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CUANDO UN ARZOBISPO DESENTIERRA "LA RECONQUISTA" Y LA HISTORIA EMPIEZA A SONAR DEMASIADO FAMILIAR

De Covadonga al nacionalcatolicismo, el artículo recorre con humor una vieja costumbre española: transformar conflictos sociales y políticos en batallas de identidad.

El arzobispo de Oviedo ha invocado Covadonga, la “reconquista” y hasta el “toque de corneta” para interpretar la crisis de Ceuta y las relaciones con Marruecos. La historia española demuestra, sin embargo, que cuando patria, religión, enemigos y poder político empiezan a desfilar juntos conviene recordar de dónde viene la música.

 

 

Por TORIBIO CLARINETE PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

    El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha provocado polémica al vincular la actual crisis migratoria en Ceuta y Melilla con la idea de una nueva “reconquista”.

 

   En un mensaje publicado en X  su reverendo reverendísimo celebró las concentraciones de apoyo a ambas ciudades y recordó que Covadonga es “lugar de reconquista”, añadiendo que hay que “recuperar lo que vale la pena, lo que nos sostiene e identifica” frente a “la pretensión marroquí” y “la inanición de una gobernanza fallida”.

 

   Nada de lo que dijo era una expresión aislada: en mensajes anteriores había hablado de una “invasión premeditada”, de una “nueva marcha verde” y hasta de jóvenes que cruzaban la frontera como si respondieran a “algún toque de corneta”. Aclarados estos extremos, podemos ya entrar en materia.

 

     Don Pelayo llevaba unos doce siglos muerto cuando el arzobispo de Oviedo decidió que, bien mirado, aquello podía arreglarse con un tuit. No sabemos qué habría pensado el caudillo asturiano del teléfono móvil, de los algoritmos o de una Reconquista organizada sin abandonar el sillón episcopal. Lo que sí sabemos es que Sanz vio Covadonga y encontró de inmediato la conexión histórica entre el siglo VIII, Ceuta, Marruecos y el Gobierno de España. Todo en un mensaje. Un poco más de espacio y podía el prelado haber llegado a las mismísimas  Navas de Tolosa.

 


EL TOQUE DE CORNETA

    La cosa tendría menos interés si hubiera sido una ocurrencia aislada. Pero el arzobispo lleva un tiempo cultivando una prosa de movilización nacional con expresiones tran significativas como estas como estas: “Invasión premeditada”. “Nueva marcha verde”. “Algún toque de corneta”.

 

   El vocabulario tiene su eficacia. Porque uno empieza hablando de personas que cruzan una frontera y, si introduce una corneta en mitad de la frase, acaba viendo un ejército. Ese es el truco. La persona deja de ser una persona. Se convierte en tropa. Y cuando aparecen tropas, hay alguien siempre que termina encontrando Covadonga.

 

   La ironía es que el propio Sanz ha lamentado la muerte de migrantes en el intento de cruzar la frontera. Pero la compasión convive en su discurso con una terminología militar que transforma un drama humano, político y social en una escena de asedio.

 

  Y el milagro dejará de consistir en multiplicar los panes y los peces. Consiste en multiplicar los invasores.
 

 

OPERACIÓN "RECONQUISTA 2.0"

Imaginemos por un momento la escenaPalacio Arzobispal de Oviedo.

—Excelencia, hay problemas en Ceuta.

—¿Qué siglo?

—El XXI.

—Qué contrariedad.

 

Entra el secretario.

—También ha habido una concentración en Covadonga.

 

El arzobispo, raudo se incorpora y pregunta:

—¿Covadonga?

—Sí, excelencia.

—Traiga el móvil.

 

    Y queda activada la Operación Reconquista 2.0. No hacen falta caballos, ni espadas, ni pendones. Basta con batería suficiente y una cuenta en XLa ventaja de las reconquistas digitales es que uno puede volver a casa antes de cenar. El inconveniente es que las palabras tienen memoria.

Y en España, cuando se mezclan religión, patria, identidad, enemigos exteriores y gobiernos débiles, esa memoria no necesita remontarse al siglo VIII. Le basta con llegar al XX.


 

CUANDO ALTAR Y ESTADO SE ENTENDÍAN DE MARAVILLA

    La relación entre la Iglesia y el franquismo fue mucho más que una cuestión de ceremonias. Durante buena parte de la dictadura, una parte fundamental de la jerarquía católica ayudó a legitimar el nuevo régimen, mientras la Iglesia obtuvo a cambio una posición extraordinariamente favorable en la educación, la vida pública y el aparato institucional.

 

    La religión pasó entonces a formar parte de una determinada definición oficial de España. Patria, fe y autoridad política quedaron unidas. Dios arriba. Franco abajoY entre ambos, convenientemente sellado, el Boletín Oficial del Estado.

