NOTAS SOBRE EL MITO DE "TODOS SOMOS CEUTA, TODOS SOMOS ESPAÑOLES"
"La exclusión social y el racismo que se producen en el interior de la mismísima Ceuta"
La crisis de Ceuta ha dejado al descubierto -sostiene Joan Tafalla- las profundas fracturas sociales, clasistas y racistas que atraviesan la ciudad y ha desmentido la idea de que la simbología borbónica pueda adquirir un contenido democrático y popular. Frente a la retórica de la españolidad, Tafalla reivindica una respuesta obrera, antirracista, solidaria y republicana.
Por JOAN TAFALLA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Hace tres días escribí un texto[1] criticando la propuesta de Alberto Garzón de que los comunistas o las izquierdas españolas luchasen por “resignificar” y apropiarse los símbolos de la monarquía borbónica.[2]
El desarrollo de los acontecimientos en Ceuta me ha vuelto a recordar algo que Garzón escribía al respecto. Garzón citaba la reacción antifascista inicial de algunos habitantes de Ceuta, que expulsaron a los grupos fascistas peninsulares con el grito de «esto es Ceuta, no Torre Pacheco», mientras reclamaban su españolidad y blandían banderas borbónicas. Sobre esta débil base, apoyaba su propuesta de que asumiéramos la y reivindicáramos la simbología del actual reino borbónico de España. Pretendía demostrar que la bandera bicolor o borbónica (que no española) estaba adquiriendo un significado progresista i democrático. Tomaba la parte por el todo. Los hechos han arruinado esa propuesta.
La Ceuta real y concreta
Un poco de prudencia política y epistemológica habría llevado a Garzón a no romantizar ingenuamente una noticia, y a no magnificar el verdadero tamaño de estos meritorios pero pequeñísimos grupos de vecinos de Ceuta. Le habría llevado a tratar de analizar su composición cultural, social y religiosa, así como la consistencia y duración previsible de dicha movida. Pero Garzón solo pretendía apuntalar a cualquier precio su inane relato de la necesidad de re-significar los símbolos de la Borbonidad.
Es probable que estos pequeños grupos antifascistas de los primeros días provengan de ese sector de los barrios periféricos de Ceuta que busca protección simbólica frente al racismo interior, a su exclusión real y concreta respecto de la «comunidad nacional española». Aún no tenemos datos suficientes. Pero no se puede hacer de una pequeña parte un todo.
La exclusión social y el racismo que sienten cada día estos sectores se produce en el interior de la mismísima Ceuta. Una cosa es la blanquitud del centro, y otra son los “moros” con DNI español de los barrios. Una cosa es el bloque de la burguesía comercial (sea española, judía o hindú) y el resto de las clases medias blancas (militares, policías y resto de la administración) y otra es la clase obrera y los sectores populares de los barrios.
A medida que avanzan los días, la agudización del conflicto está acelerando las contradicciones internas en la sociedad ceutí.
Un ejemplo de esa conflictividad es la distribución de los recién llegado en los diversos dispositivos de acogida que deberían haberse concretado desde hace días en los diversos barrios. Unos dispositivos que, a un mes de la llegada aún se está debatiendo su lugar. Los españoles blancos del centro no quieren a los recién llegados en su zona. Quieren seguir disfrutando de sus calles, de sus polideportivos y de sus playas, sin presencias indeseadas.
El gobierno local y central quieren a desplazar los centros de acogida provisionales hacia la periferia donde viven los sectores obreros y populares que son mayoritariamente de cultura magrebí que hablan árabe o amazigh y que, en lugar de ir a rezar el domingo a la iglesia lo hacen los viernes en la mezquita. Cuando analizamos este aspecto del conflicto, ¿Debemos hablar asépticamente de “problemas centro-periferia” o es mejor hablar de división racista y clasista del territorio?
