CÓMO "CONSPIRA" LA "GUERRA DE TRUMP" CONTRA LOS HOGARES CANARIOS
La insularidad, la dependencia energética y la debilidad de la producción local convierten cualquier crisis internacional en una amenaza directa para el Archipiélago.
Canarias vive pendiente de un hilo que atraviesa océanos, rutas comerciales y pozos petrolíferos. Cuando ese hilo se tensa en Ormuz, la sacudida termina llegando a los surtidores, los supermercados y las facturas de las familias canarias .Entre Ormuz y la nevera de una familia isleña existe una cadena invisible de petroleros, cargueros, centrales térmicas y empresas distribuidoras. Cuando uno de sus eslabones se rompe, el coste termina pagándolo los sectores de la poblacion mas vulnerable de la sociedad del Archiélago
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
El estrecho de Ormuz puede parecer un escenario remoto, situado a más de siete mil kilómetros de Canarias y asociado a una geopolítica cuyos protagonistas son Irán, Estados Unidos, Israel y las monarquías petroleras del Golfo.
Pero basta seguir el recorrido de un barril de petróleo hasta el depósito de un camión, la sala de máquinas de un buque o una central térmica canaria para comprobar que aquella distancia es engañosa. Ormuz termina desembocando, de una manera u otra, en nuestra cesta de la compra.
Por ese paso marítimo circulaban antes de la actual crisis alrededor de veinte millones de barriles diarios de petróleo y derivados: aproximadamente una quinta parte del consumo mundial y más de una cuarta parte del comercio marítimo de crudo.
También transitaba por allí cerca del 20% del gas natural licuado comercializado internacionalmente. Su cierre y posterior reapertura parcial han demostrado que no es necesario que desaparezca físicamente el combustible para que sus efectos se extiendan por todo el planeta. Basta con que aumenten la incertidumbre, los seguros marítimos, los desvíos de rutas y la especulación para que comiencen a subir los costes.
EL PRECIO INVISIBLE DE LOS FLETES
Canarias no importa directamente todas sus mercancías desde el golfo Pérsico, pero participa de un mercado mundial interconectado. Cuando se encarece el petróleo, aumentan el combustible de los buques, las pólizas de seguro, los costes de almacenamiento y las tarifas del transporte. Las navieras repercuten esos incrementos sobre las empresas importadoras y estas, a su vez, los trasladan al precio final.
En un territorio continental, parte de ese impacto puede amortiguarse mediante el transporte ferroviario, la producción cercana o la sustitución de proveedores. En un archipiélago situado a más de mil kilómetros de la Península, las alternativas son mucho menores. Casi todo lo que consumimos debe llegar por mar o por aire, y aquello que se produce en las islas también depende de fertilizantes, piensos, envases, maquinaria y combustibles importados.
Los más de 20.400 millones de euros en importaciones registrados en Canarias durante los once primeros meses de 2025 ofrecen una medida aproximada de esa exposición. La insularidad no es, por tanto, una simple particularidad geográfica. Dentro del actual modelo económico constituye una estructura permanente de dependencia.
PETRÓLEO PARA PRODUCIR ELECTRICIDAD
La vulnerabilidad aumenta porque Canarias no solo utiliza derivados del petróleo para mover automóviles, camiones, barcos y aviones. También los quema para generar electricidad. Según el ISTAC, el 79,2% de la producción eléctrica del Archipiélago en 2025 procedió de productos petrolíferos, frente a un 20,8% aportado por las energías renovables.
Esto significa que cualquier alteración duradera del mercado internacional del crudo puede recorrer de arriba a abajo toda la economía insular. Aumenta el coste de transportar una caja de tomates, pero también el de mantener refrigerada la mercancía, desalar agua, conservar alimentos, iluminar un comercio o hacer funcionar un hotel. La factura energética se incorpora sucesivamente a cada fase de producción y distribución.
Las rebajas fiscales pueden contener temporalmente una parte del golpe. El Gobierno canario ya ha aplicado tipos cero del IGIC a combustibles y determinados productos básicos, además de devoluciones extraordinarias para agricultores y transportistas. Pero reducir impuestos no elimina la dependencia material ni impide que las compañías situadas en posiciones dominantes protejan sus márgenes.
