¿POR QUÉ SE DESPLOMÓ EL HIMALAYA?
¿Puede el calentamiento global transformar un glaciar en una avalancha capaz de desencadenar inundaciones devastadoras a decenas de kilómetros?
El colapso glaciar ocurrido en la frontera entre Nepal y Tíbet no fue una simple inundación ni un episodio meteorológico convencional. ¿Cómo puede una masa de hielo y roca generar una señal sísmica, precipitarse más de un kilómetro y desencadenar después una riada gigantesca? ¿Qué papel desempeñaron el calor anómalo, el retroceso de los glaciares y la degradación del terreno permanentemente congelado?
REDACCIÓN CS
El desastre ocurrido en la frontera entre Nepal y Tíbet hace unos días, no puede entenderse simplemente como una inundación. Lo sucedido constituye lo que los científicos denominan un fenómeno en cascada: es decir, la desestabilización de una montaña desencadena una sucesión de procesos físicos que se alimentan unos a otros.
¿Por qué se desprendió una masa gigantesca de hielo y roca? ¿Qué papel desempeña el calentamiento del planeta? ¿Y por qué los Himalayas se están convirtiendo en uno de los territorios donde los efectos de la crisis climática pueden resultar más violentos?
Cuando una montaña empieza a perder su cemento
El 26 de agosto una gigantesca masa de roca y hielo se desprendió en las proximidades de la frontera entre Nepal y la región china del Tíbet. Los primeros registros llevaron a pensar incluso en un terremoto. Posteriormente, el Servicio Geológico de Estados Unidos concluyó que la señal sísmica, equivalente aproximadamente a un evento de magnitud 5,2, había sido producida por el propio colapso y no necesariamente por un terremoto que lo hubiera provocado.
Las imágenes de satélite muestran que una sección situada alrededor de los 5.200 metros de altitud cayó aproximadamente 1.200 metros hasta el fondo del valle. Durante esa caída, hielo, roca y sedimentos adquirieron una enorme energía. Al alcanzar el cauce del río Lhende, la avalancha incorporó agua y materiales y se transformó progresivamente en una corriente de detritos extraordinariamente destructiva.
Aquí aparece un concepto fundamental: el permafrost. Se denomina así al suelo o roca que permanece congelado durante largos periodos. En alta montaña funciona parcialmente como un cemento natural: el hielo ocupa grietas y contribuye a mantener cohesionadas laderas muy abruptas.
Cuando aumenta la temperatura, ese hielo comienza a fundirse. Las fracturas se llenan de agua y la estructura puede perder estabilidad. Esto no significa que todo desprendimiento glaciar pueda atribuirse automáticamente al cambio climático, pero sí que un Himalaya más cálido crea condiciones progresivamente más favorables para este tipo de inestabilidades. Los científicos consideran muy sólida la relación entre calentamiento global, retroceso glaciar y degradación del permafrost.
De una avalancha a una inundación gigantesca
El segundo elemento explica la magnitud del desastre.
La avalancha de hielo y roca alcanzó el sistema fluvial y generó una masa de agua, barro y sedimentos que descendió valle abajo. Parte del material habría bloqueado temporalmente el río, formando una presa natural. Cuando esta estructura cedió, liberó repentinamente el agua acumulada. El resultado fue comparable a abrir violentamente las compuertas de un enorme embalse.
En algunos puntos, el nivel del río Trishuli aumentó hasta nueve metros en aproximadamente media hora. La corriente arrastró viviendas, carreteras, puentes y centrales hidroeléctricas.
Estos procesos son especialmente peligrosos porque pueden desarrollarse con extraordinaria rapidez. Una población situada muchos kilómetros río abajo puede encontrarse ante una pared de agua y barro cuando aparentemente no está ocurriendo ningún fenómeno meteorológico extremo en su propio entorno.
De hecho, una de las circunstancias que desconcertó inicialmente a los habitantes de la región fue precisamente que no estaba lloviendo intensamente cuando comenzó la catástrofe.
¿Qué provocó realmente el colapso?
Todavía sería científicamente precipitado afirmar que el cambio climático fue la causa inmediata y exclusiva del desprendimiento. Las investigaciones apuntan a una combinación de factores.
En primer lugar está la propia naturaleza geológica del Himalaya: montañas extraordinariamente jóvenes, abruptas y tectónicamente activas.
En segundo lugar, aparece el calentamiento de las zonas de alta montaña. Los Himalayas se están calentando con especial rapidez. El retroceso de los glaciares modifica además el equilibrio mecánico de las paredes rocosas que anteriormente permanecían apoyadas o protegidas por enormes masas de hielo.
