ANTONIO RAMOS PALOMARES, "EL CARBONERO": MEMORIA DE UNA VIDA DEDICADA A LA LUCHA OBRERA
Jornalero y militante de la CNT y el FAI
Antonio Ramos Palomares, conocido como "El Carbonero", fue -recuerda Miguel Hernández Bernárdez - uno de aquellos trabajadores que hicieron de la lucha contra la injusticia el eje principal de su vida.
Por MIGUEL HERNÁNDEZ BERNÁRDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Antonio Ramos Palomares, conocido como "El Carbonero", fue uno de aquellos trabajadores que hicieron de la lucha contra la injusticia el eje principal de su vida.
Jornalero, militante de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), conoció la guerra, la clandestinidad, la cárcel y la represión franquista. Sin embargo, quienes lo trataron personalmente recuerdan también a un hombre cercano, alegre, humilde, familiar y dotado de una memoria extraordinaria.
Francisco Moro, exsecretario general del sindicato CTA en Andalucía y familiar de Antonio Ramos Palomares, conserva numerosos recuerdos de las conversaciones que mantuvo con él. Para Moro, "El Carbonero" no fue solamente un histórico militante obrero, sino una de las personas más queridas de su vida.
Para nosotros era el tío Carbonero. Era una persona entrañable, cariñosa, natural, alegre, valiente y autodidacta. Tenía una memoria prodigiosa. Jamás he visto a nadie con una memoria como la suya, recuerda.
Francisco Moro lo conoció cuando tenía aproximadamente catorce o quince años. Antonio se presentó un día en su casa para comunicar el fallecimiento de un familiar. Aquel primer encuentro dio paso a una relación que se mantendría durante años. Rápidamente surgió eso que hoy llamamos empatía. Yo iba a verlo casi todos los meses. Llegaba sobre las once y media de la mañana y algunos días eran las cuatro de la tarde y seguíamos hablando. Él no me dejaba marchar y yo disfrutaba escuchándolo.
Un hombre cercano, pero firme frente a la injusticia
Según Francisco Moro, Antonio Ramos Palomares era una persona próxima y afable en el trato cotidiano, aunque se mostraba enérgico cuando hablaba de la dictadura, de la explotación de los trabajadores o de cualquier forma de injusticia.
Durante una parte de su vida estuvo obligado a presentarse en el cuartel de la Guardia Civil. La represión y el miedo llegaron a provocar que algunas personas evitaran saludarlo o relacionarse públicamente con él.
Cuando iba caminando, había gente que se escondía detrás de las puertas para que no los vieran hablando con él. Después de la muerte del dictador y de la legalización de los partidos y sindicatos de izquierda, muchas de esas personas comenzaron a acercarse para consultarle y escuchar su opinión.
En el ámbito familiar, Moro lo describe como un hombre cariñoso con su esposa, sus hijos y sus nietos. Era disciplinado, pero no tenía malos modos. Su vida cotidiana era la de un trabajador humilde que, pese a las dificultades, había adquirido una importante cultura de manera autodidacta.
El apodo de "El Carbonero" procedía, según recuerda Francisco Moro, de uno de sus primeros oficios. Lejos de incomodarle, Antonio se sentía orgulloso cuando lo llamaban de esa manera.
La rebeldía frente al hambre y el caciquismo
Las condiciones de vida de los jornaleros andaluces fueron determinantes en su acercamiento al anarcosindicalismo. En muchos pueblos, los propietarios escogían en la plaza a los trabajadores que serían contratados. Quienes no resultaban seleccionados regresaban a sus casas sin jornal y, en numerosas ocasiones, sin alimentos para sus familias.
Antonio Ramos Palomares comprendió muy pronto que aquella situación no podía mantenerse indefinidamente. La CNT defendía la organización directa de los trabajadores, la solidaridad y el apoyo mutuo frente al poder de los grandes propietarios.
