"SAFARI CEBRA" RECORRE GUANARTEME PARA DENUNCIAR LA ESPECULACIÓN INMOBILIARIA EN EL BARRIO
¿Quién decide cómo se construye el barrio y a qué precio?
Un paseo crítico y performativo recorrió el viernes 23 de mayo el barrio de Guanarteme - apunta Javier Marrero - con el objetivo de visibilizar los efectos de la especulación inmobiliaria sobre el tejido social y urbano del barrio. La iniciativa, denominada Safari Cebra, recorrió a pie dieciocho puntos del barrio
Por JAVIER MARRERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.
Un paseo crítico y performativo recorrió el viernes 23 de mayo el barrio de Guanarteme con el objetivo de visibilizar los efectos de la especulación inmobiliaria sobre el tejido social y urbano del barrio. La iniciativa, denominada Safari Cebra, recorrió a pie dieciocho puntos del barrio donde se concentran solares, viviendas deterioradas, promociones en proceso y edificios ya ejecutados.
El paseo partió de la calle Numancia y recorrió tres zonas del barrio: el corazón de Guanarteme, el frente marítimo de Las Canteras y el eje norte. En cada parada, la persona que guiaba el recorrido compartió datos sobre precios del suelo, tipologías de viviendas y los mecanismos urbanísticos que han permitido la transformación acelerada del barrio en las últimas dos décadas.
Entre los datos compartidos durante el recorrido destacan algunos especialmente ilustrativos de la brecha existente entre salarios y vivienda. El salario medio mensual en Canarias se sitúa en 1.642 euros, el segundo más bajo de España, mientras que el metro cuadrado en Guanarteme supera los 3.800 euros en obra nueva. Una vivienda de 60 metros cuadrados en la zona puede costar entre 230.000 y 370.000 euros, lo que equivale a entre once y dieciocho años de sueldo íntegro canario. El alquiler mensual en la zona oscila entre los 700 y los 1.200 euros, lo que implica destinar hasta el 80% del salario medio a la vivienda.
El nombre del paseo hace referencia al llamado "bloque cebra", un tipo de edificio residencial de nueva construcción caracterizado por fachadas de franjas horizontales, blancas y negras o paneles de colores alternados, que ha colonizado silenciosamente los barrios populares de muchas ciudades en la última década. Safari Cebra propone leer este fenómeno no como una cuestión estética sino como la expresión visible de un modelo económico concreto: la financiarización de la vivienda. Lo que se dirime detrás de esas fachadas no es si son más o menos bonitas, sino quién decide cómo se construye el barrio y a qué precio.
Las nuevas promociones ofrecen en su mayoría viviendas de 30 ó 32 metros cuadrados, la superficie mínima habitable según el Código Técnico de la Edificación. La persona que guiaba el recorrido destacó que lejos de facilitar la emancipación individual, esta reducción radical de la superficie habitacional fragmenta espacial y temporalmente los modos de vida y las formas de convivencia del barrio. Donde antes vivían familias enteras de varias generaciones, hoy se construyen estudios diseñados para personas que están de paso, es decir, probablemente, para turistas. El barrio pierde así su capacidad de acoger vida arraigada y destruye el tejido social.
También apuntaba que el bloque cebra homogeneiza los barrios bajo el disfraz de la modernidad. Su fachada no está diseñada para integrarse en el barrio sino para lucir bien en un anuncio de portal inmobiliario. Sus proporciones no responden a las necesidades de quienes lo habitarán sino a la lógica de maximizar el rendimiento por metro cuadrado. En Guanarteme, cada nuevo edificio borra la memoria de lo que había antes. Lo sustituye por un producto genérico que podría estar en cualquier ciudad del mundo y que no tiene ninguna relación con la historia ni con la identidad del lugar.
Uno de los aspectos más preocupantes que documentó el recorrido es la concentración de solares y edificios en manos de una sola empresa familiar. El paseo tomó como referencia el trabajo del artista Hans Haacke, quien en 1971 investigó y documentó cómo el especulador inmobiliario Harry Shapolsky controlaba, a través de una red de sociedades opacas, cientos de propiedades en los barrios más pobres de Manhattan. El resultado de aquella concentración era siempre el mismo: control sobre el devenir del barrio, imposición de los precios de referencia en toda la zona y deterioro calculado de los inmuebles como estrategia de rentabilidad. El Guggenheim de Nueva York canceló la exposición semanas antes de su inauguración.
En Guanarteme, la concentración de suelo en manos de un mismo actor no solo tiene consecuencias económicas. Tiene consecuencias sobre la identidad física del barrio. Cuando una misma empresa acumula la mayoría de las parcelas de un área, impone también su propia paleta cromática y su estética corporativa. Las calles dejan de ser el resultado de muchas manos y muchos tiempos distintos, para convertirse en el escaparate de una marca. Una identidad corporativa que no tiene nada que ver con la vida que se vivía en ese barrio ni con las personas que lo construyeron.
El recorrido situó esta transformación en su contexto histórico: Guanarteme siempre fue un barrio obrero, cosmopolita y de grano fino. La aprobación del Plan General de Ordenación de 2012 permitió edificaciones de hasta siete, nueve y once plantas en parcelas donde antes existían casas de dos o tres alturas, multiplicando el valor potencial del suelo y abriendo la puerta a la transformación acelerada que hoy es visible en cada esquina del barrio.
El paseo reconoció el trabajo de la plataforma vecinal Guanarteme Se Mueve, cuyas reivindicaciones incluyen la paralización del Residencial Las Américas (468 viviendas de diez plantas), la revisión del planeamiento vigente, la creación de espacios verdes reales y la mejora de los servicios públicos en proporción al crecimiento poblacional de la zona.