"CANARIAS SOSTIENE A MÁS DE DOS MILLONES DE HABITANTES Y MILLONES DE TURISTAS SOBRE UNA BASE PRODUCTIVA MUY FRÁGIL, SUBORDINADA AL TRANSPORTE EXTERIOR, A LOS COMBUSTIBLES FÓSILES Y A DECISIONES ADOPTADAS FUERA DE LAS ISLAS"
DE ORMUZ AL SUPERMERCADO
El encarecimiento termina apareciendo en el pan, la leche, la carne, las papas o el café. No solamente porque muchos de esos alimentos lleguen desde fuera, sino porque la producción local tampoco está aislada del mercado mundial. Una granja necesita pienso y electricidad; una explotación agrícola consume agua, fertilizantes y gasóleo; una industria alimentaria requiere envases, refrigeración y transporte.
La expresión “cesta de la compra” puede ocultar, además, una profunda desigualdad. El mismo aumento de veinte euros mensuales representa una molestia para una familia acomodada y la renuncia a otros bienes esenciales para un hogar con ingresos bajos. La inflación no distribuye sus consecuencias proporcionalmente: castiga más a quienes destinan casi todo su salario a vivienda, energía, transporte y alimentación.
Aunque las nóminas suban nominalmente, si lo hacen por debajo de los precios disminuye el salario real. Se cobra más dinero, pero ese dinero permite comprar menos. La crisis energética se convierte así en un mecanismo de transferencia de renta desde trabajadores, pensionistas y pequeños productores hacia los sectores capaces de repercutir costes, conservar beneficios o especular con la escasez.
UN ARCHIPIÉLAGO PENDIENTE DE UN HILO
El problema no nació en el estrecho Ormuz. La crisis simplemente lo ha dejado al descubierto. Canarias sostiene a más de dos millones de habitantes y millones de turistas sobre una base productiva extraordinariamente frágil, subordinada al transporte exterior, a los combustibles fósiles y a decisiones adoptadas fuera de las islas.
Responder únicamente con bonificaciones equivale a subvencionar los síntomas mientras permanece intacta la enfermedad. Reducir esta vulnerabilidad exige planificación pública, reservas estratégicas, control de precios y márgenes en situaciones excepcionales, transporte colectivo, expansión acelerada de las renovables y apoyo decidido a la agricultura y la ganadería destinadas al consumo interno.
Ormuz es hoy el nombre visible de una amenaza. Mañana puede ser otro estrecho, otra guerra o una nueva crisis logística. Lo verdaderamente peligroso es haber construido un Archipiélago donde cualquier sacudida exterior puede viajar, casi sin obstáculos, desde un conflicto lejano hasta la nevera de una familia canaria.
Fuentes: Administración de Información Energética de EE. UU.,
ISTAC: producción eléctrica de Canarias,
y Agencia Tributaria Canaria: medidas por la crisis de Oriente Medio.
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
El estrecho de Ormuz puede parecer un escenario remoto, situado a más de siete mil kilómetros de Canarias y asociado a una geopolítica cuyos protagonistas son Irán, Estados Unidos, Israel y las monarquías petroleras del Golfo.
Pero basta seguir el recorrido de un barril de petróleo hasta el depósito de un camión, la sala de máquinas de un buque o una central térmica canaria para comprobar que aquella distancia es engañosa. Ormuz termina desembocando, de una manera u otra, en nuestra cesta de la compra.
Por ese paso marítimo circulaban antes de la actual crisis alrededor de veinte millones de barriles diarios de petróleo y derivados: aproximadamente una quinta parte del consumo mundial y más de una cuarta parte del comercio marítimo de crudo.
También transitaba por allí cerca del 20% del gas natural licuado comercializado internacionalmente. Su cierre y posterior reapertura parcial han demostrado que no es necesario que desaparezca físicamente el combustible para que sus efectos se extiendan por todo el planeta. Basta con que aumenten la incertidumbre, los seguros marítimos, los desvíos de rutas y la especulación para que comiencen a subir los costes.
EL PRECIO INVISIBLE DE LOS FLETES
Canarias no importa directamente todas sus mercancías desde el golfo Pérsico, pero participa de un mercado mundial interconectado. Cuando se encarece el petróleo, aumentan el combustible de los buques, las pólizas de seguro, los costes de almacenamiento y las tarifas del transporte. Las navieras repercuten esos incrementos sobre las empresas importadoras y estas, a su vez, los trasladan al precio final.
En un territorio continental, parte de ese impacto puede amortiguarse mediante el transporte ferroviario, la producción cercana o la sustitución de proveedores. En un archipiélago situado a más de mil kilómetros de la Península, las alternativas son mucho menores. Casi todo lo que consumimos debe llegar por mar o por aire, y aquello que se produce en las islas también depende de fertilizantes, piensos, envases, maquinaria y combustibles importados.
