EL CAMBIO CLIMÁTICO EXISTE… Y EL "NEGOCIO VERDE" TAMBIÉN
¿Cómo puede ser el calentamiento global una evidencia científica y, al mismo tiempo, una fabulosa oportunidad de negocio para bancos, fondos y multinacionales?
El cambio climático no es una invención de ecologistas ni una "conspiración internacional". Pero alrededor de esta amenaza real crece un mercado gigantesco en el que Bancos, fondos y multinacionales intentan transformar la catástrofe y sus posibles soluciones en nuevas fuentes de beneficios.
POR M. MENAYA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Negar el cambio climático porque existen empresas que obtienen fabulosos beneficios con la llamada transición energética tiene tan poco sentido como negar la enfermedad porque las gigantescas corporaciones e industrias farmacéuticas ganan dinero vendiendo medicamentos.
Son dos realidades distintas que pueden y deben analizarse simultáneamente. El calentamiento global provocado por la actividad humana constituye una evidencia científica abrumadora. Al mismo tiempo, gobiernos, bancos, fondos de inversión y grandes corporaciones intentan convertir la respuesta a esa amenaza en una nueva fuente de beneficios privados.
Entre los terraplanistas digitales, el trumpismo y determinados sectores de la derecha española se ha extendido una falsa disyuntiva: o se acepta el cambio climático y todas las políticas aplicadas en su nombre, o se rechazan ambas cosas como partes de una gigantesca conspiración. Sin embargo, es perfectamente posible reconocer la gravedad de la crisis climática y denunciar, a la vez, los fabulosos negocios que se estan organizando alrededor de ella.
UNA REALIDAD QUE NO DEPENDE DE OPINIONES
El clima de la Tierra siempre ha experimentado transformaciones. Lo verdaderamente excepcional no es que cambie, sino la velocidad y la causa del calentamiento actual. Desde la Revolución Industrial, la utilización masiva de carbón, petróleo y gas ha aumentado extraordinariamente la concentración atmosférica de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero.
Estos gases funcionan como una manta: permiten la entrada de la radiación solar, pero dificultan que una parte del calor acumulado escape al espacio. El mecanismo se conoce desde el siglo XIX y puede medirse perfectamente mediante satélites, estaciones meteorológicas, boyas oceánicas, análisis del hielo polar y registros de temperaturas.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sostiene que las actividades humanas han causado “inequívocamente” el calentamiento global. La temperatura media de la superficie terrestre aumentó alrededor de 1,1 grados entre 1850-1900 y 2011-2020. No se trata de una encuesta entre científicos ni de una preferencia ideológica, sino del resultado acumulado de miles de investigaciones sometidas a rigurosa revisión. IPCC
Un invierno frío en Madrid, una nevada o varios días de lluvia no refutan esa conclusión. El tiempo atmosférico describe lo que sucede durante unas horas, días o semanas en un lugar concreto. El clima estudia tendencias prolongadas y grandes áreas geográficas. Confundir ambas cosas equivale a negar que la población está envejeciendo porque ayer nació un niño.
EUROPA, ANTE EL ESPEJO DEL CALENTAMIENTO
Los incendios que han arrasado amplias superficies de España y Francia no pueden atribuirse mecánicamente al cambio climático. Un fuego puede comenzar por una negligencia, un accidente, una acción intencionada o una infraestructura defectuosa. Pero el calentamiento crea condiciones que facilitan su propagación: temperaturas más elevadas, vegetación reseca, baja humedad y olas de calor más prolongadas.
Por eso, afirmar que el cambio climático agrava los incendios no significa sostener que enciende cada cerilla. Significa que transforma el territorio en un combustible mucho más inflamable y permite que fuegos ordinarios alcancen dimensiones extraordinarias.
Copernicus ha constatado que Europa se calienta más del doble de rápido que el promedio mundial. En 2025, al menos el 95% del continente registró temperaturas superiores a la media, mientras las olas de calor, la pérdida de nieve y el retroceso de los glaciares continuaron avanzando. Copernicus
La sequía del Danubio proporciona otra imagen difícil de esconder bajo la alfombra. Sus niveles descendieron en 2026 hasta mínimos históricos, perjudicando la navegación y reduciendo el agua disponible para refrigerar centrales nucleares. Hungría y Rumanía tuvieron que disminuir drásticamente la producción eléctrica y adoptar medidas de emergencia. El problema demuestra que el cambio climático no afecta solamente a bosques o animales: compromete infraestructuras, industrias, transportes, cosechas y sistemas energéticos enteros.
EL NEGACIONISMO COMO DEFENSA DE INTERESES
Donald Trump ha convertido el rechazo de la ciencia climática en una pieza de su programa político. No es una extravagancia aislada. El conjunto de la economía estadounidense mantiene fuertes vínculos con las industrias petrolera y gasística, que poseen enormes inversiones, redes de influencia y capacidad para financiar campañas políticas.