Las primeras observaciones por satélite detectaron también una importante pérdida de nieve en las horas anteriores al desastre, compatible con temperaturas elevadas, aunque este elemento todavía requiere análisis meteorológicos detallados.
A ello se suma la degradación del permafrost y, posiblemente, otros factores locales relacionados con la transformación humana de los valles y las infraestructuras. La participación concreta de estos factores permanece bajo investigación.
Del calentamiento de los océanos a las montañas
El episodio tibetano forma parte de un contexto climático mucho más amplio. En una información aportada por El País recoge que el 22 de agosto la temperatura media de la superficie oceánica extrapolar alcanzó 21,1 grados, el máximo diario de la serie disponible desde 1979.
El océano absorbe aproximadamente la mayor parte del exceso de calor acumulado por el sistema climático. Cuando mares y atmósfera se calientan, aumenta la cantidad de energía y humedad disponible para determinados fenómenos extremos. El propio informe citado, señala que mares más calientes pueden transferir más vapor de agua a la atmósfera y favorecer precipitaciones excepcionalmente intensas.
En las montañas ocurre otra manifestación del mismo desequilibrio energético: retroceden los glaciares, se descongela el terreno permanentemente helado y aparecen nuevas zonas inestables.
El Himalaya como laboratorio de un planeta más cálido Lo ocurrido en Nepal y Tíbet no demuestra que cada avalancha futura tenga una única explicación climática. La ciencia funciona precisamente evitando esas simplificaciones.
Pero tampoco puede considerarse un acontecimiento aislado de las profundas transformaciones que experimentan las grandes cordilleras. El calentamiento está modificando el hielo que durante siglos estabilizó las montañas. Allí donde desaparece ese hielo pueden aparecer lagos glaciares, paredes rocosas debilitadas, avalanchas y riadas repentinas.
La tragedia del Himalaya muestra así una dimensión particularmente inquietante de la crisis climática: no solamente cambia las temperaturas. Puede modificar físicamente la estabilidad de las montañas bajo nuestros pies.
Fuentes
- Servicio de Cambio Climático de Copernicus / información de El País: datos sobre el récord de temperatura superficial de los océanos, alcanzado el 22 de agosto de 2026, y explicación de la relación entre calentamiento oceánico, energía atmosférica y fenómenos extremos.
- The Guardian, 27 de agosto de 2026: análisis científico del colapso glaciar, la caída aproximada de 1.200 metros, la señal sísmica asociada y el posible papel del calentamiento, el retroceso glaciar y la degradación del permafrost.
- Al Jazeera / Reuters, 27 de agosto de 2026: reconstrucción del fenómeno,
REDACCIÓN CS
El desastre ocurrido en la frontera entre Nepal y Tíbet hace unos días, no puede entenderse simplemente como una inundación. Lo sucedido constituye lo que los científicos denominan un fenómeno en cascada: es decir, la desestabilización de una montaña desencadena una sucesión de procesos físicos que se alimentan unos a otros.
¿Por qué se desprendió una masa gigantesca de hielo y roca? ¿Qué papel desempeña el calentamiento del planeta? ¿Y por qué los Himalayas se están convirtiendo en uno de los territorios donde los efectos de la crisis climática pueden resultar más violentos?
Cuando una montaña empieza a perder su cemento
El 26 de agosto una gigantesca masa de roca y hielo se desprendió en las proximidades de la frontera entre Nepal y la región china del Tíbet. Los primeros registros llevaron a pensar incluso en un terremoto. Posteriormente, el Servicio Geológico de Estados Unidos concluyó que la señal sísmica, equivalente aproximadamente a un evento de magnitud 5,2, había sido producida por el propio colapso y no necesariamente por un terremoto que lo hubiera provocado.
Las imágenes de satélite muestran que una sección situada alrededor de los 5.200 metros de altitud cayó aproximadamente 1.200 metros hasta el fondo del valle. Durante esa caída, hielo, roca y sedimentos adquirieron una enorme energía. Al alcanzar el cauce del río Lhende, la avalancha incorporó agua y materiales y se transformó progresivamente en una corriente de detritos extraordinariamente destructiva.
Aquí aparece un concepto fundamental: el permafrost. Se denomina así al suelo o roca que permanece congelado durante largos periodos. En alta montaña funciona parcialmente como un cemento natural: el hielo ocupa grietas y contribuye a mantener cohesionadas laderas muy abruptas.
Cuando aumenta la temperatura, ese hielo comienza a fundirse. Las fracturas se llenan de agua y la estructura puede perder estabilidad. Esto no significa que todo desprendimiento glaciar pueda atribuirse automáticamente al cambio climático, pero sí que un Himalaya más cálido crea condiciones progresivamente más favorables para este tipo de inestabilidades. Los científicos consideran muy sólida la relación entre calentamiento global, retroceso glaciar y degradación del permafrost.