Por su parte, los grupos de fascistas que están haciendo los progromos en las playas y calles de la ciudad, no solo han agredido a recién llegados, quemando sus pocas pertenencias e impedido el paso de los alimentos llevados por la Cruz Roja. Unos delitos flagrantes que no han producido ninguna detención. Además, han agredido a ceutís de nacionalidad española simplemente por su aspecto de “moro”. Un fenómeno, cuya verdadera dimensión nos es ocultada por los medios de comunicación locales y nacionales. De incrementarse, puede tener consecuencias deletéreas sobre la credibilidad del lema “todos somos Ceuta”.
Concretamente Ceuta
Antes de seguir, pongamos algunas cifras para que nos ayuden a comprender la sociedad ceutí sobre la que se asienta el nudo de contradicciones que se está desplegando en la actualidad.
Según el INE 1 de enero de 2025 en Ceuta vivían 83.567 personas (42.147 hombres y 41420 mujeres).[3]
A 5 de agosto del presente año, el nº de parados es de 8.389; de ellos 2.974 son hombres, (17,34%) y 5.415 mujeres (28,31 %). los parados extranjeros son 1.167).[4]
La tasa de paro en Ceuta se sitúa en el 22%. Junto a Melilla es una de las tasas más elevadas de España (9,87%). Además y esto puede ser muy interesantes para el desarrollo de las luchas en la calle, el desempleo entre los menores de 25 años llega al 47, 55 %.
No dispongo del reparto por barrios de estas cifras, pero auguro que seguramente ese reparto explica bien el clasismo, las desigualdades, clivajes, el racismo y la exclusión realmente existentes en el enclave español en la zona del Rif. Un clasismo realmente existente con anterioridad al 30 de julio de 2026.
La disputa por el pan entre diversos sectores oprimidos, está asegurada. ¿Qué propone la izquierda política y sindical en Ceuta? ¿Cómo hacer entender que la disputa no puede ser entre obreros por las pocas migajas que caen de la mesa de los poderosos? ¿Cómo hacer entender que la solución no está en la retórica, si no en la praxis y en la organización de la clase.
Por cierto me llegan relatos de gente que conoce el terreno sobre la autoorganización de las gentes en El Príncipe, en Sidi Embarek, Hadú u otros que han proporcionado comida, formas de higiene y de protección para mujeres y niños. Unos ejemplos de solidaridad y de auto-organización en ausencia del estado y de la ciudad, que hablan a las claras de que en las peores situaciones la solidaridad y el humanismo son posibles. La clara no blanca de Ceuta. La cara de la Ceuta del futuro.
Hablar constantemente de las cuatro culturas que conviven pacíficamente olvidando estas cifras y estos contrastes es una forma ocultar la estructura de clases realmente existente. Una forma de blanquear el racismo subyacente.
Debido a su composición social y cultural los españolísimos ceutíes del centro de la ciudad tienden a votar mayoritariamente por la derecha extrema y la extrema derecha (55,01% en las elecciones de 2023). En el caso de los votantes del PSOE los valores sostenidos suelen ser similares a los de ese 55% aunque mitigados por un cierto progresismo. Un progresismo que se va diluyendo a medida que las contradicciones van estallando una tras otra.
A la altura de 29 de agosto de 2023, el discurso de «todos somos ceutíes, todos somos españoles» ha cedido espacio en los medios de comunicación a la situación concreta y real. Las desigualdades internas de la población de Ceuta, las diferencias sociales entre el centro y la periferia de la ciudad, el racismo de partes de la población blanca hacia los ceutíes árabes o bereberes se hacen cada día más evidentes. Las asociaciones cívicas y de residentes de los barrios periféricos denuncian esta situación a diario.
No, la bandera borbónica no puede adquirir un sentido democrático y popular. No, la compleja y contradictoria composición social y demográfica de la ciudad no cabe dentro de la leyenda: «Todos somos Ceuta. Todos somos españoles”».
El contradictorio desarrollo de los acontecimientos ¿permitirá la eclosión de un ceutismo, valientemente obrero, popular, democrático, antirracista y republicano confrontado con el fascismo y el racismo? Desde tan lejos y desde el desconocimiento de las claves profundas de la situación no nos es posible augurarlo. Veremos. Lo que es seguro es que eso no pasará por la resignificación de la bandera bicolor ni sometiéndose a la Borbonidad.