Algo parecido sucede con una buena parte de la derecha española. Su discurso mezcla dudas científicas, rechazo a las regulaciones ambientales, defensa del automóvil privado y hostilidad hacia cualquier limitación de determinadas actividades económicas. El objetivo no consiste tanto en demostrar que el calentamiento es falso como en impedir medidas que puedan afectar a intereses empresariales concretos.
El negacionismo cumple así una función material: retrasa decisiones, confunde a la población y desplaza la discusión. En lugar de debatir quiénes son los deben pagar la transición, qué sectores deben reducir emisiones y cómo proteger a los trabajadores, se vuelve a discutir interminablemente si el problema existe.
CUANDO LA CATÁSTROFE SE CONVIERTE EN MERCADO
Ahora bien, reconocer esas maniobras no obliga a aceptar como bondadosa cualquier política presentada bajo una etiqueta verde. El capitalismo posee una extraordinaria capacidad para transformar las necesidades humanas y hasta las catástrofes en oportunidades de inversión.
La Agencia Internacional de la Energía calculó que en 2025 se destinarían alrededor de 2,2 billones de dólares a tecnologías consideradas limpias: renovables, redes eléctricas, baterías, eficiencia energética y vehículos eléctricos. Es una inversión necesaria para abandonar los combustibles fósiles, pero también representa un inmenso territorio para bancos, fabricantes, constructoras y fondos financieros.( Agencia Internacional de la Energía)
A ello se añaden los mercados de carbono, donde los permisos para emitir gases contaminantes pueden comprarse y venderse. El sistema europeo ha contribuido a reducir emisiones en determinados sectores, pero también ha creado activos negociables y espacios para la intermediación financiera. Desde 2013, las subastas de derechos de emisión han generado más de 230.000 millones de euros. (Comisión Europea)
El problema aparece cuando reducir efectivamente la contaminación queda subordinado a garantizar rentabilidades. Una empresa puede presentarse como “neutral en carbono” comprando compensaciones, mientras mantiene una parte sustancial de sus emisiones. También puede añadir palabras como “verde”, “natural” o “sostenible” a sus productos sin modificar profundamente su actividad. Un estudio de la misma Comisión Europea determinó que el 53,3% de las alegaciones ambientales examinadas eran vagas, engañosas o infundadas. ( Comisión Europea)
NEGOCIOS VERDES Y COMBUSTIBLES FÓSILES
La contradicción más reveladora es que el capital invierte simultáneamente en la transición y en la prolongación del problema. Mientras crecen las energías renovables, durante 2025 todavía se destinaron aproximadamente 1,1 billones de dólares al petróleo, el gas y el carbón.
El Fondo Monetario Internacional calculó, además, que los combustibles fósiles recibieron en 2024 unos 725.000 millones de dólares en subsidios fiscales directos. Si se incorporan los costes ambientales, climáticos y sanitarios que las empresas trasladan al conjunto de la sociedad, la cifra asciende a 6,7 billones. Fondo Monetario Internacional
No estamos, por tanto, ante una conspiración para inventar el calentamiento, sino ante una lucha por controlar los negocios que genera la respuesta a una amenaza real. Algunos capitales ganan prolongando la dependencia del petróleo; otros, financiando parques solares, baterías o automóviles eléctricos. Y grandes corporaciones participan frecuentemente en ambos campos.
NI NEGACIONISMO NI LAVADO VERDE
La alternativa racional no consiste en elegir entre Trump y las multinacionales que pintan de verde sus balances. Consiste en someter la transición ecológica a criterios científicos, democráticos y sociales.
La energía, el agua, el transporte y la protección de los ecosistemas no deberían organizarse únicamente según la rentabilidad privada. La reconversión debe obligar a pagar más a quienes más han contaminado, proteger a los trabajadores de los sectores afectados y evitar que el coste recaiga sobre las familias con menos recursos.
El cambio climático es una evidencia. Los negocios construidos a su alrededor también. Negar la primera beneficia a la industria fósil; ignorar los segundos entrega la solución a los mismos intereses económicos que contribuyeron a crear el problema.
La tarea no consiste en escoger entre dos engaños, sino combatir simultáneamente la destrucción climática y su aprovechamiento mercantil.
FUENTES CONSULTADAS:
- Agencia Internacional de la Energía, «World Energy Investment 2025», datos sobre inversiones mundiales en energías limpias y combustibles fósiles.
- Comisión Europea, «About the EU Emissions Trading System», funcionamiento y resultados del mercado europeo de derechos de emisión.
- Comisión Europea, «Auctioning of allowances», ingresos obtenidos mediante la subasta de derechos de emisión.
