GERMÁN PÍREZ: DE LA OLIMPIADA POPULAR A LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN, PASANDO POR EL QUINTO REGIMIENTO
Su viaje deportivo a Barcelona terminó en el Quinto Regimiento; después llegaron las grandes batallas, los campos franceses, la resistencia, el regreso clandestino y las cárceles de la dictadura
Germán Pírez tenía 22 años y era uno de los mejores ajedrecistas de Canarias cuando embarcó hacia la Olimpiada Popular de Barcelona. Nunca pudo disputar una sola partida. La sublevación militar del 18 de julio de 1936 lo dejó atrapado en territorio republicano y convirtió aquel viaje deportivo en el comienzo de una vida marcada por la guerra, el exilio, la clandestinidad y las cárceles franquistas.
POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
En julio de 1936, Europa debía asistir a dos formas radicalmente opuestas de entender el deporte.
Berlín se preparaba con esmero en la inauguración de los Juegos Olímpicos con los que Adolf Hitler pretendía presentar al Tercer Reich como una nación fuerte, disciplinada y que infundiera respeto.
Barcelona, mientras tanto, organizaba una Olimpiada Popular concebida como una réplica para denunciar aquello que el gran espectáculo alemán trataba de ocultar: la persecución de los judíos, el racismo convertido en ley, la liquidación de las libertades y la preparación de una nueva guerra.
La competición olímpica barcelonesa debía celebrarse entre el 19 y el 26 de julio. Más de 5.000 deportistas de todo el mundo se habían inscrito, aunque algunas previsiones elevaban considerablemente el número de participantes y visitantes esperados. La delegación francesa, con alrededor de 1.500 atletas, era la más numerosa. A ella se sumaban representaciones de más de veinte países, además de equipos de Cataluña, Euskadi y Galicia.
Pero no se trataba simplemente de organizar unos Juegos Olímpicos alternativos. La Olimpiada Popular quería demostrar que el deporte no tenía por qué quedar reservado a las élites, subordinado a los intereses nacionales o convertido en escaparate de la superioridad racial. En sus competiciones tendrían cabida atletas de diferentes niveles, mujeres que apenas encontraban espacios para practicar deporte, trabajadores, deportistas judíos y representantes de pueblos sin Estado o sometidos al colonialismo.
El programa incluía atletismo, natación, fútbol, boxeo, ciclismo, lucha, rugby, remo, pelota vasca, tenis, béisbol y ajedrez. También incorporaba exposiciones, bailes, canciones y manifestaciones folclóricas.
Pau Casals ensayaba la Novena Sinfonía de Beethoven para el concierto inaugural. Josep Maria de Sagarra había escrito la letra del himno, musicado por Hanns Eisler, compositor alemán exiliado y colaborador de Bertolt Brecht. La cultura, el deporte y el antifascismo debían encontrarse en Montjuïc.
Sin embargo, el evento olimpico no pudo llegar a celebrarse. El golpe militar iniciado el 17 de julio en el Protectorado español de Marruecos alcanzó la Península al día siguiente. Cuando debía comenzar la ceremonia inaugural, Barcelona estaba levantando barricadas y combatiendo a los militares sublevados.
Entre los deportistas que se dirigían hacia aquella Olimpiada frustrada viajaba un joven ajedrecista de Las Palmas de Gran Canaria. Su nombre era Germán Pírez Pérez y todavía no podía saber que el golpe no solo le impediría regresar a su Isla, sino que decidiría el resto de su vida.
EL JOVEN CAMPEÓN DE LAS CANTERAS
Germán Pírez había nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 9 de febrero de 1914. Creció cerca de la playa de Las Canteras, donde nadaba y jugaba al fútbol, pero fue el ajedrez el que terminó absorbiendo sus vigorosas energías juveniles. En aquel universo silencioso encontró un territorio en el que la paciencia, la memoria y la capacidad de anticipar los movimientos del adversario valían más que la fuerza.
