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EL “DELIRIO VENEZOLANO” DE RAMÓN GROSFOGUEL: DE LA DECOLONIZACIÓN ABSTRACTA A LA CLAUDICACIÓN

Claves para comprender la justificación “teórica” de la rendición

Convertido en uno de los más activos propagandistas intelectuales de la tesis de la «flexibilidad táctica», con la que se pretende justificar las políticas entreguistas del Gobierno de Delcy Rodríguez, el sociólogo Ramón Grosfoguel ha tratado de dotar de legitimidad teórica a la capitulación consumada tras el secuestro de Nicolás Maduro. A través de una crítica de sus principales argumentos, Juan Andrés Pérez Rodríguez sostiene que este discurso opera como una auténtica «filosofía de la consolación», destinada a preservar la fe política allí donde la realidad material impone la evidencia de una derrota histórica. «Bajo la apariencia de sofisticación teórica de Grosfoguel —afirma— opera un mecanismo de racionalización destinado a conjurar la angustia que provoca el fracaso del proyecto bolivariano».

 

 

Por JUAN ANDRÉS PÉREZ RODRÍGUEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 Discutir con un creyente, sobre todo si es de buena fe,

es siempre una tarea incómoda. Parecería

que estamos asignándole culpas que no son suyas...

cuando el problema más importante

alrededor del cual gira toda la discusión es el siguiente:

 comprender la significación que adquiere la subjetividad bien intencionada".

León Rozitchner, Marxismo o Cristianismo.

 

 

   Desde la madrugada enigmática del 3 de enero de 2026 Venezuela se nos revela, por muchas razones, como un analizador político crucial en la coyuntura global y regional de la guerra imperialista. Es decir, que opera como ese síntoma o acontecimiento que irrumpe y nos permite develar el conflicto oculto o la violencia estructural; convirtiéndose por ello mismo en un espejo incómodo para todas las fuerzas de izquierda dentro y fuera de las fronteras de ese país.  

 

   Dada esa condición, y las múltiples aristas de este impase histórico de la Revolución Bolivariana, resulta imposible abarcar la totalidad del fenómeno en un solo artículo. Por ello, este texto decide renunciar a la crónica general para centrarse en su síntoma político más agudo: el mutismo y la desmovilización, allí donde la justificación teórica de una supuesta "flexibilidad táctica" sirve de andamio para estabilizar la capitulación.

 

   Si bien el silencio ante lo sucedido ha sido la reacción devastadoramente predominante, algunos intelectuales sí han sido capaces de intervenir. Los menos han sido los críticos genuinos, aquellos que, como Luis Britto García, se atreven a pensar con cabeza propia pasando por encima de los límites aterrorizantes, conscientes o inconscientes, que impone la grave coyuntura actual.

 

  En el extremo opuesto se sitúan quienes han intervenido desempeñando activamente una labor propagandística en favor de la tesis de la "astucia táctica", lanzada por el gobierno en funciones presidido por Delcy Rodríguez.

 

 

RAMÓN GROSFOGUEL,  PROPAGANDISTA DE LA TESIS JUSTIFICADORA DEL “GOBIERNO ENCARGADO”

   En este último grupo resalta el caso del sociólogo y destacado exponente del pensamiento decolonial (1)  Ramón Grosfoguel, quien se nos revela igualmente como un analizador político fundamental (2), dada la radicalidad de su posicionamiento y su esfuerzo por “teorizar” en favor de la supuesta astucia táctica del gobierno encargado.

 

    Pero ¿qué es lo que ha venido diciéndonos este profesor de la Universidad de Berkeley frente a las clarísimas muestras de entreguismo del gobierno de Delcy Rodríguez? Desde el 6 de enero, apenas tres días después del shock provocado por la operación comando de EE.UU., Grosfoguel realizó una serie de intervenciones en YouTube en las que fue dando forma a su despliegue teórico “consolador”. 