Francisco Moro recuerda que Antonio hablaba de la llegada a Andalucía de propagandistas y pensadores anarquistas. Entre las figuras que visitaron la zona menciona a Federica Montseny. Pero, según explicaba el propio Carbonero, antes que la teoría apareció en él la rebeldía frente a la injusticia.
También pudo influir profundamente el asesinato de Rafael Rochel, hermano de su esposa y de la abuela de Francisco Moro. Según el relato transmitido por Antonio, Rafael Rochel murió después de participar, junto con otros compañeros, en un intento de sabotear una vía ferroviaria para impedir el desplazamiento de tropas destinadas a reprimir la Revolución de Asturias.
Aquella muerte dejó una huella duradera en Antonio y reforzó su determinación de enfrentarse al régimen y a las desigualdades sociales.
Militante de la CNT y de la FAI
"El Carbonero" fue un militante comprometido tanto con la CNT como con la FAI. Defendía la acción directa de los trabajadores y rechazaba que sus intereses dependieran de intermediarios ajenos a la organización obrera.
Para aquellos sindicalistas, la negociación debía producirse directamente entre el sindicato y la patronal. Consideraban que los propios trabajadores tenían que dirigir sus conflictos y tomar las decisiones que afectaban a sus condiciones de vida.
Su identificación con el anarquismo era absoluta. Francisco Moro recuerda un episodio que Antonio le relataba sobre uno de sus interrogatorios. Durante una detención, recibió una brutal paliza para obligarlo a firmar una declaración en la que aparecía como militante comunista.
Antonio se negó y respondió:
Pongan ahí que soy anarquista y lo firmo, aunque me cueste la vida.
Durante la Guerra Civil desarrolló distintas responsabilidades vinculadas al movimiento obrero y a la resistencia contra las fuerzas sublevadas. Francisco Moro señala que fue comisario relacionado con los sectores del metal y del campo, participó en colectividades y formó parte de unidades que combatieron a las tropas dirigidas por el general Queipo de Llano.
También colaboró en el mantenimiento de las organizaciones CNT y FAI durante la clandestinidad, tanto dentro como fuera de prisión.
Aquí hubo hombres con la determinación de grandes revolucionarios, pero con alpargatas, resume Francisco Moro al referirse a aquellos trabajadores. Lo dieron todo sin recibir nada a cambio: cárcel, palizas, condenas a muerte y sufrimiento para sus familias.
Tres condenas a muerte y dieciséis años privado de libertad
La victoria franquista tuvo consecuencias devastadoras para Antonio Ramos Palomares. Fue encarcelado, torturado y condenado a muerte en tres ocasiones. Según Francisco Moro, pasó aproximadamente dieciséis años privado de libertad.
Antonio le relataba que, durante su estancia en la cárcel de Córdoba, escuchaba cómo cada día sacaban de las celdas a varios compañeros para fusilarlos. Él esperaba que llegara su turno, aunque finalmente no fue ejecutado.
La represión no afectó solamente al militante encarcelado. Su esposa y sus hijos tuvieron que afrontar el hambre, la pobreza, la vigilancia y el rechazo social propio de las familias señaladas por el franquismo.
Los riesgos para la familia eran enormes. Muchas veces sus hijos comían gracias a la solidaridad de otras personas, explica Moro.
A pesar de las torturas, las condenas y los años de prisión, la represión no consiguió modificar sus convicciones. Antonio continuó leyendo, formándose y participando en actividades clandestinas. Incluso dentro de las cárceles se organizaban reuniones y debates entre los presos.
Francisco Moro recuerda que Antonio relataba aquellos años sin presentarse como una víctima derrotada.
No lo contaba con tristeza. Conservaba el buen humor y seguía defendiendo sus ideas. Las palizas eran otra cosa, pero no consiguieron cambiarlo.
La solidaridad como forma de vida
Uno de los episodios que mejor refleja su humanidad ocurrió, según el testimonio transmitido por Francisco Moro, durante una acción guerrillera en un cortijo.
Algunos participantes pretendían ejecutar a un terrateniente delante de sus hijos, pero Antonio se opuso.
