy Agency (IEA) — Global Critical Minerals Outlook 2024. Minerales críticos, transición energética y concentración de suministros.
-Karl Marx — El Capital, tomos I, II y III. Acumulación, reproducción ampliada, valorización y expansión del capital.
-Karl Marx — El Capital, tomo III, capítulo 47, «Génesis de la renta capitalista del suelo»..
-V. I. Lenin — El imperialismo, fase superior del capitalismo. Monopolios, capital financiero, materias primas y reparto económico del mundo.
POR CRISTÓBAL GARCIA VERA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-
«No es posible conseguir mediante reformas que se convierta en amigo de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es la depredación creciente e irreversible. Por eso lo razonablemente reformista es, también en esto, irracional».
Manuel Sacristán. «Comunicación a las Jornadas de Ecología y Política» celebradas en Murcia en mayo de 1979.
Durante décadas se nos ha enseñado a imaginar la economía como una maquinaria capaz de crecer indefinidamente. Más fábricas, más carreteras, más automóviles, más viviendas, más mercancías y más consumo eran sinónimo de "progreso". Pero esa imagen tenía un problema: la economía parecía funcionar en el vacío. Apenas se hablaba de que cada edificio necesita arena, acero y cemento; cada automóvil, minerales y energía; cada cosecha, suelo, agua y nutrientes; y cada teléfono móvil, una larga cadena de materiales extraídos de distintos lugares del planeta.
Aunque el primer informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento data del año 1972, hoy esa realidad física resulta mucho más difícil de ignorar. La extracción mundial de recursos naturales se ha triplicado durante los últimos cincuenta años y, si las tendencias actuales continúan, podría aumentar otro 60% entre 2020 y 2060. Los países de renta alta consumen, además, unas seis veces más materiales por persona que los países pobres y generan impactos climáticos muy superiores.
El problema, por tanto, no consiste simplemente en preguntarnos cuándo comenzarán a escasear el petróleo, el cobre, el fósforo o el litio. La cuestión más importante es otra: ¿qué sucede cuando una economía que necesita expandirse continuamente funciona dentro de un planeta que no puede expandirse?
LOS RECURSOS NO DESAPARECEN DE REPENTE
Hablar de agotamiento puede inducir a imaginar una mina completamente vacía o el último barril de petróleo saliendo de un pozo. Pero normalmente no ocurre así.
Un recurso comienza a plantear problemas mucho antes de desaparecer físicamente. Primero se explotan los depósitos más abundantes, accesibles y baratos. Después hay que perforar más profundamente, remover mayores cantidades de roca, utilizar más agua, consumir más energía o desplazarse hacia territorios anteriormente considerados poco rentables.
Por eso lo decisivo no es solamente cuánto queda bajo tierra, sino cuánto trabajo, energía, infraestructura y capital hacen falta para extraerlo.
En un reciente artículo, el científico y divulgador Antonio Turiel vuelve a advertir sobre esta etapa, caracterizada por crecientes tensiones alrededor de la energía, minerales y materias primas. Turiel insiste en el agravamiento de los conflictos relacionados con la disponibilidad de los recursos y cómo están adquiriendo una importancia económica y política cada vez mayor.
El problema, en efecto, no es solamente la escasez, sino la necesidad imperiosa del sistema económico que rige la vida de la mayor parte del planeta de crecer indefinidamente. Una empresa no produce simplemente porque la sociedad necesite zapatos, coches o viviendas. Invierte dinero esperando recuperar una cantidad mayor. Una parte del beneficio obtenido vuelve entonces a invertirse para ampliar la producción, introducir maquinaria, conquistar mercados o desplazar competidores. Ese es el ciclo que no puede detenerse sin provocar una crisis.
Una empresa que no crece mientras sus competidores sí lo hacen corre el riesgo de quedar fuera del mercado. Y lo mismo sucede a gran escala con enormes grupos empresariales que compiten internacionalmente.
De ahí surge una contradicción fundamental. La acumulación económica capitalista no admite ninguna limitación, mientras la extracción material sí encuentra límites físicos, energéticos y ecológicos.
El planeta tiene aproximadamente el mismo tamaño cuando la economía crece un 2%, un 4% o un 6%. Lo que cambia es la cantidad de naturaleza que tiene que integrarse en el proceso productivo.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que la extracción mundial pasó de unos 30.000 millones de toneladas de materiales en 1970 a más de 100.000 millones en la actualidad. No estamos, por tanto, ante un problema del futuro.
CUANDO LO QUE ESTABA FUERA ENTRA EN EL MERCADO
Cuando resulta difícil encontrar oportunidades suficientemente rentables dentro de los espacios económicos ya desarrollados, el capital busca nuevos territorios donde expandirse. Tierras comunitarias se convierten en propiedades privadas; acuíferos, en negocios; bosques, en reservas de madera; minerales bajo territorios campesinos, en concesiones mineras; servicios públicos, en mercados.
Es el proceso que el economista británico David Harvey ha descrito como acumulación por desposesión: es decir, convertir bienes, territorios o actividades que anteriormente no estaban plenamente sometidos al mercado en nuevas oportunidades para obtener rentabilidad.
Esto ayuda a comprender por qué la crisis de los recursos no produce ahorro. Paradójicamente, lo que puede producir es más presión extractiva.