 

 

"Grosfoguel  compra el relato del Imperio de que su dominio cibernético y militar es infalible, obviando  la evidencia histórica de los pueblos que sí han logrado resistir y vencer"

 

 

    El profesor se apresuró a construir la catedral ideológica de la sumisión voluntaria, convirtiendo la capitulación concreta en una pretendida astucia metafísica, compartida para consumo de una militancia fervorosa y aterrorizada ante la posibilidad de despertar a la orfandad.  Aún bajo el shock provocado por el secuestro de Nicolás Maduro, Grosfoguel  lanzó «La tesis de "traición" como relato imperialista» (3). Una larga intervención en la que criminaliza preventivamente toda crítica o cuestionamiento que pudieran hacer las bases chavistas partiendo de su derecho a conocer qué sucedió el 3 de enero. Algo que, como ha apuntado Britto García, continúa siendo un “misterio” a día de hoy.

 

    Posteriormente, en su conferencia magistral «¿Cómo entender la política venezolana postsecuestro de Maduro?» (4), en su intervención «La Verdad sobre el 3 de Enero: Táctica y Estrategia de la Revolución Bolivariana» (5), o en «¿Negociación o Inmolación? Análisis comparado entre Irán y Venezuela» (6), Grosfoguel,  bajo la coartada de actuar como "amigo de la revolución", desarrolla la tesis de que el Gobierno de Delcy Rodríguez estaría guiado por una supuesta “flexibilidad táctica” y una “clara estrategia” de “ganar tiempo” para promover, en un futuro indeterminado, el Estado comunal. Tesis absolutamente especulativa, sin ningún fundamento material y que choca de bruces con la profunda reestructuración económica y legislativa que, en tiempo récord, ha efectuado este gobierno para regocijo de Donald Trump y las multinacionales norteamericanas.  

 

  De esta manera, Grosfoguel opera bajo la premisa de que la “Verdad” estaría oculta a los ojos de los mortales comunes y corrientes, colocando la “supervivencia de la estrategia” -el Estado Comunal- en el lugar de la fe.

 

  Al entrar de lleno en sus planteamientos, el dispositivo de su negación de la realidad se desploma por la inconsistencia de sus tres argumentos fundamentales:

 

 

   "La pretendida “astucia" de no resistir para "ganar tiempo" es una falacia. Quien gana tiempo y “espacio” con cada entrega de la soberanía y los principios es el enemigo"

 

 

 1. La manipulación de Dussel y el doble discurso como absolución pastoral

   Grosfoguel opera una perversión metodológica de la Política de la Liberación de Enrique Dussel. Utiliza capciosamente la distinción dusseliana entre los “principios éticos” y la “factibilidad estratégica” que, supuestamente, permitiría superar el dilema entre el pragmatismo sin rumbo y el “purismo” impracticable de algunas izquierdas.

 

   Partiendo del uso injustificado de estas categorías,  Grosfoguel sostiene que la capitulación económica del "Gobierno encargado” no sería una evidente muestra de entreguismo, sino tan solo un ejercicio de "flexibilidad táctica" forzado por la abrumadora desproporción tecnológica del imperio. A su juicio, la falta de respuesta militar —salvo el trágico sacrificio de los 32 custodios cubanos del anillo de seguridad presidencial— haría "lógico" este “repliegue”.

 

2. La capitulación binarista y el pánico a la fuerza material

   Paradójicamente, el profesor que se reclama decolonial recurre también, compulsivamente, a las dicotomías, las disyuntivas cerradas y a los dilemas cartesianos propios de la racionalidad cristiana en sus titulares y conferencias: traición o relato imperialtáctica o estrategianegociación o inmolación.

 

   Estas falsas dicotomías constituyen una  tecnología discursiva que escinde la realidad para forzar una elección, generalmente sumisa, cuyo objetivo no es hacer pensar, sino todo lo contrario.  Este mecanismo consiste en tomar un campo de relaciones complejo, contradictorio y dinámico, para reducirlo a dos únicos polos excluyentes con el objetivo de presentar una propuesta como la única “razonable” y realizable. No existe alternativa, matiz o contradicción interna posible. Si no estás en el polo "sagrado", por defecto se te sitúa en el polo "maldito".

 

   Al forzar a la militancia a elegir, falazmente, entre el suicidio o la sumisión a las directrices de la potencia ocupante, Grosfoguel devela que su estructura psíquica jamás salió del dualismo occidental que supuestamente rechazaría el pensamiento decolonial.  Pero cabría preguntarse, ¿bajo qué criterios se define la correlación de fuerzas necesaria para resistir? ¿Cuál  sería la correlación que validaría la decisión de resistir y quiénes son los sujetos llamados a tomar esa decisión?

