EL HOSPITAL INSULAR DE LANZAROTE Y EL “FOLLÓN” QUE EL PRESIDENTE DEL CABILDO PREFIERE NO VER
Respuesta de la Plataforma en Defensa del Hospital Insular a Oswaldo Betancort
Las declaraciones del presidente del Cabildo de Lanzarote, Oswaldo Betancort, asegurando que en torno al Hospital Insular “nunca ha habido” realmente un conflicto y acusando de “tergiversar la información” han provocado la respuesta inmediata de la Plataforma en Defensa de este hospital.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
El Hospital Insular de Lanzarote, en las islas canarias, desarrolla una atención especializada a personas mayores que incluye hospitalización geriátrica, unidades de agudos, media y larga estancia, rehabilitación, hospital de día, consultas externas y atención domiciliaria. Su Unidad Geriátrica obtuvo además acreditación docente para la formación especializada en 1999.
El Servicio Canario de la Salud sostiene que las instalaciones necesitan una reforma integral y que mantener allí la actividad asistencial no resulta aconsejable por razones de seguridad. Su solución consiste en trasladar pacientes, profesionales y servicios al denominado Edificio Polivalente, situado junto al Hospital Universitario Doctor José Molina Orosa, también en Lanzarote. La Consejería de Sanidad asegura que ese traslado permitirá mantener el actual modelo geriátrico. El nuevo espacio contará, según sus previsiones, con hospitalización geriátrica, 52 camas, hospital de día, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, atención domiciliaria y consultas especializadas. En junio, el Gobierno de Canarias anunció además una inversión cercana a los 966.000 euros para finalizar y acondicionar ese edificio antes del traslado. Pero aquí comenzó el conflicto.
Siete mil personas en las calles
La Plataforma en Defensa del Hospital Insular denuncia que trasladar los servicios sin disponer previamente de un proyecto, presupuesto y calendario concreto para rehabilitar el antiguo hospital abre la puerta a que una medida anunciada como temporal termine convirtiéndose en definitiva.
Esta posibilidad movilizó el pasado 20 de junio a unas 7.000 personas por las calles de Arrecife, capital de Lanzarote. La plataforma reunió también 21.426 firmas en defensa de la continuidad del Hospital Insular.
La reivindicación, por tanto, no consiste simplemente en mantener a los pacientes dentro de un determinado edificio. Trabajadores y ciudadanos reclaman conservar una institución hospitalaria especializada y exigen garantías materiales para regresar al centro histórico después de su rehabilitación.
Y esa palabra —garantías— resulta fundamental. El Gobierno asegura que conservará el modelo. La plataforma responde que no basta con una declaración de intenciones: reclama una partida presupuestaria para rehabilitar el Hospital Insular, un proyecto concreto y plazos de ejecución.
Betancort: “Nunca ha habido” un follón
En una entrevista concedida el 2 de septiembre a Crónicas Radio, el presidente del Cabildo de Lanzarote, Oswaldo Betancort fue preguntado directamente: “¿Se acabó ya el follón del Hospital Insular?”.
“Nunca lo ha habido”, respondió inicialmente, aunque inmediatamente reconoció que sí había existido controversia y atribuyó buena parte de ella a una supuesta voluntad de “tergiversar la información”.
El presidente aseguró que el Cabildo quiere buscar soluciones dentro de lo que permite la normativa y recordó que la Presidencia insular ha puesto 500.000 euros a disposición para afrontar el problema. El dirigente de Coalición Canaria, que gobierna la institución insular junto al Partido Popular, defendió también que los equipos responsables del Hospital Insular y del Molina Orosa estaban coordinándose para realizar el traslado y sostuvo que pacientes y profesionales disfrutarán de unas condiciones adecuadas. Según Betancort, una vez realizado el cambio y comprobado que “no pasará nada”, desaparecerá el miedo que, en su opinión, algunos están fomentando.