Dijo que aquello no se podía hacer, que ellos no eran como sus enemigos y que la CNT no podía cometer actos inhumanos.
Tiempo después, aquel mismo terrateniente habría intervenido para ayudar a salvarle la vida y, posteriormente, le proporcionó trabajo. Antonio consiguió también alquilar una huerta y puso en marcha una pequeña vaquería en las cuevas de Almodóvar del Río.
Para "El Carbonero", la solidaridad no era únicamente un discurso político. Ayudaba discretamente a trabajadores, represaliados y familias necesitadas.
Ayudaba sin que nadie se enterara. Esa era la base de su lucha: la solidaridad y el apoyo mutuo. Compartían lo poco que tenían, señala Moro.
Durante la clandestinidad, los militantes elaboraban comunicados y distribuían octavillas entre el campesinado y los trabajadores de los cortijos. También enseñaban a leer y escribir a jornaleros, muchas veces de noche y a la luz de un candil.
La impresión de una sencilla hoja exigía un enorme trabajo. Las octavillas se componían letra a letra, se imprimían una a una y después se transportaban clandestinamente de un pueblo a otro, siempre bajo el riesgo de una nueva detención.
Antonio volvió a ser arrestado después de que una persona se presentara en su casa acompañada de otro individuo al que su esposa identificó como guardia civil. Durante el registro encontraron sellos relacionados con la CNT y la FAI, lo que provocó su regreso a prisión.
Esperanza y decepción durante la Transición
La muerte de Franco fue recibida por Antonio con alegría y con la esperanza de reconstruir públicamente la CNT. Deseaba que la organización volviera a convertirse en un referente para la clase trabajadora.
Sin embargo, mantenía una profunda desconfianza hacia la política institucional y hacia los dirigentes que, en su opinión, se habían alejado de los trabajadores.
Durante los últimos años de su vida se implicó especialmente en la recuperación del patrimonio histórico de la CNT. Francisco Moro considera que aquel esfuerzo contribuyó a que la organización recuperara posteriormente un importante local en Córdoba.
Antonio colaboró igualmente con investigadores de la represión franquista. Según Moro, proporcionó documentación al historiador Francisco Moreno Gómez para diferentes trabajos sobre la Guerra Civil y la represión en Córdoba.
Una memoria todavía pendiente de reconocimiento
Francisco Moro considera que Antonio Ramos Palomares no ha recibido el reconocimiento histórico y social que merece. Aunque su recuerdo permanece vivo entre familiares, compañeros y personas que conocieron su trayectoria, su nombre continúa siendo desconocido para una parte importante de la sociedad.
Mientras vivamos sus familiares y sus nietos, no estará olvidado. Pero no ha sido reconocido como lo que fue: un gran revolucionario, un hombre bueno, un hombre del pueblo que lo dio todo.
Antonio Ramos Palomares murió en octubre de 1994. Después de su fallecimiento, Francisco Moro escribió un texto en su memoria que fue publicado en el diario Córdoba.
Para Moro, la vida de "El Carbonero" permite comprender que muchos de los derechos actualmente considerados normales no fueron concedidos gratuitamente. La jornada laboral de ocho horas, las vacaciones, la sanidad pública y la protección social fueron conquistadas mediante décadas de organización, sacrificios y luchas obreras.
Ante la precariedad laboral, los bajos salarios y la pérdida de derechos, Francisco Moro cree que Antonio transmitiría actualmente un mensaje claro:
Hay que organizarse y hacer retroceder a quienes pretenden quitarnos los derechos, cosa por cosa.
El recuerdo que conserva de él supera cualquier valoración política o sindical.
Fue uno de los seres más queridos de mi vida. El Carbonero es vida. Lo fue y continúa siéndolo en nuestra memoria.
La historia de Antonio Ramos Palomares es también la historia de una generación de trabajadores que soportó el hambre, la cárcel y la persecución sin abandonar la solidaridad ni la esperanza de construir una sociedad más justa. Recuperar su memoria significa reconocer a quienes lucharon cuando hacerlo podía costarles la libertad o la vida.
