VENEGUERA, EN EL PUNTO DE MIRA DE UNA NUEVA OFENSIVA CONTRA EL TERRITORIO EN GRAN CANARIA
Carta abierta de Pedro Hernández Camacho y Julio Cuenca Sanabria, de Salvar Arguineguín - SOS Gran Canaria
La situación de Veneguera vuelve a situar en el centro del debate el modelo territorial de Gran Canaria. Los autores denuncian la transformación de este enclave natural y cuestionan los silencios que, a su juicio, han acompañado otras agresiones al territorio canario.
Por A. RAMÍREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
En un artículo titulado bajo el título "Veneguera y el silencio ante la destrucción del territorio", y publicado como carta abierta a la ciudadanía canaria, Pedro Hernández Camacho y Julio Cuenca Sanabria, integrantes de Salvar Arguineguín - SOS Gran Canaria, realizan una seria advertencia sobre los procesos de transformación territorial que afectan a Gran Canaria y, particularmente, sobre la situación que atraviesa el barranco de Veneguera.
Los autores sostienen que, desde hace años, existen evidencias de importantes movimientos de tierra realizados por la empresa Lopesan en distintas zonas de Veneguera y Tabaibales. Según afirman los firmantes, estas actuaciones han modificado el cauce del barranco y transformado amplias superficies de sus laderas, generando preocupación entre quienes consideran este espacio uno de los territorios de mayor valor paisajístico y ambiental de la isla.
De acuerdo con lo expresado por Hernández Camacho y Cuenca Sanabria, las denuncias públicas sobre estas intervenciones han ido apareciendo de manera intermitente gracias a fotografías, grabaciones aéreas y testimonios obtenidos por personas que han podido acceder a la zona. Especial relevancia conceden a la reciente denuncia relacionada con la destrucción de parte del poblado aborigen de Cañada de La Mar, un enclave patrimonial situado en el tramo bajo del barranco de Veneguera.
![[Img #92299]](https://canarias-semanal.org/upload/images/06_2026/3338_autores.jpg)
Los autores explican que, pese a que el asunto tuvo repercusión mediática y motivó algunas reacciones institucionales, las medidas adoptadas hasta el momento no parecen haber producido resultados visibles. Según señalan, existe un expediente administrativo en curso, aunque manifiestan sus dudas acerca de su desarrollo y de las posibles consecuencias que pueda tener.
Las denuncias sobre la transformación de Veneguera
Uno de los aspectos centrales del texto es la interpretación que realizan sobre los planes futuros para Veneguera. Los autores recuerdan una visita realizada años atrás a la propiedad, durante la cual técnicos vinculados a la empresa les explicaron los proyectos de explotación agrícola desarrollados en la zona. Según relatan, la iniciativa contemplaba el cultivo de productos destinados al abastecimiento de establecimientos hoteleros del grupo empresarial.
Sin embargo, de acuerdo con la versión recogida por los autores, las aspiraciones empresariales no se limitarían únicamente a la actividad agrícola. Afirman que existirían proyectos orientados a la reconversión de antiguas edificaciones rurales en villas de lujo destinadas al turismo. Para los firmantes, esta perspectiva constituye el verdadero eje de la transformación que se está produciendo en Veneguera y representa una nueva fase del proceso de expansión urbanística asociado al modelo turístico de masas predominante en Gran Canaria.
Según sostienen los autores, la situación de Veneguera no puede analizarse de forma aislada. Consideran que forma parte de una dinámica más amplia que afecta a diversos espacios naturales y territorios aún no urbanizados de la isla. En este sentido, expresan su preocupación por la posible extensión de este modelo hacia otras zonas del oeste de Gran Canaria, incluyendo territorios que actualmente conservan importantes valores ambientales y paisajísticos.
El modelo turístico y el futuro del territorio
No obstante, uno de los elementos más destacados del artículo es la llamada a la coherencia que realizan sus autores. Aunque manifiestan su respaldo a la defensa de Veneguera, también plantean interrogantes sobre la reacción de determinados sectores sociales y ecologistas ante otros procesos de transformación territorial que, según indican, han tenido lugar durante los últimos años bajo el marco de la denominada transición energética.
De acuerdo con lo expresado por los firmantes, numerosos barrancos, montañas y espacios rurales de Canarias han sido objeto de intervenciones vinculadas a infraestructuras energéticas, generando impactos que consideran comparables a los que ahora se denuncian en Veneguera. Por ello, cuestionan por qué determinadas actuaciones generan una intensa movilización ciudadana mientras otras han recibido una atención mucho menor.
"La cuestión de fondo - afirman - no reside en aceptar o rechazar las energías renovables, sino en debatir el modelo concreto de implantación de estas infraestructuras, así como el reparto de costes y beneficios derivados de ellas".
A su juicio, este debate ha sido insuficiente y ha quedado condicionado por intereses económicos y decisiones políticas que no siempre han contado con una participación ciudadana adecuada.
Exigencia de coherencia en la defensa del territorio
El texto insiste en que Veneguera puede convertirse en una oportunidad para abrir una discusión más amplia sobre el futuro territorial de Canarias. Los autores consideran necesario analizar cuestiones relacionadas con el modelo de desarrollo, el papel de las grandes corporaciones, los límites ecológicos de las islas y las responsabilidades de las instituciones públicas en la gestión del territorio.
Según sostienen, la defensa del patrimonio natural no puede aplicarse de manera selectiva ni depender de afinidades políticas o ideológicas. Por el contrario, entienden que debe extenderse a todos aquellos espacios que sufran procesos de degradación o transformación considerados incompatibles con su conservación.