 

    El análisis de Grosfoguel revela una profunda capitulación subjetiva ante el determinismo tecnológico: compra -él sí- el relato del Imperio de que su dominio cibernético sería absoluto e infalible -contra toda la evidencia histórica de los pueblos  que han logrado resistir y vencer-  para luego desplazar su “lucha” al simulacro discursivo.

 

   Por supuesto, la pretendida “astucia" de no resistir para "ganar tiempo" es una falacia.  Quien gana tiempo, y “espacio”, con esta decisión es el enemigo, que  profundiza su control con cada cesión, con cada nueva política de entreguismo, mientras las fuerzas de la resistencia siguen inermes, desmovilizadas y con una creciente desmoralización.

 

    "El  pensamiento de Grosfoguel claudica ante el poder, trocando la verdad material de los sentidos por la sumisión a la Palabra de “la cúpula encargada”"

 

 

3. La instrumentalización de la historia y la santificación de la ceguera

    Para tratar de vender su tesis sobre el supuesto “repliegue táctico” del Gobierno de Delcy Rodríguez, Grosfoguel recurre también a la historia comparada, equiparando la coyuntura venezolana con los grandes repliegues revolucionarios del siglo XX: la firma del Tratado de Brest-Litovsk por Lenin, la alianza de Mao con los terratenientes frente a la invasión japonesa, el pacto Molotov-Ribbentrop o el Período Especial de la Revolución cubana.  

 

    Sobre los límites de este tipo de comparación fue tajante el filósofo español Manuel Sacristán, al señalar que  “la analogía solo debe servir para sugerir hipótesis, nunca para demostrar conclusiones”.

 

   El método comparativo es útil para identificar el "residuo" no comparable, no para forzar “leyes deterministas” convertidas en un dispositivo de legitimación retrospectiva.

 

   Resulta muy claro, sin embargo, que Grosfoguel utiliza las analogías como dogmática eclesiástica para construir una teodicea política: si los grandes profetas del comunismo retrocedieron, el repliegue actual quedaría santificado por asociación (y no precisamente psicoanalítica).

 

   Para realizar esta fraudulenta asociación, el profesor oculta -¿deliberadamente?-  la diferencia material sustancial:

 

   Lenin o Fidel hicieron concesiones, pero jamás de principios, y discutieron la verdad trágica de frente con el pueblo, radicalizando el control político de las masas. Justamente lo contrario de lo que ha hecho el Gobierno encargado de Venezuela desde el 3 de enero hasta el momento actual.

 

   Las analogías de Grosfoguel persiguen que la base social renuncie voluntariamente a su capacidad de juzgar la realidad.  En ese ejercicio, eleva la “flexibilidad táctica” a un misterio de fe, promoviendo una disposición colectiva a cerrar los ojos ante los hechos materiales.

 

 

"Sostenerse en el delirio de Grosfoguel  constituye la última trampa defensiva de los cuerpos para no sucumbir a la angustia por la pérdida del proyecto bolivariano"

 

 

LA FILOSOFÍA CRISTIANA DE LA CONSOLACIÓN

   Los testimonios afectivos de quienes escuchan a Grosfoguel en sus vídeos e intervenciones, y expresan su deseo de “Creer” en él, abonan la tesis del filósofo y psicoanalista argentino  León Rozitchner:

 

   En Occidente todos somos "cristianos", incluida la izquierda laica, porque la Iglesia sigue siendo la gran procesadora histórica que, con su cosmovisión, y desde el seno familiar, brinda la matriz para que los cuerpos «aprendan» a canalizar el terror, la culpa y la obediencia pastoral.

 

  Como admitir la derrota del proceso bolivariano causa una depresión subjetiva intolerable, Grosfoguel ofrece a sus interlocutores una salida neurótica "perfecta": transmutar la derrota militar y el entreguismo en un acto de fe mediante el que deciden creer que la cúpula gubernamental estaría actuando con "astucia estratégica".

 

  La contradicción rotunda de su método queda al desnudo al contrastar este repliegue “consolador” con su vídeo inmediatamente anterior al 3 de enero, titulado significativamente: «Venezuela: la tumba de Estados Unidos».