Se agradece su publicación, gracias.
En Vigo, a 1 de septiembre de 2026.
Por MIGUEL HERNÁNDEZ BERNÁRDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Antonio Ramos Palomares, conocido como "El Carbonero", fue uno de aquellos trabajadores que hicieron de la lucha contra la injusticia el eje principal de su vida.
Jornalero, militante de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), conoció la guerra, la clandestinidad, la cárcel y la represión franquista. Sin embargo, quienes lo trataron personalmente recuerdan también a un hombre cercano, alegre, humilde, familiar y dotado de una memoria extraordinaria.
Francisco Moro, exsecretario general del sindicato CTA en Andalucía y familiar de Antonio Ramos Palomares, conserva numerosos recuerdos de las conversaciones que mantuvo con él. Para Moro, "El Carbonero" no fue solamente un histórico militante obrero, sino una de las personas más queridas de su vida.
Para nosotros era el tío Carbonero. Era una persona entrañable, cariñosa, natural, alegre, valiente y autodidacta. Tenía una memoria prodigiosa. Jamás he visto a nadie con una memoria como la suya, recuerda.
Francisco Moro lo conoció cuando tenía aproximadamente catorce o quince años. Antonio se presentó un día en su casa para comunicar el fallecimiento de un familiar. Aquel primer encuentro dio paso a una relación que se mantendría durante años. Rápidamente surgió eso que hoy llamamos empatía. Yo iba a verlo casi todos los meses. Llegaba sobre las once y media de la mañana y algunos días eran las cuatro de la tarde y seguíamos hablando. Él no me dejaba marchar y yo disfrutaba escuchándolo.
Un hombre cercano, pero firme frente a la injusticia
Según Francisco Moro, Antonio Ramos Palomares era una persona próxima y afable en el trato cotidiano, aunque se mostraba enérgico cuando hablaba de la dictadura, de la explotación de los trabajadores o de cualquier forma de injusticia.
Durante una parte de su vida estuvo obligado a presentarse en el cuartel de la Guardia Civil. La represión y el miedo llegaron a provocar que algunas personas evitaran saludarlo o relacionarse públicamente con él.
Cuando iba caminando, había gente que se escondía detrás de las puertas para que no los vieran hablando con él. Después de la muerte del dictador y de la legalización de los partidos y sindicatos de izquierda, muchas de esas personas comenzaron a acercarse para consultarle y escuchar su opinión.
En el ámbito familiar, Moro lo describe como un hombre cariñoso con su esposa, sus hijos y sus nietos. Era disciplinado, pero no tenía malos modos. Su vida cotidiana era la de un trabajador humilde que, pese a las dificultades, había adquirido una importante cultura de manera autodidacta.
El apodo de "El Carbonero" procedía, según recuerda Francisco Moro, de uno de sus primeros oficios. Lejos de incomodarle, Antonio se sentía orgulloso cuando lo llamaban de esa manera.
La rebeldía frente al hambre y el caciquismo
Las condiciones de vida de los jornaleros andaluces fueron determinantes en su acercamiento al anarcosindicalismo. En muchos pueblos, los propietarios escogían en la plaza a los trabajadores que serían contratados. Quienes no resultaban seleccionados regresaban a sus casas sin jornal y, en numerosas ocasiones, sin alimentos para sus familias.
Antonio Ramos Palomares comprendió muy pronto que aquella situación no podía mantenerse indefinidamente. La CNT defendía la organización directa de los trabajadores, la solidaridad y el apoyo mutuo frente al poder de los grandes propietarios.
Francisco Moro recuerda que Antonio hablaba de la llegada a Andalucía de propagandistas y pensadores anarquistas. Entre las figuras que visitaron la zona menciona a Federica Montseny. Pero, según explicaba el propio Carbonero, antes que la teoría apareció en él la rebeldía frente a la injusticia.