En el II Torneo de la Sociedad Ajedrecista y el Gabinete Literario destacó como el jugador más prometedor de Las Palmas. En 1934 conquistó el título concedido por la Sociedad Ajedrecística y comenzó a ser considerado el mejor jugador de Gran Canaria.
No disponemos de constancia de que German realizara algun tipo intensa actividad política anterior al año 1936. Las fuentes lo sitúan, sin embargo, entre los jóvenes republicanos y de izquierdas que contemplaban con preocupación el avance del fascismo europeo y las conspiraciones contra la República española. Su alta calidad deportiva y muy probablemente también sus simpatías políticas explican su selección para representar a Canarias en la Olimpiada Popular.
La expedición ajedrecística canaria era ideológicamente diversa. La integraban jugadores conservadores, católicos y republicanos. Junto a Pírez viajaban, entre otros, Álvaro de Mendizábal, Manrique y Andrés Zamora Lloret. Aquellos hombres iban a disputar partidas. El país que encontraron al llegar ya se encontraba dirimiendo otro tipo de enfrentamientos.
EL BARCO QUE ENTRÓ EN LA GUERRA
La sublevación sorprendió a la expedición olimpica mientras navegaba por el Mediterráneo. Durante horas, el capitán y la tripulación dudaron acerca del rumbo que debían tomar. Se barajó la posibilidad de dirigirse hacia Francia o Argelia, pero finalmente el barco continuó hasta Barcelona, donde pudo atracar el 23 de julio.
La rebelión militar había sido derrotada en esa ciudad, aunque los disparos, las barricadas y edificios seriamente dañados mostraban que la normalidad anterior había desaparecido. La Olimpiada habia quedado suspendida. Algunos deportistas consiguieron abandonar Barcelona y regresar a sus lugares de origen. Para Pírez, sin embargo, retornar a Canarias significaba entrar en un territorio controlado desde el primer momento por los sublevados.
Permaneció en Cataluña junto a Andrés Zamora. Algunas reconstrucciones de la historia del ajedrez canario los sitúan a ambos varias semanas jugando partidas en cafés barceloneses, entre ellos el Bar Núria. Todavía podían esperar que la situación se estabilizara o que se abriera alguna posibilidad de regreso al archipiélago.
En septiembre recibieron una noticia que terminó cortando de raiz con aquellas dudas. El padre de Andrés Zamora, un conocido telegrafista de profesión, había sido asesinado por los falangistas durante su trasladado a la Península.
A partir de ese instante, la guerra dejó de ser para ellos un acontecimiento exterior. Poco después tomaron la decisión de incorporarse a las fuerzas que se organizaban para defender a la República.
DEL TABLERO DE AJEDREZ AL QUINTO REGIMIENTO
Pírez se alistó inicialmente en el Batallón de Milicias Gallegas. Más tarde se trasladó a Madrid, ingresó en el Partido Comunista, incorporándose al Quinto Regimiento de Milicias Populares, la unidad militar impulsada por el PCE que desempeñó un papel decisivo en la organización del Ejército republicano durante los primeros meses de la guerra.
El Quinto Regimiento trató de transformar las milicias surgidas espontáneamente después del golpe en una fuerza disciplinada. No era solo una unidad militar. Contaba con escuelas, bibliotecas, servicios sanitarios, formación técnica y mecanismos de educación política. De sus filas salieron algunos de los mandos más conocidos del Ejército Popular, entre ellos Enrique Líster, Juan Modesto y Valentín González, el Campesino.
Pírez llegó a ejercer responsabilidades como Comisario político en las fuerzas vinculadas al Quinto Regimiento. Esta función no consistía únicamente en transmitir consignas. El comisario debía mantener la cohesión de las unidades, explicar los objetivos de la lucha, atender los conflictos internos y sostener la moral de unos combatientes que, en muchos casos, apenas habían recibido instrucción militar.
Las fuentes históricas lo sitúan en las batallas del Jarama, Brunete, Aragón, Teruel y el Ebro. Conviene precisar, no obstante, que el Quinto Regimiento fue disuelto a comienzos de 1937 para integrarse en el Ejército Popular. Pírez continuó combatiendo después en las unidades regulares surgidas de aquella reorganización, dentro de las fuerzas que terminarían encuadradas en el V Cuerpo de Ejército dirigido por Enrique Líster.