 

   La forma en la que Grosfoguel pasa, sin transición alguna, de la profecía mística de una supuesta “invulnerabilidad estatal” de Venezuela a la justificación del protectorado petrolero, muestra que  no opera desde el análisis científico, sino desde el pensamiento mágico, para no tener que confesar el colapso de su propia subjetividad y sus teorías de cátedra.

 

   Su quiebre teórico, en efecto, es consecuente con el referente original de sus teorías: al tomar a Emmanuel Levinas (7)  como brújula ética,  Grosfoguel y su maestro Dussel fundaron su teoría sobre la primacía de la víctima pasiva y el consuelo ante el desamparo.

 

   El resultado es un pensamiento que claudica ante el poder militar abrumador, trocando la verdad material de los sentidos por la sumisión infinita a la Palabra (los discursos de “la cúpula encargada”). La suya es, por lo tanto, una decolonialidad abstracta, porque nace de una filosofía de la consolación diseñada para sobrevivir en el cautiverio, garantizando, en la praxis más concreta, el triunfo de la domesticación de los cuerpos. Esta es la raíz teórica que explica por qué Grosfoguel deviene en el filósofo de la consolación, al asumir que ante la "pistola en la cabeza" no queda más salida que la capitulación.

 

   Nuestro profesor sufre, sin duda, un colapso epistemológico palmario, como el que sufrió al disociar un supuesto "cristianismo originario" (puro y liberador) de la "cristiandad" histórica (institucional y opresora) que él define. 

 

  Lo cierto es que no hay un "cristianismo bueno" oculto bajo la cruz. La matriz productora de seres humanos con XX siglos de persistencia conserva intacta su núcleo sagrado, teológico, fetichista, culposo, sacrificial y la sumisión al Padre/Soberano. Capitalismo y cristianismo son, ontológicamente, lo mismo: El cristianismo es la matriz ontológica del capitalismo. No es que el dinero funcione como Dios; el dinero es el Dios. 

 

"Lo que Grosfoguel presenta como teoría crítica no es sino un mecanismo de defensa psíquica. Fabrica explicaciones pretendidamente lógicas para encubrir una motivación inconsciente: su angustia ante la  probabilidad del fracaso del proyecto bolivariano"

 

 

EL “PROYECTO SATÁNICO DE OCCIDENTE”: CUANDO LA POLÍTICA SE CONVIERTE EN TEOLOGÍA

   La deriva discursiva de Ramón Grosfoguel hacia categorías metafísicas se ratifica en su tesis del "Proyecto satánico de Occidente". En su intervención De Colón a Epstein: los límites de la izquierda, al unificar la violencia colonial en una línea continua que va desde la llegada de Cristóbal Colón hasta las redes de criminalidad de Jeffrey Epstein bajo la etiqueta de un "proyecto satánico", Grosfoguel abandona por completo el campo de las ciencias sociales.

 

   Este salto cualitativo hacia la demonología política expone de forma descarnada el porqué de su quiebre subjetivo. El imperialismo ya no es analizado como una fase superior del capitalismo impulsada por la acumulación de capital y la fuerza material, sino como una fuerza espiritual del “mal absoluto”.

 

   Con el uso de la figura de Satanás verificamos que su subjetividad cristiana subyacente ha tomado el control absoluto de su aparato teórico. No encontramos aquí un mero exceso retórico, sino la  subordinación del análisis político a categorías teológicas. Al escuchar al profesor Grosfoguel a través de este prisma rozitchneriano, la "psicosis política" adquiere su verdadera lógica estructural y teológico-política.

 

 

EL DEVASTADOR EFECTO POLÍTICO DE LA “FILOSOFÍA DE LA CONSOLACIÓN”

  En suma, lo que Grosfoguel presenta como teoría crítica no es sino un mecanismo de defensa psíquica: la racionalización. Fabrica explicaciones pretendidamente lógicas, complejas y aparentemente “científicas” para encubrir una motivación inconsciente: su angustia ante la sola probabilidad del fracaso del proyecto bolivariano largamente acariciado.

 

  El profesor estrella de las cátedras decoloniales no realiza este ejercicio de racionalización únicamente para sí mismo, en la intimidad de su saber académico. De ser así, carecería de toda trascendencia política. Lo hace, y esto es lo que exige una contundente contestación, proyectándose hacia las bases chavistas desoladas. Por eso nosotros no analizamos la neurosis privada de un individuo, sino los mecanismos afectivos que operan en una época y un momento crucial. Analizarlos nos permite escapar de la estéril relación individual del sujeto con la coyuntura y nos coloca de golpe en la materialidad de las relaciones sociales, frente a esta cruda realidad de entreguismo sumiso ejecutado por el gobierno de Delcy Rodríguez.

