LA ULTRADERECHA ARRASA EN LAS ELECCIONES REGIONALES ALEMANAS
AfD duplica su apoyo en Sajonia-Anhalt, hunde a la CDU y confirma que el gran vuelco político alemán está llegando desde los territorios de la antigua RDA.
Alemania acaba de vivir un auténtico terremoto electoral. AfD ha logrado en Sajonia-Anhalt alrededor del 44% de los votos, más del doble que en 2021, mientras la CDU se desploma hasta aproximadamente el 18%. Pero la verdadera importancia del resultado va mucho más allá de las cifras: revela hasta qué punto el malestar social, la crisis industrial y las heridas todavía abiertas de la reunificación están modificando el comportamiento político de millones de alemanes, especialmente en los territorios de la antigua RDA y entre sectores de la clase trabajadora.
POR HANSI QUEDNAU, DESDE ALEMANIA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Lo ocurrido este domingo 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt no puede describirse simplemente diciendo que Alternativa para Alemania, AfD, ha ganado unas elecciones regionales. La
dimensión del resultado es mucho mayor. Nos encontramos ante un auténtico vuelco político.
Según las últimas proyecciones disponibles en la noche este domingo 6 de septiembre, "Alianza por Alemania" (AfD) obtiene alrededor del 44% de los votos. En las elecciones anteriores, celebradas en 2021, había conseguido el 20,8%. Es decir, en apenas cinco años ha más que duplicado su apoyo.
La CDU, el gran partido conservador que gobernaba este territorio desde 2002, recorre exactamente el camino contrario: pasa del 37,1% de 2021 a aproximadamente el 17,5%. Pierde, por tanto, más de la mitad de su apoyo electoral.
El resto del Parlamento queda muy fragmentado. De acuerdo con los primeros datos la socialdemocracia del SPD, Verdes y Die Linke se sitúa alrededor del 9%, mientras el BSW se mueve ligeramente por encima del decisivo 5% necesario para entrar en el Parlamento. AfD tendría alrededor de 39 diputados de los 83 previstos. La mayoría absoluta se encuentra en 42.
Esta aritmética es importante. AfD ha ganado ampliamente, pero todavía podría quedarse sin gobernar si las demás fuerzas mantienen su negativa a pactar con ella. El problema es que construir una mayoría alternativa se ha vuelto extraordinariamente difícil.
Y aquí aparece el verdadero significado político del resultado: AfD ya no puede presentarse como una pequeña fuerza situada en los márgenes del sistema. En Sajonia-Anhalt se ha convertido, con enorme diferencia, en el primer partido.
NO ES SOLO UN VOTO DE PROTESTA
Hay otro dato todavía más importante. La participación electoral se ha disparado hasta alrededor del 78%, frente al 60,3% de 2021. Es la participación más alta registrada en unas elecciones regionales de Sajonia-Anhalt desde la reunificación alemana. Eso significa que AfD no ha crecido simplemente porque sus adversarios hayan perdido votantes. Sino que ha llevado a las urnas a personas que antes no votaban.
Las primeras estimaciones de transferencia electoral indican que AfD habría movilizado unos 170.000 antiguos abstencionistas y arrebatado además más de 80.000 votantes a la CDU.
Estamos, por tanto, ante algo más profundo que un voto ocasional de castigo. Una parte importante de la población parece haber llegado a la conclusión de que AfD representa una ruptura con un sistema político en el que ha dejado de confiar.
Las encuestas realizadas a la salida de los colegios electorales refuerzan esta interpretación. El 55% de quienes votaron a AfD asegura haberlo hecho por convencimiento y solo el 35% lo explica principalmente como voto de decepción. Más de cuatro de cada cinco desean cambios políticos profundos.
Ese dato obliga a abandonar una explicación cómoda: AfD ya no crece únicamente recogiendo enfado momentáneo. Está construyendo una base social estable.
EL DATO MÁS IMPACTANTE: EL VOTO DE LOS TRABAJADORES
Probablemente ninguna cifra explica mejor el terremoto de este domingo que esta: alrededor del 61% de los trabajadores de Sajonia-Anhalt habría votado a AfD. Hace cinco años era aproximadamente un tercio. Entre los empleados alcanza alrededor del 46% y entre los autónomos supera el 50%. También es primera fuerza entre prácticamente todos los grupos de edad y consigue el 42% entre los menores de 25 años. Aquí aparece la pregunta que desasosega a no pocos. ¿Cómo puede una formación nacionalista y conservadora convertirse en la opción preferida de una parte tan grande de los trabajadores?