    Conviene añadir una precisión histórica importante: la Iglesia española no fue un bloque monolítico durante cuarenta años. Desde los años sesenta crecieron sectores católicos y sacerdotales enfrentados a la dictadura. Esa evolución también forma parte de la historia. Pero precisamente por eso llama la atención escuchar hoy una vieja gramática política que parecía ya  superada. ¿Casualidad o premonicion?No porque estemos otra vez en 1940. No estamos. Sino porque determinadas palabras vuelven acompañadas de demasiados recuerdos.
 

¿QUÉ HAY QUE “RECUPERAR”?

Quizá la frase más interesante del arzobispo no sea “reconquista”. Es esta: “Recuperar lo que vale la pena”. Perfecto. La pregunta es qué. ¿La solidaridad? Recupérese. ¿La preocupación por los pobres? Adelante. ¿La fraternidad? Magnífico. Pero si lo que debe recuperarse es una idea de España definida frente a quienes supuestamente amenazan su identidad, hemos pasado de la pastoral a la política con una facilidad admirable.

 

   Y ahí es donde reaparece una vieja operación. Los problemas económicos y sociales son difíciles de explicar. La identidad es mucho más sencilla. La desigualdad necesita estadísticasLa bandera sólo necesita vientoUn trabajador español y uno marroquí pueden tener distinta nacionalidad, religión y pasaporte. Pero también pueden compartir alquileres imposibles, salarios bajos, empleo precario y una existencia bastante alejada de los palacios episcopalesSin embargo, siempre resulta más práctico convencerlos de que su principal conflicto está entre ellos. Mientras discuten sobre quién pertenece al “nosotros”, alguien puede dejar de explicar quién posee qué.


LA PATRIA COMO PARAGUAS

   Las relaciones entre España y Marruecos son complejasHay intereses económicos, fronteras, comercio, inversiones, soberanía, migración, cooperación policial y política exterior. Todo eso exige explicaciones. “Reconquista”, en cambio, cabe en una palabra. Y tiene caballos. Por eso funciona tan bien. Convierte un problema contemporáneo en una película histórica y reparte los papeles.

   Nosotros. Ellos. Los defensores. Los invasores. Covadonga. Marruecos. Y, al fondo, un Gobierno “fallido”. Una vez construido el decorado, ya casi no hacen falta argumentos. Sólo música épica.
 

 

SAN FRANCISCO ABRE X

    Hay además una ironía difícil de evitar. Jesús Sanz se presenta como franciscano. Francisco de Asís no ha pasado precisamente a la historia por especializarse en fronteras impermeables. Podemos imaginar perfectamente esta la conversación celestial.

—Francisco, hay pobres cruzando una frontera.

—Entonces vayamos a encontrarlos.

—Un momento. Al parecer vienen en formación.

—¿Armados?

—No.

—¿Caballería?

—Tampoco.

—¿Artillería?

—Ninguna.

—¿Y cómo sabemos que es una invasión?

—Lo ha publicado el arzobispo  en X.

—Ah.

Y Francisco vuelve lentamente a hablar con los pájaros.
 

 

EL PROBLEMA NO ES DON PELAYO

Sería fácil reducir todo esto a un arzobispo aficionado a las hipérboles. Pero hay algo más interesante. Cada vez que un problema social se transforma en una batalla cultural, cambia la pregunta. Ya no preguntamos por las causas de la migración, por las relaciones entre Estados, por la desigualdad entre ambas orillas o por los intereses económicos en juego.

 

    Preguntamos quién pertenece al “nosotros”. Es una operación antigua. Durante el franquismo alcanzó en España una fórmula especialmente intensa: religión, nación y autoridad política, todas ellas fuertemente entrelazadas durante décadas. Por eso conviene desconfiar cuando vuelven a aparecer juntas, aunque sea en versión digital. No porque todo sea igual. Sino precisamente porque sabemos lo que ocurrió cuando esa mezcla dejó de ser una metáfora.
 

 

COVADONGA PUEDE DESCANSAR

Quizá haya llegado el momento de tranquilizar a Don Pelayo. Covadonga seguirá mañana en el mismo sitio. La Santina tampoco necesita un community manager militar. España no desaparecerá porque un trabajador marroquí cruce una frontera, ni se salvará porque un arzobispo escriba “reconquista” en X.

 

    Ceuta necesita política. La inmigración necesita política. Las relaciones con Marruecos necesitan política. La pobreza, aquí y allá, necesita política. Y el miedo necesita, sobre todo, que sepamos reconocer cuándo alguien lo utiliza para ordenar el mundo entre buenos y malos.

 

     Tal vez eso sea precisamente lo que “vale la pena recuperar”. La memoria. Esa incómoda costumbre de recordar que cuando alguien mezcla patria, religión, enemigos y obediencia en el mismo recipiente, nos convendria  leer la etiqueta antes de beber.

 

  Y si todavía quedan dudas, siempre podemos subir a CovadongaPero sin corneta.

 

 
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