Narraciónes biográficas aseguran que durante la batalla del Ebro formó parte de un grupo de soldados que, gracias a su experiencia como nadadores, cruzó el río con neumáticos inflados para ayudar a tender un paso de cuerdas y tablas. El episodio no ha podido ser constatado mediante documentación militar primaria, pero permaneció unido a su memoria personal.
El joven que había ido a Barcelona a calcular movimientos sobre sesenta y cuatro casillas estaba ahora obligado a anticipar ofensivas, retrocesos y derrotas en un tablero que se extendía desde Madrid hasta el Ebro.
FRANCIA TAMPOCO FUE UN REFUGIO
La caída de la República lo empujó hacia la frontera francesa en 1939. Como cientos de miles de españoles, fue encerrado en los campos de concentracion improvisados por las autoridades francesas, donde los refugiados soportaron hambre, frío, enfermedades, así como una vigilancia humillante.
Pírez pasó por diferentes campos de concentración, protagonizó fugas y terminó participando en la resistencia contra la ocupación alemana y el régimen colaboracionista de Vichy. La información de la que disponemos no nos permite reconstruir con precisión cada episodio de aquellos años, pero las fuentes coinciden en aspectos esenciales: aquel combatiente republicano continuó en Francia la lucha contra el mismo fascismo que había pretendido denunciar la Olimpiada de Barcelona.
Detenido por las autoridades francesas, fue entregado a España. Pasó por la prisión de Figueres y por el campo de concentración franquista de Reus antes de conseguir regresar a Gran Canaria a comienzos de 1942.
EL AJEDREZ COMO REFUGIO Y COBERTURA
Pírez volvió a aparecer públicamente como ajedrecista mientras ocultaba su pasado militar y reconstruía sus contactos políticos. Entre 1942 y enero de 1943 disputó un encuentro de quince partidas contra el médico Carlos Rodríguez Lafora. Ganó por ocho victorias frente a seis derrotas y unas tablas, convirtiéndose oficialmente en el primer campeón provincial de Las Palmas.
En 1944 obtuvo un salvoconducto para disputar en Madrid las semifinales del Campeonato de España. La policía vigiló sus movimientos, llegando a sospechar que las partidas podían estarse utilizando para transmitir mensajes clandestinos. Aunque no consta que las piezas sirvieran como código secreto, lo que si se puede afirmar que aquellos viajes deportivos le permitieron establecer contactos con otros nucleos de comunistas que habian podido sobrevivir a la dura represion de los duros "años de plomo" de la dictadura franquista.
El ajedrez constituia al mismo tiempo pasión, refugio y cobertura. Mientras ante el público aparecía como un campeón insular, en la clandestinidad participaba en la reorganización de un PCE brutalmente golpeado por las detenciones, las torturas y los fusilamientos.
LA "LARGA PARTIDA" CONTRA LA DICTADURA
En abril de 1947, la policía acudió a detenerlo en la casa de su madre, cerca de Las Canteras. Pírez pidió poder ir al baño, escapando por una ventana, atravesando una vivienda vecina y consiguiendo alcanzar la calle. Comenzó entonces una existencia clandestina que lo llevó por Tinoca, Moya, el barranco de Azuaje y diferentes refugios proporcionados a traves de la coordinacion de los militantes comunistas.
Junto a Pepe Fariña y otros opositores llegó a estudiar con
detalle la posibilidad de formar un foco guerrillero en el norte de Gran Canaria. Reunieron algunas armas, dinamita y una multicopista con la que imprimirían la propaganda. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a adquirir verdadera capacidad operativa. Después de un chivatazo y de varias detenciones, Pírez volvió a ocultarse. Domingo Santana Armas, militante comunista, conocido como "Domingo Valencia", fallecido hace unos pocos años, fue una de las personas que arriesgaron su libertad para darle protección.