Los más de 20.400 millones de euros en importaciones registrados en Canarias durante los once primeros meses de 2025 ofrecen una medida aproximada de esa exposición. La insularidad no es, por tanto, una simple particularidad geográfica. Dentro del actual modelo económico constituye una estructura permanente de dependencia.
PETRÓLEO PARA PRODUCIR ELECTRICIDAD
La vulnerabilidad aumenta porque Canarias no solo utiliza derivados del petróleo para mover automóviles, camiones, barcos y aviones. También los quema para generar electricidad. Según el ISTAC, el 79,2% de la producción eléctrica del Archipiélago en 2025 procedió de productos petrolíferos, frente a un 20,8% aportado por las energías renovables.
Esto significa que cualquier alteración duradera del mercado internacional del crudo puede recorrer de arriba a abajo toda la economía insular. Aumenta el coste de transportar una caja de tomates, pero también el de mantener refrigerada la mercancía, desalar agua, conservar alimentos, iluminar un comercio o hacer funcionar un hotel. La factura energética se incorpora sucesivamente a cada fase de producción y distribución.
Las rebajas fiscales pueden contener temporalmente una parte del golpe. El Gobierno canario ya ha aplicado tipos cero del IGIC a combustibles y determinados productos básicos, además de devoluciones extraordinarias para agricultores y transportistas. Pero reducir impuestos no elimina la dependencia material ni impide que las compañías situadas en posiciones dominantes protejan sus márgenes.
"CANARIAS SOSTIENE A MÁS DE DOS MILLONES DE HABITANTES Y MILLONES DE TURISTAS SOBRE UNA BASE PRODUCTIVA MUY FRÁGIL, SUBORDINADA AL TRANSPORTE EXTERIOR, A LOS COMBUSTIBLES FÓSILES Y A DECISIONES ADOPTADAS FUERA DE LAS ISLAS"
DE ORMUZ AL SUPERMERCADO
El encarecimiento termina apareciendo en el pan, la leche, la carne, las papas o el café. No solamente porque muchos de esos alimentos lleguen desde fuera, sino porque la producción local tampoco está aislada del mercado mundial. Una granja necesita pienso y electricidad; una explotación agrícola consume agua, fertilizantes y gasóleo; una industria alimentaria requiere envases, refrigeración y transporte.
La expresión “cesta de la compra” puede ocultar, además, una profunda desigualdad. El mismo aumento de veinte euros mensuales representa una molestia para una familia acomodada y la renuncia a otros bienes esenciales para un hogar con ingresos bajos. La inflación no distribuye sus consecuencias proporcionalmente: castiga más a quienes destinan casi todo su salario a vivienda, energía, transporte y alimentación.
Aunque las nóminas suban nominalmente, si lo hacen por debajo de los precios disminuye el salario real. Se cobra más dinero, pero ese dinero permite comprar menos. La crisis energética se convierte así en un mecanismo de transferencia de renta desde trabajadores, pensionistas y pequeños productores hacia los sectores capaces de repercutir costes, conservar beneficios o especular con la escasez.
UN ARCHIPIÉLAGO PENDIENTE DE UN HILO
El problema no nació en el estrecho Ormuz. La crisis simplemente lo ha dejado al descubierto. Canarias sostiene a más de dos millones de habitantes y millones de turistas sobre una base productiva extraordinariamente frágil, subordinada al transporte exterior, a los combustibles fósiles y a decisiones adoptadas fuera de las islas.
Responder únicamente con bonificaciones equivale a subvencionar los síntomas mientras permanece intacta la enfermedad. Reducir esta vulnerabilidad exige planificación pública, reservas estratégicas, control de precios y márgenes en situaciones excepcionales, transporte colectivo, expansión acelerada de las renovables y apoyo decidido a la agricultura y la ganadería destinadas al consumo interno.
Ormuz es hoy el nombre visible de una amenaza. Mañana puede ser otro estrecho, otra guerra o una nueva crisis logística. Lo verdaderamente peligroso es haber construido un Archipiélago donde cualquier sacudida exterior puede viajar, casi sin obstáculos, desde un conflicto lejano hasta la nevera de una familia canaria.
Fuentes: Administración de Información Energética de EE. UU.,
ISTAC: producción eléctrica de Canarias,
y Agencia Tributaria Canaria: medidas por la crisis de Oriente Medio.


























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