Un libro que la "Editorial Semilla", adscrita a este mismo diario digital, titulado "AFD: la rebelión reaccionaria que sacude Alemania", que saldrá a la venta pública la próxima semana, aporta una explicación fundamental: una papeleta no nos dice automáticamente por qué alguien la introduce en la urna.
![[Img #94184]](https://canarias-semanal.org/upload/images/09_2026/2209_anuncio2.jpg)
Un empresario puede votar a AfD porque quiere menos impuestos y menos regulación. Un trabajador puede votar al mismo partido porque teme perder su empleo. Sus intereses materiales son diferentes, pero electoralmente ambos votos terminan sumándose. AfD, según el libro citado, ha aprendido precisamente a reunir bajo una misma bandera miedos muy distintos.
LA HERIDA QUE DEJÓ LA REUNIFICACIÓN
Para comprender por qué este fenómeno es especialmente intenso en los territorios de la antigua República Democrática Alemana hay que regresar a 1990. La reunificación alemana proporcionó la libertad de circulación entre las dos Alemanias . Pero económicamente no fue una unión entre dos estructuras iguales. En realidad, sistema occidental absorbió al oriental. Miles de empresas públicas de la antigua RDA fueron privatizadas, vendidas, fragmentadas o cerradas. La institución encargada del proceso, la Treuhand, recibió alrededor de 8.500 empresas en las que trabajaban aproximadamente 4,1 millones de personas.
En pocos años desaparecieron centenares de miles de puestos de trabajo y gran parte de la propiedad empresarial pasó a manos occidentales. Pero aquella transformación produjo algo más difícil de medir que el desempleo. Desvalorizó biografías enteras. Personas que habían sido técnicos, trabajadores cualificados, profesores o responsables de empresas descubrieron que los conocimientos acumulados durante décadas habían perdido buena parte de su valor. Muchos puestos dirigentes fueron ocupados por personas procedentes del oeste.
Al mismo tiempo, centenares de miles de jóvenes emigraron buscando oportunidades. Llegaron inversiones, mejores carreteras y nuevas infraestructuras, pero siguieron existiendo diferencias importantes de salarios, patrimonio, propiedad y poder económico. Por esa razon, el mapa electoral actual continúa pareciéndose, sorprendentemente, al mapa de las dos antiguas Alemanias.
DEL VOTO A LA IZQUIERDA AL VOTO A AfD
Durante años, buena parte del descontento oriental se dirigió hacia Die Linke, La Izquierda. Era una manera de protestar contra las consecuencias sociales de la reunificación. Ese espacio político terminó siendo engullido por el sistema. Al irse vaciando, AfD entró en él. No creó la frustración, pero consiguió darle una explicación distinta. Donde existía sentimiento de abandono, habló de humillación. Donde existía pérdida industrial, habló de traición de las élites. Donde existía inseguridad económica, señaló a Bruselas, al Gobierno federal, a los ecologistas o a los inmigrantes.
El libro que hemos citado describe este mecanismo de manera especialmente clara: el problema deja de formularse preguntando quién posee una fábrica y puede decidir cerrarla y pasa a formularse preguntando quién cruza la frontera. La cuestión deja de ser quién controla las viviendas y pasa a ser quién recibe una ayuda pública. Es un desplazamiento de la cólera. Los problemas existen, pero cambia el responsable señalado.
CUANDO EL MOTOR INDUSTRIAL ALEMÁN EMPIEZA A FALLAR
A todo esto se añade una crisis mucho más reciente. Durante décadas, Alemania construyó su prosperidad sobre una combinación extraordinariamente favorable: industria exportadora muy potente, energía rusa relativamente barata, enorme mercado europeo, creciente demanda china y protección estratégica estadounidense. Ese equilibrio se ha roto.
China ha pasado de gran cliente a formidable competidor industrial. La guerra de Ucrania destruyó la relación energética con Rusia. Los costes energéticos aumentaron. La industria química, metalúrgica y automovilística afronta una competencia mucho mayor.
Para un trabajador industrial estas transformaciones no son debates abstractos sobre geopolítica. Son preguntas mucho más sencillas: ¿seguirá abierta mi fábrica dentro de cinco años?, ¿tendrá mi hijo un empleo parecido al mío?, ¿podré mantener mi salario?, ¿seguirá existiendo mi ciudad tal como la conozco?