También pudo influir profundamente el asesinato de Rafael Rochel, hermano de su esposa y de la abuela de Francisco Moro. Según el relato transmitido por Antonio, Rafael Rochel murió después de participar, junto con otros compañeros, en un intento de sabotear una vía ferroviaria para impedir el desplazamiento de tropas destinadas a reprimir la Revolución de Asturias.
Aquella muerte dejó una huella duradera en Antonio y reforzó su determinación de enfrentarse al régimen y a las desigualdades sociales.
Militante de la CNT y de la FAI
"El Carbonero" fue un militante comprometido tanto con la CNT como con la FAI. Defendía la acción directa de los trabajadores y rechazaba que sus intereses dependieran de intermediarios ajenos a la organización obrera.
Para aquellos sindicalistas, la negociación debía producirse directamente entre el sindicato y la patronal. Consideraban que los propios trabajadores tenían que dirigir sus conflictos y tomar las decisiones que afectaban a sus condiciones de vida.
Su identificación con el anarquismo era absoluta. Francisco Moro recuerda un episodio que Antonio le relataba sobre uno de sus interrogatorios. Durante una detención, recibió una brutal paliza para obligarlo a firmar una declaración en la que aparecía como militante comunista.
Antonio se negó y respondió:
Pongan ahí que soy anarquista y lo firmo, aunque me cueste la vida.
Durante la Guerra Civil desarrolló distintas responsabilidades vinculadas al movimiento obrero y a la resistencia contra las fuerzas sublevadas. Francisco Moro señala que fue comisario relacionado con los sectores del metal y del campo, participó en colectividades y formó parte de unidades que combatieron a las tropas dirigidas por el general Queipo de Llano.
También colaboró en el mantenimiento de las organizaciones CNT y FAI durante la clandestinidad, tanto dentro como fuera de prisión.
Aquí hubo hombres con la determinación de grandes revolucionarios, pero con alpargatas, resume Francisco Moro al referirse a aquellos trabajadores. Lo dieron todo sin recibir nada a cambio: cárcel, palizas, condenas a muerte y sufrimiento para sus familias.
Tres condenas a muerte y dieciséis años privado de libertad
La victoria franquista tuvo consecuencias devastadoras para Antonio Ramos Palomares. Fue encarcelado, torturado y condenado a muerte en tres ocasiones. Según Francisco Moro, pasó aproximadamente dieciséis años privado de libertad.
Antonio le relataba que, durante su estancia en la cárcel de Córdoba, escuchaba cómo cada día sacaban de las celdas a varios compañeros para fusilarlos. Él esperaba que llegara su turno, aunque finalmente no fue ejecutado.
La represión no afectó solamente al militante encarcelado. Su esposa y sus hijos tuvieron que afrontar el hambre, la pobreza, la vigilancia y el rechazo social propio de las familias señaladas por el franquismo.
Los riesgos para la familia eran enormes. Muchas veces sus hijos comían gracias a la solidaridad de otras personas, explica Moro.
A pesar de las torturas, las condenas y los años de prisión, la represión no consiguió modificar sus convicciones. Antonio continuó leyendo, formándose y participando en actividades clandestinas. Incluso dentro de las cárceles se organizaban reuniones y debates entre los presos.
Francisco Moro recuerda que Antonio relataba aquellos años sin presentarse como una víctima derrotada.
No lo contaba con tristeza. Conservaba el buen humor y seguía defendiendo sus ideas. Las palizas eran otra cosa, pero no consiguieron cambiarlo.
La solidaridad como forma de vida
Uno de los episodios que mejor refleja su humanidad ocurrió, según el testimonio transmitido por Francisco Moro, durante una acción guerrillera en un cortijo.
Algunos participantes pretendían ejecutar a un terrateniente delante de sus hijos, pero Antonio se opuso.
Dijo que aquello no se podía hacer, que ellos no eran como sus enemigos y que la CNT no podía cometer actos inhumanos.