 

  Sostenerse en el delirio de Grosfoguel —trocando la náusea de la claudicación concreta por el pensamiento mágico de una supuesta “astucia táctica decolonial” que él supone guía a los miembros del gobierno— constituye la última trampa defensiva de los cuerpos para no sucumbir a la angustia por la pérdida, ¿irreversible?, del proyecto bolivariano.

 

  Pero, ¿y nosotros qué? ¿Es nuestro pensamiento verdaderamente libre o tan solo un barniz discursivo que se desmorona cuando aparece esta angustia por las consecuencias de su consumación? ¿Cómo saberlo-sentirlo?

 

  La verificación comienza cuando hacemos valer nuestra propia experiencia carnal por encima de la narrativa sagrada del poder pastoral. Reivindicar una racionalidad verdaderamente emancipadora significa asumir que el mutismo y la desmovilización no son consensos, sino el síntoma de una psicosis colectiva que empuja a los individuos a aferrarse al delirio antes que afrontar una verdad dolorosa.

 

   Para romper este secuestro afectivo y reconquistar la autonomía,  la militancia debe realizar ese trabajo personal de partida, íntimo e intransferible: el acto audaz de verificar la realidad y atreverse a pensar con el propio cuerpo. Porque cuando la teoría política niega aquello que el cuerpo vive de manera inmediata —el entreguismo—, se convierte en una tecnología de la alienación.

 

 

Notas y referencias bibliográficas:

 (1) El pensamiento decolonial es una corriente de pensamiento, principalmente latinoamericana, que denuncia que la "colonialidad" persiste hoy como el lado oscuro de la modernidad, imponiendo jerarquías eurocéntricas en el poder, el saber y el ser. Desde la izquierda radical, el marxista Néstor Kohan critica este enfoque acusándolo de ser una distracción académica financiada por el Norte Global; afirma que falsifica al Marx de madurez —quien sí rectificó su eurocentrismo inicial— y sustituye el análisis materialista del Imperialismo por disputas lingüísticas inofensivas para el capitalismo. En este marco, exponentes decoloniales como Enrique Dussel y Ramón Grosfoguel son dos de sus más altos exponentes.

(2) Resulta pertinente aclarar que siendo Grosfoguel en este caso también un analizador político (síntoma de la totalidad), es al mismo tiempo un verificador, dado que su cuerpo sintiente es el lugar donde padece y se constata la cruda verdad de lo que vamos a analizar. En momentos de mayor densidad histórica, como estos que se viven en Venezuela, ambas funciones pueden darse al mismo tiempo o permutar, como en este caso.

(3) La tesis de "traición" como relato imperial | Ramón Grosfoguel.

(4) Conferencia magistral: ¿Cómo entender la política venezolana postsecuestro de Maduro? | Ramón Grosfoguel.

(5) La Verdad sobre el 3 de Enero: Táctica y Estrategia de la Revolución Bolivariana | Ramón Grosfoguel.

(6) ¿Negociación o Inmolación? Análisis comparado entre Irán y Venezuela. Ramón Grosfoguel

(7) Esta capitulación subjetiva e intelectual encuentra su diagnóstico definitivo en la obra de León Rozitchner, Levinas o la filosofía de la consolación (Buenos Aires, Biblioteca Nacional, 2013). Rozitchner demuestra que el pensamiento levinasiano —referente predilecto de ciertos intelectuales en tiempos de derrota para "darse tiempo y sobrevivirse a sí mismos"—, edifica un sistema que encubre y consagra el núcleo sacrificial de nuestras sociedades cristiano-capitalistas. Dussel y Grosfoguel, al importar esta matriz a su andamiaje decolonial, confunden la resistencia política con el martirio ético. Alucinan que la dignidad del oprimido radica en su capacidad de sufrir y reclamar compasión, lo que los inhabilita científicamente para comprender que la pretendida "flexibilidad táctica" de la burocracia estatal no es astucia, sino la continuación de esa misma razón sacrificial que devora los cuerpos reales en el altar del capital.

 
 
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