En 1955 fue finalmente capturado y condenado a trece años de prisión. Pasó por las cárceles de Cádiz, Sevilla y Madrid antes de ser encerrado en el penal de El Dueso, en Santoña. Más tarde él mismo se referiría a aquel recorrido con una cierta ironía contenida: había estado haciendo “turismo carcelario”.
Fue indultado en 1957 y regresó a Gran Canaria. Se incorporó inmediatamente a la actividad política y ayudó a incorporar al PCE a una nueva generación de militantes antifranquistas. Nunca abandonó tampoco el ajedrez. En 1961 conquistó el Campeonato Regional de Canarias y confirmó que, después de una guerra, el exilio, los campos y la cárcel, seguía siendo uno de los mejores jugadores del Archipiélago.
German Pirez falleció en Las Palmas de Gran Canaria el 29 de abril de 1992, a los 78 años, afectado por el alzhéimer. En sus últimos años, según quienes lo visitaron, cuentan que se despertaba en ocasiones creyendo que todavía estaba preso. Otras veces regresaban los muertos de la guerra.
Hoy, una calle de la capital isleña lleva el nombre de «Germán Pírez, Ajedrecista». Es un reconocimiento justo, pero claramente insuficiente. Porque Germán Pírez no fue solo un imbatible campeón de ajedrez. Fue también, y sobre todo, durante décadas, un incansable combatiente por las libertades y contra la dictadura; uno de aquellos hombres cuya vida quedó marcada para siempre por el día en que una Olimpiada Popular dedicada a la paz tuvo que suspenderse porque el fascismo había desencadenado la guerra más cruenta de toda la historia de España.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa materia y autor de varios libros, entre ellos el "Gran Reajuste": China, la arrolladora irrupción de la extrema derecha y la reconfiguración del sistema capitalista", de reciente edición.
Fuentes consultadas:
- Programa de la Olimpiada Popular conservado por la Generalitat de Cataluña
- Estudio académico de Russell Physick sobre la Olimpiada Popular
- Luis Alberto Anaya Hernández: Guerra Civil, exilio y resistencia de los canarios
- Rafael González Morera: “Germán Pírez, del maquis a líder del PCE en Canarias”
. Investigación sobre la expedición ajedrecística canaria de 1936
- Partidas y resultado del encuentro Pírez-Lafora de 1942-1943
- Juan José Sosa Suárez, Germán Pírez: dos pasiones, política y ajedrez, Las Palmas de Gran Canaria, 1994.
POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
En julio de 1936, Europa debía asistir a dos formas radicalmente opuestas de entender el deporte.
Berlín se preparaba con esmero en la inauguración de los Juegos Olímpicos con los que Adolf Hitler pretendía presentar al Tercer Reich como una nación fuerte, disciplinada y que infundiera respeto.
Barcelona, mientras tanto, organizaba una Olimpiada Popular concebida como una réplica para denunciar aquello que el gran espectáculo alemán trataba de ocultar: la persecución de los judíos, el racismo convertido en ley, la liquidación de las libertades y la preparación de una nueva guerra.
La competición olímpica barcelonesa debía celebrarse entre el 19 y el 26 de julio. Más de 5.000 deportistas de todo el mundo se habían inscrito, aunque algunas previsiones elevaban considerablemente el número de participantes y visitantes esperados. La delegación francesa, con alrededor de 1.500 atletas, era la más numerosa. A ella se sumaban representaciones de más de veinte países, además de equipos de Cataluña, Euskadi y Galicia.
Pero no se trataba simplemente de organizar unos Juegos Olímpicos alternativos. La Olimpiada Popular quería demostrar que el deporte no tenía por qué quedar reservado a las élites, subordinado a los intereses nacionales o convertido en escaparate de la superioridad racial. En sus competiciones tendrían cabida atletas de diferentes niveles, mujeres que apenas encontraban espacios para practicar deporte, trabajadores, deportistas judíos y representantes de pueblos sin Estado o sometidos al colonialismo.
El programa incluía atletismo, natación, fútbol, boxeo, ciclismo, lucha, rugby, remo, pelota vasca, tenis, béisbol y ajedrez. También incorporaba exposiciones, bailes, canciones y manifestaciones folclóricas.