Sabadell, 29 de agosto de 2026.
POST DATA.- Escribo esto desde una ciudad catalana, a unos 1250 quilómetros de distancia. Extraigo lo datos de fuentes oficiales, de estudios académicos y históricos y la visualización durante horas de las videos de Faro TV, así como de los que veo en las redes. Sin duda, mi condición de comunista catalán determinará algún sesgo en la selección y presentación de los datos así como en su valoración. Agradeceré cualquier corrección, aportación de datos, crítica y aportación que me ayude a formarme una visión de conjunto.
[1] https://joantafalla.cat/2026/08/el-eurocomunismo-de-su-majestad/
[2] https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/javier-bardem-disputa-bandera-espanola_129_13443297.html
[3] https://www.ine.es/dyngs/INEbase/categoria.htm?c=Estadistica_P&cid=1254734710984
[4] https://www.elpueblodeceuta.es/sec/economia/paro-desciende-ceuta-durante-julio_1_1184619.html
[5] https://www.epdata.es/datos/paro-cada-comunidad-autonoma-epa-ine/11/ceuta/298
Joan Tafalla Monferrer (Barcelona, 1953) es historiador, ensayista y militante comunista. Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, ha centrado buena parte de su trabajo en la Revolución francesa, el pensamiento de Antonio Gramsci, el republicanismo, el movimiento obrero y la historia del socialismo. Ingresó en el PSUC en 1971, participó posteriormente en la fundación del PCC y fue uno de los impulsores de Espai Marx. Actualmente preside la Associació d’Estudis Gramscians de Catalunya.
Entre sus obras figuran ¡Hola Lenin! Reflexiones sobre la revolución (2024), La izquierda como problema (con Joaquín Miras, 2013), Atlas histórico de la Revolución Francesa (con Irene Castells, 2011) y ¿Tienen patria los obreros? (con Alejandro Andreassi). Ha coordinado asimismo La Revolución Rusa de 1917 y el Estado y participado en diversas obras colectivas sobre sindicalismo, socialismo, imperialismo y precariedad laboral. Como editor y traductor ha trabajado especialmente sobre textos de Antonio Gramsci y Maximilien Robespierre.
Por JOAN TAFALLA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Hace tres días escribí un texto[1] criticando la propuesta de Alberto Garzón de que los comunistas o las izquierdas españolas luchasen por “resignificar” y apropiarse los símbolos de la monarquía borbónica.[2]
El desarrollo de los acontecimientos en Ceuta me ha vuelto a recordar algo que Garzón escribía al respecto. Garzón citaba la reacción antifascista inicial de algunos habitantes de Ceuta, que expulsaron a los grupos fascistas peninsulares con el grito de «esto es Ceuta, no Torre Pacheco», mientras reclamaban su españolidad y blandían banderas borbónicas. Sobre esta débil base, apoyaba su propuesta de que asumiéramos la y reivindicáramos la simbología del actual reino borbónico de España. Pretendía demostrar que la bandera bicolor o borbónica (que no española) estaba adquiriendo un significado progresista i democrático. Tomaba la parte por el todo. Los hechos han arruinado esa propuesta.
La Ceuta real y concreta
Un poco de prudencia política y epistemológica habría llevado a Garzón a no romantizar ingenuamente una noticia, y a no magnificar el verdadero tamaño de estos meritorios pero pequeñísimos grupos de vecinos de Ceuta. Le habría llevado a tratar de analizar su composición cultural, social y religiosa, así como la consistencia y duración previsible de dicha movida. Pero Garzón solo pretendía apuntalar a cualquier precio su inane relato de la necesidad de re-significar los símbolos de la Borbonidad.
Es probable que estos pequeños grupos antifascistas de los primeros días provengan de ese sector de los barrios periféricos de Ceuta que busca protección simbólica frente al racismo interior, a su exclusión real y concreta respecto de la «comunidad nacional española». Aún no tenemos datos suficientes. Pero no se puede hacer de una pequeña parte un todo.