La principal conclusión que extraen los autores es que Canarias necesita un debate profundo y sin restricciones sobre el uso de su territorio. Consideran que la protección de Veneguera solo tendrá pleno sentido si sirve también para reflexionar sobre el conjunto de transformaciones que afectan al archipiélago y sobre la necesidad de construir mecanismos de participación capaces de garantizar una gestión más equilibrada y sostenible de los recursos territoriales.
Por A. RAMÍREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
En un artículo titulado bajo el título "Veneguera y el silencio ante la destrucción del territorio", y publicado como carta abierta a la ciudadanía canaria, Pedro Hernández Camacho y Julio Cuenca Sanabria, integrantes de Salvar Arguineguín - SOS Gran Canaria, realizan una seria advertencia sobre los procesos de transformación territorial que afectan a Gran Canaria y, particularmente, sobre la situación que atraviesa el barranco de Veneguera.
Los autores sostienen que, desde hace años, existen evidencias de importantes movimientos de tierra realizados por la empresa Lopesan en distintas zonas de Veneguera y Tabaibales. Según afirman los firmantes, estas actuaciones han modificado el cauce del barranco y transformado amplias superficies de sus laderas, generando preocupación entre quienes consideran este espacio uno de los territorios de mayor valor paisajístico y ambiental de la isla.
De acuerdo con lo expresado por Hernández Camacho y Cuenca Sanabria, las denuncias públicas sobre estas intervenciones han ido apareciendo de manera intermitente gracias a fotografías, grabaciones aéreas y testimonios obtenidos por personas que han podido acceder a la zona. Especial relevancia conceden a la reciente denuncia relacionada con la destrucción de parte del poblado aborigen de Cañada de La Mar, un enclave patrimonial situado en el tramo bajo del barranco de Veneguera.
![[Img #92299]](https://canarias-semanal.org/upload/images/06_2026/3338_autores.jpg)
Los autores explican que, pese a que el asunto tuvo repercusión mediática y motivó algunas reacciones institucionales, las medidas adoptadas hasta el momento no parecen haber producido resultados visibles. Según señalan, existe un expediente administrativo en curso, aunque manifiestan sus dudas acerca de su desarrollo y de las posibles consecuencias que pueda tener.
Las denuncias sobre la transformación de Veneguera
Uno de los aspectos centrales del texto es la interpretación que realizan sobre los planes futuros para Veneguera. Los autores recuerdan una visita realizada años atrás a la propiedad, durante la cual técnicos vinculados a la empresa les explicaron los proyectos de explotación agrícola desarrollados en la zona. Según relatan, la iniciativa contemplaba el cultivo de productos destinados al abastecimiento de establecimientos hoteleros del grupo empresarial.
Sin embargo, de acuerdo con la versión recogida por los autores, las aspiraciones empresariales no se limitarían únicamente a la actividad agrícola. Afirman que existirían proyectos orientados a la reconversión de antiguas edificaciones rurales en villas de lujo destinadas al turismo. Para los firmantes, esta perspectiva constituye el verdadero eje de la transformación que se está produciendo en Veneguera y representa una nueva fase del proceso de expansión urbanística asociado al modelo turístico de masas predominante en Gran Canaria.
Según sostienen los autores, la situación de Veneguera no puede analizarse de forma aislada. Consideran que forma parte de una dinámica más amplia que afecta a diversos espacios naturales y territorios aún no urbanizados de la isla. En este sentido, expresan su preocupación por la posible extensión de este modelo hacia otras zonas del oeste de Gran Canaria, incluyendo territorios que actualmente conservan importantes valores ambientales y paisajísticos.
El modelo turístico y el futuro del territorio
No obstante, uno de los elementos más destacados del artículo es la llamada a la coherencia que realizan sus autores. Aunque manifiestan su respaldo a la defensa de Veneguera, también plantean interrogantes sobre la reacción de determinados sectores sociales y ecologistas ante otros procesos de transformación territorial que, según indican, han tenido lugar durante los últimos años bajo el marco de la denominada transición energética.
De acuerdo con lo expresado por los firmantes, numerosos barrancos, montañas y espacios rurales de Canarias han sido objeto de intervenciones vinculadas a infraestructuras energéticas, generando impactos que consideran comparables a los que ahora se denuncian en Veneguera. Por ello, cuestionan por qué determinadas actuaciones generan una intensa movilización ciudadana mientras otras han recibido una atención mucho menor.
"La cuestión de fondo - afirman - no reside en aceptar o rechazar las energías renovables, sino en debatir el modelo concreto de implantación de estas infraestructuras, así como el reparto de costes y beneficios derivados de ellas".
A su juicio, este debate ha sido insuficiente y ha quedado condicionado por intereses económicos y decisiones políticas que no siempre han contado con una participación ciudadana adecuada.
Exigencia de coherencia en la defensa del territorio
El texto insiste en que Veneguera puede convertirse en una oportunidad para abrir una discusión más amplia sobre el futuro territorial de Canarias. Los autores consideran necesario analizar cuestiones relacionadas con el modelo de desarrollo, el papel de las grandes corporaciones, los límites ecológicos de las islas y las responsabilidades de las instituciones públicas en la gestión del territorio.
Según sostienen, la defensa del patrimonio natural no puede aplicarse de manera selectiva ni depender de afinidades políticas o ideológicas. Por el contrario, entienden que debe extenderse a todos aquellos espacios que sufran procesos de degradación o transformación considerados incompatibles con su conservación.
La principal conclusión que extraen los autores es que Canarias necesita un debate profundo y sin restricciones sobre el uso de su territorio. Consideran que la protección de Veneguera solo tendrá pleno sentido si sirve también para reflexionar sobre el conjunto de transformaciones que afectan al archipiélago y sobre la necesidad de construir mecanismos de participación capaces de garantizar una gestión más equilibrada y sostenible de los recursos territoriales.






























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