De una avalancha a una inundación gigantesca
El segundo elemento explica la magnitud del desastre.
La avalancha de hielo y roca alcanzó el sistema fluvial y generó una masa de agua, barro y sedimentos que descendió valle abajo. Parte del material habría bloqueado temporalmente el río, formando una presa natural. Cuando esta estructura cedió, liberó repentinamente el agua acumulada. El resultado fue comparable a abrir violentamente las compuertas de un enorme embalse.
En algunos puntos, el nivel del río Trishuli aumentó hasta nueve metros en aproximadamente media hora. La corriente arrastró viviendas, carreteras, puentes y centrales hidroeléctricas.
Estos procesos son especialmente peligrosos porque pueden desarrollarse con extraordinaria rapidez. Una población situada muchos kilómetros río abajo puede encontrarse ante una pared de agua y barro cuando aparentemente no está ocurriendo ningún fenómeno meteorológico extremo en su propio entorno.
De hecho, una de las circunstancias que desconcertó inicialmente a los habitantes de la región fue precisamente que no estaba lloviendo intensamente cuando comenzó la catástrofe.
¿Qué provocó realmente el colapso?
Todavía sería científicamente precipitado afirmar que el cambio climático fue la causa inmediata y exclusiva del desprendimiento. Las investigaciones apuntan a una combinación de factores.
En primer lugar está la propia naturaleza geológica del Himalaya: montañas extraordinariamente jóvenes, abruptas y tectónicamente activas.
En segundo lugar, aparece el calentamiento de las zonas de alta montaña. Los Himalayas se están calentando con especial rapidez. El retroceso de los glaciares modifica además el equilibrio mecánico de las paredes rocosas que anteriormente permanecían apoyadas o protegidas por enormes masas de hielo.
Las primeras observaciones por satélite detectaron también una importante pérdida de nieve en las horas anteriores al desastre, compatible con temperaturas elevadas, aunque este elemento todavía requiere análisis meteorológicos detallados.
A ello se suma la degradación del permafrost y, posiblemente, otros factores locales relacionados con la transformación humana de los valles y las infraestructuras. La participación concreta de estos factores permanece bajo investigación.
Del calentamiento de los océanos a las montañas
El episodio tibetano forma parte de un contexto climático mucho más amplio. En una información aportada por El País recoge que el 22 de agosto la temperatura media de la superficie oceánica extrapolar alcanzó 21,1 grados, el máximo diario de la serie disponible desde 1979.
El océano absorbe aproximadamente la mayor parte del exceso de calor acumulado por el sistema climático. Cuando mares y atmósfera se calientan, aumenta la cantidad de energía y humedad disponible para determinados fenómenos extremos. El propio informe citado, señala que mares más calientes pueden transferir más vapor de agua a la atmósfera y favorecer precipitaciones excepcionalmente intensas.
En las montañas ocurre otra manifestación del mismo desequilibrio energético: retroceden los glaciares, se descongela el terreno permanentemente helado y aparecen nuevas zonas inestables.
El Himalaya como laboratorio de un planeta más cálido Lo ocurrido en Nepal y Tíbet no demuestra que cada avalancha futura tenga una única explicación climática. La ciencia funciona precisamente evitando esas simplificaciones.
Pero tampoco puede considerarse un acontecimiento aislado de las profundas transformaciones que experimentan las grandes cordilleras. El calentamiento está modificando el hielo que durante siglos estabilizó las montañas. Allí donde desaparece ese hielo pueden aparecer lagos glaciares, paredes rocosas debilitadas, avalanchas y riadas repentinas.
La tragedia del Himalaya muestra así una dimensión particularmente inquietante de la crisis climática: no solamente cambia las temperaturas. Puede modificar físicamente la estabilidad de las montañas bajo nuestros pies.
Fuentes
- Servicio de Cambio Climático de Copernicus / información de El País: datos sobre el récord de temperatura superficial de los océanos, alcanzado el 22 de agosto de 2026, y explicación de la relación entre calentamiento oceánico, energía atmosférica y fenómenos extremos.
- The Guardian, 27 de agosto de 2026: análisis científico del colapso glaciar, la caída aproximada de 1.200 metros, la señal sísmica asociada y el posible papel del calentamiento, el retroceso glaciar y la degradación del permafrost.
- Al Jazeera / Reuters, 27 de agosto de 2026: reconstrucción del fenómeno,





























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