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CUANDO LA VIDA ERA VUESTRA: GARCÍA LORCA Y LA MEMORIA QUE NO PUDIERON BORRAR

"Lorca estuvo relacionado con algunos de los escritores, artistas e intelectuales más importantes"

Federico García Lorca fue mucho más que un gran poeta. Su obra, su compromiso con la cultura popular y su vínculo con la República ayudan a entender también - afirma las razones de quienes quisieron silenciarlo.

Por MAITÉ CAMPILLO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

[Img #94171]  «En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida», escribió Lorca en 1927 en su obra teatral dedicada a Mariana Pineda.

 

Cuando la vida era vuestra incluía la nuestra sin haber nacido

  Lorca, situado en la cima del arte y entrelazado con la intelectualidad revolucionaria de la Generación del 27, participó también en las Misiones Pedagógicas, dejando una emotiva estela docente.

 

   Un siglo después, en su pretensión de borrón, la corriente fascista oficial se atraganta ante la opinión internacional, mientras cierta corriente política frívola intenta salir del paso entre espasmos: «¡Oh, sí, Lorca tenía talento, sí!».

 

  Y el pozo bajo la luna se transforma en espejo. Surgen cientos de dichos y mensajes, apuntes, frases, manuscritos y poemas inéditos, como transportados desde la cueva de Alí Babá. En 2026 parece haberse desatado una fiebre por la inagotable trascendencia y la «hispanidad» de Lorca, mientras se evita señalar con claridad quién le arrebató la alegría de vivir hace noventa años, junto a tantos otros compañeros de vida, amor y muerte compartida.

 

  Otro sector acelera también la marcha de los acontecimientos. Como echando gasolina sobre cada nuevo descubrimiento, va dando nuevas formas al universo vivido por el poeta: se fragmentan coordenadas, compases, acentos, ritmos y arritmias; se recuperan melodías, frases y textos nueve décadas después, y en ocasiones se sacan de contexto fragmentos de sus obras, diálogos y personajes.

 

   Desde otro de esos laberintos aparece ahora una «obra olvidada». Boston se convierte en protagonista del rescate gracias, según se nos dice, a una hispanista. ¡Agüita! Una novela más, además inacabada, para mejor encaje en el siglo y hasta con título: La bola negra. Cuatro hojas presentadas como todo un hallazgo y que podrían transformarse en novela, guion o película.

 

  Se anuncia como una obra destinada a rescatar «causas perdidas» y como un texto de estilo realista, incluso biográfico, relacionado con la homosexualidad y la homofobia.

 

  Se dispara al mismo tiempo el número de documentos, fotografías, libros y cómics. Aparecen decenas de especialistas ante este nuevo renacer del poeta. La investigación va dando forma a nuevos contenidos; los hispanistas del mundo parecen florecer, recuperando los latidos de su hermosa sonrisa, su humor, su dinamismo y su luz rítmica. ¡Y es que el poeta alumbra, y de qué manera!

 

  Pero hay también quienes, al alumbrarlo, transportan al poeta hacia un teatro convertido casi en templo, dejando de soslayo la guerra contra el fascismo y presentando determinados episodios históricos a su manera.

 

  Sacan puntilla al dobladillo y al almidón con aroma a hierbabuena. Hay investigadores estadounidenses que, tras su ejecución, buscan sus amores; también ingleses y otros estudiosos que se suman al fuelle del corazón de su acordeón.

 

  Hay quienes cobran por conferencias sobre el poeta; surgen libros, editoriales y series. ¡Se trata de fomentar la oferta y la demanda: vendo, vendo, quién me compra!

 

  También aparecen quienes se mantienen en el hilo del equilibrista entre el «sí quiero» y la pesadilla histórica. De ahí nacen grandes ofertas para crear un Lorca que quizá nunca existió, pero que ahora, según se nos dice, pertenece a todos: amor, amor con mucha y ninguna razón; historias de amor, relaciones inventadas, besos que nunca se dieron, amores que mantuvo o no mantuvo, amor poeta, amor brujo, amor arrebatado por «el rubio de Albacete», amor por encima y por debajo de la alfombra de la escena, detrás de los telones y del apagón.

 

Lorca, Teresa León, Alberti, Pablo Neruda...

  Se le atribuye como «frase famosa» una expresión sacada del guion de uno de los personajes de su primera obra teatral:

 

  «Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar».

 

  El texto pertenece al personaje Curianito el Nene, un insecto sabio y poético de la trama de El maleficio de la mariposa, estrenada en 1920 en el Teatro Eslava de Madrid.

 

  La obra trata sobre un amor imposible entre una mariposa con el ala rota y un joven escarabajo. Lorca mezcla en ella insectos y reflexiones sobre la frustración y el destino, en una obra poco afortunada en su estreno.

 

  Leer a Lorca profundamente nos hará más inteligentes y también más respetuosos con su verdadera obra, con su personalidad y con sus sentimientos.

 

  ¡Corre, Federico, escapa! ¡Un pelotón llega anunciando tu muerte temprana!

 

  Voces rotas irrumpen en la calle, veneno en la lengua, puños de acero, balas en cartuchera, navajas de punta fina.

 

  Y no son aves de las montañas de Granada, de Sierra Nevada, ni de las ramas del limonero o de los olivares y campos de cosecha, ni soles y nieves cantando al poeta de la República y del Teatro Universitario.