- Comisión Europea, «Enabling sustainable choices and ending greenwashing», estudio sobre afirmaciones ambientales vagas, engañosas o carentes de pruebas.
- Fondo Monetario Internacional, «Fossil Fuel Subsidies», estimaciones sobre subvenciones directas e indirectas a los combustibles fósiles.
POR M. MENAYA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Negar el cambio climático porque existen empresas que obtienen fabulosos beneficios con la llamada transición energética tiene tan poco sentido como negar la enfermedad porque las gigantescas corporaciones e industrias farmacéuticas ganan dinero vendiendo medicamentos.
Son dos realidades distintas que pueden y deben analizarse simultáneamente. El calentamiento global provocado por la actividad humana constituye una evidencia científica abrumadora. Al mismo tiempo, gobiernos, bancos, fondos de inversión y grandes corporaciones intentan convertir la respuesta a esa amenaza en una nueva fuente de beneficios privados.
Entre los terraplanistas digitales, el trumpismo y determinados sectores de la derecha española se ha extendido una falsa disyuntiva: o se acepta el cambio climático y todas las políticas aplicadas en su nombre, o se rechazan ambas cosas como partes de una gigantesca conspiración. Sin embargo, es perfectamente posible reconocer la gravedad de la crisis climática y denunciar, a la vez, los fabulosos negocios que se estan organizando alrededor de ella.
UNA REALIDAD QUE NO DEPENDE DE OPINIONES
El clima de la Tierra siempre ha experimentado transformaciones. Lo verdaderamente excepcional no es que cambie, sino la velocidad y la causa del calentamiento actual. Desde la Revolución Industrial, la utilización masiva de carbón, petróleo y gas ha aumentado extraordinariamente la concentración atmosférica de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero.
Estos gases funcionan como una manta: permiten la entrada de la radiación solar, pero dificultan que una parte del calor acumulado escape al espacio. El mecanismo se conoce desde el siglo XIX y puede medirse perfectamente mediante satélites, estaciones meteorológicas, boyas oceánicas, análisis del hielo polar y registros de temperaturas.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sostiene que las actividades humanas han causado “inequívocamente” el calentamiento global. La temperatura media de la superficie terrestre aumentó alrededor de 1,1 grados entre 1850-1900 y 2011-2020. No se trata de una encuesta entre científicos ni de una preferencia ideológica, sino del resultado acumulado de miles de investigaciones sometidas a rigurosa revisión. IPCC
Un invierno frío en Madrid, una nevada o varios días de lluvia no refutan esa conclusión. El tiempo atmosférico describe lo que sucede durante unas horas, días o semanas en un lugar concreto. El clima estudia tendencias prolongadas y grandes áreas geográficas. Confundir ambas cosas equivale a negar que la población está envejeciendo porque ayer nació un niño.
EUROPA, ANTE EL ESPEJO DEL CALENTAMIENTO
Los incendios que han arrasado amplias superficies de España y Francia no pueden atribuirse mecánicamente al cambio climático. Un fuego puede comenzar por una negligencia, un accidente, una acción intencionada o una infraestructura defectuosa. Pero el calentamiento crea condiciones que facilitan su propagación: temperaturas más elevadas, vegetación reseca, baja humedad y olas de calor más prolongadas.
Por eso, afirmar que el cambio climático agrava los incendios no significa sostener que enciende cada cerilla. Significa que transforma el territorio en un combustible mucho más inflamable y permite que fuegos ordinarios alcancen dimensiones extraordinarias.
Copernicus ha constatado que Europa se calienta más del doble de rápido que el promedio mundial. En 2025, al menos el 95% del continente registró temperaturas superiores a la media, mientras las olas de calor, la pérdida de nieve y el retroceso de los glaciares continuaron avanzando. Copernicus
La sequía del Danubio proporciona otra imagen difícil de esconder bajo la alfombra. Sus niveles descendieron en 2026 hasta mínimos históricos, perjudicando la navegación y reduciendo el agua disponible para refrigerar centrales nucleares. Hungría y Rumanía tuvieron que disminuir drásticamente la producción eléctrica y adoptar medidas de emergencia. El problema demuestra que el cambio climático no afecta solamente a bosques o animales: compromete infraestructuras, industrias, transportes, cosechas y sistemas energéticos enteros.
EL NEGACIONISMO COMO DEFENSA DE INTERESES
Donald Trump ha convertido el rechazo de la ciencia climática en una pieza de su programa político. No es una extravagancia aislada. El conjunto de la economía estadounidense mantiene fuertes vínculos con las industrias petrolera y gasística, que poseen enormes inversiones, redes de influencia y capacidad para financiar campañas políticas.
Algo parecido sucede con una buena parte de la derecha española. Su discurso mezcla dudas científicas, rechazo a las regulaciones ambientales, defensa del automóvil privado y hostilidad hacia cualquier limitación de determinadas actividades económicas. El objetivo no consiste tanto en demostrar que el calentamiento es falso como en impedir medidas que puedan afectar a intereses empresariales concretos.