Tiempo después, aquel mismo terrateniente habría intervenido para ayudar a salvarle la vida y, posteriormente, le proporcionó trabajo. Antonio consiguió también alquilar una huerta y puso en marcha una pequeña vaquería en las cuevas de Almodóvar del Río.
Para "El Carbonero", la solidaridad no era únicamente un discurso político. Ayudaba discretamente a trabajadores, represaliados y familias necesitadas.
Ayudaba sin que nadie se enterara. Esa era la base de su lucha: la solidaridad y el apoyo mutuo. Compartían lo poco que tenían, señala Moro.
Durante la clandestinidad, los militantes elaboraban comunicados y distribuían octavillas entre el campesinado y los trabajadores de los cortijos. También enseñaban a leer y escribir a jornaleros, muchas veces de noche y a la luz de un candil.
La impresión de una sencilla hoja exigía un enorme trabajo. Las octavillas se componían letra a letra, se imprimían una a una y después se transportaban clandestinamente de un pueblo a otro, siempre bajo el riesgo de una nueva detención.
Antonio volvió a ser arrestado después de que una persona se presentara en su casa acompañada de otro individuo al que su esposa identificó como guardia civil. Durante el registro encontraron sellos relacionados con la CNT y la FAI, lo que provocó su regreso a prisión.
Esperanza y decepción durante la Transición
La muerte de Franco fue recibida por Antonio con alegría y con la esperanza de reconstruir públicamente la CNT. Deseaba que la organización volviera a convertirse en un referente para la clase trabajadora.
Sin embargo, mantenía una profunda desconfianza hacia la política institucional y hacia los dirigentes que, en su opinión, se habían alejado de los trabajadores.
Durante los últimos años de su vida se implicó especialmente en la recuperación del patrimonio histórico de la CNT. Francisco Moro considera que aquel esfuerzo contribuyó a que la organización recuperara posteriormente un importante local en Córdoba.
Antonio colaboró igualmente con investigadores de la represión franquista. Según Moro, proporcionó documentación al historiador Francisco Moreno Gómez para diferentes trabajos sobre la Guerra Civil y la represión en Córdoba.
Una memoria todavía pendiente de reconocimiento
Francisco Moro considera que Antonio Ramos Palomares no ha recibido el reconocimiento histórico y social que merece. Aunque su recuerdo permanece vivo entre familiares, compañeros y personas que conocieron su trayectoria, su nombre continúa siendo desconocido para una parte importante de la sociedad.
Mientras vivamos sus familiares y sus nietos, no estará olvidado. Pero no ha sido reconocido como lo que fue: un gran revolucionario, un hombre bueno, un hombre del pueblo que lo dio todo.
Antonio Ramos Palomares murió en octubre de 1994. Después de su fallecimiento, Francisco Moro escribió un texto en su memoria que fue publicado en el diario Córdoba.
Para Moro, la vida de "El Carbonero" permite comprender que muchos de los derechos actualmente considerados normales no fueron concedidos gratuitamente. La jornada laboral de ocho horas, las vacaciones, la sanidad pública y la protección social fueron conquistadas mediante décadas de organización, sacrificios y luchas obreras.
Ante la precariedad laboral, los bajos salarios y la pérdida de derechos, Francisco Moro cree que Antonio transmitiría actualmente un mensaje claro:
Hay que organizarse y hacer retroceder a quienes pretenden quitarnos los derechos, cosa por cosa.
El recuerdo que conserva de él supera cualquier valoración política o sindical.
Fue uno de los seres más queridos de mi vida. El Carbonero es vida. Lo fue y continúa siéndolo en nuestra memoria.
La historia de Antonio Ramos Palomares es también la historia de una generación de trabajadores que soportó el hambre, la cárcel y la persecución sin abandonar la solidaridad ni la esperanza de construir una sociedad más justa. Recuperar su memoria significa reconocer a quienes lucharon cuando hacerlo podía costarles la libertad o la vida.
Se agradece su publicación, gracias.
En Vigo, a 1 de septiembre de 2026.




























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