AfD ha sabido convertir ese miedo en un relato político muy sencillo: Alemania estaría perdiendo industria, soberanía y seguridad porque sus gobernantes han dejado de defender los intereses nacionales. Ese mensaje encuentra un terreno especialmente fértil en regiones que ya experimentaron una enorme destrucción industrial después de la unificación de 1990.
LA GRAN PARADOJA DEL VOTO OBRERO
Existe, sin embargo, una contradicción decisiva. AfD habla al trabajador utilizando palabras como protección, industria, energía barata, seguridad y soberanía. Pero buena parte de su programa económico favorece reducciones fiscales, menor regulación y una fuerte defensa de la propiedad privada de los grandes medios de producción.
El libro "AFD: la rebelión reaccionaria que sacude Alemania" resume esa contradicción de manera muy sencilla: ofrece protección cultural al trabajador y protección económica al propietario. En ese aspecto se encuentra una de las claves para poder comprender su fulminante éxito.
AfD no promete eliminar las diferencias entre empresarios y trabajadores. Promete reconstruir una comunidad nacional en la que ambos supuestamente vuelvan a prosperar juntos. Y mientras esa promesa resulte creíble para millones de personas, podrá unir electoralmente a sectores cuyos intereses económicos son profundamente diferentes.
LO QUE REALMENTE HA OCURRIDO ESTE DOMINGO
Por eso Sajonia-Anhalt importa mucho más allá de sus fronteras. No estamos simplemente ante una región oriental especialmente conservadora. Estamos observando una transformación que ya se está extendiendo por Alemania. AfD obtuvo el 20,8% en las elecciones federales de 2025 y se convirtió en segunda fuerza nacional. En Sajonia-Anhalt acaba de alcanzar aproximadamente el doble.
El dato del 61% entre los trabajadores muestra además dónde se encuentra uno de los grandes problemas de la política alemana. Una parte considerable de la clase trabajadora ya no reconoce como propias a las organizaciones que tradicionalmente decían representarla. El resultado de este domingo puede resumirse entonces de una manera sencilla: el malestar social no ha desaparecido; ha cambiado de bandera.
AfD ha conseguido transformar inseguridad económica, crisis industrial, desconfianza política y la vieja herida del este alemán en una poderosa identidad nacional de protesta. Esa es la verdadera dimensión del terremoto ocurrido hoy en Sajonia-Anhalt.
POR HANSI QUEDNAU, DESDE ALEMANIA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Lo ocurrido este domingo 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt no puede describirse simplemente diciendo que Alternativa para Alemania, AfD, ha ganado unas elecciones regionales. La
dimensión del resultado es mucho mayor. Nos encontramos ante un auténtico vuelco político.
Según las últimas proyecciones disponibles en la noche este domingo 6 de septiembre, "Alianza por Alemania" (AfD) obtiene alrededor del 44% de los votos. En las elecciones anteriores, celebradas en 2021, había conseguido el 20,8%. Es decir, en apenas cinco años ha más que duplicado su apoyo.
La CDU, el gran partido conservador que gobernaba este territorio desde 2002, recorre exactamente el camino contrario: pasa del 37,1% de 2021 a aproximadamente el 17,5%. Pierde, por tanto, más de la mitad de su apoyo electoral.
El resto del Parlamento queda muy fragmentado. De acuerdo con los primeros datos la socialdemocracia del SPD, Verdes y Die Linke se sitúa alrededor del 9%, mientras el BSW se mueve ligeramente por encima del decisivo 5% necesario para entrar en el Parlamento. AfD tendría alrededor de 39 diputados de los 83 previstos. La mayoría absoluta se encuentra en 42.
Esta aritmética es importante. AfD ha ganado ampliamente, pero todavía podría quedarse sin gobernar si las demás fuerzas mantienen su negativa a pactar con ella. El problema es que construir una mayoría alternativa se ha vuelto extraordinariamente difícil.
Y aquí aparece el verdadero significado político del resultado: AfD ya no puede presentarse como una pequeña fuerza situada en los márgenes del sistema. En Sajonia-Anhalt se ha convertido, con enorme diferencia, en el primer partido.
NO ES SOLO UN VOTO DE PROTESTA
Hay otro dato todavía más importante. La participación electoral se ha disparado hasta alrededor del 78%, frente al 60,3% de 2021. Es la participación más alta registrada en unas elecciones regionales de Sajonia-Anhalt desde la reunificación alemana. Eso significa que AfD no ha crecido simplemente porque sus adversarios hayan perdido votantes. Sino que ha llevado a las urnas a personas que antes no votaban.
