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Miércoles, 24 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

¿POR QUÉ IRÁN "VA GANANDO" LA GUERRA CONTRA EEUU E ISRAEL?

El Congreso de EEUU se ve forzado "recuperar su voz", y decide ponerle freno a la estrategia militar de trumpista.

La aprobación por parte del Senado de EEUU de una resolución para poner fin a la intervención militar estadounidense en Irán, marca un punto de inflexión en la política de Washington. Más allá de su carácter simbólico, la votación refleja el creciente desgaste de la guerra, la fractura interna del Partido Republicano y la recuperación de un viejo debate: quién tiene realmente el poder de decidir cuándo Estados Unidos entra o permanece en una guerra. Pero sobre todo pone de manifiesto la extraordinaria habilidad iraní para hacer doblar el espinazo al gigante estadounidense haciendo que quedara atrapado en las arenas movedizas de sus propias contradicciones.

 

POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.COM

 

     La decisión del Senado de Estados Unidos de aprobar una resolución que exige el fin de las hostilidades contra Irán constituye uno de los mayores reveses políticos sufridos por Donald Trump desde el inicio del conflicto. La medida salió adelante por 50 votos frente a 48 gracias al apoyo de cuatro senadores republicanos que rompieron la disciplina de partido y se unieron a los demócratas.

 

   Aunque la resolución no obliga legalmente al presidente a retirar las fuerzas estadounidenses ni tiene capacidad inmediata para modificar la política exterior, su importancia política, segun los expertos, no deja de ser importante. Por primera vez desde la aprobación de la Ley de Poderes de Guerra de 1973, las dos cámaras del Congreso han respaldado una iniciativa destinada a poner límites a una acción militar en curso.

 

    La noticia adquiere aún más relevancia porque llega después de varios meses de enfrentamientos, tensiones diplomáticas y un creciente malestar social ante los costes humanos y económicos del conflicto. El propio artículo de referencia destaca que la guerra comenzó el 28 de febrero y que, desde entonces, el Congreso ha debatido repetidamente sobre la necesidad de controlar las decisiones militares del Ejecutivo.

 

EN LA GUERRA NO SOLO BASTA 

       La historia de las guerras  muestra que la superioridad militar no siempre garantiza la victoria política. Irán, sin el acompañamiento de Rusia ni de China, ha mostrado una notable habilidad para gestionar factores que van mucho más allá del estricto campo de batalla.

 

   Aunque Estados Unidos dispone de una fuerza militar [Img #92720]inmensamente superior, Teherán ha sabido utilizar con extraordinaria habilidad elementos económicos, energéticos y geoestratégicos, capaces de elevar  considerablemente  para sus enemigos el coste de cualquier confrontación.

   La amenaza sobre el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte fundamental del petróleo mundial, no sólo afecta a Washington, sino que introduce fortisimos y peligrosos factores de incertidumbre en el conjunto de la economía global.  Se ha tratado, pues,  de una estrategia que busca convertir su aparente debilidad militar  en una gran capacidad de presión indirecta.

 

  Esta lógica no es nueva. Durante la guerra de Vietnam, una potencia tecnológica y militar sin rival terminó enfrentándose a un adversario que comprendió que el tiempo, el desgaste político interno y el aumento constante de los costes humanos podían ser tan decisivos como las mismas  operaciones militares.

 

  Los dirigentes vietnamitas entendieron que no necesitaban derrotar al Ejército estadounidense en cada batalla; bastaba con impedirle obtener una victoria clara y prolongar el conflicto hasta llegar a erosionar la voluntad política de Washington.

 

PRECEDENTES HISTORICOS

     Existen numerosísimos  precedentes históricos de esta forma de actuar. En la Segunda Guerra Púnica, Aníbal evitó durante años una confrontación decisiva que pudiera favorecer a Roma y optó por una estrategia destinada a debilitar las alianzas políticas romanas en Italia.

 

   Muchos siglos después, durante la Guerra de Independencia española contra Napoleón, los Ejércitos franceses dominaron repetidamente los campos de batalla, pero la resistencia popular, la guerra de guerrillas y el constante desgaste logístico acabaron convirtiendo la ocupación francesa en un problema cada vez más costoso.

 

   Algo similar le ocurrió a EEUU en Afganistán. La gran potencia   decubrió que la superioridad tecnológica resultaba insuficiente cuando el adversario lograba combinar una resistencia prolongada, el conocimiento del terreno y capacidad para incrementar continuamente los costes económicos y políticos de la intervención.

 

  Incluso en la antigüedad, pueblos aparentemente más débiles comprendieron que podían neutralizar a imperios mucho más poderosos atacando sus líneas de abastecimiento, dificultando el control del territorio o explotando sus vulnerabilidades económicas.