Durante el recorrido, las participantes sostuvieron una presencia crítica en el espacio público. La iniciativa se inscribe en una tradición de activismo urbano y arte de contexto que utiliza la investigación documental y la intervención en el espacio público como herramientas de denuncia.
Por JAVIER MARRERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.
Un paseo crítico y performativo recorrió el viernes 23 de mayo el barrio de Guanarteme con el objetivo de visibilizar los efectos de la especulación inmobiliaria sobre el tejido social y urbano del barrio. La iniciativa, denominada Safari Cebra, recorrió a pie dieciocho puntos del barrio donde se concentran solares, viviendas deterioradas, promociones en proceso y edificios ya ejecutados.
El paseo partió de la calle Numancia y recorrió tres zonas del barrio: el corazón de Guanarteme, el frente marítimo de Las Canteras y el eje norte. En cada parada, la persona que guiaba el recorrido compartió datos sobre precios del suelo, tipologías de viviendas y los mecanismos urbanísticos que han permitido la transformación acelerada del barrio en las últimas dos décadas.
Entre los datos compartidos durante el recorrido destacan algunos especialmente ilustrativos de la brecha existente entre salarios y vivienda. El salario medio mensual en Canarias se sitúa en 1.642 euros, el segundo más bajo de España, mientras que el metro cuadrado en Guanarteme supera los 3.800 euros en obra nueva. Una vivienda de 60 metros cuadrados en la zona puede costar entre 230.000 y 370.000 euros, lo que equivale a entre once y dieciocho años de sueldo íntegro canario. El alquiler mensual en la zona oscila entre los 700 y los 1.200 euros, lo que implica destinar hasta el 80% del salario medio a la vivienda.
El nombre del paseo hace referencia al llamado "bloque cebra", un tipo de edificio residencial de nueva construcción caracterizado por fachadas de franjas horizontales, blancas y negras o paneles de colores alternados, que ha colonizado silenciosamente los barrios populares de muchas ciudades en la última década. Safari Cebra propone leer este fenómeno no como una cuestión estética sino como la expresión visible de un modelo económico concreto: la financiarización de la vivienda. Lo que se dirime detrás de esas fachadas no es si son más o menos bonitas, sino quién decide cómo se construye el barrio y a qué precio.
Las nuevas promociones ofrecen en su mayoría viviendas de 30 ó 32 metros cuadrados, la superficie mínima habitable según el Código Técnico de la Edificación. La persona que guiaba el recorrido destacó que lejos de facilitar la emancipación individual, esta reducción radical de la superficie habitacional fragmenta espacial y temporalmente los modos de vida y las formas de convivencia del barrio. Donde antes vivían familias enteras de varias generaciones, hoy se construyen estudios diseñados para personas que están de paso, es decir, probablemente, para turistas. El barrio pierde así su capacidad de acoger vida arraigada y destruye el tejido social.
También apuntaba que el bloque cebra homogeneiza los barrios bajo el disfraz de la modernidad. Su fachada no está diseñada para integrarse en el barrio sino para lucir bien en un anuncio de portal inmobiliario. Sus proporciones no responden a las necesidades de quienes lo habitarán sino a la lógica de maximizar el rendimiento por metro cuadrado. En Guanarteme, cada nuevo edificio borra la memoria de lo que había antes. Lo sustituye por un producto genérico que podría estar en cualquier ciudad del mundo y que no tiene ninguna relación con la historia ni con la identidad del lugar.
Uno de los aspectos más preocupantes que documentó el recorrido es la concentración de solares y edificios en manos de una sola empresa familiar. El paseo tomó como referencia el trabajo del artista Hans Haacke, quien en 1971 investigó y documentó cómo el especulador inmobiliario Harry Shapolsky controlaba, a través de una red de sociedades opacas, cientos de propiedades en los barrios más pobres de Manhattan. El resultado de aquella concentración era siempre el mismo: control sobre el devenir del barrio, imposición de los precios de referencia en toda la zona y deterioro calculado de los inmuebles como estrategia de rentabilidad. El Guggenheim de Nueva York canceló la exposición semanas antes de su inauguración.
En Guanarteme, la concentración de suelo en manos de un mismo actor no solo tiene consecuencias económicas. Tiene consecuencias sobre la identidad física del barrio. Cuando una misma empresa acumula la mayoría de las parcelas de un área, impone también su propia paleta cromática y su estética corporativa. Las calles dejan de ser el resultado de muchas manos y muchos tiempos distintos, para convertirse en el escaparate de una marca. Una identidad corporativa que no tiene nada que ver con la vida que se vivía en ese barrio ni con las personas que lo construyeron.
El recorrido situó esta transformación en su contexto histórico: Guanarteme siempre fue un barrio obrero, cosmopolita y de grano fino. La aprobación del Plan General de Ordenación de 2012 permitió edificaciones de hasta siete, nueve y once plantas en parcelas donde antes existían casas de dos o tres alturas, multiplicando el valor potencial del suelo y abriendo la puerta a la transformación acelerada que hoy es visible en cada esquina del barrio.
El paseo reconoció el trabajo de la plataforma vecinal Guanarteme Se Mueve, cuyas reivindicaciones incluyen la paralización del Residencial Las Américas (468 viviendas de diez plantas), la revisión del planeamiento vigente, la creación de espacios verdes reales y la mejora de los servicios públicos en proporción al crecimiento poblacional de la zona.
Durante el recorrido, las participantes sostuvieron una presencia crítica en el espacio público. La iniciativa se inscribe en una tradición de activismo urbano y arte de contexto que utiliza la investigación documental y la intervención en el espacio público como herramientas de denuncia.































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