La exclusión social y el racismo que sienten cada día estos sectores se produce en el interior de la mismísima Ceuta. Una cosa es la blanquitud del centro, y otra son los “moros” con DNI español de los barrios. Una cosa es el bloque de la burguesía comercial (sea española, judía o hindú) y el resto de las clases medias blancas (militares, policías y resto de la administración) y otra es la clase obrera y los sectores populares de los barrios.
A medida que avanzan los días, la agudización del conflicto está acelerando las contradicciones internas en la sociedad ceutí.
Un ejemplo de esa conflictividad es la distribución de los recién llegado en los diversos dispositivos de acogida que deberían haberse concretado desde hace días en los diversos barrios. Unos dispositivos que, a un mes de la llegada aún se está debatiendo su lugar. Los españoles blancos del centro no quieren a los recién llegados en su zona. Quieren seguir disfrutando de sus calles, de sus polideportivos y de sus playas, sin presencias indeseadas.
El gobierno local y central quieren a desplazar los centros de acogida provisionales hacia la periferia donde viven los sectores obreros y populares que son mayoritariamente de cultura magrebí que hablan árabe o amazigh y que, en lugar de ir a rezar el domingo a la iglesia lo hacen los viernes en la mezquita. Cuando analizamos este aspecto del conflicto, ¿Debemos hablar asépticamente de “problemas centro-periferia” o es mejor hablar de división racista y clasista del territorio?
Por su parte, los grupos de fascistas que están haciendo los progromos en las playas y calles de la ciudad, no solo han agredido a recién llegados, quemando sus pocas pertenencias e impedido el paso de los alimentos llevados por la Cruz Roja. Unos delitos flagrantes que no han producido ninguna detención. Además, han agredido a ceutís de nacionalidad española simplemente por su aspecto de “moro”. Un fenómeno, cuya verdadera dimensión nos es ocultada por los medios de comunicación locales y nacionales. De incrementarse, puede tener consecuencias deletéreas sobre la credibilidad del lema “todos somos Ceuta”.
Concretamente Ceuta
Antes de seguir, pongamos algunas cifras para que nos ayuden a comprender la sociedad ceutí sobre la que se asienta el nudo de contradicciones que se está desplegando en la actualidad.
Según el INE 1 de enero de 2025 en Ceuta vivían 83.567 personas (42.147 hombres y 41420 mujeres).[3]
A 5 de agosto del presente año, el nº de parados es de 8.389; de ellos 2.974 son hombres, (17,34%) y 5.415 mujeres (28,31 %). los parados extranjeros son 1.167).[4]
La tasa de paro en Ceuta se sitúa en el 22%. Junto a Melilla es una de las tasas más elevadas de España (9,87%). Además y esto puede ser muy interesantes para el desarrollo de las luchas en la calle, el desempleo entre los menores de 25 años llega al 47, 55 %.
No dispongo del reparto por barrios de estas cifras, pero auguro que seguramente ese reparto explica bien el clasismo, las desigualdades, clivajes, el racismo y la exclusión realmente existentes en el enclave español en la zona del Rif. Un clasismo realmente existente con anterioridad al 30 de julio de 2026.
La disputa por el pan entre diversos sectores oprimidos, está asegurada. ¿Qué propone la izquierda política y sindical en Ceuta? ¿Cómo hacer entender que la disputa no puede ser entre obreros por las pocas migajas que caen de la mesa de los poderosos? ¿Cómo hacer entender que la solución no está en la retórica, si no en la praxis y en la organización de la clase.
Por cierto me llegan relatos de gente que conoce el terreno sobre la autoorganización de las gentes en El Príncipe, en Sidi Embarek, Hadú u otros que han proporcionado comida, formas de higiene y de protección para mujeres y niños. Unos ejemplos de solidaridad y de auto-organización en ausencia del estado y de la ciudad, que hablan a las claras de que en las peores situaciones la solidaridad y el humanismo son posibles. La clara no blanca de Ceuta. La cara de la Ceuta del futuro.