Pau Casals ensayaba la Novena Sinfonía de Beethoven para el concierto inaugural. Josep Maria de Sagarra había escrito la letra del himno, musicado por Hanns Eisler, compositor alemán exiliado y colaborador de Bertolt Brecht. La cultura, el deporte y el antifascismo debían encontrarse en Montjuïc.
Sin embargo, el evento olimpico no pudo llegar a celebrarse. El golpe militar iniciado el 17 de julio en el Protectorado español de Marruecos alcanzó la Península al día siguiente. Cuando debía comenzar la ceremonia inaugural, Barcelona estaba levantando barricadas y combatiendo a los militares sublevados.
Entre los deportistas que se dirigían hacia aquella Olimpiada frustrada viajaba un joven ajedrecista de Las Palmas de Gran Canaria. Su nombre era Germán Pírez Pérez y todavía no podía saber que el golpe no solo le impediría regresar a su Isla, sino que decidiría el resto de su vida.
EL JOVEN CAMPEÓN DE LAS CANTERAS
Germán Pírez había nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 9 de febrero de 1914. Creció cerca de la playa de Las Canteras, donde nadaba y jugaba al fútbol, pero fue el ajedrez el que terminó absorbiendo sus vigorosas energías juveniles. En aquel universo silencioso encontró un territorio en el que la paciencia, la memoria y la capacidad de anticipar los movimientos del adversario valían más que la fuerza.
En el II Torneo de la Sociedad Ajedrecista y el Gabinete Literario destacó como el jugador más prometedor de Las Palmas. En 1934 conquistó el título concedido por la Sociedad Ajedrecística y comenzó a ser considerado el mejor jugador de Gran Canaria.
No disponemos de constancia de que German realizara algun tipo intensa actividad política anterior al año 1936. Las fuentes lo sitúan, sin embargo, entre los jóvenes republicanos y de izquierdas que contemplaban con preocupación el avance del fascismo europeo y las conspiraciones contra la República española. Su alta calidad deportiva y muy probablemente también sus simpatías políticas explican su selección para representar a Canarias en la Olimpiada Popular.
La expedición ajedrecística canaria era ideológicamente diversa. La integraban jugadores conservadores, católicos y republicanos. Junto a Pírez viajaban, entre otros, Álvaro de Mendizábal, Manrique y Andrés Zamora Lloret. Aquellos hombres iban a disputar partidas. El país que encontraron al llegar ya se encontraba dirimiendo otro tipo de enfrentamientos.
EL BARCO QUE ENTRÓ EN LA GUERRA
La sublevación sorprendió a la expedición olimpica mientras navegaba por el Mediterráneo. Durante horas, el capitán y la tripulación dudaron acerca del rumbo que debían tomar. Se barajó la posibilidad de dirigirse hacia Francia o Argelia, pero finalmente el barco continuó hasta Barcelona, donde pudo atracar el 23 de julio.
La rebelión militar había sido derrotada en esa ciudad, aunque los disparos, las barricadas y edificios seriamente dañados mostraban que la normalidad anterior había desaparecido. La Olimpiada habia quedado suspendida. Algunos deportistas consiguieron abandonar Barcelona y regresar a sus lugares de origen. Para Pírez, sin embargo, retornar a Canarias significaba entrar en un territorio controlado desde el primer momento por los sublevados.
Permaneció en Cataluña junto a Andrés Zamora. Algunas reconstrucciones de la historia del ajedrez canario los sitúan a ambos varias semanas jugando partidas en cafés barceloneses, entre ellos el Bar Núria. Todavía podían esperar que la situación se estabilizara o que se abriera alguna posibilidad de regreso al archipiélago.
En septiembre recibieron una noticia que terminó cortando de raiz con aquellas dudas. El padre de Andrés Zamora, un conocido telegrafista de profesión, había sido asesinado por los falangistas durante su trasladado a la Península.
A partir de ese instante, la guerra dejó de ser para ellos un acontecimiento exterior. Poco después tomaron la decisión de incorporarse a las fuerzas que se organizaban para defender a la República.