El negacionismo cumple así una función material: retrasa decisiones, confunde a la población y desplaza la discusión. En lugar de debatir quiénes son los deben pagar la transición, qué sectores deben reducir emisiones y cómo proteger a los trabajadores, se vuelve a discutir interminablemente si el problema existe.
CUANDO LA CATÁSTROFE SE CONVIERTE EN MERCADO
Ahora bien, reconocer esas maniobras no obliga a aceptar como bondadosa cualquier política presentada bajo una etiqueta verde. El capitalismo posee una extraordinaria capacidad para transformar las necesidades humanas y hasta las catástrofes en oportunidades de inversión.
La Agencia Internacional de la Energía calculó que en 2025 se destinarían alrededor de 2,2 billones de dólares a tecnologías consideradas limpias: renovables, redes eléctricas, baterías, eficiencia energética y vehículos eléctricos. Es una inversión necesaria para abandonar los combustibles fósiles, pero también representa un inmenso territorio para bancos, fabricantes, constructoras y fondos financieros.( Agencia Internacional de la Energía)
A ello se añaden los mercados de carbono, donde los permisos para emitir gases contaminantes pueden comprarse y venderse. El sistema europeo ha contribuido a reducir emisiones en determinados sectores, pero también ha creado activos negociables y espacios para la intermediación financiera. Desde 2013, las subastas de derechos de emisión han generado más de 230.000 millones de euros. (Comisión Europea)
El problema aparece cuando reducir efectivamente la contaminación queda subordinado a garantizar rentabilidades. Una empresa puede presentarse como “neutral en carbono” comprando compensaciones, mientras mantiene una parte sustancial de sus emisiones. También puede añadir palabras como “verde”, “natural” o “sostenible” a sus productos sin modificar profundamente su actividad. Un estudio de la misma Comisión Europea determinó que el 53,3% de las alegaciones ambientales examinadas eran vagas, engañosas o infundadas. ( Comisión Europea)
NEGOCIOS VERDES Y COMBUSTIBLES FÓSILES
La contradicción más reveladora es que el capital invierte simultáneamente en la transición y en la prolongación del problema. Mientras crecen las energías renovables, durante 2025 todavía se destinaron aproximadamente 1,1 billones de dólares al petróleo, el gas y el carbón.
El Fondo Monetario Internacional calculó, además, que los combustibles fósiles recibieron en 2024 unos 725.000 millones de dólares en subsidios fiscales directos. Si se incorporan los costes ambientales, climáticos y sanitarios que las empresas trasladan al conjunto de la sociedad, la cifra asciende a 6,7 billones. Fondo Monetario Internacional
No estamos, por tanto, ante una conspiración para inventar el calentamiento, sino ante una lucha por controlar los negocios que genera la respuesta a una amenaza real. Algunos capitales ganan prolongando la dependencia del petróleo; otros, financiando parques solares, baterías o automóviles eléctricos. Y grandes corporaciones participan frecuentemente en ambos campos.
NI NEGACIONISMO NI LAVADO VERDE
La alternativa racional no consiste en elegir entre Trump y las multinacionales que pintan de verde sus balances. Consiste en someter la transición ecológica a criterios científicos, democráticos y sociales.
La energía, el agua, el transporte y la protección de los ecosistemas no deberían organizarse únicamente según la rentabilidad privada. La reconversión debe obligar a pagar más a quienes más han contaminado, proteger a los trabajadores de los sectores afectados y evitar que el coste recaiga sobre las familias con menos recursos.
El cambio climático es una evidencia. Los negocios construidos a su alrededor también. Negar la primera beneficia a la industria fósil; ignorar los segundos entrega la solución a los mismos intereses económicos que contribuyeron a crear el problema.
La tarea no consiste en escoger entre dos engaños, sino combatir simultáneamente la destrucción climática y su aprovechamiento mercantil.
FUENTES CONSULTADAS:
- Agencia Internacional de la Energía, «World Energy Investment 2025», datos sobre inversiones mundiales en energías limpias y combustibles fósiles.
- Comisión Europea, «About the EU Emissions Trading System», funcionamiento y resultados del mercado europeo de derechos de emisión.
- Comisión Europea, «Auctioning of allowances», ingresos obtenidos mediante la subasta de derechos de emisión.
- Comisión Europea, «Enabling sustainable choices and ending greenwashing», estudio sobre afirmaciones ambientales vagas, engañosas o carentes de pruebas.
- Fondo Monetario Internacional, «Fossil Fuel Subsidies», estimaciones sobre subvenciones directas e indirectas a los combustibles fósiles.



























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