La plataforma responde: el conflicto sí existe
La contestación de la Plataforma en Defensa del Hospital Insular ha sido contundente. Su primera respuesta consiste precisamente en recordar las dimensiones de la protesta: miles de personas en la calle y decenas de miles de firmas. Frente a la afirmación de que se habría tergiversado la información, el colectivo insiste en que habla desde el conocimiento profesional y la experiencia acumulada en geriatría.
La plataforma sostiene, asimismo, que nadie se ha sentado con sus representantes para negociar el futuro del centro y afirma que el equipo directivo del Hospital Insular ha sido apartado de las decisiones relativas al traslado. También cuestiona que las instalaciones previstas en el Edificio Polivalente respondan adecuadamente a las necesidades específicas de los pacientes geriátricos.
Sobre todo, vuelve a colocar encima de la mesa las tres exigencias que resumen toda su posición: “partida presupuestaria, proyecto y plazos”.
Es decir: dinero reservado para rehabilitar el Hospital Insular, un proyecto que determine cómo hacerlo y un calendario que permita saber cuándo podrían regresar allí sus servicios.
La plataforma llega incluso a acusar a las administraciones de querer acelerar el traslado por razones electorales, una interpretación política que las fuentes oficiales consultadas no acreditan y que debe entenderse como una denuncia del colectivo, no como un hecho probado.
El Gobierno canario afirma que el edificio actual necesita una reforma integral y garantiza que el modelo geriátrico continuará en las nuevas instalaciones. La plataforma no niega que existan problemas estructurales. Lo que cuestiona es trasladar primero la actividad sin que exista simultáneamente una garantía presupuestaria y temporal suficientemente concreta para rehabilitar el antiguo hospital.
El conflicto revela así una cuestión que supera los muros del centro: quién decide sobre los servicios públicos y qué capacidad tienen trabajadores, pacientes y ciudadanía para intervenir en decisiones que afectan directamente a sus condiciones de vida.
Cuando 7.000 personas se manifiestan en una isla de las dimensiones de Lanzarote y más de 20.000 respaldan una reivindicación con su firma, difícilmente puede afirmarse que el conflicto nunca haya existido. Otra cosa es discutir cuáles son sus causas y cuál debe ser su solución.
La Plataforma en Defensa del Hospital Insular ha dejado claro que no considera cerrado ese debate y promete continuar movilizándose incluso si se consuma el traslado.
Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
El Hospital Insular de Lanzarote, en las islas canarias, desarrolla una atención especializada a personas mayores que incluye hospitalización geriátrica, unidades de agudos, media y larga estancia, rehabilitación, hospital de día, consultas externas y atención domiciliaria. Su Unidad Geriátrica obtuvo además acreditación docente para la formación especializada en 1999.
El Servicio Canario de la Salud sostiene que las instalaciones necesitan una reforma integral y que mantener allí la actividad asistencial no resulta aconsejable por razones de seguridad. Su solución consiste en trasladar pacientes, profesionales y servicios al denominado Edificio Polivalente, situado junto al Hospital Universitario Doctor José Molina Orosa, también en Lanzarote. La Consejería de Sanidad asegura que ese traslado permitirá mantener el actual modelo geriátrico. El nuevo espacio contará, según sus previsiones, con hospitalización geriátrica, 52 camas, hospital de día, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, atención domiciliaria y consultas especializadas. En junio, el Gobierno de Canarias anunció además una inversión cercana a los 966.000 euros para finalizar y acondicionar ese edificio antes del traslado. Pero aquí comenzó el conflicto.
Siete mil personas en las calles
La Plataforma en Defensa del Hospital Insular denuncia que trasladar los servicios sin disponer previamente de un proyecto, presupuesto y calendario concreto para rehabilitar el antiguo hospital abre la puerta a que una medida anunciada como temporal termine convirtiéndose en definitiva.
Esta posibilidad movilizó el pasado 20 de junio a unas 7.000 personas por las calles de Arrecife, capital de Lanzarote. La plataforma reunió también 21.426 firmas en defensa de la continuidad del Hospital Insular.