DEL TABLERO DE AJEDREZ AL QUINTO REGIMIENTO
Pírez se alistó inicialmente en el Batallón de Milicias Gallegas. Más tarde se trasladó a Madrid, ingresó en el Partido Comunista, incorporándose al Quinto Regimiento de Milicias Populares, la unidad militar impulsada por el PCE que desempeñó un papel decisivo en la organización del Ejército republicano durante los primeros meses de la guerra.
El Quinto Regimiento trató de transformar las milicias surgidas espontáneamente después del golpe en una fuerza disciplinada. No era solo una unidad militar. Contaba con escuelas, bibliotecas, servicios sanitarios, formación técnica y mecanismos de educación política. De sus filas salieron algunos de los mandos más conocidos del Ejército Popular, entre ellos Enrique Líster, Juan Modesto y Valentín González, el Campesino.
Pírez llegó a ejercer responsabilidades como Comisario político en las fuerzas vinculadas al Quinto Regimiento. Esta función no consistía únicamente en transmitir consignas. El comisario debía mantener la cohesión de las unidades, explicar los objetivos de la lucha, atender los conflictos internos y sostener la moral de unos combatientes que, en muchos casos, apenas habían recibido instrucción militar.
Las fuentes históricas lo sitúan en las batallas del Jarama, Brunete, Aragón, Teruel y el Ebro. Conviene precisar, no obstante, que el Quinto Regimiento fue disuelto a comienzos de 1937 para integrarse en el Ejército Popular. Pírez continuó combatiendo después en las unidades regulares surgidas de aquella reorganización, dentro de las fuerzas que terminarían encuadradas en el V Cuerpo de Ejército dirigido por Enrique Líster.
Narraciónes biográficas aseguran que durante la batalla del Ebro formó parte de un grupo de soldados que, gracias a su experiencia como nadadores, cruzó el río con neumáticos inflados para ayudar a tender un paso de cuerdas y tablas. El episodio no ha podido ser constatado mediante documentación militar primaria, pero permaneció unido a su memoria personal.
El joven que había ido a Barcelona a calcular movimientos sobre sesenta y cuatro casillas estaba ahora obligado a anticipar ofensivas, retrocesos y derrotas en un tablero que se extendía desde Madrid hasta el Ebro.
FRANCIA TAMPOCO FUE UN REFUGIO
La caída de la República lo empujó hacia la frontera francesa en 1939. Como cientos de miles de españoles, fue encerrado en los campos de concentracion improvisados por las autoridades francesas, donde los refugiados soportaron hambre, frío, enfermedades, así como una vigilancia humillante.
Pírez pasó por diferentes campos de concentración, protagonizó fugas y terminó participando en la resistencia contra la ocupación alemana y el régimen colaboracionista de Vichy. La información de la que disponemos no nos permite reconstruir con precisión cada episodio de aquellos años, pero las fuentes coinciden en aspectos esenciales: aquel combatiente republicano continuó en Francia la lucha contra el mismo fascismo que había pretendido denunciar la Olimpiada de Barcelona.
Detenido por las autoridades francesas, fue entregado a España. Pasó por la prisión de Figueres y por el campo de concentración franquista de Reus antes de conseguir regresar a Gran Canaria a comienzos de 1942.
EL AJEDREZ COMO REFUGIO Y COBERTURA
Pírez volvió a aparecer públicamente como ajedrecista mientras ocultaba su pasado militar y reconstruía sus contactos políticos. Entre 1942 y enero de 1943 disputó un encuentro de quince partidas contra el médico Carlos Rodríguez Lafora. Ganó por ocho victorias frente a seis derrotas y unas tablas, convirtiéndose oficialmente en el primer campeón provincial de Las Palmas.
En 1944 obtuvo un salvoconducto para disputar en Madrid las semifinales del Campeonato de España. La policía vigiló sus movimientos, llegando a sospechar que las partidas podían estarse utilizando para transmitir mensajes clandestinos. Aunque no consta que las piezas sirvieran como código secreto, lo que si se puede afirmar que aquellos viajes deportivos le permitieron establecer contactos con otros nucleos de comunistas que habian podido sobrevivir a la dura represion de los duros "años de plomo" de la dictadura franquista.