Las primeras estimaciones de transferencia electoral indican que AfD habría movilizado unos 170.000 antiguos abstencionistas y arrebatado además más de 80.000 votantes a la CDU.
Estamos, por tanto, ante algo más profundo que un voto ocasional de castigo. Una parte importante de la población parece haber llegado a la conclusión de que AfD representa una ruptura con un sistema político en el que ha dejado de confiar.
Las encuestas realizadas a la salida de los colegios electorales refuerzan esta interpretación. El 55% de quienes votaron a AfD asegura haberlo hecho por convencimiento y solo el 35% lo explica principalmente como voto de decepción. Más de cuatro de cada cinco desean cambios políticos profundos.
Ese dato obliga a abandonar una explicación cómoda: AfD ya no crece únicamente recogiendo enfado momentáneo. Está construyendo una base social estable.
EL DATO MÁS IMPACTANTE: EL VOTO DE LOS TRABAJADORES
Probablemente ninguna cifra explica mejor el terremoto de este domingo que esta: alrededor del 61% de los trabajadores de Sajonia-Anhalt habría votado a AfD. Hace cinco años era aproximadamente un tercio. Entre los empleados alcanza alrededor del 46% y entre los autónomos supera el 50%. También es primera fuerza entre prácticamente todos los grupos de edad y consigue el 42% entre los menores de 25 años. Aquí aparece la pregunta que desasosega a no pocos. ¿Cómo puede una formación nacionalista y conservadora convertirse en la opción preferida de una parte tan grande de los trabajadores?
Un libro que la "Editorial Semilla", adscrita a este mismo diario digital, titulado "AFD: la rebelión reaccionaria que sacude Alemania", que saldrá a la venta pública la próxima semana, aporta una explicación fundamental: una papeleta no nos dice automáticamente por qué alguien la introduce en la urna.
![[Img #94184]](https://canarias-semanal.org/upload/images/09_2026/2209_anuncio2.jpg)
Un empresario puede votar a AfD porque quiere menos impuestos y menos regulación. Un trabajador puede votar al mismo partido porque teme perder su empleo. Sus intereses materiales son diferentes, pero electoralmente ambos votos terminan sumándose. AfD, según el libro citado, ha aprendido precisamente a reunir bajo una misma bandera miedos muy distintos.
LA HERIDA QUE DEJÓ LA REUNIFICACIÓN
Para comprender por qué este fenómeno es especialmente intenso en los territorios de la antigua República Democrática Alemana hay que regresar a 1990. La reunificación alemana proporcionó la libertad de circulación entre las dos Alemanias . Pero económicamente no fue una unión entre dos estructuras iguales. En realidad, sistema occidental absorbió al oriental. Miles de empresas públicas de la antigua RDA fueron privatizadas, vendidas, fragmentadas o cerradas. La institución encargada del proceso, la Treuhand, recibió alrededor de 8.500 empresas en las que trabajaban aproximadamente 4,1 millones de personas.
En pocos años desaparecieron centenares de miles de puestos de trabajo y gran parte de la propiedad empresarial pasó a manos occidentales. Pero aquella transformación produjo algo más difícil de medir que el desempleo. Desvalorizó biografías enteras. Personas que habían sido técnicos, trabajadores cualificados, profesores o responsables de empresas descubrieron que los conocimientos acumulados durante décadas habían perdido buena parte de su valor. Muchos puestos dirigentes fueron ocupados por personas procedentes del oeste.
Al mismo tiempo, centenares de miles de jóvenes emigraron buscando oportunidades. Llegaron inversiones, mejores carreteras y nuevas infraestructuras, pero siguieron existiendo diferencias importantes de salarios, patrimonio, propiedad y poder económico. Por esa razon, el mapa electoral actual continúa pareciéndose, sorprendentemente, al mapa de las dos antiguas Alemanias.
DEL VOTO A LA IZQUIERDA AL VOTO A AfD
Durante años, buena parte del descontento oriental se dirigió hacia Die Linke, La Izquierda. Era una manera de protestar contra las consecuencias sociales de la reunificación. Ese espacio político terminó siendo engullido por el sistema. Al irse vaciando, AfD entró en él. No creó la frustración, pero consiguió darle una explicación distinta. Donde existía sentimiento de abandono, habló de humillación. Donde existía pérdida industrial, habló de traición de las élites. Donde existía inseguridad económica, señaló a Bruselas, al Gobierno federal, a los ecologistas o a los inmigrantes.
