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EL TERREMOTO QUE ESPAÑA NO QUIERE IMAGINAR

El aviso que nos llega desde Venezuela. La norma sísmica pendiente: por qué españa podría pagar cara su falta de prevención

La tragedia venezolana ha reabierto una pregunta inquietante en España: ¿qué pasaría si un seísmo fuerte golpeara Granada, Murcia, Almería, Málaga o Alicante? . Un gran seísmo en España, con una normativa de construcción desfasada, no solo derribaría muros: también pondría a prueba hospitales, carreteras, barrios enteros y servicios básicos.

 

Por JORDI RUIZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

[Img #92779]    El terremoto que ha sacudido Venezuela ha vuelto a colocar sobre la mesa una preocupación que en España suele aparecer solo cuando la tierra tiembla: la seguridad real de nuestras ciudades ante un gran seísmo. 

 

   Si un terremoto de características parecidas afectara a zonas españolas de riesgo, las consecuencias podrían ser muy graves por la antigüedad del parque de viviendas y por una normativa considerada insuficiente por especialistas.

 

    España no es Japón ni Chile, pero tampoco es un país inmune. El Instituto Geográfico Nacional mantiene mapas de sismicidad y peligrosidad que muestran actividad en la Península y en Canarias, con especial atención al sur y sureste peninsular.

 

 

LAS ZONAS DONDE EL RIESGO ES MAYOR

      El punto más delicado está en las cordilleras Béticas y su entorno: Granada, Málaga, Almería, Murcia y la Vega Baja alicantina. También hay actividad relevante en los Pirineos y episodios en otras áreas, aunque con menor frecuencia. La razón de fondo es conocida: España se encuentra cerca del contacto entre las placas africana y euroasiática, una zona donde se acumulan tensiones durante años hasta liberarse en forma de terremotos.

 

    El ejemplo más recordado es Lorca. El 11 de mayo de 2011, dos seísmos de magnitud 4,5 y 5,1 causaron daños severos en la ciudad murciana. No fue un terremoto enorme, pero sí muy cercano, poco profundo y situado junto a una zona habitada. Esa combinación bastó para provocar muertos, heridos, demoliciones y una factura económica altísima.

[Img #92772]

 

 

POR QUÉ LA NORMATIVA ESPAÑOLA SE CONSIDERA INSUFICIENTE

     La principal norma española de construcción sismorresistente para edificación, la NCSE-02, fue aprobada por Real Decreto 997/2002. Es decir, tiene más de veinte años. En su momento supuso un avance, pero desde entonces la ingeniería sísmica ha aprendido mucho gracias a terremotos ocurridos en distintos países y al desarrollo de normas europeas más actualizadas.

 

   El primer problema es el tiempo. Una norma de 2002 no incorpora con la misma precisión los conocimientos actuales sobre comportamiento de edificios, suelos blandos, fallas cercanas, aceleraciones del terreno o daños en elementos no principales, como fachadas, cornisas, tabiques, escaleras o cerramientos.

 

   El segundo problema es que la norma mira sobre todo hacia la obra nueva. Pero el verdadero peligro está en lo ya construido. España tiene miles de edificios levantados antes de que la prevención sísmica fuera una prioridad. Muchos bloques antiguos no fueron pensados para soportar movimientos intensos. Y no existe un plan nacional obligatorio y amplio para revisar, clasificar y reforzar los inmuebles más vulnerables.

 

    El tercer problema es la aplicación desigual. Las exigencias técnicas pueden existir sobre el papel, pero su impacto depende de controles, inspecciones, presupuesto municipal, cultura preventiva y capacidad de rehabilitación. Un edificio en buen estado no se comporta igual que otro con décadas de deterioro, reformas mal hechas o materiales pobres.

 

    El cuarto problema es económico. Reforzar viviendas cuesta dinero y casi siempre se aplaza porque no da votos inmediatos ni titulares agradables. La prevención parece cara hasta que llega el desastre. Entonces la factura se multiplica en hospitales saturados, familias sin casa, comercios cerrados, indemnizaciones y reconstrucción.

 

EL PELIGRO DE LOS EDIFICIOS ANTIGUOS

     Un gran terremoto no mata solo por la fuerza de la tierra. Mata porque los edificios fallan. En Lorca, muchos daños se concentraron en construcciones que no estaban preparadas para una sacudida rápida y cercana. El Consorcio de Compensación de Seguros documentó edificios gravemente afectados y demolidos tras el seísmo de 2011.

 

    En una ciudad densa del sureste español, un seísmo más fuerte podría dejar barrios enteros con viviendas inhabitables. No haría falta que todos los edificios colapsaran. Bastaría con daños en escaleras, pilares, fachadas, cubiertas, conducciones de gas, redes de agua o accesos para convertir una emergencia en una crisis urbana prolongada.

 

UNA CATÁSTROFE TAMBIÉN SOCIAL

     El terremoto no afectaría por igual a todos. Las familias con menos recursos suelen vivir en viviendas más envejecidas, con menor mantenimiento y menos margen para reforzar estructuras, contratar seguros o desplazarse. Por eso, un seísmo fuerte no sería solo un fenómeno natural: sería también una prueba brutal para las desigualdades acumuladas en las ciudades.

 

   Los colegios, hospitales, residencias, carreteras, puentes y redes básicas tendrían que resistir justo cuando más falta hacen. Si fallan, el terremoto se convierte en una cadena de crisis: primero el temblor, luego el rescate, después la vivienda, más tarde la reconstrucción y finalmente la pérdida económica.

 

LA LECCIÓN QUE ESPAÑA TODAVÍA PUEDE APRENDER

    España tiene conocimiento técnico, mapas de peligrosidad, experiencia acumulada y profesionales capaces de reducir el riesgo. Lo que falta es convertir esa información en política pública sostenida. Actualizar la normativa, adaptarla plenamente a los avances europeos, revisar edificios antiguos, reforzar hospitales y colegios, exigir planes municipales realistas y educar a la población no eliminaría los terremotos, pero sí podría salvar miles de vidas.

 

   La pregunta no es si volverá a temblar la tierra. Volverá a hacerlo. La pregunta clave es si España llegará preparada o si esperará a que una ciudad rota le recuerde, demasiado tarde, que la prevención siempre era más barata que los escombros.

 

 
 
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