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¿PODRÁ ESTADOS UNIDOS ARRASTRAR AL PLANETA EN SU CAÍDA IMPERIAL?

¿Intentará Washington compensar con guerras y militarismo la supremacía económica que está perdiendo?

Estados Unidos conserva una maquinaria militar sin parangón, pero ya no posee la abrumadora superioridad económica y productiva con la que emergió de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué sucede cuando un imperio comienza a perder las bases materiales de su hegemonía, pero mantiene intacta su capacidad para destruir? El economista argentino Claudio Katz examina las causas y consecuencias de un declive que podría estar convirtiendo a Washington en una potencia no menos, sino más peligrosa para el resto del mundo.

 

REDACCIÓN CS

 

     ¿Puede una potencia seguir dominando el mundo cuando pierde terreno económico frente a sus competidores? ¿Qué ocurre cuando conserva un gigantesco aparato militar, pero ya no dispone de la superioridad productiva que sustentó ese poder? ¿Y si las guerras de Washington, lejos de demostrar su fortaleza, fueran precisamente uno de los síntomas más inquietantes de su debilitamiento?

 

    Estas son algunas de las  interrogantes que atraviesan el articulo «El declive de Estados Unidos», un extenso análisis del economista argentino Claudio Katz, investigador del CONICET y profesor de la Universidad de Buenos Aires, publicado para Canarias-semanal.org.

 

   Katz es un reconocido intelectual marxista latinoamericano, especializado en capitalismo contemporáneo, imperialismo, América Latina y transformaciones de la economía mundial. Entre sus trabajos citados en el propio texto figura La crisis del sistema imperial (2023), una obra en la que examina las mutaciones de la dominación estadounidense y del orden internacional.

 

    Su punto de partida es contundente: el declive estadounidense ya no constituye una hipótesis marginal. La cuestión verdaderamente importante, sostiene Katz, no consiste simplemente en determinar cuánto ha retrocedido Estados Unidos, sino en comprender qué está haciendo para impedirlo. Y ahí aparece la dimensión más inquietante de su análisis: Washington estaría intentando compensar mediante la fuerza militar la erosión de la supremacía económica y geopolítica que sostuvo durante décadas su liderazgo mundial.

 

    Katz reconstruye una trayectoria que comienza en 1945. Estados Unidos salió de la Segunda Guerra Mundial en una posición extraordinaria: concentraba aproximadamente la mitad del producto mundial, el 60% de la producción industrial y el 80% de las reservas mundiales de oro.

 

    Pero ¿qué queda hoy de aquella superioridad abrumadora? Según los datos recogidos por el autor, esos porcentajes se habrían reducido respectivamente al 25%, 17% y 25%.

 

   Pero la historia adquiere un giro paradójico. La desaparición de la Unión Soviética pareció entregar a Washington una oportunidad irrepetible para reconstruir su hegemonía. ¿La aprovechó? Katz sostiene exactamente lo contrario. Afganistán, Irak, Libia, Siria, la expansión de la OTAN, el intervencionismo en América Latina y las nuevas confrontaciones internacionales habrían consumido enormes recursos sin proporcionar a Estados Unidos una recuperación económica equivalente. El imperio ganó capacidad destructiva mientras perdía capacidad para convertir esa fuerza en una supremacía duradera.

 

   Y entonces apareció China.

     Aquí surge otra de las paradojas centrales del artículo. La globalización neoliberal impulsada por Estados Unidos terminó favoreciendo extraordinariamente al país que acabaría convirtiéndose en su principal competidor. Mientras Washington se financiarizaba, desplazaba capitales hacia la especulación y deterioraba parte de su base industrial, China ganaba mercados y capacidad productiva. A ello se añaden una deuda gigantesca y una lenta pero persistente tendencia hacia la desdolarización.

 

    ¿Significa todo esto que Estados Unidos está condenado a derrumbarse? Katz evita una explicación tan mecánica. El declive imperial no tiene fecha de caducidad ni garantiza automáticamente el nacimiento de un nuevo orden estable. Precisamente por eso la transición puede resultar mucho más peligrosa.

 

    Porque queda la pregunta decisiva: ¿qué hace una potencia que pierde progresivamente la supremacía económica pero conserva la mayor maquinaria militar del planeta?

 

    Katz responde observando el crecimiento del complejo militar-industrial, las guerras fallidas, la privatización de los conflictos, los mercenarios, las nuevas tecnologías bélicas y hasta el retorno de doctrinas vinculadas a una eventual confrontación nuclear con China. Para el economista argentino, el militarismo no estaría resolviendo la decadencia estadounidense: podría estar acelerándola y, al mismo tiempo, trasladando sus consecuencias al resto de la humanidad.

 

    ¿Estamos contemplando simplemente el gran reajuste de una gran potencia o una transición histórica comparable a otros grandes declives imperiales? ¿Puede Washington aceptar un mundo en el que ya no dicte unilateralmente las reglas? ¿O intentará impedir por la fuerza un cambio que la economía parece estar imponiendo?

 

    Las respuestas —y algunas preguntas todavía más inquietantes— las encontrará el lector en el análisis completo de Claudio Katz.

 

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