Si un mineral estratégico aumenta de precio porque existe una fuerte demanda, aparecen incentivos para explotar depósitos anteriormente poco rentables. Se abren minas donde antes no interesaba hacerlo, se construyen infraestructuras en territorios remotos y aumenta la competencia por controlar los yacimientos. La escasez puede convertirse así en oportunidad de negocio.
LA NATURALEZA TAMBIÉN TIENE UNA CONTABILIDAD
Existe además un problema que las cuentas empresariales solo saben reflejar como "externalidad". Imaginemos una explotación minera que genera grandes beneficios. En su balance aparecen salarios, maquinaria, electricidad, transporte e ingresos. Pero difícilmente encontramos contabilizados de la misma manera la pérdida de biodiversidad, el deterioro de un acuífero, la erosión del suelo o los daños que quedarán durante generaciones.
La empresa calcula costes monetarios. La naturaleza funciona mediante ciclos materiales. Para entenderlo resulta especialmente útil el concepto de fractura metabólica desarrollado por John Bellamy Foster, partiendo de los aportes realizados por Carlos Marx en el tomo III de El Capital: la producción puede romper los intercambios mediante los cuales los ecosistemas mantienen y regeneran sus condiciones de existencia.
Un ejemplo sencillo ayuda a entenderlo. Durante siglos, los nutrientes contenidos en los alimentos podían regresar parcialmente a las tierras próximas donde habían sido producidos. La concentración urbana y la agricultura industrial rompieron progresivamente ese circuito: nutrientes extraídos del suelo viajaban cientos o miles de kilómetros mientras los residuos terminaban concentrándose en ciudades, ríos o mares. Para mantener las cosechas había entonces que introducir fertilizantes producidos industrialmente. El ciclo natural había sido sustituido por una cadena económica dependiente de nuevas extracciones. Hoy, la demanda material asociada a la producción y al consumo mundiales ha desbordado ya la capacidad regenerativa de los ecosistemas de los que depende la propia reproducción de la sociedad humana.
LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA TAMPOCO ESCAPA AL PROBLEMA
Abandonar los combustibles fósiles es imprescindible, pero cambiar petróleo por electricidad no elimina la contradicción esencial.
Paneles solares, redes eléctricas, baterías, aerogeneradores y vehículos eléctricos necesitan cobre, litio, níquel, grafito, tierras raras y numerosos materiales. La Agencia Internacional de la Energía reconoce por ello que las cadenas de suministro de minerales críticos presentan riesgos de concentración geográfica, interrupciones y tensiones geopolíticas.
La transición hacia las energías renovables es necesario, pero no resuelve por sí sola la contradicción de fondo. No basta con sustituir unas tecnologías por otras mientras se mantiene intacta una dinámica de crecimiento material indefinido. El desarrollo tecnológico puede permitirnos utilizar los recursos con mayor eficiencia y reducir determinados consumos, pero no puede hacer ilimitados unos recursos naturales y una capacidad de regeneración ecológica que son, por definición, finitos.
¿ESCASEZ PARA QUIÉN?
Existe finalmente una pregunta que suele desaparecer cuando se habla de recursos: su distribución. Los países ricos consumen proporcionalmente muchos más materiales que los pobres. Dentro de cada sociedad ocurre algo parecido: una familia que apenas puede pagar electricidad no ejerce la misma presión material que quien posee varias viviendas, grandes vehículos o realiza numerosos vuelos al año.
Por eso la crisis ecológica es también una cuestión política y social. Cuando un recurso se encarece, quienes disponen de mayor capacidad económica pueden seguir comprándolo. Los demás se ven obligados a reducir calefacción, movilidad, alimentación o consumo básico.
Y ahí encontramos quizá el verdadero problema de nuestro tiempo. No vivimos simplemente en un planeta con recursos limitados. Vivimos en un sistema económico que, en respuesta a su necesidad de ampliar continuamente la producción, encuentra siempre nuevas formas de convertir la naturaleza en mercancía y distribuye de manera enormemente desigual tanto los beneficios de esa explotación como sus consecuencias.
La pregunta decisiva es cuánto tiempo podrá mantenerse una economía marcada por esta contradicción esencial sin conducirnos a formas crecientes de barbarie social, política y ecológica.
-David Harvey — El nuevo imperialismo. Especialmente: acumulación por desposesión, expansión territorial del capital y apropiación de recursos.
-John Bellamy Foster / Brett Clark — trabajos sobre fractura metabólica, crisis ecológica y apropiación capitalista de la naturaleza.
-UNEP / International Resource Panel — Global Resources Outlook 2024. Datos sobre extracción mundial de materiales y desigualdad en su consumo.
-International Energy Agency (IEA) — Global Critical Minerals Outlook 2024. Minerales críticos, transición energética y concentración de suministros.
-Karl Marx — El Capital, tomos I, II y III. Acumulación, reproducción ampliada, valorización y expansión del capital.
-Karl Marx — El Capital, tomo III, capítulo 47, «Génesis de la renta capitalista del suelo»..
-V. I. Lenin — El imperialismo, fase superior del capitalismo. Monopolios, capital financiero, materias primas y reparto económico del mundo.




























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