Hablar constantemente de las cuatro culturas que conviven pacíficamente olvidando estas cifras y estos contrastes es una forma ocultar la estructura de clases realmente existente. Una forma de blanquear el racismo subyacente.
Debido a su composición social y cultural los españolísimos ceutíes del centro de la ciudad tienden a votar mayoritariamente por la derecha extrema y la extrema derecha (55,01% en las elecciones de 2023). En el caso de los votantes del PSOE los valores sostenidos suelen ser similares a los de ese 55% aunque mitigados por un cierto progresismo. Un progresismo que se va diluyendo a medida que las contradicciones van estallando una tras otra.
A la altura de 29 de agosto de 2023, el discurso de «todos somos ceutíes, todos somos españoles» ha cedido espacio en los medios de comunicación a la situación concreta y real. Las desigualdades internas de la población de Ceuta, las diferencias sociales entre el centro y la periferia de la ciudad, el racismo de partes de la población blanca hacia los ceutíes árabes o bereberes se hacen cada día más evidentes. Las asociaciones cívicas y de residentes de los barrios periféricos denuncian esta situación a diario.
No, la bandera borbónica no puede adquirir un sentido democrático y popular. No, la compleja y contradictoria composición social y demográfica de la ciudad no cabe dentro de la leyenda: «Todos somos Ceuta. Todos somos españoles”».
El contradictorio desarrollo de los acontecimientos ¿permitirá la eclosión de un ceutismo, valientemente obrero, popular, democrático, antirracista y republicano confrontado con el fascismo y el racismo? Desde tan lejos y desde el desconocimiento de las claves profundas de la situación no nos es posible augurarlo. Veremos. Lo que es seguro es que eso no pasará por la resignificación de la bandera bicolor ni sometiéndose a la Borbonidad.
Sabadell, 29 de agosto de 2026.
POST DATA.- Escribo esto desde una ciudad catalana, a unos 1250 quilómetros de distancia. Extraigo lo datos de fuentes oficiales, de estudios académicos y históricos y la visualización durante horas de las videos de Faro TV, así como de los que veo en las redes. Sin duda, mi condición de comunista catalán determinará algún sesgo en la selección y presentación de los datos así como en su valoración. Agradeceré cualquier corrección, aportación de datos, crítica y aportación que me ayude a formarme una visión de conjunto.
[1] https://joantafalla.cat/2026/08/el-eurocomunismo-de-su-majestad/
[2] https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/javier-bardem-disputa-bandera-espanola_129_13443297.html
[3] https://www.ine.es/dyngs/INEbase/categoria.htm?c=Estadistica_P&cid=1254734710984
[4] https://www.elpueblodeceuta.es/sec/economia/paro-desciende-ceuta-durante-julio_1_1184619.html
[5] https://www.epdata.es/datos/paro-cada-comunidad-autonoma-epa-ine/11/ceuta/298
Joan Tafalla Monferrer (Barcelona, 1953) es historiador, ensayista y militante comunista. Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, ha centrado buena parte de su trabajo en la Revolución francesa, el pensamiento de Antonio Gramsci, el republicanismo, el movimiento obrero y la historia del socialismo. Ingresó en el PSUC en 1971, participó posteriormente en la fundación del PCC y fue uno de los impulsores de Espai Marx. Actualmente preside la Associació d’Estudis Gramscians de Catalunya.
Entre sus obras figuran ¡Hola Lenin! Reflexiones sobre la revolución (2024), La izquierda como problema (con Joaquín Miras, 2013), Atlas histórico de la Revolución Francesa (con Irene Castells, 2011) y ¿Tienen patria los obreros? (con Alejandro Andreassi). Ha coordinado asimismo La Revolución Rusa de 1917 y el Estado y participado en diversas obras colectivas sobre sindicalismo, socialismo, imperialismo y precariedad laboral. Como editor y traductor ha trabajado especialmente sobre textos de Antonio Gramsci y Maximilien Robespierre.






















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