El libro que hemos citado describe este mecanismo de manera especialmente clara: el problema deja de formularse preguntando quién posee una fábrica y puede decidir cerrarla y pasa a formularse preguntando quién cruza la frontera. La cuestión deja de ser quién controla las viviendas y pasa a ser quién recibe una ayuda pública. Es un desplazamiento de la cólera. Los problemas existen, pero cambia el responsable señalado.
CUANDO EL MOTOR INDUSTRIAL ALEMÁN EMPIEZA A FALLAR
A todo esto se añade una crisis mucho más reciente. Durante décadas, Alemania construyó su prosperidad sobre una combinación extraordinariamente favorable: industria exportadora muy potente, energía rusa relativamente barata, enorme mercado europeo, creciente demanda china y protección estratégica estadounidense. Ese equilibrio se ha roto.
China ha pasado de gran cliente a formidable competidor industrial. La guerra de Ucrania destruyó la relación energética con Rusia. Los costes energéticos aumentaron. La industria química, metalúrgica y automovilística afronta una competencia mucho mayor.
Para un trabajador industrial estas transformaciones no son debates abstractos sobre geopolítica. Son preguntas mucho más sencillas: ¿seguirá abierta mi fábrica dentro de cinco años?, ¿tendrá mi hijo un empleo parecido al mío?, ¿podré mantener mi salario?, ¿seguirá existiendo mi ciudad tal como la conozco?
AfD ha sabido convertir ese miedo en un relato político muy sencillo: Alemania estaría perdiendo industria, soberanía y seguridad porque sus gobernantes han dejado de defender los intereses nacionales. Ese mensaje encuentra un terreno especialmente fértil en regiones que ya experimentaron una enorme destrucción industrial después de la unificación de 1990.
LA GRAN PARADOJA DEL VOTO OBRERO
Existe, sin embargo, una contradicción decisiva. AfD habla al trabajador utilizando palabras como protección, industria, energía barata, seguridad y soberanía. Pero buena parte de su programa económico favorece reducciones fiscales, menor regulación y una fuerte defensa de la propiedad privada de los grandes medios de producción.
El libro "AFD: la rebelión reaccionaria que sacude Alemania" resume esa contradicción de manera muy sencilla: ofrece protección cultural al trabajador y protección económica al propietario. En ese aspecto se encuentra una de las claves para poder comprender su fulminante éxito.
AfD no promete eliminar las diferencias entre empresarios y trabajadores. Promete reconstruir una comunidad nacional en la que ambos supuestamente vuelvan a prosperar juntos. Y mientras esa promesa resulte creíble para millones de personas, podrá unir electoralmente a sectores cuyos intereses económicos son profundamente diferentes.
LO QUE REALMENTE HA OCURRIDO ESTE DOMINGO
Por eso Sajonia-Anhalt importa mucho más allá de sus fronteras. No estamos simplemente ante una región oriental especialmente conservadora. Estamos observando una transformación que ya se está extendiendo por Alemania. AfD obtuvo el 20,8% en las elecciones federales de 2025 y se convirtió en segunda fuerza nacional. En Sajonia-Anhalt acaba de alcanzar aproximadamente el doble.
El dato del 61% entre los trabajadores muestra además dónde se encuentra uno de los grandes problemas de la política alemana. Una parte considerable de la clase trabajadora ya no reconoce como propias a las organizaciones que tradicionalmente decían representarla. El resultado de este domingo puede resumirse entonces de una manera sencilla: el malestar social no ha desaparecido; ha cambiado de bandera.
AfD ha conseguido transformar inseguridad económica, crisis industrial, desconfianza política y la vieja herida del este alemán en una poderosa identidad nacional de protesta. Esa es la verdadera dimensión del terremoto ocurrido hoy en Sajonia-Anhalt.




























Fabricio Mortero | Lunes, 07 de Septiembre de 2026 a las 00:20:11 horas
Alemania tiene un gran problema social y policial con el gran terrorismo socio-político que desprenden estas organizaciones de extrema derecha. Tibias respuestas de frenar a estos maleantes fascistas para que no lleven sus apestosos y decadentes mensajes a las instituciones germanas. Si fueran organizaciones bolcheviques las que fueran al alza en esos lares el "problema ya estaría resuelto". Penoso esa apuesta de los trabajadores por ese fascismo de "nuevo cuño".
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