 

    La lección que se repite una y otra vez es que la guerra no se decide únicamente por el número de soldados, los aviones o los misiles disponibles. Depende en primer lugar de la disposicion del pueblo invadido para resistir la agresion exterior. Y luego de factores tales como de su  capacidad para administrar el tiempo, de su influencia  sobre la opinión pública interna y externa, de sus condiciones para poder alterar los equilibrios económicos, tensar las cadenas de suministro y convertir las fortalezas del enemigo en fuentes de desgaste.

 

   La astucia estratégica, la preparación previa y la comprensión de los factores políticos y económicos han permitido en numerosas ocasiones históricas, que actores aparentemente más débiles pudieran obligar  a grandes potencias a reconsiderar sus objetivos o, incluso, a abandonar, con el rabo entrepiernas, conflictos que parecían tener ganados previamente desde el punto de vista estrictamente militar.

 

   De manera casi simultánea, en fechas muy recientes, se han producido dos casos con sesgos  diametralmente diferentes: el caso de Venezuela y el de Irán 

 

EL DESGASTE DE UNA GUERRA CADA VEZ MÁS IMPOPULAR

    La inusitada rebelión senatorial no ha surgido de la nada. Desde hace meses han venido acumulándose señales de cansancio político. Diversas encuestas han mostrado que una parte importante de la población estadounidense consideraba que la guerra no había fortalecido al país y que sus costes superaban los beneficios obtenidos.

   

   A ello se sumó el impacto económico. El conflicto ha coincidido con fuertes tensiones en los mercados energéticos y con la amenaza permanente sobre el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo. Aunque las recientes negociaciones entre Washington y Teherán han contribuido a reducir parcialmente esa incertidumbre, el temor a nuevas escaladas sigue presente.

 

   En este contexto, cada vez más legisladores estan considerando que mantener una guerra prolongada sin una autorización expresa del Congreso supone un riesgo político difícil de justificar ante los propios votantes.

 

LA FRACTURA REPUBLICANA SALE A LA LUZ

    Quizá el elemento más significativo de esta votación senatorial sea la aparición de fisuras dentro del propio bloque republicano. Durante años, Trump había contado con una disciplina partidaria muy sólida, especialmente en cuestiones relacionadas con la seguridad nacional.

 

   Sin embargo, la votación ha  demostrado que una parte del Partido republicano empieza a tomar distancias de la estrategia presidencial. Los cuatro senadores republicanos que apoyaron la resolución enviaron un mensaje claro: incluso dentro del Partido gobernante existe preocupación por la acumulación de poder militar en manos del presidente.

 

    Esta situación recuerda otros momentos de la historia estadounidense en los que los conflictos prolongados terminaron generando tensiones entre la Casa Blanca y el Congreso. Vietnam fue probablemente el ejemplo más conocido. Entonces, como ahora, el debate giraba en torno a la capacidad del presidente para mantener operaciones militares sin una supervisión efectiva de los representantes elegidos por los ciudadanos.

 

EL DEBATE DE FONDO: ¿QUIÉN DECIDE LA GUERRA?

    La resolución aprobada reabre una cuestión fundamental del sistema político estadounidense. La Constitución concede al Congreso la facultad de declarar la guerra, mientras que el presidente ejerce como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Esa dualidad ha generado conflictos institucionales durante décadas.

 

   Precisamente para limitar posibles excesos presidenciales, en 1973 se aprobó la Ley de Poderes de Guerra. Dicha norma obliga al presidente a informar al Congreso sobre las operaciones militares y establece límites temporales para aquellas acciones que no cuenten con autorización legislativa.

 

    Lo ocurrido ahora representa un intento de recuperar ese equilibrio institucional, impidiendo que un presidente  con una conducta tan notoriamente errática como la de Trumppueda poner en peligro los sagrados intereses economicos de las élites.  Y aunque esta resolución tenga principalmente valor político, evidencia que una parte creciente del Congreso se esta viendo impelida a estimar necesaria la reafirmacion de sus competencias frente al Poder ejecutivo.

 

UNA SEÑAL DE ALERTA PARA LA CASA BLANCA

     Parece claro que la  resolución senatorial muy probablemente no pondrá fin por sí sola al conflicto bélico. Sin embargo, sí revela algo más importante: la pérdida de consenso político entre las clases hegemónicas  en relación con  la estrategia de Trump respecto a Irán. La coctelera combinación de desgaste militar, preocupación económica y divisiones partidarias está configurando un escenario cada vez más complejo para la Administración Trump.

 

    Las próximas negociaciones entre Washington y Teherán serán determinantes. Si avanzan hacia un acuerdo estable, la votación quedará como un símbolo de presión política. Si fracasan, podría convertirse en el primer paso de una confrontación mucho más profunda entre el Congreso y la Casa Blanca. 

 

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