El ajedrez constituia al mismo tiempo pasión, refugio y cobertura. Mientras ante el público aparecía como un campeón insular, en la clandestinidad participaba en la reorganización de un PCE brutalmente golpeado por las detenciones, las torturas y los fusilamientos.
LA "LARGA PARTIDA" CONTRA LA DICTADURA
En abril de 1947, la policía acudió a detenerlo en la casa de su madre, cerca de Las Canteras. Pírez pidió poder ir al baño, escapando por una ventana, atravesando una vivienda vecina y consiguiendo alcanzar la calle. Comenzó entonces una existencia clandestina que lo llevó por Tinoca, Moya, el barranco de Azuaje y diferentes refugios proporcionados a traves de la coordinacion de los militantes comunistas.
Junto a Pepe Fariña y otros opositores llegó a estudiar con
detalle la posibilidad de formar un foco guerrillero en el norte de Gran Canaria. Reunieron algunas armas, dinamita y una multicopista con la que imprimirían la propaganda. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a adquirir verdadera capacidad operativa. Después de un chivatazo y de varias detenciones, Pírez volvió a ocultarse. Domingo Santana Armas, militante comunista, conocido como "Domingo Valencia", fallecido hace unos pocos años, fue una de las personas que arriesgaron su libertad para darle protección.
En 1955 fue finalmente capturado y condenado a trece años de prisión. Pasó por las cárceles de Cádiz, Sevilla y Madrid antes de ser encerrado en el penal de El Dueso, en Santoña. Más tarde él mismo se referiría a aquel recorrido con una cierta ironía contenida: había estado haciendo “turismo carcelario”.
Fue indultado en 1957 y regresó a Gran Canaria. Se incorporó inmediatamente a la actividad política y ayudó a incorporar al PCE a una nueva generación de militantes antifranquistas. Nunca abandonó tampoco el ajedrez. En 1961 conquistó el Campeonato Regional de Canarias y confirmó que, después de una guerra, el exilio, los campos y la cárcel, seguía siendo uno de los mejores jugadores del Archipiélago.
German Pirez falleció en Las Palmas de Gran Canaria el 29 de abril de 1992, a los 78 años, afectado por el alzhéimer. En sus últimos años, según quienes lo visitaron, cuentan que se despertaba en ocasiones creyendo que todavía estaba preso. Otras veces regresaban los muertos de la guerra.
Hoy, una calle de la capital isleña lleva el nombre de «Germán Pírez, Ajedrecista». Es un reconocimiento justo, pero claramente insuficiente. Porque Germán Pírez no fue solo un imbatible campeón de ajedrez. Fue también, y sobre todo, durante décadas, un incansable combatiente por las libertades y contra la dictadura; uno de aquellos hombres cuya vida quedó marcada para siempre por el día en que una Olimpiada Popular dedicada a la paz tuvo que suspenderse porque el fascismo había desencadenado la guerra más cruenta de toda la historia de España.
(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa materia y autor de varios libros, entre ellos el "Gran Reajuste": China, la arrolladora irrupción de la extrema derecha y la reconfiguración del sistema capitalista", de reciente edición.
Fuentes consultadas:
- Programa de la Olimpiada Popular conservado por la Generalitat de Cataluña
- Estudio académico de Russell Physick sobre la Olimpiada Popular
- Luis Alberto Anaya Hernández: Guerra Civil, exilio y resistencia de los canarios
- Rafael González Morera: “Germán Pírez, del maquis a líder del PCE en Canarias”
. Investigación sobre la expedición ajedrecística canaria de 1936
- Partidas y resultado del encuentro Pírez-Lafora de 1942-1943
- Juan José Sosa Suárez, Germán Pírez: dos pasiones, política y ajedrez, Las Palmas de Gran Canaria, 1994.



























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