 

  Van vestidos de negro porque negra es su sangre y negra su calavera. Ojos, camisa vieja y azul falange: todo lo que tocan lo descomponen.

 

  Negra estela, negros pasos en sombra, carroña y vampiros de la vida de los poetas y de las Misiones Pedagógicas.

 

  ¡Corre, Federico, que te alcanzan, que te cortan la vida y una obra culta, creativa e intensa!

 

  Fuente Vaqueros, 5 de junio de 1898 – camino de Víznar a Alfacar, Granada, agosto de 1936.

 

  Amor, compromiso y esperanza de los pueblos. Prosista y dramaturgo. Autor de obras de denuncia como Mariana Pineda, de obras musicales, textos para niños y jóvenes y coplas populares.

 

   Vestido de buzo, con «el mono azul» de trabajo, obrero e ingeniero del verso, Lorca fue director y fundador de La Barraca. Ese teatro ambulante, desplazado hacia zonas rurales desfavorecidas, reflejó su compromiso social y cultural.

 

  Su extensa y profunda obra poética y dramatúrgica mostró también una gran empatía y una sensibilidad popular hacia los derechos y la justicia social.

 

  Lorca y Eduardo Ugarte, dramaturgos y directores de La Barraca, hicieron del teatro un espejo social. En sus obras y tragedias exploraron los conflictos internos de sus personajes y las tensiones de la sociedad.

 

  En su llamada trilogía rural encontramos Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936). Impregnadas de lirismo trágico, abordan cuestiones como el «honor», la represión, el deseo y la lucha contra las normas sociales opresivas, con una especial sensibilidad hacia la mujer marginada y anulada en aquella España rural.

 

  Con la instauración de la II República, en abril de 1931, comienza una nueva etapa para Lorca.

  

Codirige junto a Eduardo Ugarte La Barraca, el Teatro Universitario, que lleva a distintos lugares obras del Siglo de Oro de Calderón de la Barca, Lope de Vega o Miguel de Cervantes. El proyecto estuvo respaldado por el Ministerio de Instrucción Pública durante la etapa de Fernando de los Ríos.

 

  Pero el cielo se desgarra. Tras el telón se multiplican los nubarrones.

 

  El golpe de Estado fascista trajo consigo el fusilamiento de Lorca y también el final de aquel importante proyecto social y cultural.

 

  Lorca estuvo relacionado con algunos de los escritores, artistas e intelectuales más importantes de aquellos años: Luis Buñuel, Rafael Alberti, Salvador Dalí y muchos otros vinculados al intenso ambiente cultural de la época.

 

  Fue un poeta comprometido con los acontecimientos históricos, con el pueblo y con su cultura. Tampoco permaneció ajeno a las grandes transformaciones políticas de su tiempo ni a la experiencia surgida de la Revolución Bolchevique.

 

  Participó en la Asociación de Amigos de la Unión Soviética junto a numerosos intelectuales y artistas de la época, entre ellos Joaquín Arderíus, Luis Bagaría, Ramón J. Sender, Ramón del Valle-Inclán o Antonio Machado.

 

  Tras su asesinato, los pueblos levantados en armas contra el fascismo internacional continuaron combatiendo.

 

  En 1939 fueron finalmente asfixiados los días de aquella República impregnada de ilusiones y esperanzas. La resistencia de un pueblo en armas conmovió al mundo.

 

  Y llegó la noche más larga. La noche más oscura.

 

  Una guerra cuyas consecuencias no terminaron en 1939 y cuyos culatazos todavía persisten.

 

  La represión continuó durante toda la dictadura. El 27 de septiembre de 1975, pocas semanas antes de la muerte de Franco, fueron fusilados cinco jóvenes militantes de ETA y del FRAP.

 

  El franquismo mantuvo centenares de campos de concentración desde los primeros tiempos de la dictadura. Por ellos pasaron cientos de miles de hombres y mujeres, sometidos a encarcelamiento, humillaciones, torturas y ejecuciones.

 

  Plazas de toros, estadios, cárceles, edificios públicos y religiosos fueron utilizados para encerrar a republicanos y opositores.

 

  A esa represión se sumaron los pelotones de fusilamiento, las cárceles, las celdas de castigo, el aislamiento, el hambre y la ausencia de atención sanitaria. Ahí permanece también la muerte lenta de Miguel Hernández y la de tantos otros.

 

  Está asimismo la carretera de Málaga a Almería, en febrero de 1937, donde miles de personas que huían de las tropas franquistas fueron atacadas.

 

  Y está Badajoz, en agosto de 1936, otro de los grandes episodios de la represión.

 

  María de la Luz Mejías Correa, antigua miliciana de la Juventud Socialista Unificada, recordaba muchos años después aquella matanza y la sangre corriendo por las calles de la ciudad. Recordaba los fusilamientos en distintos puntos de Badajoz, en la plaza de toros y junto a las paredes del cementerio.

 

  Aquella fue la España en la que asesinaron a Federico García Lorca.

 

 Y ése es también el contexto histórico que no debería desaparecer cuando hoy se recupera, interpreta, publica o comercializa su figura.

 

(*) Maité Campillo es actriz y directora de Teatro Indoamericano Hatuey.

 

 
 
 
 
 
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