La reivindicación, por tanto, no consiste simplemente en mantener a los pacientes dentro de un determinado edificio. Trabajadores y ciudadanos reclaman conservar una institución hospitalaria especializada y exigen garantías materiales para regresar al centro histórico después de su rehabilitación.
Y esa palabra —garantías— resulta fundamental. El Gobierno asegura que conservará el modelo. La plataforma responde que no basta con una declaración de intenciones: reclama una partida presupuestaria para rehabilitar el Hospital Insular, un proyecto concreto y plazos de ejecución.
Betancort: “Nunca ha habido” un follón
En una entrevista concedida el 2 de septiembre a Crónicas Radio, el presidente del Cabildo de Lanzarote, Oswaldo Betancort fue preguntado directamente: “¿Se acabó ya el follón del Hospital Insular?”.
“Nunca lo ha habido”, respondió inicialmente, aunque inmediatamente reconoció que sí había existido controversia y atribuyó buena parte de ella a una supuesta voluntad de “tergiversar la información”.
El presidente aseguró que el Cabildo quiere buscar soluciones dentro de lo que permite la normativa y recordó que la Presidencia insular ha puesto 500.000 euros a disposición para afrontar el problema. El dirigente de Coalición Canaria, que gobierna la institución insular junto al Partido Popular, defendió también que los equipos responsables del Hospital Insular y del Molina Orosa estaban coordinándose para realizar el traslado y sostuvo que pacientes y profesionales disfrutarán de unas condiciones adecuadas. Según Betancort, una vez realizado el cambio y comprobado que “no pasará nada”, desaparecerá el miedo que, en su opinión, algunos están fomentando.
La plataforma responde: el conflicto sí existe
La contestación de la Plataforma en Defensa del Hospital Insular ha sido contundente. Su primera respuesta consiste precisamente en recordar las dimensiones de la protesta: miles de personas en la calle y decenas de miles de firmas. Frente a la afirmación de que se habría tergiversado la información, el colectivo insiste en que habla desde el conocimiento profesional y la experiencia acumulada en geriatría.
La plataforma sostiene, asimismo, que nadie se ha sentado con sus representantes para negociar el futuro del centro y afirma que el equipo directivo del Hospital Insular ha sido apartado de las decisiones relativas al traslado. También cuestiona que las instalaciones previstas en el Edificio Polivalente respondan adecuadamente a las necesidades específicas de los pacientes geriátricos.
Sobre todo, vuelve a colocar encima de la mesa las tres exigencias que resumen toda su posición: “partida presupuestaria, proyecto y plazos”.
Es decir: dinero reservado para rehabilitar el Hospital Insular, un proyecto que determine cómo hacerlo y un calendario que permita saber cuándo podrían regresar allí sus servicios.
La plataforma llega incluso a acusar a las administraciones de querer acelerar el traslado por razones electorales, una interpretación política que las fuentes oficiales consultadas no acreditan y que debe entenderse como una denuncia del colectivo, no como un hecho probado.
El Gobierno canario afirma que el edificio actual necesita una reforma integral y garantiza que el modelo geriátrico continuará en las nuevas instalaciones. La plataforma no niega que existan problemas estructurales. Lo que cuestiona es trasladar primero la actividad sin que exista simultáneamente una garantía presupuestaria y temporal suficientemente concreta para rehabilitar el antiguo hospital.
El conflicto revela así una cuestión que supera los muros del centro: quién decide sobre los servicios públicos y qué capacidad tienen trabajadores, pacientes y ciudadanía para intervenir en decisiones que afectan directamente a sus condiciones de vida.
Cuando 7.000 personas se manifiestan en una isla de las dimensiones de Lanzarote y más de 20.000 respaldan una reivindicación con su firma, difícilmente puede afirmarse que el conflicto nunca haya existido. Otra cosa es discutir cuáles son sus causas y cuál debe ser su solución.
La Plataforma en Defensa del Hospital Insular ha dejado claro que no considera cerrado ese debate y promete continuar movilizándose incluso si se consuma el traslado.





























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